06-01-2026, 02:52 PM
El pelirrojo, más valiente que sensato, decide enfrentar al Deinonychus a puño limpio haciendo gala de su mano libre. El Deinonychus no entiende las palabras pero entiende perfectamente el tono. Esto no es miedo. Esto es desafío. Algo tan pequeño, tan obviamente débil, acaba de golpearlo y ahora está pidiéndole que vuelva por más. El dinosaurio se lanza hacia adelante completamente furioso por el daño recibido que casi le deja inconsciente, su diminuto cerebro no le permite procesar que alguien a quien considera una presa pueda convertirse en cazador. En ese momento, a punto de abalanzarse de nuevo contra Owen, Butch dispara. El crack del rifle es ensordecedor en el espacio abierto del claro. La bala atraviesa el aire e impacta al Deinonychus directamente en el lateral de su cabeza, justo detrás del ojo izquierdo. No hay drama. No hay momento cinematográfico donde el dinosaurio lucha contra su destino. Simplemente se desploma, su impulso llevándolo a hasta quedar a menos de medio metro de los pies de Owen, dejando un rastro de sangre oscura en la tierra. Está muerto antes de detenerse completamente. El sonido ensordecedor del disparo deja una sensación de tinnitus a Owen debido a la cercanía del disparo y el buen oído del joven pelirrojo. Luego, gradualmente, el sonido regresa de forma normal. El zumbido de insectos. El graznido distante de aves prehistóricas. El susurro del viento a través de las hojas. El jadeo de Butch quien no da crédito a lo que acaba de suceder.
Luego de un instante que para los presentes pareció extenderse hasta la eternidad, Butch grito – “¡LO CONSEGUÍ!” – su voz temblando entre alivio y euforia pura – “¡LO MATÉ! ¡REALMENTE LO MATÉ!” – Butch se acerca corriendo, sus pasos son torpes mientras sortea los escombros. Sus ojos están fijos en el Deinonychus caído, brillando con orgullo. Se voltea hacia Owen, y por primera vez desde que llegaron a Little Garden, hay algo parecido a respeto genuino en su expresión – “Tú... me salvaste. Esa cosa iba directa hacia mí y tú te pusiste en medio.” – su mirada baja brevemente hacia Cassidy, todavía siendo arrastrada por la pierna desde el brazo derecho de Owen, su cuerpo inconsciente cubierto de tierra – “Y nunca la soltaste. Ni siquiera cuando te atacó.” – el peliverde traga saliva para luego agregar – “Gracias, de verdad.” – las palabras salen torpes pero genuinas. Luego su expresión cambia, la euforia regresando – “¡Pero mira esto! ¡Maté un dinosaurio!” – Se ríe, casi histérico – “Mi padre no va a creer esto. El no lo logro cuando lo intento, mi abuelo es el único que habia tenido la fortuna, hasta ahora.” – se agacha junto al Deinonychus, tocando cautelosamente una de sus garras en forma de hoz, el animal más muerto que las ilusiones de un niño a quien le confiesan por primera vez que es adoptado. Se endereza, volteándose hacia Owen – “Deberíamos llamar a James. Ya son...” – saca un reloj de bolsillo y lo revisa – “Las dos y media. Tenemos todavía tiempo dentro de las ocho horas, pero necesitamos volver a la costa.” – señala al Deinonychus con su mano derecha para agregar – “Y necesitamos llevarnos esto. Es mi trofeo.” – hay orgullo casi infantil en su voz – “¿Crees que puedas arrastrarlo junto con Cassidy?” – pregunta de forma genuina – “¿Tienes ese papel sellado? ¿El del número de James? Podríamos llamarlo ahora y que venga con ayuda para transportar todo.”
Después de hacer un millón de preguntas sin dejar espacio para respuesta, se detiene, mirando a Owen realmente por primera vez. La palidez. El sudor excesivo. Los labios agrietados. Las heridas por todas partes. El brazo derecho temblando por haber estado sosteniendo a Cassidy durante horas. La forma en que está balanceándose como si mantener el equilibrio requiriera esfuerzo consciente – “Mierda, te ves terrible.” – Butch dice, su voz cargada con preocupación – “Deberías soltar a Cassidy y tomar agua. Y comer algo. Antes de que intentemos volver.” – Su mirada va hacia los paquetes obento. La cantimplora, aquella que Cassidy no compartió con Owen luego de su encuentro y la cual misteriosamente el pelirrojo no optó por robar a pesar de estar grabado en su naturaleza con fuego, se encontraba cerca, a cinco metros de distancia, descansando junto a los paquetes de comida obento medio enterrados bajo los escombros. Su superficie metálica captura un rayo de sol de la tarde que se filtra a través del dosel, reflejándolo directamente hacia él como un faro burlón. Cassidy yace inconsciente, todavía sostenida por la pierna, su uniforme blanco ahora marrón por ser arrastrada por toda la jungla. El Deinonychus está muerto, sangre oscura formando un charco bajo su cabeza. El sol de las dos y media cae sobre el claro con luz dorada. Butch espera una respuesta, su expresión mezclando gratitud, orgullo y preocupación mientras observa a Owen balancearse peligrosamente cerca del colapso total, todavía tercamente agarrando a su hermana inconsciente.
Luego de un instante que para los presentes pareció extenderse hasta la eternidad, Butch grito – “¡LO CONSEGUÍ!” – su voz temblando entre alivio y euforia pura – “¡LO MATÉ! ¡REALMENTE LO MATÉ!” – Butch se acerca corriendo, sus pasos son torpes mientras sortea los escombros. Sus ojos están fijos en el Deinonychus caído, brillando con orgullo. Se voltea hacia Owen, y por primera vez desde que llegaron a Little Garden, hay algo parecido a respeto genuino en su expresión – “Tú... me salvaste. Esa cosa iba directa hacia mí y tú te pusiste en medio.” – su mirada baja brevemente hacia Cassidy, todavía siendo arrastrada por la pierna desde el brazo derecho de Owen, su cuerpo inconsciente cubierto de tierra – “Y nunca la soltaste. Ni siquiera cuando te atacó.” – el peliverde traga saliva para luego agregar – “Gracias, de verdad.” – las palabras salen torpes pero genuinas. Luego su expresión cambia, la euforia regresando – “¡Pero mira esto! ¡Maté un dinosaurio!” – Se ríe, casi histérico – “Mi padre no va a creer esto. El no lo logro cuando lo intento, mi abuelo es el único que habia tenido la fortuna, hasta ahora.” – se agacha junto al Deinonychus, tocando cautelosamente una de sus garras en forma de hoz, el animal más muerto que las ilusiones de un niño a quien le confiesan por primera vez que es adoptado. Se endereza, volteándose hacia Owen – “Deberíamos llamar a James. Ya son...” – saca un reloj de bolsillo y lo revisa – “Las dos y media. Tenemos todavía tiempo dentro de las ocho horas, pero necesitamos volver a la costa.” – señala al Deinonychus con su mano derecha para agregar – “Y necesitamos llevarnos esto. Es mi trofeo.” – hay orgullo casi infantil en su voz – “¿Crees que puedas arrastrarlo junto con Cassidy?” – pregunta de forma genuina – “¿Tienes ese papel sellado? ¿El del número de James? Podríamos llamarlo ahora y que venga con ayuda para transportar todo.”
Después de hacer un millón de preguntas sin dejar espacio para respuesta, se detiene, mirando a Owen realmente por primera vez. La palidez. El sudor excesivo. Los labios agrietados. Las heridas por todas partes. El brazo derecho temblando por haber estado sosteniendo a Cassidy durante horas. La forma en que está balanceándose como si mantener el equilibrio requiriera esfuerzo consciente – “Mierda, te ves terrible.” – Butch dice, su voz cargada con preocupación – “Deberías soltar a Cassidy y tomar agua. Y comer algo. Antes de que intentemos volver.” – Su mirada va hacia los paquetes obento. La cantimplora, aquella que Cassidy no compartió con Owen luego de su encuentro y la cual misteriosamente el pelirrojo no optó por robar a pesar de estar grabado en su naturaleza con fuego, se encontraba cerca, a cinco metros de distancia, descansando junto a los paquetes de comida obento medio enterrados bajo los escombros. Su superficie metálica captura un rayo de sol de la tarde que se filtra a través del dosel, reflejándolo directamente hacia él como un faro burlón. Cassidy yace inconsciente, todavía sostenida por la pierna, su uniforme blanco ahora marrón por ser arrastrada por toda la jungla. El Deinonychus está muerto, sangre oscura formando un charco bajo su cabeza. El sol de las dos y media cae sobre el claro con luz dorada. Butch espera una respuesta, su expresión mezclando gratitud, orgullo y preocupación mientras observa a Owen balancearse peligrosamente cerca del colapso total, todavía tercamente agarrando a su hermana inconsciente.
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