06-01-2026, 04:58 PM
Elara sentía que su pequeño y pobre corazón le iba a mil por hora por todo lo que estaba viviendo ahora mismo, debido a que de su día aburrido, terminó por entretenerse bastante desde que apareció ese agradable varón que estaba frente a ella. Cuando Uker le tomó la mano para dirigirla al local, ella se quedó muda, mirando sus dedos entrelazados. Su mano era grande y firme; le daba una seguridad que nunca había sentido anteriormente en ninguno de los momentos atrás. Sus alas dieron un pequeño espasmo de pura alegría contra el respaldo de la silla, pero intentó controlarse para no parecer una niña pequeña. ¡Le daba muchísima vergüenza! Pero intentó controlar su corazón de la mejor manera posible. No podía otra cosa. Quería demostrar que podía controlar su nerviosismo.
Le pareció un detalle de lo más tierno que él fuera tan considerado como para dejarle cargar la bolsa que menos pesaba. Lo miró de reojo mientras caminaban, admirando cómo cargaba todo lo demás sin apenas quejarse. “Es tan fuerte y tan atento...” pensó, sintiendo que su fetichismo por esos hombros anchos la estaba dejando sin palabras. ¡Tenía que controlarlo! Pero sentía un sentimiento bastante bonito, sus manos eran cálidas, mientras que el rostro de Elara reflejaba lo nerviosa que estaba, pero con una tranquilidad que realmente valía la pena sentir, al menos de momento.
Una vez sentados, Elara escuchó con atención. Cuando Uker hizo el gesto de las comillas y soltó esa frase de que se sentiría "increíblemente halagado" si ella quería saber más de él, Elara casi se atraganta con su propio jugo. Su honestidad saltó como un resorte. ¡Tenía que dejárselo bien en claro! Elara no se quedaba callada en ese tipo de cosas, menos cuando ella no podía esconder nada de eso.
— ¡P-pues sepa que se tiene que sentir muy halagado! ¡Nee~ ! — exclamó, dejando el vaso con un golpe un poco fuerte en la mesa — Porque es verdad... no me lo dijo nadie, lo vi yo misma. Vi cómo me defendió y cómo cuidó cada ingrediente en el mercado... ¡y me pareció alguien fascinante! — mencionó con una sonrisa en el rostro. Sus pequeñas alas en la espalda la dejaban demasiado en evidencia. ¿Cómo la colita de un perrito cuando se emocionaba? ¡Algo así! Las mismas estaban moviéndose muchísimo, de lo feliz que se encontraba.
Se inclinó hacia adelante, emocionada por el tema de las comidas.
— En Skypiea, de donde yo vengo, la comida es distinta... casi todo es más ligero. ¡Pero me encanta que le guste hablar de otras islas! Yo puedo contarle miles de cosas de las nubes, y de todo lo que se vive allí. ¿Has viajado hacia allá? — dijo con un brillo especial en los ojos, algo sumamente sorpresivo, pero estaba demasiado emocionada por lo que pasaba. — Y sobre lo de que le gusta su trabajo... se nota. Se nota en cómo brilla su mirada cuando habla de cocinar. Eso es mucho más importante que ser "el mejor", señor Uker. — soltó, con un rostro de confianza y también una sonrisa amplia.
De repente, Elara se dio cuenta de que tenía una pequeña miga en la comisura de los labios. Al intentar limpiarse rápido con la manga, su torpeza natural hizo que golpeara su propia cuchara, que salió disparada hacia el regazo de Uker.
— ¡A-ah! ¡Nee~! ¡Qué tonta soy! — se asustó demasiado. A veces Elara pecaba mucho de ser media torpe. Pero no podía hacer mucho más.
Por puro instinto, Elara se estiró sobre la mesa para tratar de agarrar la cuchara antes de que cayera al suelo, pero calculó mal la distancia para su desgracia. Sus dedos no solo rozaron la tela del pantalón de Uker, sino que su mano acabó presionando directamente su antebrazo firme. Al sentir el calor de su piel y la dureza de su músculo nuevamente, Elara sintió un escalofrío que no era eléctrico, sino puro nerviosismo humano. ¡Era realmente demasiado para su mentecita! Pero en el corazón, en el fondo de su corazón... ella estaba demasiado feliz, pero...
Se quedó congelada en esa posición, medio inclinada sobre la mesa, con su mano aún apretando el brazo de él y su rostro a escasos centímetros del pecho de Uker. Podía olerlo de cerca: y eso le sumamente avergonzó, era más que obvio. Pero ya no había mucho más que ocultar, al menos ella sentía que eso era bueno.
— L-lo siento... — susurró, completamente roja, pero sin ser capaz de retirar la mano todavía porque el contacto la tenía hipnotizada — Es que... es usted tan... tan... fuerte... que me asusta un poquito... pero de forma buena, nee~ — reconoció.
Levantó la vista hacia los ojos celestes de Uker, dándose cuenta de que estaba invadiendo totalmente su espacio personal, pero su belleza y su aura angelical hacían que el momento, en lugar de ser incómodo, fuera extrañamente dulce. Le gustaba de alguna manera.
— En las islas del cielo, el cielo es... bueno, infinito. Pero nunca conocí a nadie con unos ojos tan celestes como los suyos, señor Uker. Se parecen al mar que veo desde arriba... ¡al que jamás imaginé que conocería de algún modo! — soltó sin pensar, y al segundo se puso tan roja que sus alas dieron un aletazo de lo emocionada que se había puesto. ¡Estaba hablando de más! Pero al menos Elara no podía mentirle a Uker, él tenía todo lo que hacía que ella fuese demasiado, pero demasiado honesta en todo sentido.
Para intentar disimular, Elara tomó una de las galletas que Uker había pedido y la partió a la mitad, ofreciéndole un trozo con timidez. A pesar de su Sentido del gusto atenuado, quería compartir ese momento con él, probar lo mismo que él probaba.
— Tome... comparta conmigo, nee~ . No quiero comérmelo todo yo. Además, me gustaría saber... ¿cuál es su plato favorito? No el que mejor cocina, sino el que le hace sentir feliz cuando lo come. Mi padre decía que los cocineros siempre tienen una receta secreta que guardan para los días tristes — lo miró con una curiosidad bastante sincera en todo sentido, apoyando también sus codos en la mesa, acortando la distancia entre los dos, sin darle una situación a él — Yo no tengo recetas, pero si algún día necesita que alguien le cargue las bolsas... o que le cuente historias de cómo es vivir entre las nubes para que se ría un rato, me encantaría ser esa persona. — sus alas se relajaron y cayeron con suavidad a los lados de la silla, como si se sintieran seguras en presencia del bonito hombre. Elara ya no solo estaba agradecida por el rescate; estaba empezando a sentir que ese hombre "sólido" era el ancla que su corazón de pajarito mareado necesitaba para dejar de dar vueltas. ¡Pero recién lo conocía! Pero había algo que él, que quizás era magnético, algo que ni la propia Elara podía como descifrar fácilmente.
— Me gusta estar aquí, con usted. Es... es muy tranquilo, nee~ — su muletilla saldría nuevamente, mientras que pensó que había hablado muchísimo de más. Pero sabía que no había mucho más qué decir. Esperaría a ver qué es lo que Uker tenía que decirle, estaba segura de que había algo divertido por detrás.
Le pareció un detalle de lo más tierno que él fuera tan considerado como para dejarle cargar la bolsa que menos pesaba. Lo miró de reojo mientras caminaban, admirando cómo cargaba todo lo demás sin apenas quejarse. “Es tan fuerte y tan atento...” pensó, sintiendo que su fetichismo por esos hombros anchos la estaba dejando sin palabras. ¡Tenía que controlarlo! Pero sentía un sentimiento bastante bonito, sus manos eran cálidas, mientras que el rostro de Elara reflejaba lo nerviosa que estaba, pero con una tranquilidad que realmente valía la pena sentir, al menos de momento.
Una vez sentados, Elara escuchó con atención. Cuando Uker hizo el gesto de las comillas y soltó esa frase de que se sentiría "increíblemente halagado" si ella quería saber más de él, Elara casi se atraganta con su propio jugo. Su honestidad saltó como un resorte. ¡Tenía que dejárselo bien en claro! Elara no se quedaba callada en ese tipo de cosas, menos cuando ella no podía esconder nada de eso.
— ¡P-pues sepa que se tiene que sentir muy halagado! ¡Nee~ ! — exclamó, dejando el vaso con un golpe un poco fuerte en la mesa — Porque es verdad... no me lo dijo nadie, lo vi yo misma. Vi cómo me defendió y cómo cuidó cada ingrediente en el mercado... ¡y me pareció alguien fascinante! — mencionó con una sonrisa en el rostro. Sus pequeñas alas en la espalda la dejaban demasiado en evidencia. ¿Cómo la colita de un perrito cuando se emocionaba? ¡Algo así! Las mismas estaban moviéndose muchísimo, de lo feliz que se encontraba.
Se inclinó hacia adelante, emocionada por el tema de las comidas.
— En Skypiea, de donde yo vengo, la comida es distinta... casi todo es más ligero. ¡Pero me encanta que le guste hablar de otras islas! Yo puedo contarle miles de cosas de las nubes, y de todo lo que se vive allí. ¿Has viajado hacia allá? — dijo con un brillo especial en los ojos, algo sumamente sorpresivo, pero estaba demasiado emocionada por lo que pasaba. — Y sobre lo de que le gusta su trabajo... se nota. Se nota en cómo brilla su mirada cuando habla de cocinar. Eso es mucho más importante que ser "el mejor", señor Uker. — soltó, con un rostro de confianza y también una sonrisa amplia.
De repente, Elara se dio cuenta de que tenía una pequeña miga en la comisura de los labios. Al intentar limpiarse rápido con la manga, su torpeza natural hizo que golpeara su propia cuchara, que salió disparada hacia el regazo de Uker.
— ¡A-ah! ¡Nee~! ¡Qué tonta soy! — se asustó demasiado. A veces Elara pecaba mucho de ser media torpe. Pero no podía hacer mucho más.
Por puro instinto, Elara se estiró sobre la mesa para tratar de agarrar la cuchara antes de que cayera al suelo, pero calculó mal la distancia para su desgracia. Sus dedos no solo rozaron la tela del pantalón de Uker, sino que su mano acabó presionando directamente su antebrazo firme. Al sentir el calor de su piel y la dureza de su músculo nuevamente, Elara sintió un escalofrío que no era eléctrico, sino puro nerviosismo humano. ¡Era realmente demasiado para su mentecita! Pero en el corazón, en el fondo de su corazón... ella estaba demasiado feliz, pero...
Ya no sabía qué pensar.
Se quedó congelada en esa posición, medio inclinada sobre la mesa, con su mano aún apretando el brazo de él y su rostro a escasos centímetros del pecho de Uker. Podía olerlo de cerca: y eso le sumamente avergonzó, era más que obvio. Pero ya no había mucho más que ocultar, al menos ella sentía que eso era bueno.
— L-lo siento... — susurró, completamente roja, pero sin ser capaz de retirar la mano todavía porque el contacto la tenía hipnotizada — Es que... es usted tan... tan... fuerte... que me asusta un poquito... pero de forma buena, nee~ — reconoció.
Levantó la vista hacia los ojos celestes de Uker, dándose cuenta de que estaba invadiendo totalmente su espacio personal, pero su belleza y su aura angelical hacían que el momento, en lugar de ser incómodo, fuera extrañamente dulce. Le gustaba de alguna manera.
— En las islas del cielo, el cielo es... bueno, infinito. Pero nunca conocí a nadie con unos ojos tan celestes como los suyos, señor Uker. Se parecen al mar que veo desde arriba... ¡al que jamás imaginé que conocería de algún modo! — soltó sin pensar, y al segundo se puso tan roja que sus alas dieron un aletazo de lo emocionada que se había puesto. ¡Estaba hablando de más! Pero al menos Elara no podía mentirle a Uker, él tenía todo lo que hacía que ella fuese demasiado, pero demasiado honesta en todo sentido.
Para intentar disimular, Elara tomó una de las galletas que Uker había pedido y la partió a la mitad, ofreciéndole un trozo con timidez. A pesar de su Sentido del gusto atenuado, quería compartir ese momento con él, probar lo mismo que él probaba.
— Tome... comparta conmigo, nee~ . No quiero comérmelo todo yo. Además, me gustaría saber... ¿cuál es su plato favorito? No el que mejor cocina, sino el que le hace sentir feliz cuando lo come. Mi padre decía que los cocineros siempre tienen una receta secreta que guardan para los días tristes — lo miró con una curiosidad bastante sincera en todo sentido, apoyando también sus codos en la mesa, acortando la distancia entre los dos, sin darle una situación a él — Yo no tengo recetas, pero si algún día necesita que alguien le cargue las bolsas... o que le cuente historias de cómo es vivir entre las nubes para que se ría un rato, me encantaría ser esa persona. — sus alas se relajaron y cayeron con suavidad a los lados de la silla, como si se sintieran seguras en presencia del bonito hombre. Elara ya no solo estaba agradecida por el rescate; estaba empezando a sentir que ese hombre "sólido" era el ancla que su corazón de pajarito mareado necesitaba para dejar de dar vueltas. ¡Pero recién lo conocía! Pero había algo que él, que quizás era magnético, algo que ni la propia Elara podía como descifrar fácilmente.
— Me gusta estar aquí, con usted. Es... es muy tranquilo, nee~ — su muletilla saldría nuevamente, mientras que pensó que había hablado muchísimo de más. Pero sabía que no había mucho más qué decir. Esperaría a ver qué es lo que Uker tenía que decirle, estaba segura de que había algo divertido por detrás.
