La Crux de ayuda [AV. T3- Presente Relativo]
#7
Los lémures no parecieron representar un verdadero problema para el marine. De hecho, fue algo digno de ver. Hasta ese momento, había sido capaz de imponerse a cada una de las bestias salvajes que Little Garden puso en su camino, y aquellas criaturas prehistóricas no fueron la excepción. No supusieron más que una pérdida de tiempo, un obstáculo menor en una isla que ya exigía demasiado de por sí. Para un mink acostumbrado a moverse entre peligros reales, aquello fue poco más que una distracción innecesaria una que, muy probablemente, no le sentó nada bien.
 
Superado aquel inconveniente, el rastro vuelve a presentarse con claridad entre la maleza aplastada y el barro removido. Las huellas reaparecen, más profundas y desordenadas que antes, señal de que quienes las dejaron avanzaron con prisa y sin cuidado por ocultarse. El tiempo perdido no ha borrado la historia que el terreno sigue contando, pero sí ha permitido que la jungla empiece a reclamar lo suyo: ramas quebradas que ahora cuelgan sobre el sendero, hojas enormes que cubren marcas importantes y el eco distante de criaturas que recuerdan que Little Garden no se queda quieta esperando.
 
El camino se vuelve más estrecho, más incómodo, y aunque la dirección parece evidente, no resulta tan simple de seguir como antes. Cada desvío posible plantea dudas, cada sombra proyectada por los árboles gigantes distorsiona la percepción de la distancia, y la sensación de estar siendo observado no desaparece. La persecución continúa, pero ya no es una carrera limpia ni directa, es un avance tenso, donde el entorno se interpone constantemente y obliga a medir cada paso, recordando que en esta isla incluso seguir un rastro puede convertirse en un desafío.
 
No todo en Little Garden pasa desapercibido. La alteración del entorno, los cuerpos inmóviles de los lémures y el olor persistente de sangre no tardan en atraer la atención de algo más grande. Mucho más grande. Entre la espesura, ramas gruesas se arquean lentamente, hojas gigantes se desprenden y caen al suelo con un peso que no corresponde al viento. Algo se desplaza entre los árboles con una calma inquietante, como si no tuviera prisa alguna por mostrarse. La presencia se revela poco a poco. Una silueta colosal emerge desde la jungla, erguida, cubierta de un espeso pelaje oscuro marcado por cicatrices antiguas. Un Gigantopithecus. Sus ojos recorren la escena con atención sorprendentemente lúcida, deteniéndose en los restos del enfrentamiento, en las armas rotas, en los cuerpos de los lémures que yacen donde antes había tensión y vida, no ruge, no golpea el suelo, solo observa y evalúa.
 
Resulta evidente que no se trata de una criatura cualquiera. La postura, la forma en que inclina la cabeza y el modo en que examina el terreno sugieren comprensión, reconoce la violencia, reconoce la diferencia entre cazador y presa, y parece medir el tipo de fuerza que fue necesaria para provocar una masacre así en tan poco tiempo. La jungla misma guarda silencio a su alrededor, como si incluso las criaturas más primitivas entendieran que este no es un momento para llamar la atención. El Gigantopithecus da un paso más cerca del claro, sin intención aparente de atacar, pero dejando clara su autoridad sobre el lugar. La escena ha cambiado. El rastro continúa, la persecución sigue abierta, pero ahora hay una nueva variable en juego, una bestia ancestral que ha visto las consecuencias del paso del marine por su territorio. En Little Garden, la fuerza rara vez pasa desapercibida y esta isla nunca deja las cosas sin respuesta.
 
La respuesta no tarda en llegar. El Gigantopithecus deja caer su peso hacia adelante y el suelo vibra cuando su enorme pie impacta con fuerza, marcando el inicio de la embestida. No hay rugido previo ni advertencia clara solo una explosión de movimiento que rompe la calma artificial del claro. Un brazo colosal se abate contra el entorno, arrancando un árbol de raíz y lanzándolo como si no fuera más que un objeto improvisado, obligando al espacio a deformarse bajo la violencia repentina. La jungla responde de inmediato, ramas quebrándose, hojas desgarradas y el aire cargándose de polvo y fragmentos de madera. La autoridad que antes imponía con su presencia ahora se manifiesta de la única forma que la jungla realmente entiende.
 
El Gigantopithecus se detiene apenas un instante, el suficiente para tensar todo su cuerpo. Luego descarga el golpe. Su puño, enorme como un bloque de roca viva, atraviesa el aire con un estruendo seco y conecta de lleno el cuerpo de Moja, liberando una fuerza brutal que revienta el suelo y lanza fragmentos de tierra, madera y hojas en todas direcciones. El impacto no es limpio ni elegante, es pura violencia primitiva concentrada en un solo movimiento. El claro se sacude como si hubiera recibido el golpe de una criatura mitológica, y el eco del choque resuena entre los árboles gigantes, ahogando cualquier otro sonido de la jungla por un breve pero estremecedor momento.
 
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Gigantopithecus


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RE: La Crux de ayuda [AV. T3- Presente Relativo] - por Tensui Marlin - 06-01-2026, 10:19 PM

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