07-01-2026, 02:55 AM
Musiquita
Sus manos tocaron mi pecho y desde ese instante me dejé llevar. Caí hacia atrás, apoyando mis codos en la roca para amortiguar el impacto y mire hacia arriba, a aquella chica que estaba apunto de convertirse en el pecado que cometería esta noche. Sus uñas se clavaron en mi piel presagiando la ferocidad que residía en su interior, una cualidad que escondía detrás de aquella fachada de dulzura e inocencia. Una que por suerte para mí ya no tenía delante, pues sus ojos me indicaban que la fiera tenía hambre y yo estaba a punto de ser su comida.
Sostuve una sonrisa desafiante al ver las marcas rojas sobre mi piel, pues las consideraba un aviso de que lo que estaba por suceder no era un juego de niños, que sería intenso, y eso me gustaba, pues estaba un poco cansado de las chicas que me pidieran que fuera gentil y que no les lastimara. Pero ella… Ella parecía ser diferente a la mayoría de polvos que había tenido antes. Gateó por mi cuerpo hasta quedar justo encima de mi, mis brazos envolvieron su cintura, jugando con el elástico de la parte de abajo de su ropa interior, amagando con quitarlo de un momento a otro. Sus lengua, dulce y húmeda rozó mis labios, gesto al cual respondí haciendo un ademán de morderle los labios, deteniéndome justo en el último instante.
Al parecer tenía razón, la joven no pudo resistirse a mis encantos y quería ver más y había perdido la apuesta, aquella declaración hizo que mi pecho le llenara de orgullo. Además el roce de su cálido aliento en mi oído me hacía excitarme más y más, mi miembro se endureció tanto, que de cuanto en cuanto la punta de este rozaba el vientre de la chica. Joder, quería hacerlo en ese mismo instante, obligarle a bajar y finalmente poder sentir su calor y hacerlo hasta que o bien yo quede seco o ella se rompa. Pareció que me leyó la mente cuando prosiguió doblando la apuesta, y el reto que puso fue algo que a priori parecía un reto imposible, un hecho que no me esperaba en ese instante. “No poder tocarla.” Tenía que estar jugando conmigo, tenía que ser eso, con la semejante excitación que tenía encima, ¿cómo me podía pedir algo así?
Aprovechando mis últimos momentos antes de aceptar la apuesta, levanté una de mi manos que aún seguían jugando con su cintura y le di una fuerte nalgada una que resonó por todo el lugar, enmudeciendo a los pocos animales cercanos que podían haber por el lugar. -Acepto… Pero espero que no me supliques parar cuando ese tiempo termine y pueda finalmente usar tu cuerpo como me de la puta gana… -Le susurré de vuelta, jugando mi turno en aquel juego de seducción que habíamos comenzado posiblemente desde el primer momento que nuestras miradas hicieron contacto.
No pareció achantarse, pues a pesar de mis palabras, su boca comenzó a jugar con mi lóbulo, yo aparté mis manos de ella, agarrando la piedra sobre la que estaba apoyado. -Empieza a contar amo… - Se atrevió a pronunciar con descaro ¿Además de aguantar todo eso debía hacer un esfuerzo matemático? Mis cojones, prefería perder la apuesta, pero ya como reto personal le dejaría ver de lo que es capaz, además de tomarlo como reto personal, y a partir de ese preciso instante, el pececillo comenzó a obrar su magia.
Comenzó con mi cuello, lamiendo y mordiendo a su antojo a la vez que bajaba muy lentamente deslizándose por mi cuerpo, incliné la cabeza hacia atrás instintivamente, lo cual le dio un mejor acceso a mi garganta para entretenerse con ella. Apreté los dientes, tratando de contener leves gemidos. -Espero que este símbolo no sea de precocidad. -Volvió a pronunciar burlándose del maquillaje de mi pecho en forma de rayo, el cual debido a haber caído al tanque de glucosa y al agua del río se encontraba difuminado y casi borrado. Bajé la mirada, pero no contesté, me limité a observarle con un gesto de lujuria contenida, haciéndole saber que esta apuesta no iba a durar demasiado, pues ella iba a ganar en cualquier momento.
No se cansaba de provocarme, cada toque, cada caricia parecía estar medido para ponerme cada vez más y más, incluso… hasta ese asalto a mis pezones, el cual me hizo arquear la espalda y soltar al fin el primer grito de placer, fue una pieza más en hacer que mi mente se nublara haciéndome pensar únicamente en querer que aquel juego del demonio terminara, y poder comenzar de una vez al acto principal.
Bajó lenta y sensualmente repartiendo aún más besos y lamidas per el resto de mi torso y vientre. A cada vez que descendía más y más podía sentir su cuerpo húmedo pero a la vez caliente se deslizaba sobre el mío. El roce de su piel era adictivo, posiblemente lo consideraría mi nueva droga favorita detrás del alcohol dependiendo de cómo continúe esto. Me alegré soltando un leve suspiro en cuanto llegó al final, pensando que ahora, al fin iba a comenzar a usar su boca para darle la atención que mi duro y palpitante miembro requería. Pero no podía estar más equivocado. Fue su mano la que suavemente fue subiendo lentamente desde su base hasta casi llegar a la punta. Para acto seguido retroceder un poco y quedándose mirándome, y en ese momento pude discernir algo. Su expresión también estaba cargada una excitación desmedida, probablemente también estaba deseando lo mismo que yo. -Joder… ¿Vas a quedarte ahí o vas a continuar?
Lo dije sin pensar, pues la imagen era tan hermosa que me podría quedar así durante horas, observando el cuerpo casi desnudo de la semisirena, a la cual veía cada vez más como una musa, una que podría inspirar más de alguna de mis canciones más adelante.
Comenzó a lamer una de sus manos, empapándola de saliva. A la vez que la otra bajaba por su pecho, torso y vientre hasta que alcanzó el interior de sus bragas, comenzando a masturbarse lentamente frente a mi, soltando leves gemidos, acompañados de un leve movimiento de caderas involuntario. Fue en este instante cuando me reincorporé, quedando casi sentado, pero aún apoyando los antebrazos en la roca para no perder el equilibrio, observando el show privado con el que la chica me estaba deleitando. -Realmente eres una zorra pervertida y no una dulce princesa… -Yo también comencé a tocarme a un ritmo lento y pausado, mi mano izquierda subía y bajaba por mi pene, el cual estaba completamente duro y empalmado por su culpa. -Y eso encanta…
No dejó mucho tiempo para que me diera placer por mi mismo, pues pese a que la apuesta consistía en no tocarle a ella y no dijo nada de tocarme a mí mismo, sustituyó mi zurda por sus dos manos, las dos humedecidas. Si me preguntaran cuál de las dos era más excitante si la que estaba cubierta por sus propios fluidos, o su saliva, no sabría responder. Pero la combinación de ambas era espectacular. Si con sus besos y lamidas me estaba costando controlar mis gemidos, esta vez no pude disimular. Gruñidos y fuertes suspiros se escapaban de mi boca involuntariamente, cada vez más fuertes y sonoros mientras las diestras muñecas de la chica me llevaban a un estado de éxtasis indescriptible.
Una vez fue su boca la que comenzó a envolver mi miembro, tenía la mente perdida y los ojos entrecerrados. ¿La apuesta? Ya me daba lo mismo. Aparté el fino cabello celeste que le pudiera molestar de su incesante trabajo, acariciando su cabeza con mi mano derecha y su nuca con la izquierda. No me podía creer que sus movimientos fueran tan coordinados y precisos, pues al igual que todo su cuerpo, su boca era muy pequeña pero eficiente, tendría que estar haciendo su mejor esfuerzo para que cupiera todo mi grueso en esta. Pero si a ella le gustaba jugar y torturarme, era justo que yo también pudiera divertirme.
-No se si lo has estado haciendo aposta todo este tiempo. Pero no sabes cuánto me gusta que me llames amo y ahora que ya he perdido la apuesta… -Ejercí más presión con mis manos que se habían posado sobre ella, para dar a entender que ese era el motivo de mi derrota, y no que no había siquiera empezado a contar en ningún momento. -Me tocará ejercer como tal. -Continué, quitándole de golpe mis pantalones los cuales seguían sobre su cabeza todo este tiempo, como una corona. Pero ahora ella no era más la reina, o más bien la “princesita” ya era hora de que fuera yo quien retomara el control.
Agarré su pelo con fuerza en mi puño, ahora era yo quien controlaba sus movimientos, hice que continuara dándome placer oral pero a un ritmo más lento, tortuoso, uno que me dejara pensar con mayor claridad. Gracias a esto pude ver cómo la mano que no estaba sosteniendo mi amiguito, se encontraba sobre su ropa interior, frotándose de nuevo por encima de esta buscando contacto desesperadamente
Reí levemente pues por ahora iba a tener que esperar un poco, pues ahora que era mi turno debía castigarle un poco de vuelta. Más le valía haberse acostumbrado a mi anchura, pues a pesar de que le obligase a tragar lentamente, mi cintura comenzó a moverse, al principio solamente acompasando con una precisión milimétrica sus engullidas. Glu glu glu glu glu… Fue lo único que se escuchaba en aquel claro según fui subiendo la velocidad, su cabeza quedó estática para ser únicamente yo quien realizara todo el trabajo, entrando y saliendo violentamente de su boca sin apenas darle oportunidad a tomar aire.
Se sentía demasiado bien, sentir la humedad y el calor de su aliento envolver mi miembro casi me hace llegar al clímax en ese momento de intensidad, por suerte, me controlé y me detuve momentos antes de que esto pasara. Forzándole a estirar su cabeza hacia atrás, liberando todo mi largo de golpe con un “plop” que resonó a nuestro alrededor. Me incliné, agarrando de nuevo su cara con mi mano libre mientras la otra aún le sostenía del pelo, y pasé mi lengua desde su barbilla hasta la comisura de sus labios, saboreando la combinación de su saliva y las primeras trazas de mi esencia. -Tenías razón, estoy delicioso. -Dije riéndome con un tono burlesco, liberándola finalmente.
Pero mi diversión no terminó ahí, ya sentado completamente, le di un leve empujón en los hombros haciéndole caer sobre sus espalda, y acto seguido me coloqué entre sus piernas mirándole desde arriba. -Te voy a dar un consejo. -Comencé a desatarme poco a poco la bandana de estampado de leopardo, que aún adornaba mi frente. -Si quieres torturar a alguien y asegurarse de que no toque, asegúrate de que no puede hacerlo. -Me incliné lo suficiente para quedar a unos centímetros de la pequeña sirena, y mis manos comenzaron a subir por el contorno de sus brazos hasta alcanzar sus muñecas, juntándolas y apretándolas con fuerza por encima de su cabeza. Donde finalmente haciendo uso de mi última pieza de mi atuendo ya removida las até, restringiendo los movimientos de la chica, dejándola más vulnerable a mis siguientes jugadas.
Volví a levantarme y el el proceso agarré con fuerza el sujetador, para desgarrarlo de golpe, partiéndolo por el centro en dos mitades, dejando al fin sus senos al descubierto. Yo me había desnudado ya desde un inicio, ahora era su turno de mostrar su precioso y bien proporcionado cuerpo. Lo primero que hice fue tocar y masajear su zona recién expuesta, pero no gentilmente. Con movimientos bruscos pero deliberados movía sus pechos en círculos, pellizcando con fuerza sus pezones duros por la excitación, a la vez que la parte favorita de mi cuerpo se frotaba contra su parte más sensible por encima de sus bragas. -Te vuelvo a doblar la apuesta. -Solté en voz baja, a la vez que el movimiento de mis caderas aumentaba de velocidad, pudiendo sentir el contorno de sus labios palpitantes y mojados pero aún cubiertos, envolviendo toda mi anchura. -Te apuesto a que no puedes aguantar las ganas de que te la meta ya.
Solté una risa malvada cuando en lugar de hacer esto último volví a inclinarme, apartando mi cintura de la suya y deteniendo el movimiento de mis manos sobre su pechos, pero pellizcándolos con mayor potencia. Mi boca se acercó al oído derecho de la muchacha, mi aliento rozándolo con sensualidad. -¿A qué jode ser torturado de esta forma? -Le susurré para acto seguido bajar a su cuello, mordiéndolo con la suficiente fuerza para dejarle una marca que duraría unos días pero tampoco para hacerle daño. Con una suavidad pasmosa, comparada a la intensidad de antes. Comencé deslizarme como hizo ella antes, pero en mi caso no lo acompañé de besos y lamidas. Fueron solo mis manos las que leyeron cada curva como si estuviera escrita en braille, hasta llegar al elástico de sus bragas.
Una vez allí, volví a ser rudo, quitándolas de golpe, tirando de ellas hasta liberar el preciado tesoro que iba a probar esta noche, algo más rico y jugoso que el licor de caña de azúcar. Me apoyé en sus muslos, apartándolos, haciendo que se abriese más de piernas. Bajé la cabeza de golpe y pasé la lengua lentamente por esta húmeda y carnosa parte de su cuerpo, de abajo a arriba, saboreándola de inicio a fin. -Tu también estás deliciosa. -Aclaré una vez terminé volviendo a posicionarme sobre ella. Pues lo único que quería con esta acción era provocarle aún más.
Pero era hora, ya habíamos jugado lo suficiente. Estaba jodidamente excitado y me apostaba un testiculo a que ella también lo estaba. Así que aún con riesgo a cargarme el momento. Me puse sus bragas sobre mi cara como un antifaz improvisado, respirando profundamente para percibir mejor el dulce aroma que estas emanaban. En algún lado había escuchado que a las chicas le gustaban los hombres enmascarados, así que decidí comprobarlo por mi mismo.
No le di tiempo a quejarse o a reírse de mí pues sin previo aviso. El roce empezó a convertirse en penetración. Comencé lento pues, por la diferencia de tamaños costó que encajara, pero por suerte estaba muy bien lubricada, por lo que pese a su estrechez conseguí entrar. Una vez logrado lo más complicado, le sonreí genuinamente, aunque no pudiera ver mi gesto, oculto tras su ropa interior. Por un segundo tenía miedo de que fuese a ser demasiado para ella, que se iba a romper al primer intento, pero me sorprendió lo bien que lo resistió. No me contuve, pues a un ritmo brutal y salvaje, invadía la cavidad de la chica sin miedo a que no pudiera soportar mi tamaño. Con una de mis manos le sujeté de la cadera para que no se moviera demasiado con cada fuerte golpe de cadera y la otra volvió a su pecho, agarrándolo fuertemente. Pues bajo aquella noche de casi luna llena, y bajo la atenta mirada de mi curiosa ave, apoyada en la rama de un árbol cercano, nuestros cuerpos se unieron como uno solo.
Off
