07-01-2026, 03:32 PM
El invierno había llegado a su fin, y con ello comenzaba un nuevo año. La joven María Merlot acababa de dejar atrás un año que había estado lleno de sorpresas. Un año en el que seguramente la joven mestiza nunca hubiera esperado terminar en una prisión de roca y teniendo que luchar junto a unos completos desconocidos para salvar su pellejo, o sus escamas en este caso. Y menos todavía esperaba terminar el año con una recompensa por su cabeza de nada más y nada menos que ciento catorce millones de berries. Pero todo eso era cosa del pasado. Ahora, habiendo dejado atrás el color celeste que la caracterizaba en pos de un radiante rosa igual al de su adorado compañero Hyákinthos "El carnicero", la joven pirata abrazaba el nuevo año dispuesta a seguir brillando más incluso que antes.
La ahora pelirrosa posiblemente esperaba que la vida le diera un respiro después de los acontecimientos vividos el año anterior, pero el destino parecía tener distintos planes para ella. Maria Merlot era una mujer que abrazaba el caos y hacía de él una forma de vida. Y una de las características del caos es que nunca descansa.
Era una cálida noche de primavera, cálida y húmeda, como lo eran todas las noches en Little Garden. La joven María se encontraba trasteando con su Den den mushi cuando recibió una llamada. Una llamada que claramente no iba dirigida a ella. En esa llamada, una misteriosa voz de hombre le decía que ya tenían capturadas a todas las crías de dinosaurio y que estaban listos para cerrar el trato, si todavía estaba interesada en comprar esa exótica "mercancía".
Lo escuchado en esa llamada resonó dentro de la joven. Resonó tanto con ella que no dudó en llamar a su mejor amiga para pedirle ayuda.
Su amiga, aquella que portaba la D en su nombre, otra joven que también había sobrevivido a aquel diabólico divertimento a su paso por los Cabos Gemelos. La espadachina de pelo verde y ojos dorados Maki D Zen'in. Otra joven con una recompensa de más de cien millones por su cabeza. Una mujer llena de cicatrices, algunas perfectamente visibles y otras que vivían en su interior. Una joven que, tras sobrevivir en los Cabos Gemelos, había podido sentir de cerca a la misma muerte. Allí, sobre la arena de una de las playas de esa misma isla, el destino, o tal vez el capricho de un hombre, había decidido dejarla vivir un día más, no sin antes enseñarle una valiosa lección.
Aquella joven podía ser muchas cosas, pero sin ningún lugar a dudas, no era alguien que abandonara a sus amigos, por ello:
Las dos jóvenes se reunieron, tal y como habían acordado, en un claro. La mañana era cálida y húmeda, como todas en Little Garden. El sol comenzaba a salir por el horizonte, aunque desde la espesura de la jungla en la que se encontraban no pudieran verse más que los rayos de sol que se colaban entre las enormes ramas, tiñendo el ambiente de un precioso tono rojizo. La pelirrosa había pedido ir hasta el campamento de los cazadores furtivos para comprobar de primera mano el estado de la "mercancía" antes de cerrar el trato. Para su sorpresa, o tal vez no, su interlocutor parecía ser lo suficientemente cuidadoso y meticuloso como para no revelar su ubicación, por lo que lo máximo que pudo obtener la joven mestiza fue un punto de encuentro donde reunirse con un contacto que la llevaría hasta el campamento.
Ambas mujeres habían decidido asistir a aquel encuentro y aprovechar aquella compra para infiltrarse en el campamento y salvar a las pobres crías de dinosaurio de las garras de aquellos cazadores furtivos. Para ello, el primer paso era encontrarse con el contacto, pues sin su ayuda les sería prácticamente imposible encontrar el campamento secreto de los cazadores. Parecía una tarea de lo más sencilla, pues las indicaciones que la joven María había recibido de su interlocutor eran de lo más simples, y el punto de reunión parecía ser bastante reconocible, pero si había algo con lo que aquel misterioso era con la deficiente capacidad de orientación de la hermosa pelirrosa.
Las jóvenes parecían tener un plan, pero, ¿sería este suficiente para liberar a aquellos bebés del miedo y sufrimiento que estaban pasando?
La ahora pelirrosa posiblemente esperaba que la vida le diera un respiro después de los acontecimientos vividos el año anterior, pero el destino parecía tener distintos planes para ella. Maria Merlot era una mujer que abrazaba el caos y hacía de él una forma de vida. Y una de las características del caos es que nunca descansa.
Era una cálida noche de primavera, cálida y húmeda, como lo eran todas las noches en Little Garden. La joven María se encontraba trasteando con su Den den mushi cuando recibió una llamada. Una llamada que claramente no iba dirigida a ella. En esa llamada, una misteriosa voz de hombre le decía que ya tenían capturadas a todas las crías de dinosaurio y que estaban listos para cerrar el trato, si todavía estaba interesada en comprar esa exótica "mercancía".
Lo escuchado en esa llamada resonó dentro de la joven. Resonó tanto con ella que no dudó en llamar a su mejor amiga para pedirle ayuda.
Su amiga, aquella que portaba la D en su nombre, otra joven que también había sobrevivido a aquel diabólico divertimento a su paso por los Cabos Gemelos. La espadachina de pelo verde y ojos dorados Maki D Zen'in. Otra joven con una recompensa de más de cien millones por su cabeza. Una mujer llena de cicatrices, algunas perfectamente visibles y otras que vivían en su interior. Una joven que, tras sobrevivir en los Cabos Gemelos, había podido sentir de cerca a la misma muerte. Allí, sobre la arena de una de las playas de esa misma isla, el destino, o tal vez el capricho de un hombre, había decidido dejarla vivir un día más, no sin antes enseñarle una valiosa lección.
Aquella joven podía ser muchas cosas, pero sin ningún lugar a dudas, no era alguien que abandonara a sus amigos, por ello:
María pidió auxilio, y Maki respondió
Día 14 del año 17, Primavera - 06:50 a.m.
En algún lugar de la selva, Little Garden, Paraíso
Las dos jóvenes se reunieron, tal y como habían acordado, en un claro. La mañana era cálida y húmeda, como todas en Little Garden. El sol comenzaba a salir por el horizonte, aunque desde la espesura de la jungla en la que se encontraban no pudieran verse más que los rayos de sol que se colaban entre las enormes ramas, tiñendo el ambiente de un precioso tono rojizo. La pelirrosa había pedido ir hasta el campamento de los cazadores furtivos para comprobar de primera mano el estado de la "mercancía" antes de cerrar el trato. Para su sorpresa, o tal vez no, su interlocutor parecía ser lo suficientemente cuidadoso y meticuloso como para no revelar su ubicación, por lo que lo máximo que pudo obtener la joven mestiza fue un punto de encuentro donde reunirse con un contacto que la llevaría hasta el campamento.
Ambas mujeres habían decidido asistir a aquel encuentro y aprovechar aquella compra para infiltrarse en el campamento y salvar a las pobres crías de dinosaurio de las garras de aquellos cazadores furtivos. Para ello, el primer paso era encontrarse con el contacto, pues sin su ayuda les sería prácticamente imposible encontrar el campamento secreto de los cazadores. Parecía una tarea de lo más sencilla, pues las indicaciones que la joven María había recibido de su interlocutor eran de lo más simples, y el punto de reunión parecía ser bastante reconocible, pero si había algo con lo que aquel misterioso era con la deficiente capacidad de orientación de la hermosa pelirrosa.
Las jóvenes parecían tener un plan, pero, ¿sería este suficiente para liberar a aquellos bebés del miedo y sufrimiento que estaban pasando?
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