Kiyoshi Gaiden: el hombre en busca de ser fuerte [Fic]
#3
Kiyoshi siempre ha pecado por ser individualista, por valerse por sí mismo, por negarse a buscar ayuda en los demás. La única excepción a la regla ha sido la de protección, la de querer que personas fuertes se antepongan ante él para así garantizar su supervivencia. Es así debido a la crianza que tuvo, en donde siempre le hicieron ver la debilidad que poseía, y ante tanto cuidado —incluso muchos exagerados—, creció con una falta de confianza importante en cuanto a lo que es sobreponerse al mundo mediante su propia fuerza.

Lo que es compartir su fuerza junto a otro, apoyarse, dar todo por uno y también por otro, es algo que recién ha comenzado a surgir en él recientemente. Anteriormente, todo lo vio como un servicio, una prestación. “Yo soy tu médico, tú me defiendes”. Pero no más. Desea hacerse fuerte, desea aprender y mejorar, no usar al resto ni ser usado. Confía en que en este grupo en el que está, la cooperación será lo más importante. Y Kiyoshi se niega a ser el único tonto que no aporte, o que aporte en menor medida que el resto.

— ¿Y puedo saber qué es lo que debo escuchar? Nadie dice que solo tenga problemas con esos tipos. Pueden venir más a molestarme en cualquier momento.
— ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
— Que si te ven conmigo, creerán que somos aliados y también te fijarán como su objetivo.
— Eso no me importa, no les tengo miedo.

El viejo ve en Kiyoshi una mirada distinta a la de antes, aprecia en sus ojos un fuego capaz de quemar al mismo diablos en las inmediaciones del infierno. La determinación que desprende el médico en este momento puede palparse en el aire como si se tratase de un objeto sólido, pero tras la sonrisa que mantiene permanente el viejo, se encuentra una respuesta que el pelinegro no se esperaba.

— Me gusta resolver los problemas por mi cuenta, así que me niego a hablar contigo en este momento. Si querías algo, pudiste decírmelo dentro de la taberna. Perdiste tu oportunidad, solo asegúrate de no perder las siguientes.
— Espera, no te atrevas a ir… — Ni alcanza a terminar su frase, pues el viejo, enseñando la misma velocidad que antes, ya se encuentra varios metros lejos huyendo por sobre los tejados.

Kiyoshi, ni tonto ni perezoso, se decide a seguirlo. Aunque no todo será tan fácil como suena, pues nuevas palabras se escuchan desde su retaguardia. Al girarse, se encuentra con tres tipos grandotes, de hombros anchos, y con las cabezas cubiertas con máscaras, buscando así que no se reconozcan sus identidad a la hora de realizar sus crímenes.

— ¡Oye tú, Larguirucho! — Kiyoshi, incrédulo, se apunta a sí mismo con el índice. — ¡Sí, tú!
— Así que eres amigo del hijo de re mil puta del anciano ese. Nos debe una cantidad insana de dinero.
— Relájense, hermanos, mejor vean lo que tiene en su espalda. De seguro podremos sacar un buen dinero por su rifle.
— Tienes razón, hermano. Nos desquitaremos con este bueno para nada.

Por supuesto que Kiyoshi pone mala cara. Una cosa es insultarlo y meterse con él, y otra muy distinta es apuntar a su querida arma como objetivo. No tarda en ponerlos en su lugar primero usando el don de la palabra.

— ¿Qué diablos se creen ustedes, tontos? Apuesto que ni siquiera se bañan, sucios. ¿Acaso hay concurso de disfraces o ustedes llegaron tarde a la repartición de cerebros? — Wow, realmente se ha enfadado.

Los tres mosqueteros, como les diremos desde ahora para que sea más fácil identificarlos, se enojan aun más. Este pequeño grupo consta de tres hermanos caracterizados por la poca paciencia y nula inteligencia que poseen. Por eso, el tipo de las pistolas los engañó como si fueran simples bebés que no tienen idea del mundo. Al verse superados por capacidad cognitiva, se sintieron humillados y por eso hoy buscan venganza. Lamentablemente, Kiyoshi estaba en el momento y lugar menos indicado.

O eso parece, pues él puede tener una visión totalmente diferente respecto a la suerte que acaba de tener.

— ¡A por él!

A diferencia de los de la taberna, estos usan únicamente sus puños a la hora de afrontar un combate. Son el tipo de reto que Kiyoshi odia, pues a simple vista se nota que él no es de los que usan los músculos para defenderse.

Con su rifle en alto, no duda en jalar el gatillo, apuntando directamente a las rodillas de sus agresores, queriendo así limitar su movilidad. Lamentablemente, esto no funciona, y por mucho dolor y sangrado que ellos experimenten, siguen hacia adelante con una sonrisa en el rostro. Cuando logran entrar en su rango, los puñetazos van directo hacia su rostro, viéndose él ante una situación en la que no puede resolver a su favor. Atina a cerrar los ojos debido al miedo, pero ahí es cuando sucede la magia.

Alguien lo toma del cuello de la camisa y, a base de fuerza bruta, lo obliga a retroceder unos metros, tomándolo tan por sorpresa, que rueda varias veces antes de detenerse y poder levantarse.

— ¿Qué haces quedándote quieto, muchacho? No eres una torre estática, eres un humano con piernas. ¡Úsalas!

El viejo ha regresado y ha salvado al pobre Kiyoshi. Mostró una fuerza y agilidad importantes, seguramente muy por encima de lo que se puede ver por estas islas, o eso piensa el médico.

En cuanto a reacciones, Kiyoshi sigue sorprendido, sacudiendo su ropa al ponerse de pie. Los mosqueteros lucen felices, pues ante ellos se muestra el tipo del cual buscan venganza.

— Miren, hermanos, parece que la suerte hoy está de nuestro lado. Este tipo ha venido a regalarse para que lo tomemos como esclavo.
— Es cierto, hermanos. Pido poder darle de patadas antes de dormir por las noches.
— Entonces yo lo usaré como saco de boxeo por las mañanas.

El viejo solo suelta una carcajada, ya no siendo una sorpresa. Es un tipo alegre por mucho que sea un estafador y, por consiguiente, se le pueda tachar como mala persona. Kiyoshi no deja de sorprenderse de él, emergiendo dentro suyo una pequeña admiración que probablemente no deje de crecer conforme pasan los días.

— Primer consejo, muchacho. Debes moverte, debes usar esas piernas que te otorgó Dios para que así el enemigo no te alcance. O también hay otra alternativa en caso de que no quieras moverse mucho.

Claro, siendo él, es fácil hablar. Literalmente, en un momento desaparece de su ubicación y reaparece al costado de uno de los mosqueteros. Le da semejante patada a la altura de la rodilla, que le causa un esguince instantáneo, provocándole gritos de dolor y una caída inmediata. Para que deje de hacer ruido, le da otro golpe en la cabeza, noqueándolo. Los otros dos, estupefactos, quietos como estatuas. No se creen lo que acaban de ver.

— Si el enemigo no puede moverse, tú tendrás la distancia. Muévete tú o impide que el otro se mueva, ¿me entiendes? Pero si él se mueve y tú no, solo entregarás tu vida. O mejor, no te dediques a ser un tirador.
[Imagen: u2oxCl9.png]

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RE: Kiyoshi Gaiden: el hombre en busca de ser fuerte [Fic] - por Kiyoshi Maeda - 07-01-2026, 10:30 PM

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