08-01-2026, 12:00 PM
Todavía se podía escuchar a las chicharras contrayendo y expandiendo las membranas de sus abdómenes, haciendo ese sonido tan característico de los días calurosos. El sol brillaba con fuerza y los reflejos en las hojas de las cañas de azúcar y en el sudor de la frente del rubio, hacían que se sintiera como un día en el desierto, como un día en el que no había prisa de nada y en el que el tiempo hasta llegaba a transcurrir mucho más despacio que de costumbre. Esa era la sensación del chico, que ahora no estaba solo en aquel claro del cañizal verde.
La aparición de aquel muchacho sediento no altero la calma del lugar, al contrario. Llevaba ya andando varias horas sin haber podido intercambiar palabra con nadie más que con sus pensamientos, y a pesar de la elevada temperatura, verlo aparecer entre las cañas de azúcar había supuesto un soplo de aire fresco a su extraña expedición.
Aquel hombre cogió la botella al vuelo sin mucha dificultad, haciendo notar sus buenos reflejos y destreza con su mano derecha, seguramente sería la dominante con la que usaba aquella katana tan peculiar, que enseguida atrapó la atención de Akira. Le llamó la atención un dado y un patrón de cielo con nubes, pero no le dio más importancia que la apariencia del arma. Volvió a recorrer la cara del muchacho a medida que se acercaba a él.
—No te preocupes, seguro que hubieras hecho lo mismo —le estrechó la mano devolviéndole la mano y se presentó, no con su nombre real, ya que ciertamente solo sus amigos más cercanos y su familia lo sabían ubicar por el mismo, además de sus superiores dentro de la Marina, que estos se referían a él por su apellido. Se presentó con el apodo por el que se conocía a su familia—. Puedes llamarme Solaris.
Y por las palabras del espadachín, o al menos el que parecía que era, ya que desconocía si la katana era meramente decorativa o realmente sabía usarla, dedujo que estaba en aquel lugar por su mismo motivo—. Yo también estoy aquí por la historia de un viejo tchakikikikiyah —se rió, realmente aquel rumor no solo era una leyenda que se contaba como un cuento infantil, más gente a parte de Akira estaba detrás de esa caña.
Señaló al centro del claro entre las cañas con la intención de que su compañero se diera cuenta de que ya habían llegado al lugar que ambos estaban buscando—. No creo que haya otro rumor de algo importante que pase entre las cañas, así que, si es eso de allí, amigo, la hemos encontrado —guardó el cuchillo de cortar el pan de nuevo en la mochila y esperó a que el muchacho de melena abultada desenfundara su espada—. Creo que tú vas a ser más capaz de cortarla, estoy deseando descubrir si de verdad el azúcar que tiene es tan dulce… Me extraña que solo estemos aquí nosotros dos, y a juzgar por tu acento, juraría que tampoco eres de aquí... Espero que no sea solo un simple cuento para niños, porque menuda aventura llegar hasta aquí con el calor que hace.
La aparición de aquel muchacho sediento no altero la calma del lugar, al contrario. Llevaba ya andando varias horas sin haber podido intercambiar palabra con nadie más que con sus pensamientos, y a pesar de la elevada temperatura, verlo aparecer entre las cañas de azúcar había supuesto un soplo de aire fresco a su extraña expedición.
Aquel hombre cogió la botella al vuelo sin mucha dificultad, haciendo notar sus buenos reflejos y destreza con su mano derecha, seguramente sería la dominante con la que usaba aquella katana tan peculiar, que enseguida atrapó la atención de Akira. Le llamó la atención un dado y un patrón de cielo con nubes, pero no le dio más importancia que la apariencia del arma. Volvió a recorrer la cara del muchacho a medida que se acercaba a él.
—No te preocupes, seguro que hubieras hecho lo mismo —le estrechó la mano devolviéndole la mano y se presentó, no con su nombre real, ya que ciertamente solo sus amigos más cercanos y su familia lo sabían ubicar por el mismo, además de sus superiores dentro de la Marina, que estos se referían a él por su apellido. Se presentó con el apodo por el que se conocía a su familia—. Puedes llamarme Solaris.
Y por las palabras del espadachín, o al menos el que parecía que era, ya que desconocía si la katana era meramente decorativa o realmente sabía usarla, dedujo que estaba en aquel lugar por su mismo motivo—. Yo también estoy aquí por la historia de un viejo tchakikikikiyah —se rió, realmente aquel rumor no solo era una leyenda que se contaba como un cuento infantil, más gente a parte de Akira estaba detrás de esa caña.
Señaló al centro del claro entre las cañas con la intención de que su compañero se diera cuenta de que ya habían llegado al lugar que ambos estaban buscando—. No creo que haya otro rumor de algo importante que pase entre las cañas, así que, si es eso de allí, amigo, la hemos encontrado —guardó el cuchillo de cortar el pan de nuevo en la mochila y esperó a que el muchacho de melena abultada desenfundara su espada—. Creo que tú vas a ser más capaz de cortarla, estoy deseando descubrir si de verdad el azúcar que tiene es tan dulce… Me extraña que solo estemos aquí nosotros dos, y a juzgar por tu acento, juraría que tampoco eres de aquí... Espero que no sea solo un simple cuento para niños, porque menuda aventura llegar hasta aquí con el calor que hace.

