08-01-2026, 06:00 PM
Mientras que en su mano izquierda (La buena) sentía un apretar, más no un calor, en su derecha, Owen sostenía lo que parecía ser una enorme red amarronada hecha de cuerdas en las que yacían varios de los objetivos de los que venían rastreando hace ya días: Los famosos lagartos gordos. Estos, siendo arrastrados por un entorno selvático que solo era invadido por el graznido de pájaros que parecían estar congelados en el tiempo. Insectos que, con su aleteo y trinar, hacían parecer aquel lugar aún más desolado y peligroso. Los reptiles que yacían en aquel saco de red, ahora, peleaban errática y aleatoriamente para obtener un mínimo de espacio entre ellos, viéndose nerviosos y convulsos por el arrastre de un suelo en el cual, el pelirrojo, dejaba un surco justo debajo de ellos, destruyendo y aplastando cada planta, helecho y flor que osase toparse con el nuevo sendero que parecían estar marcando.
En cuanto las palabras iniciales del amor de su vida aparecieron y fue capaz de escucharlas, un recuerdo le azotó, uno tan abrumadoramente reciente que hasta detuvo sus palabras, haciéndolo sonar extraño y confuso. Ella no podría detectar cómo su mirada cambió a una llena de atención, con su ceño fruncido y mirada perdida, una que se desvió automáticamente el sonido de una campanada, intensa, morbosa, que debería representar lo más celestial de una institución. Un evento que le atacó como un flechazo en su cabeza no solamente por lo reciente, sino, por lo visceral, oscuro y turbio de una situación que escaló hasta volverse un horror. No temía por él, temía por una Gwen que parecía no comprender la gravedad de nada de lo que estaba ocurriendo o, que había ocurrido anteriormente; Owen no era la flor más pura del jardín, claro está, pero su código moral le impedía matar a nadie que no se lo merezca debidamente. ¿Lo que le hiciesen a él? Tan irrelevante como incapaz de no dar pelea en consecuencia. ¿Lo que le hagan a la mujer de sus sueños? Eso sí era temor, del más puro y ansioso.
El muchacho no detenía su marcha, mientras los pitidos en los oídos resultaban ser tan atronadores como capaces de silenciar un ambiente tan abrumadoramente decorado por estímulos auditivos donde uno detrás de otros, los eventos acontecidos en la plata de Little Garden, venían como una escena que, espontáneamente, aparece sobre las retinas. Sus ojos, perdidos en el suelo, habían dejado de prestar atención total y completamente a las palabras de su compañera -Huye.- su mente, sola, por inercia, le obligó a pensar en aquella palabra -Huye.- un cuerpo que comenzaba a caer hacia un lado, inerte, con una cabeza destrozada en múltiples pedazos. Era demasiado tarde para, siquiera, intentar nada. En un eco que cada vez retumbaba más y más, la extremadamente reconocible voz de la mujer de su vida aparecía, una que buscaba devolverle a una realidad que, ahora, lo mantenía suspendido en un estado de estasis, haciendo que, de forma brusca, el trinar de los seres prehistóricos vuelvan a obtener protagonismo en el instante que sintió el apretar en su mano...una que le hizo volver en sí.
No le gustó PARA NADA haber escuchado aquello. En el instante que simplemente decidió repetirlo y clavó su mirada hacia la máscara blanca, automáticamente y sin siquiera ser capaz de poder controlarlo, soltó su mano izquierda que la sostenía e hizo un pequeño ademán para sacudirla en la unión, casi solicitándole que se suelte también. Su mano derecha, aún sosteniendo un saco en el cual varios lagartos gordos batallaban por un milímetro de espacio, se mantenía atrás, elevándose y descendiendo erráticamente por la batalla que libraban los reptiles. En cuanto se separó de la mujer de sus sueños, Owen, automáticamente, la colocó como una barrera diagonal justo frente a ella, mientras fruncía el ceño con un desafío inusitado hacia la máscara blanca que yacía a poca distancia de ellos -Sohem.- también le nombró, en búsqueda de respuestas -¿Existe la- y, cuando quiso percatarse y exactamente a espaldas del propio enmascarado, comenzó aparecer una persona que el pelirrojo conocía muy...muy bien. Ese porte alto, ese mirar amargo y ese cigarrillo siempre encendido en la boca. Creía que había suficiente con cruzárselo en la misma playa que estaba disparando recuerdos de un día olvidable, pero no, ellos volvían a asecharle como todo lo que el muchacho creyese que carecía de consecuencias.
Owen se apreciaba bastante agresivo y a la defensiva desde hace ya tiempo. Ese porte alegrón, dicharachero y bobo que le caracterizaba ahora estaba envuelto en una capa de rebeldía y actitud antipática que sorprendía. Su brazo izquierdo se seguía ubicando como una barrera entre Gwen, Sohem y la nueva aparición de un Jin Onizuka que, como parecía verse, no iba a dejar de estarse involucrando en sus asuntos. Pudo escuchar sus nuevas palabras, aquello de su capacidad para poder reparar el barco del sujeto que, ahora, mantenía al pelirrojo en un estado de alarma que le hacía recordar sus peores días en Isla Tamanegi...bueno, no, peor, ya que allí sí que no tenía nada que perder.
Pudo notarse la incomodidad en el rostro del chico, la molestia, un ceño fruncido que le generaba una indignación total. ¿Tener que lidiar con no solamente Sohem Burnedead y su suprema capacidad para volarle la cabeza a quien le diese la gana y, ahora, a un ventajero? La muchachita de antifaz blanco, sin duda alguna, sentiría que hay algo que no está para nada bien en el chico de la chaqueta roja que desvió su mirada hacia un lado, como si quisiese simple y llanamente mitigar una situación que solo iba a ser capaz de encarar "porque era el deseo de su amada" y que él, sin quererlo ni beberlo, empujó. El puño izquierdo del brazo-barrera de Owen, ahora, se cerraba en completa impotencia -Hagan lo que quieran.- su ceño se mantenía fruncido, mirando hacia la jungla a su lado izquierdo -Veo que son profesionales haciéndolo.- el enojo del chico era muy perceptible al igual que la indirecta que les lanzaba a ambos con absoluta prepotencia, simple y llanamente evitando el completo contacto visual en señal de absoluto desprecio a todo lo que estaba a punto de ocurrir.
Porque Owen, ciertamente, sentía que el peligro no lo tenía la jungla, lo tenía quien tenía cerca de él.
— No creí que lo haríamos a tiempo… con tanto problema.
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-Yo tampoco creí que lo haríam-
¡CLAAAAAAANG!
![[Imagen: bb5f2389c8a00866d334684893b4def3.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/bb/5f/23/bb5f2389c8a00866d334684893b4def3.jpg)
En cuanto las palabras iniciales del amor de su vida aparecieron y fue capaz de escucharlas, un recuerdo le azotó, uno tan abrumadoramente reciente que hasta detuvo sus palabras, haciéndolo sonar extraño y confuso. Ella no podría detectar cómo su mirada cambió a una llena de atención, con su ceño fruncido y mirada perdida, una que se desvió automáticamente el sonido de una campanada, intensa, morbosa, que debería representar lo más celestial de una institución. Un evento que le atacó como un flechazo en su cabeza no solamente por lo reciente, sino, por lo visceral, oscuro y turbio de una situación que escaló hasta volverse un horror. No temía por él, temía por una Gwen que parecía no comprender la gravedad de nada de lo que estaba ocurriendo o, que había ocurrido anteriormente; Owen no era la flor más pura del jardín, claro está, pero su código moral le impedía matar a nadie que no se lo merezca debidamente. ¿Lo que le hiciesen a él? Tan irrelevante como incapaz de no dar pelea en consecuencia. ¿Lo que le hagan a la mujer de sus sueños? Eso sí era temor, del más puro y ansioso.
El muchacho no detenía su marcha, mientras los pitidos en los oídos resultaban ser tan atronadores como capaces de silenciar un ambiente tan abrumadoramente decorado por estímulos auditivos donde uno detrás de otros, los eventos acontecidos en la plata de Little Garden, venían como una escena que, espontáneamente, aparece sobre las retinas. Sus ojos, perdidos en el suelo, habían dejado de prestar atención total y completamente a las palabras de su compañera -Huye.- su mente, sola, por inercia, le obligó a pensar en aquella palabra -Huye.- un cuerpo que comenzaba a caer hacia un lado, inerte, con una cabeza destrozada en múltiples pedazos. Era demasiado tarde para, siquiera, intentar nada. En un eco que cada vez retumbaba más y más, la extremadamente reconocible voz de la mujer de su vida aparecía, una que buscaba devolverle a una realidad que, ahora, lo mantenía suspendido en un estado de estasis, haciendo que, de forma brusca, el trinar de los seres prehistóricos vuelvan a obtener protagonismo en el instante que sintió el apretar en su mano...una que le hizo volver en sí.
— No importa lo que tenga que hacer o a dónde tenga que ir, lo haré.
![[Imagen: 53d79ecc35e3eb8f8b55da32d112faae.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/53/d7/9e/53d79ecc35e3eb8f8b55da32d112faae.jpg)
-¿No importa lo que tengas que hacer?-
No le gustó PARA NADA haber escuchado aquello. En el instante que simplemente decidió repetirlo y clavó su mirada hacia la máscara blanca, automáticamente y sin siquiera ser capaz de poder controlarlo, soltó su mano izquierda que la sostenía e hizo un pequeño ademán para sacudirla en la unión, casi solicitándole que se suelte también. Su mano derecha, aún sosteniendo un saco en el cual varios lagartos gordos batallaban por un milímetro de espacio, se mantenía atrás, elevándose y descendiendo erráticamente por la batalla que libraban los reptiles. En cuanto se separó de la mujer de sus sueños, Owen, automáticamente, la colocó como una barrera diagonal justo frente a ella, mientras fruncía el ceño con un desafío inusitado hacia la máscara blanca que yacía a poca distancia de ellos -Sohem.- también le nombró, en búsqueda de respuestas -¿Existe la- y, cuando quiso percatarse y exactamente a espaldas del propio enmascarado, comenzó aparecer una persona que el pelirrojo conocía muy...muy bien. Ese porte alto, ese mirar amargo y ese cigarrillo siempre encendido en la boca. Creía que había suficiente con cruzárselo en la misma playa que estaba disparando recuerdos de un día olvidable, pero no, ellos volvían a asecharle como todo lo que el muchacho creyese que carecía de consecuencias.
—Déjenme ayudarlos.
![[Imagen: 7a5a8a7fae1aa66cd5e0d1f403b6e4a6.jpg]](https://i.pinimg.com/736x/7a/5a/8a/7a5a8a7fae1aa66cd5e0d1f403b6e4a6.jpg)
-¿Tú? ¿Ayudar?-
Owen se apreciaba bastante agresivo y a la defensiva desde hace ya tiempo. Ese porte alegrón, dicharachero y bobo que le caracterizaba ahora estaba envuelto en una capa de rebeldía y actitud antipática que sorprendía. Su brazo izquierdo se seguía ubicando como una barrera entre Gwen, Sohem y la nueva aparición de un Jin Onizuka que, como parecía verse, no iba a dejar de estarse involucrando en sus asuntos. Pudo escuchar sus nuevas palabras, aquello de su capacidad para poder reparar el barco del sujeto que, ahora, mantenía al pelirrojo en un estado de alarma que le hacía recordar sus peores días en Isla Tamanegi...bueno, no, peor, ya que allí sí que no tenía nada que perder.
Sus afectos, y más, principalmente, Gwen, como si máxima fortaleza y debilidad.
Pudo notarse la incomodidad en el rostro del chico, la molestia, un ceño fruncido que le generaba una indignación total. ¿Tener que lidiar con no solamente Sohem Burnedead y su suprema capacidad para volarle la cabeza a quien le diese la gana y, ahora, a un ventajero? La muchachita de antifaz blanco, sin duda alguna, sentiría que hay algo que no está para nada bien en el chico de la chaqueta roja que desvió su mirada hacia un lado, como si quisiese simple y llanamente mitigar una situación que solo iba a ser capaz de encarar "porque era el deseo de su amada" y que él, sin quererlo ni beberlo, empujó. El puño izquierdo del brazo-barrera de Owen, ahora, se cerraba en completa impotencia -Hagan lo que quieran.- su ceño se mantenía fruncido, mirando hacia la jungla a su lado izquierdo -Veo que son profesionales haciéndolo.- el enojo del chico era muy perceptible al igual que la indirecta que les lanzaba a ambos con absoluta prepotencia, simple y llanamente evitando el completo contacto visual en señal de absoluto desprecio a todo lo que estaba a punto de ocurrir.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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