09-01-2026, 04:28 AM
El joven arquero aún estaba acostumbrándose a la sensación posterior a ese maldito evento que no esperaba ocurriera justo cuando una división marine se adentraba en el Grand Line. Por fortuna su embarcación sobrevivió al desastre, tocado y con rasguños pero al menos estaba entero, y su fiel mascota Rasmussen estaba ilesa, algo que le alivió bastante, nunca se hubiera perdonado si un animal sufría daños por su culpa. Por mucha paciencia y calma tuviera el arquero eléctrico y por mucho que supiera que viviría situaciones peligrosas al unirse a la marina, no estaba preparado para que durante un viaje que se requiere autorización del gobierno y que la marcha supuestamente estaba controlada para evitar problemas y criminales invadiendo los mares más complicados. Durante unas noches, el joven no lograba dormir del tirón, parte de su mente siempre estaba atenta a cualquier movimiento o ruido del entorno, dando igual donde se encontrara, en el barco, en un árbol, donde fuera, no podía simplemente tumbarse y dormir, siempre estaba esperando que de la nada volvieran a meterle en una encerrona a pelear contra una criatura que casi lo mató de un solo golpe.
Ese combate le dejó claro que le falta mejorar su equipo, su pequeño arco ya no daría abasto para las peleas que le esperaban en el futuro, además de que debía ponerse ya a improvisar sus propias flechas para aprovechar mejor su estilo elemental o para aumentar su daño sin depender de ese estilo, pues en situaciones como la del foso, la luz llamaría la atención aún más tomando en consideración que el arquero siempre anunciaba sus técnicas por costumbre de cuando era cazador de avisar a los demás cazadores del tiro y no herir a nadie por accidente. Cuando mejor dormía era cuando se acostaba junto al hipopótamo notando su calor y su ritmo calmado ayudaba que el ritmo de Bertram se sincronizara al suyo y se relajara bastante más. Además, le recordaba cuando dormía con los lobos que ayudaban a su familia con la cacería, debido a que el propio arquero y su abuelo salvaron a una camada de cachorros del ataque de un furtivo, la manada los reconoció como los líderes a los que proteger, aunque por desgracia no pudieron evitar la tragedia, pero el joven arquero dormía varias veces junto a los lobos pues se sentía más unido a la naturaleza de esa forma.
Pasaban los días y las noches y no parecía que su nerviosismo bajara y su sensación de que si bajaba la guardia volverían a meterle en una especie de jaula a pelear por diversión. Lo que más le molestaba era no haber podido descubrir ni arrestar a los verdaderos culpables de todo ello. Aún se estaba recuperando de todo el estrés, y teniendo que forzarse a dormir y dejar de estar pensando en diseños de flechas y arcos para poder descansar apropiadamente, por fortuna conocía algunas infusiones que ayudaban con el problema y prepararlas no requería una gran pericia en la cocina. Durante los días trabajaba en diseños para sus nuevas armas y algunas cosillas que se le ocurrían para mejorar el desempeño o para determinadas situaciones, principalmente algo que evitara que tuviera que rescatar a toda su tripulación si alguna vez el barco se hundía.
Al tercer día el joven decidió salir a reabastecer el barco, siendo que iba a comprar de todo un poco, mayormente ingredientes para que Kibai pudiera cocinar, agua para mantenerse hidratados y algunas infusiones para diversas situaciones, no solo falta de sueño. En el camino de salida tomó el periódico que dejaron en el barco antes de todo lo sucedido y decidió volver a leerlo, viendo con calma las noticias que asolaban el mundo, desde la muerte de uno de los shichibukai, el nuevo líder del banco de la moneda y los wanteds, repasando de nuevo pues aún no se hacía a la idea de haber peleado codo con codo con tantos piratas, siendo totalmente consciente de que fue algo necesario, pero ahora tenía una pirata autoproclamada su esposa. Esa pirata en concreto no le pareció ser pirata, daba más la impresión de alguien que tomó el camino equivocado por circunstancias de la vida, lo poco que vio de ella emanaba bondad. El joven arquero llevaba su arco a espaldas, montado a lomos de su compañero se movían por las calles de aquella extraña isla que parecía tener un cactus absurdamente grande, tanto como una montaña, resultando ser realmente una montaña repleta de lápidas que le daban ese aspecto de cactus.
En un punto el joven marine dio la vuelta a la esquina y no pudo evitar llevarse la mano a la cara y agarrarse el puente de la nariz, no creyendo lo que estaba viendo, una especie de pato con una hilera de afilados dientes parecía querer atacar a su autoproclamada esposa, quien corría huyendo del pato que la perseguía de forma que sin dudarlo, y por su impulso de ayudar a la gente, el pelirrojo tomó una flecha, tensó la cuerda del arco y disparó al animal atravesando su cuerpo de un tiro certero que dejó al animal quieto en el suelo mientras él, tras bajarse del lomo de su mascota, se acercaba con calma y sonriendo diciendo
-Parece que siempre que te veo estás en peligro. ¿Cómo lograste dar con un pato carnívoro? Si conoces un buen cocinero la carne de pato está deliciosa, si quieres te ayudo a llevarlo a tu barco, si no lo quieres me lo llevo yo, un compañero es chef y quiero ver qué logra hacer con ese animal. Parece que los piratas no podéis estaros sin meteros en problemas, sir.-
Por mucho que Bertram viera a la joven como una víctima del destino, al haberse hecho pirata hacía que reviviera todo el dolor de cuando perdió a sus abuelos, y encima al parecerse a Titta era aún peor. Pese a ello, no podía simplemente no ayudarla, mayormente porque se sentiría como si estuviera abandonando a Titta de nuevo.
Ese combate le dejó claro que le falta mejorar su equipo, su pequeño arco ya no daría abasto para las peleas que le esperaban en el futuro, además de que debía ponerse ya a improvisar sus propias flechas para aprovechar mejor su estilo elemental o para aumentar su daño sin depender de ese estilo, pues en situaciones como la del foso, la luz llamaría la atención aún más tomando en consideración que el arquero siempre anunciaba sus técnicas por costumbre de cuando era cazador de avisar a los demás cazadores del tiro y no herir a nadie por accidente. Cuando mejor dormía era cuando se acostaba junto al hipopótamo notando su calor y su ritmo calmado ayudaba que el ritmo de Bertram se sincronizara al suyo y se relajara bastante más. Además, le recordaba cuando dormía con los lobos que ayudaban a su familia con la cacería, debido a que el propio arquero y su abuelo salvaron a una camada de cachorros del ataque de un furtivo, la manada los reconoció como los líderes a los que proteger, aunque por desgracia no pudieron evitar la tragedia, pero el joven arquero dormía varias veces junto a los lobos pues se sentía más unido a la naturaleza de esa forma.
Pasaban los días y las noches y no parecía que su nerviosismo bajara y su sensación de que si bajaba la guardia volverían a meterle en una especie de jaula a pelear por diversión. Lo que más le molestaba era no haber podido descubrir ni arrestar a los verdaderos culpables de todo ello. Aún se estaba recuperando de todo el estrés, y teniendo que forzarse a dormir y dejar de estar pensando en diseños de flechas y arcos para poder descansar apropiadamente, por fortuna conocía algunas infusiones que ayudaban con el problema y prepararlas no requería una gran pericia en la cocina. Durante los días trabajaba en diseños para sus nuevas armas y algunas cosillas que se le ocurrían para mejorar el desempeño o para determinadas situaciones, principalmente algo que evitara que tuviera que rescatar a toda su tripulación si alguna vez el barco se hundía.
Al tercer día el joven decidió salir a reabastecer el barco, siendo que iba a comprar de todo un poco, mayormente ingredientes para que Kibai pudiera cocinar, agua para mantenerse hidratados y algunas infusiones para diversas situaciones, no solo falta de sueño. En el camino de salida tomó el periódico que dejaron en el barco antes de todo lo sucedido y decidió volver a leerlo, viendo con calma las noticias que asolaban el mundo, desde la muerte de uno de los shichibukai, el nuevo líder del banco de la moneda y los wanteds, repasando de nuevo pues aún no se hacía a la idea de haber peleado codo con codo con tantos piratas, siendo totalmente consciente de que fue algo necesario, pero ahora tenía una pirata autoproclamada su esposa. Esa pirata en concreto no le pareció ser pirata, daba más la impresión de alguien que tomó el camino equivocado por circunstancias de la vida, lo poco que vio de ella emanaba bondad. El joven arquero llevaba su arco a espaldas, montado a lomos de su compañero se movían por las calles de aquella extraña isla que parecía tener un cactus absurdamente grande, tanto como una montaña, resultando ser realmente una montaña repleta de lápidas que le daban ese aspecto de cactus.
En un punto el joven marine dio la vuelta a la esquina y no pudo evitar llevarse la mano a la cara y agarrarse el puente de la nariz, no creyendo lo que estaba viendo, una especie de pato con una hilera de afilados dientes parecía querer atacar a su autoproclamada esposa, quien corría huyendo del pato que la perseguía de forma que sin dudarlo, y por su impulso de ayudar a la gente, el pelirrojo tomó una flecha, tensó la cuerda del arco y disparó al animal atravesando su cuerpo de un tiro certero que dejó al animal quieto en el suelo mientras él, tras bajarse del lomo de su mascota, se acercaba con calma y sonriendo diciendo
-Parece que siempre que te veo estás en peligro. ¿Cómo lograste dar con un pato carnívoro? Si conoces un buen cocinero la carne de pato está deliciosa, si quieres te ayudo a llevarlo a tu barco, si no lo quieres me lo llevo yo, un compañero es chef y quiero ver qué logra hacer con ese animal. Parece que los piratas no podéis estaros sin meteros en problemas, sir.-
Por mucho que Bertram viera a la joven como una víctima del destino, al haberse hecho pirata hacía que reviviera todo el dolor de cuando perdió a sus abuelos, y encima al parecerse a Titta era aún peor. Pese a ello, no podía simplemente no ayudarla, mayormente porque se sentiría como si estuviera abandonando a Titta de nuevo.
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