09-01-2026, 05:02 AM
(Última modificación: 09-01-2026, 05:20 AM por Maria Merlot.
Razón: Spoilers Desconfigurados :C
)
Narrador / María Merlot
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¿Una característica del Caos?
Que nunca descansa.
MUSIQUITA
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¿Una característica del Caos?
Que nunca descansa.
Flush Royal.
Habitación de Odeth & María.
Habitación de Odeth & María.
El espejo le devolvía su reflejo, uno que al principio fue difícil de reconocer, pero con el paso de los días, se volvió su nueva realidad. Su hermoso, ondulado y largo cabello celeste había sufrido un cambio radical, uno que lo llevo a pasar a otra coloración. Con un movimiento de cabeza, de un lado a otro, consideraba todos los pros y contras de esa decisión… ¿Y saben qué? Solo habían pros, porque el precioso, cálido y suave tono rosado, le haría recordar cada minuto de los próximos meses a su adorado Algodón de Azúcar. Con una sonrisa encantadora, dio una vuelta de 360 grados para volver a ver su reflejo: todo estaba en orden.
Luego camino hasta su pequeño desastre, una esquina de la habitación había sido seleccionada para dejar sus hojas, pergaminos, colores, tinta y todo lo que compro en Whisky Peak para su nuevo, y particular pasatiempo: Escribir. Desde que había leído el periódico, no en el muelle de Samba, sino en la tranquilidad de la isla anterior, se dio cuenta del potencial de la comunicación. Y no, no se refería a los acontecimientos que ahí se exponían sobre eventos o personas que ni recordaba, sino de la integra necesidad de hacer al mundo un lugar mejor a través del… cotilleo. Las personas deberían estar informadas de las situaciones mundanas que se suscitaban en cada esquina: el ingrediente secreto de la masa madre del panadero, los motivos del divorcio de los verduleros, la estafa del narcisista de la tienda de armas, el extraño rumor de bromance entre los carpinteros, y así muchas cosas más; esa información, si valía la pena recordar, como el moco uniendo dos mitades perfectas: conocimiento y diversión.
Sentándose frente a su botín, sin valor para la mayoría, tomo su diario y empezó a escribir: ¿Qué opino de esta isla?
Luego camino hasta su pequeño desastre, una esquina de la habitación había sido seleccionada para dejar sus hojas, pergaminos, colores, tinta y todo lo que compro en Whisky Peak para su nuevo, y particular pasatiempo: Escribir. Desde que había leído el periódico, no en el muelle de Samba, sino en la tranquilidad de la isla anterior, se dio cuenta del potencial de la comunicación. Y no, no se refería a los acontecimientos que ahí se exponían sobre eventos o personas que ni recordaba, sino de la integra necesidad de hacer al mundo un lugar mejor a través del… cotilleo. Las personas deberían estar informadas de las situaciones mundanas que se suscitaban en cada esquina: el ingrediente secreto de la masa madre del panadero, los motivos del divorcio de los verduleros, la estafa del narcisista de la tienda de armas, el extraño rumor de bromance entre los carpinteros, y así muchas cosas más; esa información, si valía la pena recordar, como el moco uniendo dos mitades perfectas: conocimiento y diversión.
Sentándose frente a su botín, sin valor para la mayoría, tomo su diario y empezó a escribir: ¿Qué opino de esta isla?
¡Le falta diversión! Un paisaje verde y gigantesco, que me hace pensar que posiblemente los Bonsáis de la montaña de mi maestro Bacalao provinieron de aquí. Mis nakamas parecen emocionados con el horizonte, pero me gusta más la ¿civilización? Aunque, una vez escuche que comprar la tierra dónde era más barata, era una buena inversión. Me pregunto si puedo comprar algunos metros cuadrados y consolidar el Reino de la Fotosíntesis. ¡Porque aquí sería ideal! Cuanta fotosíntesis sucediendo frente a mis ojos, aunque entre verde y azul, prefiero el azul… porque me recuerda al océano. ¿Qué negocio podría funcionar en este lugar? Es una pregunta a la cual no encuentro respuestas, pero… con su nulo comercio, sigo pensando que es una ganga comprar la tierra y construir… ¿Y si… no hay necesidad de comprar? ¿Y si puedo solo… tomarlas? No he visto a nadie aquí, parece un lugar sin ley ni dueño, y totalmente salvaje… tendría que…
Así siguieron sus divagaciones un rato más, hasta que se aburrió de escribir y fue a jorungar su Piruleta (Den Den Mushi), esa cosita parecía más una mascota que otra cosa, a veces hasta le ponía ropita cute. Su juego se interrumpió cuando el Den Den Mushi comenzó a sonar. ¡Cuando sonaba algún nakama estaba del otro lado! Y conversar con sus amigos siempre la llenaba de felicidad… ¿Quién sería esta vez? Ni ella podría imaginárselo.
Aquellas palabras, o más bien instrucciones, que salían de la Piruleta, la dejo sorprendida… y escuchando atentamente, después de todo… el chisme era lo suyo. Al parecer, se trataba de algo ilegal, con crías de animalitos que utilizarían como mercancía, en un punto de la isla… ¿No y que estaba desierta esa isla? Al parecer no, había comercio, aunque fuera ilícito. Con más razón para comprar, o robar, tierra barata. Aunque no era el punto, mientras más escuchaba, algo dentro suyo se iba indignando… porque una cosa era portarse mal sin dañar a nadie, y otra dañando a inocentes en el camino. Y esas pobre crías… separadas de sus madres… con miedo…. frio… quizás hambre.
Aquellas palabras, o más bien instrucciones, que salían de la Piruleta, la dejo sorprendida… y escuchando atentamente, después de todo… el chisme era lo suyo. Al parecer, se trataba de algo ilegal, con crías de animalitos que utilizarían como mercancía, en un punto de la isla… ¿No y que estaba desierta esa isla? Al parecer no, había comercio, aunque fuera ilícito. Con más razón para comprar, o robar, tierra barata. Aunque no era el punto, mientras más escuchaba, algo dentro suyo se iba indignando… porque una cosa era portarse mal sin dañar a nadie, y otra dañando a inocentes en el camino. Y esas pobre crías… separadas de sus madres… con miedo…. frio… quizás hambre.
No…
No, no…
No, no, no…
No, no…
No, no, no…
No iba a permitirlo, ahora ella podía… hacer cosas, y las haría. Aunque claro, por muy loca que estuviera, sabía que no podía hacerlo sola, pero por suerte ahora tenía nakamas. Y había alguien entre estos al que tampoco le gustaba que hicieran daño a indefensos, y eso incluía animales… y más aun, estos eran crías.
Y así fue, como después de que finalizará esa citación a la clandestinidad, llamo a la valkiria besada por el sol, alias su Unnie… e idearon un plan; uno que las llevo al…
Y así fue, como después de que finalizará esa citación a la clandestinidad, llamo a la valkiria besada por el sol, alias su Unnie… e idearon un plan; uno que las llevo al…
Aquí y ahora…
En algún lugar de la selva, Little Garden, Paraíso…
En algún lugar de la selva, Little Garden, Paraíso…
¿Infiltrarse? Ella solo tenía una forma de hacerlo, y su Unnie también, entonces más allá de pasar desapercibida… había que llegar, devorar y conquistar. Podía ser desorientada, inútil e ignorante, sabía claramente sus debilidades, pero también conocía sus fortalezas: su belleza divina, su locura desbordante y su carisma sin igual. Si tenía que hacerse pasar por el comprador, entonces debía ir regia a la… cita de la clandestinidad. Un pantalón de cuero vegano, color negro, botas estilo pirata del mismo color, corsé ajustado al cuerpo y con escote en forma de V, un cinturón con una calavera pirata, una capa que caía hasta sus tobillos, un collar con una hermosa piedra rojiza y su largo cabello rosado suelto, enmarcando la obra de arte majestuosa, divina y sexy que era la semi sirena. Parte de su vestimenta, tenía acabados en tonos dorados. Además, el conjunto tenía un bolso de material igual de exquisito, de medio lado que cruzaba su espalda, quedando hacia atrás. Éste tenía un cierre que impedía la vista a extraños, y por dentro estaba recuerdo con una tela impermeable, también tenía mucho espacio, y una lengüeta que pasaba sobre el cierre para evitar aún más a los vivarachos. En sus manos, los guantes con los que solía proteger sus … pues manos, cuando debía usarlas para romper cráneos… y pelar manzanas. En su cintura, lado izquierdo, muy visible, colgaba una daga. Y en la parte de atrás, en la misma posición del bolso y por ende tapándolo, un escudo, su más reciente adquisición.
Llegado el momento, y dejando una nota en su cama para avisar a sus nakamas que saldría con Maki, la mestiza nado hasta la orilla. Ahí, esperando el amanecer espero pacientemente a la peliverde, quien se comprometió en ir a buscarla y así lo cumplío. Al verla venir hacia ella, María sonrió, una sonrisa que reflejaba el cariño, y admiración, que sentía por la mujer. La sorpresa de su parte por su nuevo color de cabello la hizo reír, porque supo enseguida de que se trataba: su fanatismo hacia Hyakinthos — Unnie, tu si le sabes a la fotosíntesis — le respondió con un brillo particular en sus orbes ámbar, saberse entendida, a pesar de sus desvaríos, era lo que reforzaba su vinculo con la mujer de cicatrices. Cuando halago su ropa, la mestiza solo pudo girar 360 grados para mostrársela mejor, finalizando con un guiño coqueto y cómplice. Luego, al sentir las manos de su interlocutora en las mejillas, la calidez de su, sin dudas, mejor amiga, laa envolvio y quiso sonreírle pero la presión no le dejaba, solo podia tener la boca como un pececito rechoncho — Shi Unnshie — le respondió como pudo, sus instrucciones ahora eran muy distintas a las de Isla del Karate, dónde le solicito mantenerse callada, iba a hacerla sentir orgullosa, esta vez… le sería menos inútil que con los viejos pervertidos y amargados, aunque claro, también sentía la responsabilidad de haberla llevado a esa pequeña gran misión. El beso en la mejilla, sello su hermandad con el manto nocturno como testigo, y los primeros rayos del sol saliendo en el horizonte.
Luego de repasar lo que sabia, e indicarle lo que recordaba… que parecía más bien, una diatriba sin fin ni forma, la peliverde empezó a ¿rastrear? — Un claro, y arboles… y rocas, grandes muy grandes… y, hablo de este lugar… con tierra… hacia dónde hay una flor… blanca… yo tengo… creo que es por allá… — empezó a caminar hacia un lado, pero cuando vio que su Unnie iba rastreando hacia otro sitio se detuvo y la siguió —… aunque también puede ser por acá, mira… hay árboles, y eso lo dijo el contacto muchas veces… ¿Le sabrá a la fotosíntesis? Aunque si le sabe… ¿Por qué seria tan cruel con unas pequeñas crías? Espero sea guapo, como aquel que conocimos… en la playa… ¿lo recuerdas, Unnie? ¿Qué será de su vida? Hmmm — y así le siguió hablando, mezclando lo que recordaba con lo que había en la realidad, aunque… tenía fe en que no iban a terminar… tan perdidas.
Mientras más se internaban en la jungla, la humedad iba haciendo de las suyas. No le desagradaba, pero tampoco le fascinaba. Prefería mil veces el mar, el agua. Al parecer su incomodidad, la percibió la mujer, quien le ofreció agua… y obvio, ella acepto encantada. En su caminata pudo observar su entorno, y algo llamativo que la hizo recordar a Hyakinthos: el musgo en los árboles; el objeto de su adoración últimamente había estado enfocado en la “exploración”, a ella le encantaba escucharlo, y guardaba cada palabra suya como una biblia. En este punto, pensó que si hubiera robado la pistola de Jensen Valentine, y lanzado unas de sus balas lumínicas al cielo,… eso le hubiera dicho a su contacto dónde estaban, y a todos los demás también, pero bueno era un problema del cual no preocuparse porque no había hurtado nada.
Contenido Oculto
Llegado el momento, y dejando una nota en su cama para avisar a sus nakamas que saldría con Maki, la mestiza nado hasta la orilla. Ahí, esperando el amanecer espero pacientemente a la peliverde, quien se comprometió en ir a buscarla y así lo cumplío. Al verla venir hacia ella, María sonrió, una sonrisa que reflejaba el cariño, y admiración, que sentía por la mujer. La sorpresa de su parte por su nuevo color de cabello la hizo reír, porque supo enseguida de que se trataba: su fanatismo hacia Hyakinthos — Unnie, tu si le sabes a la fotosíntesis — le respondió con un brillo particular en sus orbes ámbar, saberse entendida, a pesar de sus desvaríos, era lo que reforzaba su vinculo con la mujer de cicatrices. Cuando halago su ropa, la mestiza solo pudo girar 360 grados para mostrársela mejor, finalizando con un guiño coqueto y cómplice. Luego, al sentir las manos de su interlocutora en las mejillas, la calidez de su, sin dudas, mejor amiga, laa envolvio y quiso sonreírle pero la presión no le dejaba, solo podia tener la boca como un pececito rechoncho — Shi Unnshie — le respondió como pudo, sus instrucciones ahora eran muy distintas a las de Isla del Karate, dónde le solicito mantenerse callada, iba a hacerla sentir orgullosa, esta vez… le sería menos inútil que con los viejos pervertidos y amargados, aunque claro, también sentía la responsabilidad de haberla llevado a esa pequeña gran misión. El beso en la mejilla, sello su hermandad con el manto nocturno como testigo, y los primeros rayos del sol saliendo en el horizonte.
Luego de repasar lo que sabia, e indicarle lo que recordaba… que parecía más bien, una diatriba sin fin ni forma, la peliverde empezó a ¿rastrear? — Un claro, y arboles… y rocas, grandes muy grandes… y, hablo de este lugar… con tierra… hacia dónde hay una flor… blanca… yo tengo… creo que es por allá… — empezó a caminar hacia un lado, pero cuando vio que su Unnie iba rastreando hacia otro sitio se detuvo y la siguió —… aunque también puede ser por acá, mira… hay árboles, y eso lo dijo el contacto muchas veces… ¿Le sabrá a la fotosíntesis? Aunque si le sabe… ¿Por qué seria tan cruel con unas pequeñas crías? Espero sea guapo, como aquel que conocimos… en la playa… ¿lo recuerdas, Unnie? ¿Qué será de su vida? Hmmm — y así le siguió hablando, mezclando lo que recordaba con lo que había en la realidad, aunque… tenía fe en que no iban a terminar… tan perdidas.
Mientras más se internaban en la jungla, la humedad iba haciendo de las suyas. No le desagradaba, pero tampoco le fascinaba. Prefería mil veces el mar, el agua. Al parecer su incomodidad, la percibió la mujer, quien le ofreció agua… y obvio, ella acepto encantada. En su caminata pudo observar su entorno, y algo llamativo que la hizo recordar a Hyakinthos: el musgo en los árboles; el objeto de su adoración últimamente había estado enfocado en la “exploración”, a ella le encantaba escucharlo, y guardaba cada palabra suya como una biblia. En este punto, pensó que si hubiera robado la pistola de Jensen Valentine, y lanzado unas de sus balas lumínicas al cielo,… eso le hubiera dicho a su contacto dónde estaban, y a todos los demás también, pero bueno era un problema del cual no preocuparse porque no había hurtado nada.
Escalar árboles, su unnie parecía muy diestra en esas cualidades… de mono. Ella intentaba ayudarla a subir, siendo el primer escalón de la escalada — … vidajenear es mi pasión, Unnie, es el moco que une las relaciones, y algún día uniré el mundo con mis cotilleos. Y sabes qué… solo escribiré cosas bonitas sobre ti para tus fans, seguro tienes muchos porque eres genial… el champú que usas, el aroma que desprendes, tus comidas favoritas… y cuando tenga una cámara fotográfica, fotos cuando estés durmiendo, entrenando, tomando el sol… se que eso venderá… y muy bien — comento con su habitual alegría, debía reunir muchos berrys para esa compra, no sería fácil pero cuando pudiera fotografiar… eso le daría más vida a sus pequeños panfletos de chismes, panfletos en versión beta.
María se sorprendió y dio un paso atrás cuando le propuso subir ella. La verdad, nunca había trepado un árbol… un gigante pelirrojo, si, un árbol no; pero quien dijo miedo, así que cuando vio a su hermana en posición, hizo lo que debía hacer, usarla como escalón, saltar hasta sujetar la corteza, ese lado que tenía menos musgo, e ir subiendo poco a poco… hasta que llego a la primera gran rama. Luego fue más fácil, porque salto de una rama a otra, hasta llegar a la cima, evitando siempre el musgo, y ver… más verde y verde. Rodeo el gran árbol, viendo aquella… característica nuevamente: musgo de un lado, seco del otro. La brisa soplo, removiendo su largo cabello rosado, a lo que la chica automáticamente trajo a su mente a su ídolo… y su explicación sobre el musgo. Una pequeña clase sobre lo que un explorador debía saber, y no hacia falta ser la más orientada para poder ejecutarla; así que los grillos en su cabeza comenzaron a girar a miles de revoluciones, porque, aunque fuera ignorante de la historia del mundo, no la hacía ignorante a lo cotidiano, a la ciencia y sobre todo a lo que Hyakinthos le explicaba con su eterna paciencia.
Con una sonrisa en los labios, empezó a descender. Hasta que, con una voltereta por show, aterrizo en el suelo — Unnie. Unnie… Unnie… — la llamo yendo hacia ella, rebosante de energía y con la felicidad de alguien que sabe que será un poco inútil —… lo tengo aquí, lo tengo aquí. Algodón de Azúcar me lo dijo, cuando vio esta… isla. Creo que no es fan de la “No Civilización”, yo aun no lo sé, pero parece buen negocio invertir dónde la tierra es barata… — empezó a divagar llevando su índice a la barbilla, rememorando esa idea loca de establecer algún comercio inútil en esa isla desierta —… No, María concéntrate… — se reprochó dándose una suave bofetada —… Mi Algodón de Azúcar, tu Bubblegum, me dijo que si alguna vez me perdía en esta selvática isla… debía recordar algo, que el musgo crece hacia dónde no da la luz… mira el árbol, Unnie… tiene más musgo hacia acá — señalo la dirección que fuera esa — … que hacia acá… — camino y señalo hacia el otro lado — … y los claros obviamente “clarecen” dónde hay luz porque ya no hacen fotosíntesis, porque se caen y se mueren, por eso son claros y no oscuros, porque si no se llamarian oscuros en vez de claros ¿Verdad?... deberíamos intentar ir hacia dónde hay menos musgos… — señalo a la derecha, cuando los musgos en la corteza estaban hacia el lado izquierdo… pero su hermana entendería, ¿No? Ellas lograrían llegar al punto de encuentro, aunque tuviera que cambiar su apodo de rompe cráneos a rompe troncos… para avanzar.
Ahí se quedó paradita a un metro de Maki, a un metro del árbol que había escalado anteriormente. A su alrededor había la vegetación habitual de una selva, y nada realmente, que pudiese representar una amenaza, no por ahora.
María se sorprendió y dio un paso atrás cuando le propuso subir ella. La verdad, nunca había trepado un árbol… un gigante pelirrojo, si, un árbol no; pero quien dijo miedo, así que cuando vio a su hermana en posición, hizo lo que debía hacer, usarla como escalón, saltar hasta sujetar la corteza, ese lado que tenía menos musgo, e ir subiendo poco a poco… hasta que llego a la primera gran rama. Luego fue más fácil, porque salto de una rama a otra, hasta llegar a la cima, evitando siempre el musgo, y ver… más verde y verde. Rodeo el gran árbol, viendo aquella… característica nuevamente: musgo de un lado, seco del otro. La brisa soplo, removiendo su largo cabello rosado, a lo que la chica automáticamente trajo a su mente a su ídolo… y su explicación sobre el musgo. Una pequeña clase sobre lo que un explorador debía saber, y no hacia falta ser la más orientada para poder ejecutarla; así que los grillos en su cabeza comenzaron a girar a miles de revoluciones, porque, aunque fuera ignorante de la historia del mundo, no la hacía ignorante a lo cotidiano, a la ciencia y sobre todo a lo que Hyakinthos le explicaba con su eterna paciencia.
Con una sonrisa en los labios, empezó a descender. Hasta que, con una voltereta por show, aterrizo en el suelo — Unnie. Unnie… Unnie… — la llamo yendo hacia ella, rebosante de energía y con la felicidad de alguien que sabe que será un poco inútil —… lo tengo aquí, lo tengo aquí. Algodón de Azúcar me lo dijo, cuando vio esta… isla. Creo que no es fan de la “No Civilización”, yo aun no lo sé, pero parece buen negocio invertir dónde la tierra es barata… — empezó a divagar llevando su índice a la barbilla, rememorando esa idea loca de establecer algún comercio inútil en esa isla desierta —… No, María concéntrate… — se reprochó dándose una suave bofetada —… Mi Algodón de Azúcar, tu Bubblegum, me dijo que si alguna vez me perdía en esta selvática isla… debía recordar algo, que el musgo crece hacia dónde no da la luz… mira el árbol, Unnie… tiene más musgo hacia acá — señalo la dirección que fuera esa — … que hacia acá… — camino y señalo hacia el otro lado — … y los claros obviamente “clarecen” dónde hay luz porque ya no hacen fotosíntesis, porque se caen y se mueren, por eso son claros y no oscuros, porque si no se llamarian oscuros en vez de claros ¿Verdad?... deberíamos intentar ir hacia dónde hay menos musgos… — señalo a la derecha, cuando los musgos en la corteza estaban hacia el lado izquierdo… pero su hermana entendería, ¿No? Ellas lograrían llegar al punto de encuentro, aunque tuviera que cambiar su apodo de rompe cráneos a rompe troncos… para avanzar.
Ahí se quedó paradita a un metro de Maki, a un metro del árbol que había escalado anteriormente. A su alrededor había la vegetación habitual de una selva, y nada realmente, que pudiese representar una amenaza, no por ahora.
README
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
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