10-01-2026, 05:17 AM
Durante breves instantes había decidido quedarse a observar los alrededores en búsqueda de la siguiente dirección a seguir, uno no esperaría que fuese suficiente para crear un encuentro fortuito particular, que no habría visto venir jamás pues estaba muy convencido de que nadie había atestiguado la hazaña de bondad que cometió. Difícilmente se le toca el corazón a Hasegawa como para interceder de esa forma en la vida de alguien.
O eso es lo que se repite por dentro. La realidad es que no puede dejar a las injusticias transcurrir sin interponerse a mitad de la situación.
Son casualidades de la vida, pero se voltea en la dirección exacta para observar a su colega marine instantes previos a que ella abriese la conversación. Las primeras impresiones lo son todo, y en un paneo general de su figura resultaba imposible negar que se quedó asombrado, incluso formando una pequeña "o" con sus labios, alzando levemente las cejas, visibles a pesar de las gafas de sol negras. La piruleta le daba un pequeño punto de sensualidad extra, y el modo en que incluyó al uniforme marine tradicional las cuotas de estilo propio le resultó de lo más ingenioso.
En cualquier otra situación, tal y como suele ser, el propio Hasegawa se habría lanzado de cabeza a hablarle, más considerando el modo en que sus muslos estaban a la vista, una pequeña debilidad del hombre. Pero había algo más, sus ojos azules, de tonos violáceos parecían contar una historia propia, que lo dejó breves segundos en blanco hasta que la conversación inició, ella tomando la iniciativa.
El tópico que trató no le hizo ruido, aunque sí llegó a sorprenderlo, y supo de inmediato lo que le respondería una vez finalizase. —Eh... —un pequeño suspenso, donde rascó su zona cervical, actuando como si estuviese tímido. Sí, en Shin algo como eso era imposible. —¿De qué estás hablando? No entiendo nada de lo que dices, haha... hah... —la risa nerviosa lo delata, odiaba atribuirse buenas acciones, o directamente sacar pecho tras hacer algo desinteresado por un desconocido, y por supuesto que se haría el tonto en relación a ello.
—¿Quién es usted, amable señorita? ¿Y por qué me está hablando de cosas que claramente, yo no hice? —se acerca, rompiendo la distancia y casi que comenzando a invadir el espacio personal de ella. Le encanta hacer eso, un pequeño gusto culposo que emplea para dominar las situaciones sociales —Me quitó el placer de iniciar la conversación, porque desde luego lo habría hecho. —su tono seductor irrumpe. El dulce de su voz, grave y masculino se suma al perfume de aspecto caro, junto a la forma en que se quita las gafas para observarla directamente a los ojos con ese tono propio, color cielo.
—¡Sólo hay que verla! Es hermosa, señorita. —al decirlo, la sujetó de ambas muñecas como celebrando junto a ella el hecho de que fuese tan guapa. Y tan pronto como hizo contacto físico, se alejó. —¿¡Cómo que oferta del cincuenta por ciento!? Dios santo, esto se aprovecha. —melones, por supuesto. Otro puesto frutal y de verduras poniendo una rebaja de infarto, "distrajo" provisionalmente a Shin, aunque es algo que hizo a propósito, son pequeñas explosividades de locura.
—Ah, mi nombre es Hasegawa Shin. No presentarse es de mal gusto, ¿lo sabes? —mientras sujeta uno de los melones con una mano, la observa de perfil, guiñándole un ojo y sacándole la lengua, antes de, por supuesto, volver a centrar toda su atención en la tremendísima oferta.
O eso es lo que se repite por dentro. La realidad es que no puede dejar a las injusticias transcurrir sin interponerse a mitad de la situación.
Son casualidades de la vida, pero se voltea en la dirección exacta para observar a su colega marine instantes previos a que ella abriese la conversación. Las primeras impresiones lo son todo, y en un paneo general de su figura resultaba imposible negar que se quedó asombrado, incluso formando una pequeña "o" con sus labios, alzando levemente las cejas, visibles a pesar de las gafas de sol negras. La piruleta le daba un pequeño punto de sensualidad extra, y el modo en que incluyó al uniforme marine tradicional las cuotas de estilo propio le resultó de lo más ingenioso.
En cualquier otra situación, tal y como suele ser, el propio Hasegawa se habría lanzado de cabeza a hablarle, más considerando el modo en que sus muslos estaban a la vista, una pequeña debilidad del hombre. Pero había algo más, sus ojos azules, de tonos violáceos parecían contar una historia propia, que lo dejó breves segundos en blanco hasta que la conversación inició, ella tomando la iniciativa.
El tópico que trató no le hizo ruido, aunque sí llegó a sorprenderlo, y supo de inmediato lo que le respondería una vez finalizase. —Eh... —un pequeño suspenso, donde rascó su zona cervical, actuando como si estuviese tímido. Sí, en Shin algo como eso era imposible. —¿De qué estás hablando? No entiendo nada de lo que dices, haha... hah... —la risa nerviosa lo delata, odiaba atribuirse buenas acciones, o directamente sacar pecho tras hacer algo desinteresado por un desconocido, y por supuesto que se haría el tonto en relación a ello.
—¿Quién es usted, amable señorita? ¿Y por qué me está hablando de cosas que claramente, yo no hice? —se acerca, rompiendo la distancia y casi que comenzando a invadir el espacio personal de ella. Le encanta hacer eso, un pequeño gusto culposo que emplea para dominar las situaciones sociales —Me quitó el placer de iniciar la conversación, porque desde luego lo habría hecho. —su tono seductor irrumpe. El dulce de su voz, grave y masculino se suma al perfume de aspecto caro, junto a la forma en que se quita las gafas para observarla directamente a los ojos con ese tono propio, color cielo.
—¡Sólo hay que verla! Es hermosa, señorita. —al decirlo, la sujetó de ambas muñecas como celebrando junto a ella el hecho de que fuese tan guapa. Y tan pronto como hizo contacto físico, se alejó. —¿¡Cómo que oferta del cincuenta por ciento!? Dios santo, esto se aprovecha. —melones, por supuesto. Otro puesto frutal y de verduras poniendo una rebaja de infarto, "distrajo" provisionalmente a Shin, aunque es algo que hizo a propósito, son pequeñas explosividades de locura.
—Ah, mi nombre es Hasegawa Shin. No presentarse es de mal gusto, ¿lo sabes? —mientras sujeta uno de los melones con una mano, la observa de perfil, guiñándole un ojo y sacándole la lengua, antes de, por supuesto, volver a centrar toda su atención en la tremendísima oferta.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
