10-01-2026, 02:53 PM
(Última modificación: 10-01-2026, 02:57 PM por Choi Hae-won.)
Adorable...
Si tiene que hacer una definición de lo que ve en este joven, no puede evitar que esa sea la primera palabra que aparezca en su mente. Al colocar su propia pierna frente a la otra en un gesto tan característico de ella, solo puede mirarlo con seriedad mientras saborea su piruleta; la sonrisa no sale, sin embargo, sus ojos brillan.
—Hmmmm...
Verlo negar los actos de servicio que realiza para la comunidad es encantador. No dice nada al respecto porque entiende que podría llegar a incomodarlo, aunque le daría completamente igual. Sí. Sabe que es un poco tonto actuar de manera tal que la confianza pueda hacer mella en el pensamiento de este caballero y su percepción hacia ella, pero si hay algo que a esta mujer le importa bien poco es, precisamente, el qué dirán.
Sin embargo, el nombrar de su apellido es lo que hace que detenga el movimiento mecánico de sus pies y se ponga rígida casi de repente. No puede hacer mención a sus arrebatos o a la dispersión que muestra con sus acciones. No. Es ese bendito apellido el que la ancla a un recuerdo distante, una cadena cortada y una resolución que parece golpear con cierta fuerza.
Vaya... Ahora cae en la cuenta de lo mucho que se parece a la señora Kiyoko.
—Hae-won —Habla, luego de sacarse nuevamente la piruleta de la boca—. Choi Hae-won —Sonríe con el brillo en sus ojos y la tranquilidad en su mirada—. Es un placer conocer a nuevos compañeros en entornos diferentes, Hasegawa.
Si tiene que decir algo importante, es que ese chico heredó la belleza delicada de la madre y la imposición fuerte del padre. No va a evaluar demasiado; seguramente él ni siquiera sabe quién es, aunque tampoco desea sacar a luz los crímenes de los Choi, ni de lo que su apellido significa dentro del mundo criminal. No han sido pocos los pecados de su familia, pero ella fue quien decidió ponerles fin.
Ver a este chico le hace recordar todo eso. Por lo mismo, no lo aparta cuando invade su espacio personal, ni lo mira con desdén cuando hace comentarios tan directos.
—¿Quieres caminar un rato por aquí mientras tanto? Tengo que ir viendo un par de cosas y buscar un buen lugar para comer, porque muero de hambre —Sí. Es una persona a la que le encanta comer—. Yo invito. ¿Te parece?
Ya que lo quiere arrastrar por todo el bendito mercado, lo mínimo que puede hacer es invitarle a algo de comer, ¿no?
Si tiene que hacer una definición de lo que ve en este joven, no puede evitar que esa sea la primera palabra que aparezca en su mente. Al colocar su propia pierna frente a la otra en un gesto tan característico de ella, solo puede mirarlo con seriedad mientras saborea su piruleta; la sonrisa no sale, sin embargo, sus ojos brillan.
—Hmmmm...
Verlo negar los actos de servicio que realiza para la comunidad es encantador. No dice nada al respecto porque entiende que podría llegar a incomodarlo, aunque le daría completamente igual. Sí. Sabe que es un poco tonto actuar de manera tal que la confianza pueda hacer mella en el pensamiento de este caballero y su percepción hacia ella, pero si hay algo que a esta mujer le importa bien poco es, precisamente, el qué dirán.
Sin embargo, el nombrar de su apellido es lo que hace que detenga el movimiento mecánico de sus pies y se ponga rígida casi de repente. No puede hacer mención a sus arrebatos o a la dispersión que muestra con sus acciones. No. Es ese bendito apellido el que la ancla a un recuerdo distante, una cadena cortada y una resolución que parece golpear con cierta fuerza.
Vaya... Ahora cae en la cuenta de lo mucho que se parece a la señora Kiyoko.
—Hae-won —Habla, luego de sacarse nuevamente la piruleta de la boca—. Choi Hae-won —Sonríe con el brillo en sus ojos y la tranquilidad en su mirada—. Es un placer conocer a nuevos compañeros en entornos diferentes, Hasegawa.
Si tiene que decir algo importante, es que ese chico heredó la belleza delicada de la madre y la imposición fuerte del padre. No va a evaluar demasiado; seguramente él ni siquiera sabe quién es, aunque tampoco desea sacar a luz los crímenes de los Choi, ni de lo que su apellido significa dentro del mundo criminal. No han sido pocos los pecados de su familia, pero ella fue quien decidió ponerles fin.
Ver a este chico le hace recordar todo eso. Por lo mismo, no lo aparta cuando invade su espacio personal, ni lo mira con desdén cuando hace comentarios tan directos.
—¿Quieres caminar un rato por aquí mientras tanto? Tengo que ir viendo un par de cosas y buscar un buen lugar para comer, porque muero de hambre —Sí. Es una persona a la que le encanta comer—. Yo invito. ¿Te parece?
Ya que lo quiere arrastrar por todo el bendito mercado, lo mínimo que puede hacer es invitarle a algo de comer, ¿no?
