¿Crónica de un nunca jamás? :: Privado :: Pasado
#5
Narrador / María Merlot

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Los monstruos…
Hacían monstruosidades…
¿Cierto?

Todo había fallado, ahora lo único que le quedaba era esperar a ser engullida por ese cangrejo gigante dador de manzanas. En la corta memoria que tenía, pensó que podía morir… de muchas formas, al estar subyugada a una tripulación pirata de la peor calaña, pero nunca imagino que sería la comida de un monstruo marino. Y no solo eso, ¿Por qué era tan difícil nadar? Había visto a otros hacerlo, pero a ella se le daba fatal… ¿Por qué? No lo sabía, sin embargo, ahora, que había estado sumergida, había sentido una profunda conexión con el agua.

Ante sus ojos, todo aquel corpulento ser rojizo… era monstruoso, con un solo pinzazo podría matarla, y con un par adicionales hacerla tartar de mestiza. No tenia mas escapatoria que pedirle, como un ultimo deseo, que la llevara a la superficie. Lo cierto es que más allá de la inminente muerte (que por su edad no podía entender), ella quería… ver de nuevo el sol, el cielo, la luna y las estrellas. Las emociones desplegándose desde el barco pirata, la batalla naval, su momento antropófago y el aislamiento en el fondo del mar, le impedían entender… más allá, y al ver a un enorme animal, solo podía darse por muerta. Él, a simple vista, era difícil de mirar… y no parecía… amable; aunque sus acciones hasta el momento contradecían su aspecto.

No te preocupes, te subiré a la superficie en un momento.

La boca de la chica formo una perfecta “O”, sorprendida por esas palabras. ¿Si la iba a llevar a la superficie? ¡Seguro quería cocinarla! Pensó en intentar huir de nuevo, pero tampoco era tonta, no podía… no mientras estuviera bajo el agua. La mirada siguió la próxima acción del Leviatan, una que atento contra un indefenso pulpo; claro, ella no era nadie para juzgarlo después de zamparse uno vivo, pero igual lo estaba haciendo, negando con su cabeza, con mucha indignación; ese minúsculo animalito no iba a alimentarlo, él necesitaría una ballena… era bestial, y ahora otro adjetivo sumo: malvado.

Luego de atar a su victima octópoda, se enfoco en ella… quien por puro instinto de supervivencia se inclino hacia atrás; pero él fue mas rápido, muy rápido. La agarró y se la monto en el hombro, como un saco de papas, dejando su cabeza en dirección de su trasero acorazado. Luego le dio una manzana, a la que ella la tomo sin pensarlo mucho, solo actuó. Lo escucho decir algo sobre agarrarse con fuerza, y cuando salió disparado hacia quien sabe dónde… la manzana se escapó de sus manos, hundiéndose hacia la jaula y los restos del naufragio que iban quedando atrás… como un mal sueño.

Si era honesta, debía admitir que pensó que nunca saldría de esa jaula. Sus orbes fueron a la otra jaula, dónde el cuerpo del gyojin gris se iba descomponiendo. Por un momento, la realidad la golpeo: ella casi muere, él si murió. Todo lo que había pasado, desde que abrió los ojos en un lugar desconocido, y con la mente en blanco. Ella no tenía una vida, y la poca que había tenido si “apestaba”, no como el cangrejo… cuyo aroma, aunque perceptivo, no era realmente desagradable, solo lo dijo por chincharlo. Sin embargo, el punto en cuestión era que a María… sus emociones revoltosas, y los grillos nacientes de su cabeza, le parecía irreal … por eso aún no había implosionado.

No
Quiero
Morir

Fue su pensamiento, por eso, al darse cuenta de que la estaba llevando a la superficie como se lo pidió, entendió  que iba a comérsela, entonces hizo lo más lógico desde su posición de saco: empezó a patalear, moverse y hasta intentar morder — Suéltame, Leviatan, sueltameeeeeee. Ayudaaaaaaaaaaaaaaa — le gritaba a él y a la nada, porque nadie vendría a socorrerla. Cuando se cansó, lo escucho preguntarle algo, a lo que ella por pura malcriadez y miedo le respondió — Si, apestaaaaaaaaaaaaaaaaas y también eres muy feoooooooooo y…  — se detuvo para darle suspenso y veracidad a sus próximas palabras, le lamió una parte del cuerpo, esa con protuberancias que sobresalían de su camisa —  y… sabes peoooooooooooooor… ¿Qué clase de cangrejo eres? — le recrimino sin dejar de moverse, un paseo muy agitado por su culpa. Lo cierto, era que estaba inventando todo eso, solo para hacerlo fastidiar y tener una oportunidad para escapar y sobrevivir… o morirse más rápido, una de dos.

El agua fue dejada atrás, la brisa golpeo cada parte de su cuerpo. ¡Estaba afuera! Entonces, inhalo profundamente el aire de la superficie, sus pulmones se llenaron, y cuando exhalo se sintió… tan humana otra vez. No tuvo tiempo de sentir más, porque el Cangrejo Vengador, la tomo nuevamente, pero esta vez por sus piernas cargándola boca abajo; y por ese instante, ojo sobre ojo, pareció evaluarla, a lo que ella solo le saco la lengua frunciendo el ceño para lograr una apariencia “ruda”. Luego, para asustarlo más, le gruño — grrr grrr grrr — e intento acercarse para morderlo pero fue en vano, él tenia el control sobre la situación.

Ya hemos llegado jeejej

Su voz, o más bien su tono, la desconcertó un poco. La puso con cuidado sobre la arena, ella pensó que la dejaría caer de cabeza pero no fue así. Entonces la dejo ahí, mientras él hacia cosas. María parpadeo, muy confundida con el desarrollo de los eventos ¿Por qué no se la zampaba aun? Miro hacía el agua, miro la arena bajo sus pies. No sabía que hacer: correr, gritar… llorar. Estaba un muy perdida. Él dejo la bolsa con manzanas y el pulpo a sus pies, mientras hacía cosas aquí y allá… ¡Esas pinzas eran peligrosos! Verlas en acción, la hizo retroceder un paso. Una fogata, un pulpo cocinándose, un trozo de algo que le estaba ofreciendo…

Los orbes ámbar se posicionaron sobre la garra roja que le ofrecía el interior de una planta, que ella misma observó que pelaba. Él tenia una apariencia monstruosa, su prejuicio la llevo a pensar que era cruel, pero… en retrospectiva: la saco de la jaula, le ofreció manzanas, la llevo a la superficie… le hablo con amabilidad y le tuvo paciencia, él se veía como una mala persona, pero actuaba como alguien con gran corazón… y eso hasta ahora, en su corta memoria, era el más grande tesoro que había encontrado; porque nadie la había tratado así… pero no estaba lista para confiar...

Masca esto un poco, es como un terrón de azúcar, el pulpo estará listo pronto. Ahora que estamos en la superficie ¿Podrías decirme tu nombre? Así podremos hablar mejor

¿El pulpo… lo cazo para dárselo de comer? ¿Acaso, de todos los adultos que había conocido, había alguien que si se comportaba decentemente? Sus piernas cedieron a la realidad, y la hicieron caer. Estuvo muy sola, estuvo a punto de morir, le habían hecho cosas innombrables… tuvo miedo, sintió asco hacia sí misma, y cualquiera muestra de debilidad la pagaba muy caro… así que debía ser fuerte ¿no?

— ¿Hablar? — pregunto con desconfianza, enviando todas sus emociones al vacío, y recuperando el brillo travieso en sus ojos. Se levanto, esto la hizo marearse… su vista se nublo por un segundo, pero no perdió la convicción. Miro su garra estirada con la pulpa fibrosa de la caña de azúcar — ¡Yo ya lo sé!  Tu no quieres hablar, tú quieres cocinarme como a ese pulpo al fuego de la hoguera… pero te tengo noticias: soy una piraña y te voy comer sin sal y sin pimienta…  — sentenció y salto hasta su garra, abriendo la boca y capturando con salvajismo su extremidad (aunque, por las proporciones parecía un gatito), entonces se dio cuenta de tres aspectos importantes:

1. El dulce invadió sus papilas gustativas, la pulpa que le ofrecía era dulce… como un terrón de azúcar.
2. Su piel, o más bien coraza, era muy dura. La piedra pómez y él.
3. Y su dentadura hizo CRAAAAAAAAAACH…

Inmediatamente, lo soltó y llevo ambas manos a la boca. Sus orbes antes llenos de travesura se humedecieron, y dio un par de pasos hacia atrás. Luego de un silencio incomodo, y mientras ella hacia un reconocimiento con su lengua por dentro de su boca, el dulce sabor de antes fue reemplazado por un sabor metálico. Quitando las manos, escupió… saliva, sangre y algo blanco brillante: Un diente… ¡SU DIENTE! La sorpresa se apodero de su expresión, mientras seguía escupiendo sangre y un pequeño hilo se deslizo de su labio inferior, y rodó por su barbilla… — ¡Aaaaaaaaah! Mi diente… — musito algo en shock, mientras con su lengua tocaba el espacio ahora vacío — Mira lo que hiciste, monstruo piel de piedra pómez… — lo señalo totalmente molesta, temblando y haciendo uso de los últimos vástagos de su energía — … rompiste mi diente favorito, el que usaba para comer pasteles, ahora solo queda un horrible hueco como tu… — se paso la mano por la boca… ¿Por qué salía tanta sangre? ¡Solo era un diente! — ¡Hiciste trampa! Así no se vale… eres más grande, tu piel es más fuerte y hasta tienes una gigante tenaza…  ¡No es justo!  Además, ahora qué haré sin mi diente… mi diente… — se volvió a limpiar la boca, esta vez, sus revoluciones iban bajando y miro el liquido carmesí en su mano — … era importante… para mi… — la humedad en sus ojos dio paso a lágrimas — … qué… haré sin mi… diente… — balbuceó entre el sollozo.


La joven María, dio rienda suelta al llanto. Lloraba desconsoladamente, sus emociones naufragaron, y el diente roto fue la excusa para hacerla implosionar y explotar. Desde lo profundo de su alma, el sollozo provenía de ahí, entre gemidos y mocos, la niña soltó todo lo que tenía atorado en el pecho. El temor, la incertidumbre, la frustración, pero sobre todo el desamparo y la desesperanza que sintió los últimos meses y que se reafirmó bajo el agua, en aquella jaula… por eso lloraba, no por la pérdida de un diente de leche que eventualmente crecería de nuevo, sino por todo el terror que había vivido a su corta edad.

Entre hipos, el crispar de la madera quemándose… su cuerpo al fin cedió, enviándola directo a la inconsciencia, una inconsciencia que llego porque sabía que estaba a salvo...

………………………………………………..

Un monstruo es una criatura…
Ser un monstruo es una elección…

El cuerpo de la chica se sentía pesado, le costo abrir los ojos. Cuando lo hizo se encontró con… un sitio distinto a todos los que “recordaba”, se levanto de la cama, miro a su alrededor: limpio y ordenado. No se veía como un asqueroso barco pirata, ni como aquella celda en el fondo del mar. Poco a poco las imágenes del Cangrejo Leviatan vinieron a su mente: una garra, la fogata, el diente roto… ¿Qué había sucedido? No lo sabía, pero estaba viva, estaba fuera de la jaula. Salto de la cama y se reviso así misma, estaba en una sola pieza. Y aunque aun faltaba su diente, toco la encía con su lengua, todo lo demás estaba bien.

Su estómago rugió, lo que le impidió pensar en otra cosa que no fuera comer… así que con cuidado, y sin hacer ruido, salió de esa habitación… y empezó a explorar el sitio, pero no fue muy lejos porque encontró, lo que supuso sería la cocina. Procedió a abrir los gabinetes, a sacar lo que no fuera útil, y así fue por todo el sitio dejando un desastre tras suyo mientras depositaba en un plato lo que iba a ingerir, al final termino debajo de la mesa con: cuatros manzanas, tres panes, dos granadas y una cebolla.

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RE: ¿Crónica de un nunca jamás? :: Privado :: Pasado - por Maria Merlot - 11-01-2026, 04:53 AM

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