11-01-2026, 06:16 PM
Su pregunta me dejó pensando un rato. ¿De dónde venían mis galletas? Ni puta idea, yo solo las imaginaba, aplaudía y aparecían de la nada. Sabía que seguramente fuera por la fruta extraña conformada por pequeñas porciones de este dulce. Así que sin una respuesta clara me limité a soltar. -MAGIA… -Alargué la palabra más de la cuenta dándole dramatismo mientras mis manos trazaban un arco desde mi cabeza hasta mi cintura.
-Soy un mago proveniente de tierras lejanas que tras toda mi vida entrenando mi cuerpo y alma he desarrollado poderes sobrenaturales. -Traté de sonar interesante, pues esta parecía estar impresionada con mis habilidades y me halagaba la atención que recibía al mostrarlos. Me alegré en cuanto la rubia se llevó la petaca a la boca, bebiendo una cuantiosa cantidad del ron que contenía, manteniéndolo en su boca hinchando los mofletes. El pensamiento de apretarlos y hacerle escupir el licor se me pasó por la mente, pero el alcohol no debía desperdiciarse.
Una vez me devolvió el ultimo recuerdo de mi padre lo guardé en un bolsillo interior de mi chaleco rojo de piel. Debía reconocer que la chica se veía bastante bonita, pero misteriosa. Su ropa y cabello estaban húmedos, por lo que sobreentendí que no venía a la fiesta a propósito, pues a diferencia de ella el resto de personas iban bien arregladas y pulcras. ¿De dónde venía? ¿Por qué hacía tantas preguntas? Mi naturaleza cotilla quería conocer todos y cada uno de los secretos que la mujer que se hallaba delante de mí.
En cuanto subió a mi galleta sobre la cual permanecía sentado, acortando de más el espacio entre nosotros mi corazón se aceleró. Le sonreí de vuelta, pues la cercanía me gustaba, daba a entender que había confianza. -Si quisieras te podría enseñar muchas cosas… -Solté con un tono juguetón en mis palabras, cambiando de posición, pasando de estar sentado a hincar una rodilla sobre el dulce. -Dime a dónde quieras ir y mi galleta te llevará.
Una de mis manos se movió a su mejilla acariciándola con suavidad, a la vez que incliné mi cabeza hacia ella, dando la sensación de estar a punto de robarle un beso. No obstante esa no era mi intención, no al menos por ahora. En cuánto nuestros labios estaban tan solo a unos centímetros, aquellas caricias se tornaron en un agarre, sosteniendo ambos mofletes con una sola mano y forzándole a girar levemente su cuello, le dejé expuesta a lo que realmente quería hacer.
Mi lengua recorrió el lateral su rostro de abajo a arriba lentamente, y tras ello la solté. Me quedé pensativo, en silencio por un leve momento el cual se hizo eterno, hasta que una única palabra salió de mi boca. -¡Salado! -Ahora no había duda, venía del mar pero… ¿Por qué darse un baño en el mar a estas horas? ¿Y por qué con ropa? Además su última frase… Se le perdían los días. Ladeé mi cabeza con curiosidad, a la vez que tomaba su mano y le atraía hacia mi, forzándole a acercarse más sin ningún tipo de vergüenza, quedando los dos de rodillas justo en el centro de la galleta. -No te lo voy a negar, me pareces rara de cojones. No sé una mierda de tu historia o de lo qué haces aquí. Pero… ¿Me dejarías descubrirlo tras unas copas y unos bailes? -¿La propuesta fue algo descarada? Tal vez, pero por ahora no deshice el dulce que nos elevaba a unos pocos centímetros del suelo, esperando la respuesta de la chica, viendo si prefería quedarse aquí, o tenía algún otro plan en mente.
-Soy un mago proveniente de tierras lejanas que tras toda mi vida entrenando mi cuerpo y alma he desarrollado poderes sobrenaturales. -Traté de sonar interesante, pues esta parecía estar impresionada con mis habilidades y me halagaba la atención que recibía al mostrarlos. Me alegré en cuanto la rubia se llevó la petaca a la boca, bebiendo una cuantiosa cantidad del ron que contenía, manteniéndolo en su boca hinchando los mofletes. El pensamiento de apretarlos y hacerle escupir el licor se me pasó por la mente, pero el alcohol no debía desperdiciarse.
Una vez me devolvió el ultimo recuerdo de mi padre lo guardé en un bolsillo interior de mi chaleco rojo de piel. Debía reconocer que la chica se veía bastante bonita, pero misteriosa. Su ropa y cabello estaban húmedos, por lo que sobreentendí que no venía a la fiesta a propósito, pues a diferencia de ella el resto de personas iban bien arregladas y pulcras. ¿De dónde venía? ¿Por qué hacía tantas preguntas? Mi naturaleza cotilla quería conocer todos y cada uno de los secretos que la mujer que se hallaba delante de mí.
En cuanto subió a mi galleta sobre la cual permanecía sentado, acortando de más el espacio entre nosotros mi corazón se aceleró. Le sonreí de vuelta, pues la cercanía me gustaba, daba a entender que había confianza. -Si quisieras te podría enseñar muchas cosas… -Solté con un tono juguetón en mis palabras, cambiando de posición, pasando de estar sentado a hincar una rodilla sobre el dulce. -Dime a dónde quieras ir y mi galleta te llevará.
Una de mis manos se movió a su mejilla acariciándola con suavidad, a la vez que incliné mi cabeza hacia ella, dando la sensación de estar a punto de robarle un beso. No obstante esa no era mi intención, no al menos por ahora. En cuánto nuestros labios estaban tan solo a unos centímetros, aquellas caricias se tornaron en un agarre, sosteniendo ambos mofletes con una sola mano y forzándole a girar levemente su cuello, le dejé expuesta a lo que realmente quería hacer.
Mi lengua recorrió el lateral su rostro de abajo a arriba lentamente, y tras ello la solté. Me quedé pensativo, en silencio por un leve momento el cual se hizo eterno, hasta que una única palabra salió de mi boca. -¡Salado! -Ahora no había duda, venía del mar pero… ¿Por qué darse un baño en el mar a estas horas? ¿Y por qué con ropa? Además su última frase… Se le perdían los días. Ladeé mi cabeza con curiosidad, a la vez que tomaba su mano y le atraía hacia mi, forzándole a acercarse más sin ningún tipo de vergüenza, quedando los dos de rodillas justo en el centro de la galleta. -No te lo voy a negar, me pareces rara de cojones. No sé una mierda de tu historia o de lo qué haces aquí. Pero… ¿Me dejarías descubrirlo tras unas copas y unos bailes? -¿La propuesta fue algo descarada? Tal vez, pero por ahora no deshice el dulce que nos elevaba a unos pocos centímetros del suelo, esperando la respuesta de la chica, viendo si prefería quedarse aquí, o tenía algún otro plan en mente.
Cosos
