12-01-2026, 03:44 AM
La señorita Choi Hae-won, un nombre fácil de recordar dada la peculiaridad del mismo, y del que le provienen algunas memorias agrias. Por supuesto que no hizo notar las sombras de sus pensamientos en forma externa, guardándoselo en el pecho y comprimiéndolo al punto de sentir que explotaba, le resultó difícil pero al final tiñó su rostro de la misma sonrisa que ya le había mostrado instantes atrás.
¿El motivo? Sombrío. Su familia capturó a los padres de esa mujer, y su tripulación asesinó a la hermana pirata cuando los emboscaron, en un fuego cruzado que se llevó todas las vidas de sus seres queridos. No la observaba con odio, portaba el uniforme de marine así que era obvio que eligió vivir del lado correcto, incluso con la podredumbre que cargaba aquel apellido.
Viéndolo desde esa perspectiva, eran dos caras de la misma moneda, se preguntaba cuán difícil habrá sido para ella hacerse un lugar en la marina. ¿Tan complejo como encontrar el modo de contarle que él vio cómo fue que asesinaron a su hermana? Detalles semejantes no se gritaban a lo "Hey, hola, ¿recuerdas a tu familia? Tuvimos la culpa de que muriera".
Ese cruce moral le hizo mantener el silencio un pequeño puñado de segundos tras ofrecerle comer juntos. Momentos aprovechados para, en definitiva, reestructurar su postura y volver al mood habitual, mirándola a los ojos tras dejar el melón en el lugar de donde lo sacó. ¿Y cuál era la forma ideal? Sencillito, volver a recortar las distancias, al punto de colocar su rostro muy cerca del de ella, casi que sintiendo su perfume suave, el calor emitido por la respiración relajada que exhalaba y encaminado a reincidir en esa actitud tan provocativa e indiscreta.
—¿Estás coqueteando conmigo, ChoiChoi? Porque si es así, me omitiré algunos pasos y te besaré ahora mismo. —al menos en el manual de seducción de Hasegawa Shin, invitar a comer a un desconocido era para terminar rodeados de sábanas poco después, y por supuesto que iba a descargar el conjunto mental de recuerdos dolorosos y responsabilidad fallida en erotismo y atrevimientos exagerados. Claro que no la besaría, no al menos tan pronto, el estilo de vida del albino se movía entre hilos muy peculiares.
Acercarse desde la lejanía. Lucir como un amante del libertinaje, el sexo casual o las fiestas, pero internamente detestar esa vorágine de descontrol por lo solitaria que se sentía. Miraba a los ojos con gestos que parecían máscaras, perfectamente diseñadas para engañar a cualquiera, y de ese modo, eludir responsabilidades mayores, como parejas o compañías emocionales profundas.
Sólo él lo entendería, la elección de soledad por sobre abrirse a los demás.
Sólo sus recuerdos, y sus fantasmas. Las heridas que estaba obligado a cargar.
Para su suerte, se aleja levemente antes de que una tercera entre en escena. Pelirroja, con una máscara curiosa que parecía cubrirle la mitad superior de su rostro, haciendo que se pregunte el cómo demonios puede ver a los demás así, y de apariencia cercana a Hae-won, preguntándole desde su espalda si interrumpía algo para luego confrontarle, muy recta y seria. Le sacó una pequeña risa y una respuesta inmediata.
—¿Estás celosa? Porque puedo invitarla a usted también a los planes que tenía con su querida amiga. —vuelve a hacer contacto visual con la albina por sobre el hombro de la desconocida. Aunque no tardó en mirarla a los ojos nuevamente. O al menos, al lugar donde intuía que estaban los susodichos.
—Era sólo una comida, no se preocupe. Pero en verdad la entiendo, ¿quién no querría comer junto al futuro mejor marine de la historia? —entonces les dio la espalda, encogiéndose de hombros —Al fin y al cabo, es ella quien quería besarme. Yo puedo volver con mis melones si eso te molesta. —atrevido como pocos, excéntrico como ninguno. Hasegawa Shin era una bomba de relojería impredecible, y eso podía hacer que lo ames o lo odies sin un punto medio.
¿El motivo? Sombrío. Su familia capturó a los padres de esa mujer, y su tripulación asesinó a la hermana pirata cuando los emboscaron, en un fuego cruzado que se llevó todas las vidas de sus seres queridos. No la observaba con odio, portaba el uniforme de marine así que era obvio que eligió vivir del lado correcto, incluso con la podredumbre que cargaba aquel apellido.
Viéndolo desde esa perspectiva, eran dos caras de la misma moneda, se preguntaba cuán difícil habrá sido para ella hacerse un lugar en la marina. ¿Tan complejo como encontrar el modo de contarle que él vio cómo fue que asesinaron a su hermana? Detalles semejantes no se gritaban a lo "Hey, hola, ¿recuerdas a tu familia? Tuvimos la culpa de que muriera".
Ese cruce moral le hizo mantener el silencio un pequeño puñado de segundos tras ofrecerle comer juntos. Momentos aprovechados para, en definitiva, reestructurar su postura y volver al mood habitual, mirándola a los ojos tras dejar el melón en el lugar de donde lo sacó. ¿Y cuál era la forma ideal? Sencillito, volver a recortar las distancias, al punto de colocar su rostro muy cerca del de ella, casi que sintiendo su perfume suave, el calor emitido por la respiración relajada que exhalaba y encaminado a reincidir en esa actitud tan provocativa e indiscreta.
—¿Estás coqueteando conmigo, ChoiChoi? Porque si es así, me omitiré algunos pasos y te besaré ahora mismo. —al menos en el manual de seducción de Hasegawa Shin, invitar a comer a un desconocido era para terminar rodeados de sábanas poco después, y por supuesto que iba a descargar el conjunto mental de recuerdos dolorosos y responsabilidad fallida en erotismo y atrevimientos exagerados. Claro que no la besaría, no al menos tan pronto, el estilo de vida del albino se movía entre hilos muy peculiares.
Acercarse desde la lejanía. Lucir como un amante del libertinaje, el sexo casual o las fiestas, pero internamente detestar esa vorágine de descontrol por lo solitaria que se sentía. Miraba a los ojos con gestos que parecían máscaras, perfectamente diseñadas para engañar a cualquiera, y de ese modo, eludir responsabilidades mayores, como parejas o compañías emocionales profundas.
Sólo él lo entendería, la elección de soledad por sobre abrirse a los demás.
Sólo sus recuerdos, y sus fantasmas. Las heridas que estaba obligado a cargar.
Para su suerte, se aleja levemente antes de que una tercera entre en escena. Pelirroja, con una máscara curiosa que parecía cubrirle la mitad superior de su rostro, haciendo que se pregunte el cómo demonios puede ver a los demás así, y de apariencia cercana a Hae-won, preguntándole desde su espalda si interrumpía algo para luego confrontarle, muy recta y seria. Le sacó una pequeña risa y una respuesta inmediata.
—¿Estás celosa? Porque puedo invitarla a usted también a los planes que tenía con su querida amiga. —vuelve a hacer contacto visual con la albina por sobre el hombro de la desconocida. Aunque no tardó en mirarla a los ojos nuevamente. O al menos, al lugar donde intuía que estaban los susodichos.
—Era sólo una comida, no se preocupe. Pero en verdad la entiendo, ¿quién no querría comer junto al futuro mejor marine de la historia? —entonces les dio la espalda, encogiéndose de hombros —Al fin y al cabo, es ella quien quería besarme. Yo puedo volver con mis melones si eso te molesta. —atrevido como pocos, excéntrico como ninguno. Hasegawa Shin era una bomba de relojería impredecible, y eso podía hacer que lo ames o lo odies sin un punto medio.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
