02-11-2023, 05:15 AM
Si se pudiera volar, y pudieran ver aquel lugar, veríais un enorme cuerpo cubierto completamente de arena. Y ese extraño cuerpo no era más que yo, ¡Daisen Rengoku!. Y si quereis sinceridad, tendreis sinceridad. Me sentía como si me hubieran pegado una paliza... Espera... ¡Si que me habían pegado una paliza! Entreabrí los ojos y me ví en aquel páramo desértico y sin ningún tipo de vida más allá de la mía. Parpadeé varias veces para ser consciente y acordarme en donde diablos estaba. Hice acopio de prácticamente todas mis fuerzas para darme la vuelta e incorporarme. ¿Cómo diablos aquel tipo tan pequeño me había pegado tremenda paliza? ¡Me había dado hasta en el cielo de la boca! Y por alguna extraña razón, hasta me hacía gracia aquella situación. -¡WAYAYAYAYAYAYA! ¡SOY PATÉTICO! ¡WAYAYAYAYAYAYA!- Gritaba entre risas mientras me sentaba cruzando las piernas.
Ahora era momento de meditar. Aquel hecho, la paliza recibida, no era más que un indicativo de que estaba en el lugar correcto. Y no por nada, pero es que necesitaba crecer, y encontrarme en un lugar donde no había nada que me pusiera a prueba como era el East Blue, pues no era para mí. En principio, aquel tipo enmascarado no sabía a donde había ido, pero tampoco me importaba. No tenía esas ansias de venganza o ganas de devolvérsela. El odio sólo generaba más odio, y no me gustaba generar esa sensación tan desagradable. Así que, aunque él no lo supiera, lo perdonaba.
¿Que debía hacer a continuación? Me crucé de brazos, y me puse a pensar tan fuerte que hasta se podían escuchar mis pensamientos. Quería beber y comer. Por supuesto también quería dormir, pero debía empezar por satisfacer aquello que llevaba mas tiempo sin hacer, y eso era beber y comer. Me levanté como pude, con ciertos dolores en el costado, pero bueno, no había nada que no pudiera soportar. Aún era joven, aunque muchos lo negaran. Especialmente los de mi edad. ¿Que problema tenían? Seguramente eran celos porque me conservaba genial. Mi barba la cuidaba mucho mejor que a mi brillante calva.
Andaba por aquel lugar sin rumbo fijo. ¿A donde llegaría? Eso no lo tenía muy claro, pero poco a poco, se estaba haciendo de noche, y claro, para mí mejor porque así pasaba menos calor. Con mis manos en la espalda y con pasos largos pero lentos, poco a poco me fui aproximando a un pueblo. No pude evitar dibujar una sonrisa amplia en mi rostro. -¡Tierra a la vista! ¡WAYAYAYAYAYA!- Grité con ganas. Eso significaba que habría agua potable y comida. ¿Pero habría comida suficiente para mí? En caso de que no lo hubiera, tendría que volver a mis andadas de vagabundo. Fueron tiempos difíciles, pero de mucha paz interior. Quizás no era mala idea volver a esos tiempos. De cualquier modo, seguí andando, hasta llegar a aquel lugar.
Al andar todos me miraban, y es que como es obivo, no acostumbraban a ver a un gigante de once metros pasearse por allí. Pero a mi me daba igual que me miraran. Yo les sonreía a todos, y trataba de ser tan simpático como me fuera posible. Al fin y al cabo, era más difícil sen antipático que simpático. Encontré una taberna, pero claro, no era de mis dimensiones, así que me senté frente a la puerta con las piernas cruzadas, posando ambas manos en ambas rodillas. -¡Hola! ¡Soy Daisen Rengoku! ¡Soy un gigante y tengo sed y hambre! ¡Y también tengo dinero!- Tras decir aquello saqué una bolsita llena de berries y lo puse sobre mi rodilla. -No quepo en la taberna porque mido once metros. ¿Me haríais el favor de sacarme cinco barriles de agua y cinco bandejas llenas de comida? ¡Os juro que puedo pagar! ¡WAYAYAYAYAYA!-
Ahora era momento de meditar. Aquel hecho, la paliza recibida, no era más que un indicativo de que estaba en el lugar correcto. Y no por nada, pero es que necesitaba crecer, y encontrarme en un lugar donde no había nada que me pusiera a prueba como era el East Blue, pues no era para mí. En principio, aquel tipo enmascarado no sabía a donde había ido, pero tampoco me importaba. No tenía esas ansias de venganza o ganas de devolvérsela. El odio sólo generaba más odio, y no me gustaba generar esa sensación tan desagradable. Así que, aunque él no lo supiera, lo perdonaba.
¿Que debía hacer a continuación? Me crucé de brazos, y me puse a pensar tan fuerte que hasta se podían escuchar mis pensamientos. Quería beber y comer. Por supuesto también quería dormir, pero debía empezar por satisfacer aquello que llevaba mas tiempo sin hacer, y eso era beber y comer. Me levanté como pude, con ciertos dolores en el costado, pero bueno, no había nada que no pudiera soportar. Aún era joven, aunque muchos lo negaran. Especialmente los de mi edad. ¿Que problema tenían? Seguramente eran celos porque me conservaba genial. Mi barba la cuidaba mucho mejor que a mi brillante calva.
Andaba por aquel lugar sin rumbo fijo. ¿A donde llegaría? Eso no lo tenía muy claro, pero poco a poco, se estaba haciendo de noche, y claro, para mí mejor porque así pasaba menos calor. Con mis manos en la espalda y con pasos largos pero lentos, poco a poco me fui aproximando a un pueblo. No pude evitar dibujar una sonrisa amplia en mi rostro. -¡Tierra a la vista! ¡WAYAYAYAYAYA!- Grité con ganas. Eso significaba que habría agua potable y comida. ¿Pero habría comida suficiente para mí? En caso de que no lo hubiera, tendría que volver a mis andadas de vagabundo. Fueron tiempos difíciles, pero de mucha paz interior. Quizás no era mala idea volver a esos tiempos. De cualquier modo, seguí andando, hasta llegar a aquel lugar.
Al andar todos me miraban, y es que como es obivo, no acostumbraban a ver a un gigante de once metros pasearse por allí. Pero a mi me daba igual que me miraran. Yo les sonreía a todos, y trataba de ser tan simpático como me fuera posible. Al fin y al cabo, era más difícil sen antipático que simpático. Encontré una taberna, pero claro, no era de mis dimensiones, así que me senté frente a la puerta con las piernas cruzadas, posando ambas manos en ambas rodillas. -¡Hola! ¡Soy Daisen Rengoku! ¡Soy un gigante y tengo sed y hambre! ¡Y también tengo dinero!- Tras decir aquello saqué una bolsita llena de berries y lo puse sobre mi rodilla. -No quepo en la taberna porque mido once metros. ¿Me haríais el favor de sacarme cinco barriles de agua y cinco bandejas llenas de comida? ¡Os juro que puedo pagar! ¡WAYAYAYAYAYA!-
