12-01-2026, 01:47 PM
La pequeña pareció mantener su desconfianza incluso en esa situación, pero al menos parecía tener energía para hablar y siguió con sus ideas de que la comería —Soy una piraña y te voy comer sin sal y sin pimienta…— Pestañeé incrédulo, sin procesar realmente lo que acababa de decir, y antes de que pudiese hacerle entrar en razón, se abalanzó sobre mi pinza con la que le estaba ofreciendo la caña de azúcar y me mordió con fuerza, o al menos la fuerza que le quedaba a la pobre, que no era mucha —Oye te vas a hacer da-— Y de repente un *Crach* que dolía de solo oírlo frenó el alboroto. —Ahhh ¿Estás bien?— La chica escupió sangre y un diente, no era de extrañar, mi coraza era muy dura y difícil de morder incluso para un tiburón. —Por eso te dije que- — Pero me interrumpió, recriminando que fue mi culpa, que tenía la piel de piedra pómez y que era injusto, empecé a sentirme mal, ¿Quizás había hecho algo incorrecto? Además su diente favorito... podría llevarla al dentista o algo más adelante.
La pobre niña empezó a llorar desconsolada, esta vez no me acerqué, estaba claro que la niña no confiaba en mi por el momento y estaba muy estresada por la situación, así que decidí sentarme donde estaba para esperar a que parase su berrinche —Si que le gustaba ese diente...— Pensé, mientras la niña se deshidrataba entre lágrimas y mocos. La miraba pensativo cuando, de pronto, se desplomó —¡OYE!— Me acerqué a ella y le agarré del hombro con mi mano izquierda para sacudirla levemente —¡¿Te encuentras bien?! ¡¿Puedes oírme?!— Nada, la chica no respondía en absoluto. Yo no era médico y la situación hacía tiempo que me había sobrepasado, pero ahora podía ser de vida o muerte, tenía que hacer algo rápido. Miré de un lado a otro de la playa, buscando a alguien que pudiese ayudarme pero no había nadie por la zona, así que la cogí, esta vez con cuidado para cargarla con mis brazos y corrí con ella al hospital del pueblo.
Corrí lo más rápido que pude y entré al hospital pidiendo ayuda —La niña *uff... uf...*Se ha desplomado— El doctor se acercó y la miró con detenimiento mientras se ajustaba las gafas —Ponla en la camilla de ahí— El doctor era un señor maduro, de unos cincuenta años, con el pelo negro lleno de canas y un bigote poblado que se asemejaba a un arbusto bajo su nariz y que llevaba unas gafas cuadradas, parecía un hombre sabio y sensato. Se paró a examinarla y tomó sus pulsaciones con un pulsómetro —Está severamente desnutrida, lo que ha facilitado un shock ¿Ha estado bajo situaciones estresantes?— Afirmé con seguridad con mi cabeza —Muy estresantes diría— El doctor se limitó a apuntar en su libreta para preguntarme de nuevo —¿Es usted familiar o conoce a algún familiar suyo?— Era algo en lo que no me había parado a pensar ¿Qué será de su familia? ¿De donde vendrá? —No... La encontré en un naufragio en el fondo del mar— El doctor, una vez más, se limitó a anotar —Ya veo... La niña se encuentra bien, el diente era de leche por lo que no hay de que preocuparse y para la desnutrición bastará con una dieta equilibrada, que beba un jugo de azúcar cuando despierte. Lamento decirlo así pero como no está inscrita en el censo de la población no puede quedarse en el hospital si no requiere de intervención quirúrgica— Con todo claro y un peso menos encima, volví a cogerla y puse rumbo a mi casa, para que pudiese descansar a gusto.
Una vez llegué a mi casa la acosté en mi cama y la arropé con cuidado. Salí de mi habitación y me senté en la silla, había sido una experiencia agotadora, pero me sentía realizado, ayudar a la gente sin dudas era a lo que quería dedicar mi vida, cogí la concha que tenía en la mesa y empecé a hacer pompas con ella para relajarme un poco mientras murmuraba —Aunque no siempre se dejan jajaja— Después de relajarme un poco salí de casa, cerca de la puerta tenía apiladas unas cuantas cañas de azúcar, por lo que cogí un yunque y una maza de madera del taller y comencé a golpear caña tras caña, para extraer su jugo, que iba cayendo en un cubo de madera. El trabajo duro siempre se me había dado bien y lo llevaba con alegría, mientras martillaba iba tarareando al ritmo de los golpes —Aihoo Aihoo— Todo mientras pensaba en la pequeña, si estaba en un barco de prisioneros seguramente perdió a sus padres, o puede que incluso ellos la entregasen, hacía pocos años que había perdido a los míos a manos de los piratas, así que confiaba poder empatizar con ella si dejaba de darle miedo, pero ¿Cómo lograrlo? La pequeña tenía claros problemas de confianza, seguramente estaba traumada, y yo no tenía experiencia con niños, además, ella parecía ser... Especial... Personas especiales requieren cuidados especiales eso estaba claro. Decidí dejar de darle vueltas y centrarme en ser yo mismo, era lo que siempre hacía y... No siempre salía bien, pero bueno.
Terminado el zumo llené un vaso, mientras me preguntaba si ya había despertado. Entré en pánico al ver que había desaparecido, había sido demasiado descuidado ¿como se me ocurriría dejar a una niña sola en un lugar que no conoce? La busqué por toda la casa hasta que llegué a la cocina, cuyo desorden delataba su presencia —Estuvo aquí— Pensé, Pensamiento que fue interrumpido por un sonido inconfundible, el de un roedor, no... el de una piraña comiendo debajo de la mesa. Con una expresión pícara que nadie podía ver se me ocurrió una idea. Cogí el atomizador de la cocina que estaba vacío y lo llené de agua mientras decía en una descarada voz alta —¿Dónde se habrá metido? Debería salir a buscarla fuera— Hice parecer que iba a salir cuando de repente me agaché y la sorprendí con la boca llena, le apunté de forma despiadada con el atomizador —No se come en el suelo— Y disparé fulminantemente sobre ella, sin compasión, sin piedad ¿Era un monstruo por hacerlo? Quizás, pero la vida no me dio otra opción. Tras esto cogí la comida que tenía en el suelo y la puse sobre la mesa —Come aquí anda, y bebe este zumo— Empezaba a comprender la naturaleza de la niña, en cierto modo era como un animal asilvestrado, yo nunca fui muy exigente con los modales, pero debería enseñarle lo básico para que al menos pudiese vivir en sociedad.
—Hablo— —Pienso—
—María—
—Doctor—
La pobre niña empezó a llorar desconsolada, esta vez no me acerqué, estaba claro que la niña no confiaba en mi por el momento y estaba muy estresada por la situación, así que decidí sentarme donde estaba para esperar a que parase su berrinche —Si que le gustaba ese diente...— Pensé, mientras la niña se deshidrataba entre lágrimas y mocos. La miraba pensativo cuando, de pronto, se desplomó —¡OYE!— Me acerqué a ella y le agarré del hombro con mi mano izquierda para sacudirla levemente —¡¿Te encuentras bien?! ¡¿Puedes oírme?!— Nada, la chica no respondía en absoluto. Yo no era médico y la situación hacía tiempo que me había sobrepasado, pero ahora podía ser de vida o muerte, tenía que hacer algo rápido. Miré de un lado a otro de la playa, buscando a alguien que pudiese ayudarme pero no había nadie por la zona, así que la cogí, esta vez con cuidado para cargarla con mis brazos y corrí con ella al hospital del pueblo.
Corrí lo más rápido que pude y entré al hospital pidiendo ayuda —La niña *uff... uf...*Se ha desplomado— El doctor se acercó y la miró con detenimiento mientras se ajustaba las gafas —Ponla en la camilla de ahí— El doctor era un señor maduro, de unos cincuenta años, con el pelo negro lleno de canas y un bigote poblado que se asemejaba a un arbusto bajo su nariz y que llevaba unas gafas cuadradas, parecía un hombre sabio y sensato. Se paró a examinarla y tomó sus pulsaciones con un pulsómetro —Está severamente desnutrida, lo que ha facilitado un shock ¿Ha estado bajo situaciones estresantes?— Afirmé con seguridad con mi cabeza —Muy estresantes diría— El doctor se limitó a apuntar en su libreta para preguntarme de nuevo —¿Es usted familiar o conoce a algún familiar suyo?— Era algo en lo que no me había parado a pensar ¿Qué será de su familia? ¿De donde vendrá? —No... La encontré en un naufragio en el fondo del mar— El doctor, una vez más, se limitó a anotar —Ya veo... La niña se encuentra bien, el diente era de leche por lo que no hay de que preocuparse y para la desnutrición bastará con una dieta equilibrada, que beba un jugo de azúcar cuando despierte. Lamento decirlo así pero como no está inscrita en el censo de la población no puede quedarse en el hospital si no requiere de intervención quirúrgica— Con todo claro y un peso menos encima, volví a cogerla y puse rumbo a mi casa, para que pudiese descansar a gusto.
Una vez llegué a mi casa la acosté en mi cama y la arropé con cuidado. Salí de mi habitación y me senté en la silla, había sido una experiencia agotadora, pero me sentía realizado, ayudar a la gente sin dudas era a lo que quería dedicar mi vida, cogí la concha que tenía en la mesa y empecé a hacer pompas con ella para relajarme un poco mientras murmuraba —Aunque no siempre se dejan jajaja— Después de relajarme un poco salí de casa, cerca de la puerta tenía apiladas unas cuantas cañas de azúcar, por lo que cogí un yunque y una maza de madera del taller y comencé a golpear caña tras caña, para extraer su jugo, que iba cayendo en un cubo de madera. El trabajo duro siempre se me había dado bien y lo llevaba con alegría, mientras martillaba iba tarareando al ritmo de los golpes —Aihoo Aihoo— Todo mientras pensaba en la pequeña, si estaba en un barco de prisioneros seguramente perdió a sus padres, o puede que incluso ellos la entregasen, hacía pocos años que había perdido a los míos a manos de los piratas, así que confiaba poder empatizar con ella si dejaba de darle miedo, pero ¿Cómo lograrlo? La pequeña tenía claros problemas de confianza, seguramente estaba traumada, y yo no tenía experiencia con niños, además, ella parecía ser... Especial... Personas especiales requieren cuidados especiales eso estaba claro. Decidí dejar de darle vueltas y centrarme en ser yo mismo, era lo que siempre hacía y... No siempre salía bien, pero bueno.
Terminado el zumo llené un vaso, mientras me preguntaba si ya había despertado. Entré en pánico al ver que había desaparecido, había sido demasiado descuidado ¿como se me ocurriría dejar a una niña sola en un lugar que no conoce? La busqué por toda la casa hasta que llegué a la cocina, cuyo desorden delataba su presencia —Estuvo aquí— Pensé, Pensamiento que fue interrumpido por un sonido inconfundible, el de un roedor, no... el de una piraña comiendo debajo de la mesa. Con una expresión pícara que nadie podía ver se me ocurrió una idea. Cogí el atomizador de la cocina que estaba vacío y lo llené de agua mientras decía en una descarada voz alta —¿Dónde se habrá metido? Debería salir a buscarla fuera— Hice parecer que iba a salir cuando de repente me agaché y la sorprendí con la boca llena, le apunté de forma despiadada con el atomizador —No se come en el suelo— Y disparé fulminantemente sobre ella, sin compasión, sin piedad ¿Era un monstruo por hacerlo? Quizás, pero la vida no me dio otra opción. Tras esto cogí la comida que tenía en el suelo y la puse sobre la mesa —Come aquí anda, y bebe este zumo— Empezaba a comprender la naturaleza de la niña, en cierto modo era como un animal asilvestrado, yo nunca fui muy exigente con los modales, pero debería enseñarle lo básico para que al menos pudiese vivir en sociedad.
—Hablo— —Pienso—
—María—
—Doctor—
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