12-01-2026, 03:13 PM
Debo admitir, inevitablemente me perdí durante lo que mi compañera hacia aquel gesto inusual que iba de sacudir o presumir de sus orejas de tal manera que me recordaría mi propio gesto de bajar de los hombros, aunque igualmente escogería no pensarlo demasiado, habiendo aprendido que no todo lo que pudiera decir radicaba en una razón sino como consecuencia inmediata del vaivén emocional que yo pudiera ocasionarle, limitándome con asentir a razón de su regaño mientras me tomaba con gusto ser nombrado por sus labios aunque lo expresaba no con palabras sino únicamente en un gesto que ensanchaba los hoyuelos de mi cara.
-Tal vez estoy feliz porque conseguí esas tres cosas a la vez.- sugerí, intentando corregir a su preocupación buscando no únicamente resaltar la línea que había trazado sino también brindando mi agrado sobre su ser, halagando con sutileza su compañía mientras negaba educadamente que hubiera un interés particular sobre cualquier razonamiento que implicara sacar provecho de su generosidad, de su hermosura o sus emociones, irresistiblemente pecando con honestidad, -Además que bien puedas soportarme también hace que te adore.- confesaría refiriéndome a que seguía sentada a mi lado, a pesar de su exasperación o los supuestos rechazos.
-Uhm ¿filosofar a la muerte en una cita?: que mal gusto tienes.- reprendería con dulzura, chasqueando de mi lengua con sarcástica vehemencia mientras sacudía de mi cabeza hacia los lados fingiendo no haber iniciado, consciente de mis propias palabras o su peso en el espíritu de la joven dama quien podía suponer sufría de un severo cuadro depresivo o traumático, -Ah. No, no podría permitirme otra vez perder a alguien así ¿sabes?.- razone ante su acusación, perdiendo la sonrisa o el tono cercano mientras buscaba alrededor con la mirada e ignoraba el pensamiento innecesario, obligándome a buscar una excusa, cualquier tontería que me distrajera.
-La verdad no me cuesta imaginarte con el uniforme Hiiragi.- resaltaría con simpleza, contestando cualquier inquietud sobre sí me interesaba o pudiera asesorar en caso de que decidiera inscribirse en la armada marina, plenamente dispuesto en ser su lugar seguro, sin titubear o pensarlo mucho, entre lo que saludaba con simple gesto de mi mirada la llegada de nuestra comida y apartaba ambos de mis brazos para brindar algo de espacio, acomodando mi postura sobre la mesa entre lo que sobre mi hombro y detrás de mi figura aparecía de pronto una mano curtida y callosa que me llamaba, palmeando con firmeza pero todavía conservando algo de cariño.
-¡Pero, mira no más! pequeño bribón: ¿conseguiste novia? anda, creo perdí la apuesta que hice con tu abuelo!- bromearía con crueldad y burdo agrado aquel viejo hombre, quien era amigo cercano de mi cuidador mientras ligeramente orgulloso como a ser cualquier figura paternal sacudía del mismo hombro todavía sorprendido, saludando con la mirada, asintiendo para la señorita y enfatizando para mi con una palmada esperándose que recordara un principio de etiqueta que normalmente ni siquiera me importaba, pero que acabaría recordando.
-Ah Hiiragi, disculpa: te presento a Joe Blacksmith fue quien me entrego la carta (¿no te habías ido de regreso?)- razone con incertidumbre ante el viejo, ligeramente confundido aunque únicamente fuera una expresión que era indicativo de mi sentir avergonzado por las cosas con las que se referia, sintiéndome quizás tanto infantilizado, aunque nada de eso le importaba al viejo cascarrabias, quien todavía presumia en una de sus manos un tarro de madera y con la otra se tomaba con modestia tiempo suficiente para propinar sobre mi cabeza otro coscorrón.
-Señorita Hiiragi mil disculpas. Soy su tío abuelo, le cargue cuando niño y aunque es así, algo tonto, grosero e irrespetuoso en su manera de hablar, realmente no lo hemos criado del todo mal.- razono Joe todavía pegando. A lo que, únicamente habría dispuesto un gesto de cerrar uno de mis ojos pues no eran golpes severos ni reales solo un gesto que reafirmaba la paternalidad instintiva del hombre presente.
-Tal vez estoy feliz porque conseguí esas tres cosas a la vez.- sugerí, intentando corregir a su preocupación buscando no únicamente resaltar la línea que había trazado sino también brindando mi agrado sobre su ser, halagando con sutileza su compañía mientras negaba educadamente que hubiera un interés particular sobre cualquier razonamiento que implicara sacar provecho de su generosidad, de su hermosura o sus emociones, irresistiblemente pecando con honestidad, -Además que bien puedas soportarme también hace que te adore.- confesaría refiriéndome a que seguía sentada a mi lado, a pesar de su exasperación o los supuestos rechazos.
-Uhm ¿filosofar a la muerte en una cita?: que mal gusto tienes.- reprendería con dulzura, chasqueando de mi lengua con sarcástica vehemencia mientras sacudía de mi cabeza hacia los lados fingiendo no haber iniciado, consciente de mis propias palabras o su peso en el espíritu de la joven dama quien podía suponer sufría de un severo cuadro depresivo o traumático, -Ah. No, no podría permitirme otra vez perder a alguien así ¿sabes?.- razone ante su acusación, perdiendo la sonrisa o el tono cercano mientras buscaba alrededor con la mirada e ignoraba el pensamiento innecesario, obligándome a buscar una excusa, cualquier tontería que me distrajera.
-La verdad no me cuesta imaginarte con el uniforme Hiiragi.- resaltaría con simpleza, contestando cualquier inquietud sobre sí me interesaba o pudiera asesorar en caso de que decidiera inscribirse en la armada marina, plenamente dispuesto en ser su lugar seguro, sin titubear o pensarlo mucho, entre lo que saludaba con simple gesto de mi mirada la llegada de nuestra comida y apartaba ambos de mis brazos para brindar algo de espacio, acomodando mi postura sobre la mesa entre lo que sobre mi hombro y detrás de mi figura aparecía de pronto una mano curtida y callosa que me llamaba, palmeando con firmeza pero todavía conservando algo de cariño.
-¡Pero, mira no más! pequeño bribón: ¿conseguiste novia? anda, creo perdí la apuesta que hice con tu abuelo!- bromearía con crueldad y burdo agrado aquel viejo hombre, quien era amigo cercano de mi cuidador mientras ligeramente orgulloso como a ser cualquier figura paternal sacudía del mismo hombro todavía sorprendido, saludando con la mirada, asintiendo para la señorita y enfatizando para mi con una palmada esperándose que recordara un principio de etiqueta que normalmente ni siquiera me importaba, pero que acabaría recordando.
-Ah Hiiragi, disculpa: te presento a Joe Blacksmith fue quien me entrego la carta (¿no te habías ido de regreso?)- razone con incertidumbre ante el viejo, ligeramente confundido aunque únicamente fuera una expresión que era indicativo de mi sentir avergonzado por las cosas con las que se referia, sintiéndome quizás tanto infantilizado, aunque nada de eso le importaba al viejo cascarrabias, quien todavía presumia en una de sus manos un tarro de madera y con la otra se tomaba con modestia tiempo suficiente para propinar sobre mi cabeza otro coscorrón.
-Señorita Hiiragi mil disculpas. Soy su tío abuelo, le cargue cuando niño y aunque es así, algo tonto, grosero e irrespetuoso en su manera de hablar, realmente no lo hemos criado del todo mal.- razono Joe todavía pegando. A lo que, únicamente habría dispuesto un gesto de cerrar uno de mis ojos pues no eran golpes severos ni reales solo un gesto que reafirmaba la paternalidad instintiva del hombre presente.
