Con ropa de alguien más que le queda grande, con la ayuda de una mujer caída del cielo, así llegó una vez a donde están los demás. Se apretó el brazo con suavidad, sintiendo lo frío que está, frío para detener a la sangre, pero incluso de esa manera es inevitable.
Lo primero que hizo al llegar fue decir el nombre de Owen, para luego buscar al Doctor. Seguro no han esperado que eso ocurriese, que llegara con un brazo lastimado y aunque la herida no es muy profunda, están las marcas de que alguien ha intentado darle un mordisco.
La mujer se despidió, es un adiós incómodo, como si hubiese dejado a la niña que se perdió y ya está. Problema de otro, una persona con nombre y apellido: Kiyoshi Maeda. No dudó en llorar fuerte cuando se encontró con el doctor, esperando que el mismo le tienda algún pañuelo para limpiarse los mocos, esos que ha aguantado todo el camino, porque no soltó ni una pizca de tristeza hasta ese instante. Como la calma antes de la tormenta.
—No pensé que me pasaría eso — en realidad si no se hubiese interpuesto entre la presa y el cazador, seguramente las cosas serían distintas. Pero ha intentar en vano, tanto como para salir perdiendo en todos los casos. Su ropa, su piel y su templanza, todo se ha desvanecido, aunque seguro la última vuelva cuando ya se sienta mejor.
Siguió las instrucciones del doctor, mostrándole la piel, no pudo ver lo que ha ocurrido — Me duele mucho — el frío siguió presente y no supo cómo subir la temperatura de su cuerpo, es una reacción que el cuerpo hizo de manera inconsciente — Nunca… nunca me había lastimado así — su mano se paseó por su rostro, antes que el líquido que cae se congele al contacto — Por suerte encontré ayuda.
No dijo qué ha pasado, simplemente se sentó finalmente, notando como las piernas no dan más. Simplemente descansó, porque el cuerpo ha dejado de reaccionar bien, debe ser la pérdida de tanta sangre o que finalmente puede dejarse descansar, está a salvo — Doc, alguien murió. No pude salvarlo — ¿Y qué podría hacer ella? ¿Qué se supone que debería haber hecho, ciega y sin conocimiento médico? Es un milagro lo que busca, aunque esa palabra no es ajena a ella.
Se quedó quieta, obediente como siempre, aun así ésta vez existió el silencio. Uno incómodo, no es ese que se acompaña con la marea, sino más bien el que les recuerda que están solos a su suerte.
—¿Qué se supone que haces cuando pasa esto?— ¿Qué se hace cuando todo lo que se puede ofrecer no es suficiente? — Alguna vez… ha tenido que dejar morir a alguien, porque… porque no había otra opción.
Un último resoplido al papel para limpiarse la nariz fue lo único que hizo.
Lo primero que hizo al llegar fue decir el nombre de Owen, para luego buscar al Doctor. Seguro no han esperado que eso ocurriese, que llegara con un brazo lastimado y aunque la herida no es muy profunda, están las marcas de que alguien ha intentado darle un mordisco.
La mujer se despidió, es un adiós incómodo, como si hubiese dejado a la niña que se perdió y ya está. Problema de otro, una persona con nombre y apellido: Kiyoshi Maeda. No dudó en llorar fuerte cuando se encontró con el doctor, esperando que el mismo le tienda algún pañuelo para limpiarse los mocos, esos que ha aguantado todo el camino, porque no soltó ni una pizca de tristeza hasta ese instante. Como la calma antes de la tormenta.
—No pensé que me pasaría eso — en realidad si no se hubiese interpuesto entre la presa y el cazador, seguramente las cosas serían distintas. Pero ha intentar en vano, tanto como para salir perdiendo en todos los casos. Su ropa, su piel y su templanza, todo se ha desvanecido, aunque seguro la última vuelva cuando ya se sienta mejor.
Siguió las instrucciones del doctor, mostrándole la piel, no pudo ver lo que ha ocurrido — Me duele mucho — el frío siguió presente y no supo cómo subir la temperatura de su cuerpo, es una reacción que el cuerpo hizo de manera inconsciente — Nunca… nunca me había lastimado así — su mano se paseó por su rostro, antes que el líquido que cae se congele al contacto — Por suerte encontré ayuda.
No dijo qué ha pasado, simplemente se sentó finalmente, notando como las piernas no dan más. Simplemente descansó, porque el cuerpo ha dejado de reaccionar bien, debe ser la pérdida de tanta sangre o que finalmente puede dejarse descansar, está a salvo — Doc, alguien murió. No pude salvarlo — ¿Y qué podría hacer ella? ¿Qué se supone que debería haber hecho, ciega y sin conocimiento médico? Es un milagro lo que busca, aunque esa palabra no es ajena a ella.
Se quedó quieta, obediente como siempre, aun así ésta vez existió el silencio. Uno incómodo, no es ese que se acompaña con la marea, sino más bien el que les recuerda que están solos a su suerte.
—¿Qué se supone que haces cuando pasa esto?— ¿Qué se hace cuando todo lo que se puede ofrecer no es suficiente? — Alguna vez… ha tenido que dejar morir a alguien, porque… porque no había otra opción.
Un último resoplido al papel para limpiarse la nariz fue lo único que hizo.
—Debe ser duro ser doctor... como tú.
Más si se vive de la desgracia ajena ¿No?
Más si se vive de la desgracia ajena ¿No?
![[Imagen: Gwendolain.gif]](https://sig.grumpybumpers.com/host/Gwendolain.gif)
