12-01-2026, 10:03 PM
(Última modificación: 12-01-2026, 10:04 PM por Tensui Marlin.)
El impacto de las flechas vectoriales no pasó inadvertido. El Gigantopithecus retrocedió apenas medio paso, lo justo para que la tierra crujiera bajo su peso, y su rugido resonó con una violencia distinta a la de antes. Ya no era una advertencia territorial ni una respuesta instintiva: era dolor, sorpresa y rabia. La criatura llevó una de sus enormes manos al costado herido, palpando la zona con torpeza, como si intentara comprender qué clase de fuerza había osado dañarlo de esa manera.
El entorno reaccionó de inmediato, las aves que aún permanecían ocultas huyeron en estampida, y el suelo comenzó a resquebrajarse bajo los pasos del coloso al reafirmar su postura. Árboles cercanos se inclinaron peligrosamente, algunos cediendo por completo, creando un terreno irregular y traicionero, la jungla ya no era solo un escenario, se estaba convirtiendo en un obstáculo activo, cerrando espacios, reduciendo líneas claras de movimiento y haciendo que cada metro ganado o perdido importara más de lo habitual.
El Gigantopithecus no se lanzó de inmediato. Esta vez, avanzó despacio, con los hombros encorvados y los brazos abiertos, como si buscara encerrar el área. Su mirada no se apartó de Moja ni un solo segundo, siguiendo cada desplazamiento, cada cambio de postura. La inteligencia que antes se intuía ahora era evidente, estaba aprendiendo, ajustando su enfoque, entendiendo que no enfrentaba a una presa común. Cada paso hacía temblar el suelo, marcando un ritmo pesado, constante, diseñado para presionar tanto el cuerpo como la mente, aunque no era lo único que se podía percatar, ya que se escuchaban los pasos veloces de alguien más que parecía correr hacia la dirección donde se efectuaba la pelea.
El rastro de los cazadores Crux seguía ahí, perdiéndose entre la maleza más allá del claro, pero ahora compartía protagonismo con una amenaza que no podía ser ignorada sin consecuencias. Little Garden había dejado clara su postura para con aquellos que no pertenecían a la isla, avanzar tendría un precio, y la isla estaba dispuesta a cobrárselo a través de una de sus criaturas más antiguas. El enfrentamiento no había terminado, apenas había cambiado de forma sin embargo aquella figura que, aunque aún no visible, podía escucharse hizo que tanto Moja como el gigantesco animal prehistórico permanecieran el uno al otro mirándose fijamente, ¿era un enemigo de la selva o un aliado?
El sonido volvió a escucharse, más cerca esta vez. No era el crujir torpe de una bestia cualquiera ni el desplazamiento caótico de un animal asustado. Era un ritmo irregular, pesado en algunos momentos, casi imperceptible en otros, como si quien se acercara supiera exactamente cuándo moverse y cuándo detenerse. La vegetación reaccionaba a su paso, hojas que se apartaban, ramas que cedían con cuidado, sin la violencia que había acompañado al avance del Gigantopithecus, aquello no encajaba con un depredador común, ni con una presa. El aire mismo pareció tensarse, incluso el Gigantopithecus, que hasta hacía unos instantes dominaba el claro con su sola presencia, modificó su postura de forma sutil. Sus hombros se elevaron, su respiración se volvió más profunda, y sus ojos se desviaron por primera vez hacia la jungla que rodeaba el claro. No retrocedió, pero tampoco avanzó, esperó. Sea lo que sea que se aproxima, ha logrado algo poco común en Little Garden, interrumpir un enfrentamiento en curso y cuando incluso una criatura ancestral duda, queda claro que la isla aún no ha mostrado todas sus cartas.
El entorno reaccionó de inmediato, las aves que aún permanecían ocultas huyeron en estampida, y el suelo comenzó a resquebrajarse bajo los pasos del coloso al reafirmar su postura. Árboles cercanos se inclinaron peligrosamente, algunos cediendo por completo, creando un terreno irregular y traicionero, la jungla ya no era solo un escenario, se estaba convirtiendo en un obstáculo activo, cerrando espacios, reduciendo líneas claras de movimiento y haciendo que cada metro ganado o perdido importara más de lo habitual.
El Gigantopithecus no se lanzó de inmediato. Esta vez, avanzó despacio, con los hombros encorvados y los brazos abiertos, como si buscara encerrar el área. Su mirada no se apartó de Moja ni un solo segundo, siguiendo cada desplazamiento, cada cambio de postura. La inteligencia que antes se intuía ahora era evidente, estaba aprendiendo, ajustando su enfoque, entendiendo que no enfrentaba a una presa común. Cada paso hacía temblar el suelo, marcando un ritmo pesado, constante, diseñado para presionar tanto el cuerpo como la mente, aunque no era lo único que se podía percatar, ya que se escuchaban los pasos veloces de alguien más que parecía correr hacia la dirección donde se efectuaba la pelea.
El rastro de los cazadores Crux seguía ahí, perdiéndose entre la maleza más allá del claro, pero ahora compartía protagonismo con una amenaza que no podía ser ignorada sin consecuencias. Little Garden había dejado clara su postura para con aquellos que no pertenecían a la isla, avanzar tendría un precio, y la isla estaba dispuesta a cobrárselo a través de una de sus criaturas más antiguas. El enfrentamiento no había terminado, apenas había cambiado de forma sin embargo aquella figura que, aunque aún no visible, podía escucharse hizo que tanto Moja como el gigantesco animal prehistórico permanecieran el uno al otro mirándose fijamente, ¿era un enemigo de la selva o un aliado?
El sonido volvió a escucharse, más cerca esta vez. No era el crujir torpe de una bestia cualquiera ni el desplazamiento caótico de un animal asustado. Era un ritmo irregular, pesado en algunos momentos, casi imperceptible en otros, como si quien se acercara supiera exactamente cuándo moverse y cuándo detenerse. La vegetación reaccionaba a su paso, hojas que se apartaban, ramas que cedían con cuidado, sin la violencia que había acompañado al avance del Gigantopithecus, aquello no encajaba con un depredador común, ni con una presa. El aire mismo pareció tensarse, incluso el Gigantopithecus, que hasta hacía unos instantes dominaba el claro con su sola presencia, modificó su postura de forma sutil. Sus hombros se elevaron, su respiración se volvió más profunda, y sus ojos se desviaron por primera vez hacia la jungla que rodeaba el claro. No retrocedió, pero tampoco avanzó, esperó. Sea lo que sea que se aproxima, ha logrado algo poco común en Little Garden, interrumpir un enfrentamiento en curso y cuando incluso una criatura ancestral duda, queda claro que la isla aún no ha mostrado todas sus cartas.
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