12-01-2026, 10:51 PM
Un pequeño campamento improvisado es lo que se montó en la zona luego de haberse asegurado de que no hay demasiados peligros cerca. Quien menos se ha movido de su ubicación es Kiyoshi, quien por mucho que se encuentre en una selva, todavía tiene en mente de que debe estar todo perfectamente limpio, así que le dedica horas a la limpieza. Hasta la tierra en el piso parece limpia, pero realmente le somete a un gran esfuerzo.
— Qué silencio… — Lo que no es normal en el último tiempo. Siempre fue un tipo solitario, escondido en su estudio y su trabajo. Lanzarse al mar lo ha obligado sumirse en un mundo totalmente nuevo. Pero, aunque todo sea diferente, hay algo que se mantiene intacto: su rol como médico.
Desde una distancia prudente es capaz de escuchar los pasos que se acercan, por lo que no tarda en tomar su rifle y ponerse de pie. Consiente es de que, en caso de no ver a un aliado, deberá disparar sin dudar. Para su sorpresa, es capaz de distinguir a la persona que viene en esta dirección, y no sola. — Espera, esa es… — Sí, se trata de Gwen, y está herida. En tiempo récord suelta su arma y toma su equipo médico, olvidándose totalmente de la desconocida que la acompaña, pues esta no tarda en irse cuando ve que alguien ha salido a recibirlos.
— No llores, tonta, ya estás a salvo. — Lo primero que le da al recibirla es el pañuelo desechable que él mismo se encarga de situarlo en su nariz para que ella luego lo tome y termine de usar. — Solo por hoy obviaré que hayas venido toda sucia. — Pues es evidente que la prioridad es su estado de salud.
Con cuidado la guía hasta un gran tronco que está tirado en el piso y usan como asiento. Acto seguido, él mismo le toma el brazo para estirarlo y así tomarse unos segundos para observar la herida. Concluye en que no es en extremo grave, pero que si la deja así mucho tiempo, podría empeorar de una manera que no le gustaría a ninguno. — Me aseguraré de dejarte como nueva, que si alguno de los otros tontos te ven así, les dará un ataque. — Y no es que a Kiyoshi no le importa verla en este estado tan deplorable, sino que tiene la experiencia de tratar a tantos heridos, que es capaz de centrarse en lo que debe.
Lo que sí toma por sorpresa al médico es lo fría que ella tiene la piel, provocando incomodidad en esas manos que la sostienen. Sabida es la debilidad que posee por las bajas temperaturas, así que le es imposible que las manos no le tiemblen un poco. Para combatir esto es que enguanta ambas.
Para empezar, utiliza un paño de los que siempre trae consigo para presionar sobre la herida y así detener el sangrado, evitando que ella deba usar su frío para combatirlo. — Sé que duele, aguanta. — Porque debe ser fuerte, todos los que llegaron a esta isla tienen la obligación de serlo. Lamentablemente, Gwen no es la excepción.
Una vez deja de sangrar, toma el frasco con alcohol antiséptico cuyo olor la muchacha debe recordar a la perfección. Sin embargo, aquí no hay usos raros ni horarios específicos de uso. Lo utiliza para empezar a limpiar la herida, pues no debe dejar que haya piedritas, suciedad ni nada que pueda infectarla y agrandar este sufrimiento que ella palidece.
En medio de la labor, de pronto, Kiyoshi se detiene. Pareciera que Gwen lo ha congelado, o que un poder misterios lo ha convertido en una estatua. Sin querer, la mano zurda que ayuda a mantener el brazo ajeno en alto, aprieta un poco; una acción involuntaria. Dura un segundo, luego suelta. — Sí, me ha tocado vivirlo. — Su tono de voz ya no parece tan seguro como siempre, se le oye dubitativo, como si ocultase algo que no quiere dejar salir por el dolor que le trae.
— Yo… no lo sé... — Pues ese es el mayor trauma que tiene en su vida y uno al que se ha enfrentado varias veces. Tener entre sus brazos a una persona cuya vida se está esfumando sin que él pudiera hacer nada es la peor experiencia de su vida, y una que le obliga a flaquear y perder el control de sus emociones. — Controla el frío. Vas a congelarme hasta el alma, tonta. — Evidentemente busca cambiar el tema, no desea descontrolarse en su labor y provocarle más dolor a su paciente del que ya debe estar soportando en medio de la curación.
Es la primera vez que reconoce abiertamente ante ella que no tiene una respuesta. A diferencia de siempre, no se esfuerza en buscarla.
— Cuéntame qué sucedió. Así sabré si debo regañarte luego.
— Qué silencio… — Lo que no es normal en el último tiempo. Siempre fue un tipo solitario, escondido en su estudio y su trabajo. Lanzarse al mar lo ha obligado sumirse en un mundo totalmente nuevo. Pero, aunque todo sea diferente, hay algo que se mantiene intacto: su rol como médico.
Desde una distancia prudente es capaz de escuchar los pasos que se acercan, por lo que no tarda en tomar su rifle y ponerse de pie. Consiente es de que, en caso de no ver a un aliado, deberá disparar sin dudar. Para su sorpresa, es capaz de distinguir a la persona que viene en esta dirección, y no sola. — Espera, esa es… — Sí, se trata de Gwen, y está herida. En tiempo récord suelta su arma y toma su equipo médico, olvidándose totalmente de la desconocida que la acompaña, pues esta no tarda en irse cuando ve que alguien ha salido a recibirlos.
— No llores, tonta, ya estás a salvo. — Lo primero que le da al recibirla es el pañuelo desechable que él mismo se encarga de situarlo en su nariz para que ella luego lo tome y termine de usar. — Solo por hoy obviaré que hayas venido toda sucia. — Pues es evidente que la prioridad es su estado de salud.
Con cuidado la guía hasta un gran tronco que está tirado en el piso y usan como asiento. Acto seguido, él mismo le toma el brazo para estirarlo y así tomarse unos segundos para observar la herida. Concluye en que no es en extremo grave, pero que si la deja así mucho tiempo, podría empeorar de una manera que no le gustaría a ninguno. — Me aseguraré de dejarte como nueva, que si alguno de los otros tontos te ven así, les dará un ataque. — Y no es que a Kiyoshi no le importa verla en este estado tan deplorable, sino que tiene la experiencia de tratar a tantos heridos, que es capaz de centrarse en lo que debe.
Lo que sí toma por sorpresa al médico es lo fría que ella tiene la piel, provocando incomodidad en esas manos que la sostienen. Sabida es la debilidad que posee por las bajas temperaturas, así que le es imposible que las manos no le tiemblen un poco. Para combatir esto es que enguanta ambas.
Para empezar, utiliza un paño de los que siempre trae consigo para presionar sobre la herida y así detener el sangrado, evitando que ella deba usar su frío para combatirlo. — Sé que duele, aguanta. — Porque debe ser fuerte, todos los que llegaron a esta isla tienen la obligación de serlo. Lamentablemente, Gwen no es la excepción.
Una vez deja de sangrar, toma el frasco con alcohol antiséptico cuyo olor la muchacha debe recordar a la perfección. Sin embargo, aquí no hay usos raros ni horarios específicos de uso. Lo utiliza para empezar a limpiar la herida, pues no debe dejar que haya piedritas, suciedad ni nada que pueda infectarla y agrandar este sufrimiento que ella palidece.
En medio de la labor, de pronto, Kiyoshi se detiene. Pareciera que Gwen lo ha congelado, o que un poder misterios lo ha convertido en una estatua. Sin querer, la mano zurda que ayuda a mantener el brazo ajeno en alto, aprieta un poco; una acción involuntaria. Dura un segundo, luego suelta. — Sí, me ha tocado vivirlo. — Su tono de voz ya no parece tan seguro como siempre, se le oye dubitativo, como si ocultase algo que no quiere dejar salir por el dolor que le trae.
— Yo… no lo sé... — Pues ese es el mayor trauma que tiene en su vida y uno al que se ha enfrentado varias veces. Tener entre sus brazos a una persona cuya vida se está esfumando sin que él pudiera hacer nada es la peor experiencia de su vida, y una que le obliga a flaquear y perder el control de sus emociones. — Controla el frío. Vas a congelarme hasta el alma, tonta. — Evidentemente busca cambiar el tema, no desea descontrolarse en su labor y provocarle más dolor a su paciente del que ya debe estar soportando en medio de la curación.
Es la primera vez que reconoce abiertamente ante ella que no tiene una respuesta. A diferencia de siempre, no se esfuerza en buscarla.
— Cuéntame qué sucedió. Así sabré si debo regañarte luego.
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
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