13-01-2026, 10:17 PM
Lo que acaban de ver es increíble. Todos están anonadados, preguntándose cómo deben hacer para enfrentarse a siguiente rival. Los dos tipos que quedan en pie desean atacar, pero el miedo ha invadido cada vértebra de su ser. Se miran entre ellos, luego observan a Kiyoshi; buscan respuestas donde no las hay, pues el médico tampoco sabría cómo encargarse de este sujeto. Armándose de valor, el más alto de los hermanos apunta directamente a la cabeza del viejo y jala el gatillo. La bala pasa de largo y se impacta en el suelo, pues otra vez el escurridizo anciano esquiva y queda con su arma apuntando al mentón del tipo, amenazando con volarle todo lo que se llama cabeza.
— P-por favor… N-no lo… no lo hagas… P-por favor… — Entre sus pantalones logra apreciarse una mancha; el pobre tipo se ha orinado.
— Perdónanos la vida, prometemos no molestarte más. El dinero que te dimos puede quedártelo.
— S-sí… E-es más, te-te daremos más… — Solo quieren vivir un día más, zafar de este asunto y no ver nunca más al demonio que tienen enfrente.
Durante largos segundos, nadie se mueve, nadie dice nada, NADIE RESPIRA. Incluso personas que se encuentran en los alrededores ni siquiera parpadean, manteniendo la distancia y esperando expectantes el final de semejante trifulca.
¿Qué es lo que decidirá el viejo? ¿Tendrá piedad con estos tipos que no dejan de seguirlo y amenazando? Bueno, caigamos en cuenta que fue él quien los estafó y luego se lavó las manos. En cierto sentido, los tres mosqueteros solo han estado reclamando lo que por derecho les pertenece. Ellos no son los malos, por lo que podemos concluir que es Kiyoshi quien desea aliarse a aquel que representa un sector negativo de la sociedad. ¿Pero importa eso acaso? Es un pirata, no puede ser un buen ciudadano para siempre. Kiyoshi debe entender que, si quiere representar realmente el cargo que tiene ahora, debe aceptar el ensuciarse las manos, literalmente.
Al fin la respuesta se presenta ante nuestros ojos. El viejo suelta una risita y baja su arma, guardándola en la funda. Se voltea, dándole la espalda a los hermanos y, con manos en los bolsillos, camina como si nada en dirección a Kiyoshi.
Se trata de un hombre que ha vivido de todo, que vio la muerte de cara muchas veces, por lo que encontrar cierta maldad en su corazón es casi imposible. Consiente es de que ya atraviesa la última etapa de su vida. Al final, solo es un viejo que sufrió tanto y hoy en día solo quiere beber, disfrutar y esperar el momento de su hora. Por lo tanto, quitarle la vida a estos muchachos que tienen toda una vida por delante es algo que no llena su vacío corazón, también le otorga más años de vida.
— No se preocupen, niños. Tomen a su hermano y váyanse. Lamento haberme quedado con su dinero, es solo que a veces a los viejos nos cuesta conseguir un trabajo honesto. — Le guiña un ojo a Kiyoshi, actuando como cómplice.
— Bien, señor, le agradecemos mucho la oportunidad.
— ¡Sí! Si llegamos a reunir más dinero, prometemos invitarlo a unas jarras de cerveza. Se lo prometo.
— ¡Corre, hermano!
— ¡Sí, corre!
Con el tipo inconsciente sobre el hombro, escapan corriendo como si no hubiera un mañana. Luego de tanto ruido, finalmente el silencio vuelve a reinar en este espacio.
— ¿Realmente está bien que los dejaras ir? Por mucho que digan eso, parecen del tipo que no se rinden. Volverán a por ti con algún plan, ¿no les temes?
El viejo solo ríe; es muy risueño.
— No te preocupes. Si regresan, aquí estaremos nosotros esperándolo, ¿no lo crees? Dos cabezas piensan mejor que una, y también dos armas hacen más daño que una.
Sorprendido, Kiyoshi lo mira. Entiende lo que quiere decir y, debajo de esa mascarilla, enseña una pequeña sonrisa. Sin deber haber demasiado, consigue lo que quiere. El viejo comienza a caminar y, en silencio, el médico lo sigue. La caminata es larga, tanto, que el sol poco a poco comienza a abandonar los cielos para dar paso a una leve oscuridad. Se alejan un poco del pueblo, llegando a una zona más solitaria y tranquila.
— Quiero ser fuerte como tú, no una copia, sino que crear mi propio estilo. Confío en mi capacidad, pero aprendí que en estos mares no puedo quedarme como estoy. Debo crecer, y sé que tú res la respuesta para todo eso. No puedo permitir que mis compañeros arriesguen siempre su vida por mí. Deseo cuidarlos como médico y como francotirador.
— Entiendo. Pues déjame decirte que has llegado con el hombre indicado. No sé cuántos años han pasado desde la última vez que se presentó ante mí la oportunidad de concentrarme en algo y ser un real aporte para alguien más. Quizás tú seas el motivo por el que sigo vivo esperando que algo anime mi alma. De acuerdo, muchacho, te haré un tirador capaz de llenar de plomo a cualquiera de este mundo. Me aseguraré de que así sea.
— P-por favor… N-no lo… no lo hagas… P-por favor… — Entre sus pantalones logra apreciarse una mancha; el pobre tipo se ha orinado.
— Perdónanos la vida, prometemos no molestarte más. El dinero que te dimos puede quedártelo.
— S-sí… E-es más, te-te daremos más… — Solo quieren vivir un día más, zafar de este asunto y no ver nunca más al demonio que tienen enfrente.
Durante largos segundos, nadie se mueve, nadie dice nada, NADIE RESPIRA. Incluso personas que se encuentran en los alrededores ni siquiera parpadean, manteniendo la distancia y esperando expectantes el final de semejante trifulca.
¿Qué es lo que decidirá el viejo? ¿Tendrá piedad con estos tipos que no dejan de seguirlo y amenazando? Bueno, caigamos en cuenta que fue él quien los estafó y luego se lavó las manos. En cierto sentido, los tres mosqueteros solo han estado reclamando lo que por derecho les pertenece. Ellos no son los malos, por lo que podemos concluir que es Kiyoshi quien desea aliarse a aquel que representa un sector negativo de la sociedad. ¿Pero importa eso acaso? Es un pirata, no puede ser un buen ciudadano para siempre. Kiyoshi debe entender que, si quiere representar realmente el cargo que tiene ahora, debe aceptar el ensuciarse las manos, literalmente.
Al fin la respuesta se presenta ante nuestros ojos. El viejo suelta una risita y baja su arma, guardándola en la funda. Se voltea, dándole la espalda a los hermanos y, con manos en los bolsillos, camina como si nada en dirección a Kiyoshi.
Se trata de un hombre que ha vivido de todo, que vio la muerte de cara muchas veces, por lo que encontrar cierta maldad en su corazón es casi imposible. Consiente es de que ya atraviesa la última etapa de su vida. Al final, solo es un viejo que sufrió tanto y hoy en día solo quiere beber, disfrutar y esperar el momento de su hora. Por lo tanto, quitarle la vida a estos muchachos que tienen toda una vida por delante es algo que no llena su vacío corazón, también le otorga más años de vida.
— No se preocupen, niños. Tomen a su hermano y váyanse. Lamento haberme quedado con su dinero, es solo que a veces a los viejos nos cuesta conseguir un trabajo honesto. — Le guiña un ojo a Kiyoshi, actuando como cómplice.
— Bien, señor, le agradecemos mucho la oportunidad.
— ¡Sí! Si llegamos a reunir más dinero, prometemos invitarlo a unas jarras de cerveza. Se lo prometo.
— ¡Corre, hermano!
— ¡Sí, corre!
Con el tipo inconsciente sobre el hombro, escapan corriendo como si no hubiera un mañana. Luego de tanto ruido, finalmente el silencio vuelve a reinar en este espacio.
— ¿Realmente está bien que los dejaras ir? Por mucho que digan eso, parecen del tipo que no se rinden. Volverán a por ti con algún plan, ¿no les temes?
El viejo solo ríe; es muy risueño.
— No te preocupes. Si regresan, aquí estaremos nosotros esperándolo, ¿no lo crees? Dos cabezas piensan mejor que una, y también dos armas hacen más daño que una.
Sorprendido, Kiyoshi lo mira. Entiende lo que quiere decir y, debajo de esa mascarilla, enseña una pequeña sonrisa. Sin deber haber demasiado, consigue lo que quiere. El viejo comienza a caminar y, en silencio, el médico lo sigue. La caminata es larga, tanto, que el sol poco a poco comienza a abandonar los cielos para dar paso a una leve oscuridad. Se alejan un poco del pueblo, llegando a una zona más solitaria y tranquila.
— Quiero ser fuerte como tú, no una copia, sino que crear mi propio estilo. Confío en mi capacidad, pero aprendí que en estos mares no puedo quedarme como estoy. Debo crecer, y sé que tú res la respuesta para todo eso. No puedo permitir que mis compañeros arriesguen siempre su vida por mí. Deseo cuidarlos como médico y como francotirador.
— Entiendo. Pues déjame decirte que has llegado con el hombre indicado. No sé cuántos años han pasado desde la última vez que se presentó ante mí la oportunidad de concentrarme en algo y ser un real aporte para alguien más. Quizás tú seas el motivo por el que sigo vivo esperando que algo anime mi alma. De acuerdo, muchacho, te haré un tirador capaz de llenar de plomo a cualquiera de este mundo. Me aseguraré de que así sea.
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
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