El murmullo de los ignorados [Presente Relativo - T1] [Priv. Barald]
#3
Nadie lo vio venir.

O tal vez sí.

Sus pasos fueron como murmullos arrastrados por el viento.

Algunos en la fila de desafortunados vieron de reojo a un tipo con ropas caras o, bueno, ropas que a ellos les parecían caras, pero nadie le prestó atención en realidad… ¿Para qué molestarse en pedir ayuda al desconocido? Uno solo no podría hacer nada contra los pandilleros, por más que un par de armas colgaran en su cintura y, aunque pudiera, seguro los ignoraría. Todos lo hacen.

Agacharon la cabeza, eso también siempre lo hacían. Nadie se arriesgaría a salvar al viejo, tampoco a la muchacha. No había caso. Los pandilleros lo sabían.

Por eso cuando un tajo cortante llegó de la aparente nada, ni los ciudadanos ni los pandilleros pudieron reaccionar. Aquel con la mano cortada, ni siquiera pudo gritar de inmediato. La sangre salpicó la mesa, el cofre con berries, los papeles con los nombres de los “contribuyentes” y, entonces, un grito llegó. Desgarrador, como debía ser.

Su compañero de mesa se apresuró a sostener el brazo sangrante y, uno de los que estaba parado a su lado, buscó el resto del miembro que tan limpiamente había sido desprendido de su cuerpo.

Los que estaban más “lejos” tampoco pudieron reaccionar cuando las fugaces hojas afiladas de las armas del desconocido “salvador” cortaron su piel, sus tendones ¿Quién podía pelear sin si quiera poder sostener un arma? ¿Cómo escapar si los pies no funcionan?

Más gritos se escucharon. Cuatro de diez hombres habían sido inmovilizados, sacados de combate con una facilidad que el resto no pudo creer. No estaban listos para que alguien se opusiera. No alguien que pudiera hacerles frente.

Una katana en el cuello del sujeto que había golpeado a la mujer fue suficiente para que se deshiciera de cualquier intención de pelear, mientras tanto, el viejo que en un inicio había decidido levantar la voz, hizo un esfuerzo por recuperar el pequeño cuchillo que antes le habían quitado a la fuerza. Su mano dolía por la patada, pero algo de esperanza se asomó en su corazón cuando vio que alguien, sea quien sea, los defendía de esa manera.

—Gracias —. Una voz llorosa y opacada por los lamentos de los bandidos se dejó escuchar en medio del caos. La mujer, aun inclinada por el golpe en su estómago, no se atrevió si quiera a alzar la cabeza para ver a quien la había ayudado, pero, de corazón, agradeció que alguien interviniera en la barbarie.

¿Y el resto?

Nadie más en la fila se atrevía a moverse. Sus respiraciones estaban contenidas y sus ojos abiertos de par en par, fijos en la escena frente a sus ojos. Nadie ayudaría, el miedo los gobernaba. ¿Qué importa si alguien interviene? De todos modos, Los Buitres son más y ahora que el hombre de buenas ropas se ha revelado, no lo dejarán escapar. Siempre es así.

—Adelante, córtame el cuello si te atreves —. Palabras, solo palabras, el hombre respiraba agitado y un sudor frío bajaba desde su sien. Podía hacerse el interesante, pero el miedo a morir estaba ahí. —Somos más…No se quien seas, tampoco me importa, pero no saldrás de aquí en una pieza si te atreves a meterte en nuestro asuntos —. Sin embargo, a pesar del miedo estaba seguro de algo, nadie se mete con ellos y sale airoso. Son unas ratas, sí, pero unas que se apoyan, que trabajan juntos, por eso han logrado tanto en tan poco tiempo.

—Y no creas que necesitamos aquí a nuestro líder para encargarnos de ti —. Los cincos que quedaban activos espabilaron en el momento justo, uno de ellos habló mientras recargaba su arma para después dar un disparo de advertencia que pasó rozando los pies del recién llegado. —¡Suéltalo! El próximo disparo irá directo a tu pie si no lo haces —. No estaba en los planes de los sujetos preguntar quien era el recién llegado, tampoco de donde venía o por qué le importaba lo que hicieran o no con las personas de ese pequeño poblado de mala muerte ¿Para qué? Si de todos modos se iban a encargar de él.

Contenido Oculto


—O, mejor aún, en la cabeza de uno de los que intentabas ayudar —. A diferencia del que dio el disparo de advertencia, otros dos de los hombres que quedaban en el callejón se colocaron uno a cada lado del anciano y de la mujer, respectivamente, apuntando con sus armas directo hacia ellos. —No nos gustaría hacer esto, pero no podemos tolerar la falta de disciplina de nuestros contribuyentes. El orden se rompería y cualquiera podría venir a hacerles daño.

—Tu no pareces de por aquí, así que no entenderías lo que sucede en este lugar…nadie de fuera lo entiende —dijo el que apuntaba con su arma a la cabeza de la mujer. —Vete antes de que las cosas empeoren, nosotros lidiaremos con los ciudadanos, ellos saben que somos su única protección.

Las palabras de los sujetos parecían ser la ley, pues las personas que estaban cerca no se atrevían a contradecirlos. Nadie, absolutamente nadie, se movió. Todos parecían demasiado temblorosos para oponerse; sin embargo, de fondo, en la fila, se escuchó un simple “gracias”, seguido de un “es inútil, está perdido” y otros murmullos más que pregonaban cosas como “pobre muchacho” o “rezaré por su alma”.

—¿Y bien? ¿Qué esperas para soltarlo?

Léeme, por favor, yo importo


Mensajes en este tema
RE: El murmullo de los ignorados [Presente Relativo - T1] [Priv. Barald] - por Hyákinthos - 14-01-2026, 03:14 AM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)