14-01-2026, 05:29 AM
La muerte era inevitable, el dolor de aquellos que habían caído sin morir era una tragedia, el olor de la pólvora y de la sangre era algo grotesco, algo que le traía recuerdos de un pasado relativamente distante donde normalmente era su propia sangre la que se derramaba o la de los habitantes de aquel pueblo que otrora tiempo hubiera llamado hogar.
La chica conejo debería estar horrorizada, dolida o incluso en shock, pero no era el caso, una sonrisa se formó en los labios de Hiiragi mientras que sus ojos carmesí brillaban con una durmiente malevolencia que comenzaba a despertar en ella, el deseo de venganza contra quienes la habían lastimado estaba allí, pero esos conejos no eran quienes la hirieron en el pasado, ellos no la habían esclavizado, ellos o habían hecho nada para merecer un destino tan cruel y sin embargo, la peliblanca deseaba verlos sangrar, en ellos veía su propia debilidad pasada.
-Creo que ahora lo entiendo por fin...- dijo sonriendo mientras avanzaba lentamente al encuentro con su "oponente" recargando el arma -...Creo que puedo entender por primera vez a aquellos malditos infelices, a esos asquerosos malvivientes a esos pedazos de basura que nos quitaron la libertar y por años me tuvieron encerrada para que fuera uno de sus juguetes...- tras avanzar un metro y medio en línea recta rumbo a su oponente se detuvo para respirar, inhaló y apuntar con el cañón a la cabeza del conejo de pelaje negro, suspiró mientras bajaba levemente el cañón para darle en el torso a su antagonista -Me da asco... pero más asco me dan ustedes y su debilidad, su falta de fuerza para tener el control de sus vida y la falta de libertad... ustedes... si no los mato yo hoy...- dijo mientras empezaba una vez más a avanzar recargando el arma y disparando a otro de los conejos que trataban de huir.
Sus pasos eran medidos y aparentaban tranquilidad pero era claro en su respiración y como todo su cuerpo parecía vibrar de emoción que Hiiragi nunca antes había portado en su corazón ni semblante -Si no les arrebato yo su libertad, entonces otros lo harán... así es la vida... considérenlo una muestra de piedad por mi parte.- agrego como intentando explicar la situación más para sí misma que para los otros mientras seguía caminando aquellos otro metro y medio en dirección al conejo de ojos enrojecidos por las lágrimas, a cada paso había otro disparo.
Un disparo tras cada uno de aquellos pasos, cada paso que daba la sonriente Humink era más lento y meditado, como no queriendo dejar que aquella nueva emoción que había saboreado fuera a terminar, a cada paso era una recarga y un disparo a otro de los conejos que huían por su vida, tal vez sobrevivieran a las balas, pero los capturaría sin dificultad estando heridos -Creo que los presentaré tanto como evidencia como para hacer un delicioso estofado...- dijo relamiéndose los labios mientras su corazón latía a un ritmo nunca antes sentido, un misterioso ritmo que no podía creer que era capaz de encontrar una vez más, no en otro ser vivo sino dentro su propio pecho.
La chica conejo debería estar horrorizada, dolida o incluso en shock, pero no era el caso, una sonrisa se formó en los labios de Hiiragi mientras que sus ojos carmesí brillaban con una durmiente malevolencia que comenzaba a despertar en ella, el deseo de venganza contra quienes la habían lastimado estaba allí, pero esos conejos no eran quienes la hirieron en el pasado, ellos no la habían esclavizado, ellos o habían hecho nada para merecer un destino tan cruel y sin embargo, la peliblanca deseaba verlos sangrar, en ellos veía su propia debilidad pasada.
-Creo que ahora lo entiendo por fin...- dijo sonriendo mientras avanzaba lentamente al encuentro con su "oponente" recargando el arma -...Creo que puedo entender por primera vez a aquellos malditos infelices, a esos asquerosos malvivientes a esos pedazos de basura que nos quitaron la libertar y por años me tuvieron encerrada para que fuera uno de sus juguetes...- tras avanzar un metro y medio en línea recta rumbo a su oponente se detuvo para respirar, inhaló y apuntar con el cañón a la cabeza del conejo de pelaje negro, suspiró mientras bajaba levemente el cañón para darle en el torso a su antagonista -Me da asco... pero más asco me dan ustedes y su debilidad, su falta de fuerza para tener el control de sus vida y la falta de libertad... ustedes... si no los mato yo hoy...- dijo mientras empezaba una vez más a avanzar recargando el arma y disparando a otro de los conejos que trataban de huir.
Sus pasos eran medidos y aparentaban tranquilidad pero era claro en su respiración y como todo su cuerpo parecía vibrar de emoción que Hiiragi nunca antes había portado en su corazón ni semblante -Si no les arrebato yo su libertad, entonces otros lo harán... así es la vida... considérenlo una muestra de piedad por mi parte.- agrego como intentando explicar la situación más para sí misma que para los otros mientras seguía caminando aquellos otro metro y medio en dirección al conejo de ojos enrojecidos por las lágrimas, a cada paso había otro disparo.
Un disparo tras cada uno de aquellos pasos, cada paso que daba la sonriente Humink era más lento y meditado, como no queriendo dejar que aquella nueva emoción que había saboreado fuera a terminar, a cada paso era una recarga y un disparo a otro de los conejos que huían por su vida, tal vez sobrevivieran a las balas, pero los capturaría sin dificultad estando heridos -Creo que los presentaré tanto como evidencia como para hacer un delicioso estofado...- dijo relamiéndose los labios mientras su corazón latía a un ritmo nunca antes sentido, un misterioso ritmo que no podía creer que era capaz de encontrar una vez más, no en otro ser vivo sino dentro su propio pecho.
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