14-01-2026, 09:53 AM
Los proyectiles siguieron saliendo disparados y silbando, perforando el aire denso y cargado, asi como la carne azul con la misma intensidad que una ola golpearia un acantilado inamovible. Kazan no se movió de su posición, sabia que de hacerlo alguna bala daría a algún civil y jamas se perdonaria eso. La sangre corrió por sus brazos, su torso, manchando el amarillo de su túnica con aquel liquido de vida rojizo. El dolor era real, cada impacto un recordatorio de que pese a su tamaño y resistencia no era invencible, pero distante, muy a lo lejos estaba aquellos recuerdos que volvia aquel dolor algo pasajero. "Disparen todo lo que quieran. He tenido entrenamientos peores que este, miseros gusanos." Detrás suyo, el carro de alquitrán resonaba con impactos, sus ojos fijos en la espalda gigantesca que los protegía, una espalda que jamas iba a caminar lejos de los desfavorecidos.
La pipa cayó de sus labios cuando realizó una mueca de dolor, y la brasa se extinguió en un siseo final. Kazan inhaló profundamente, el aire hediondo alquitranado con el humo y el olor de su propia sangre. -Por las profundidades...- Su voz retumbó más grave que nunca. -¿Cuanta pólvora necesitáis para entender que no podéis lograr nada frente a mis ideales?- Kurogane se deslizó de su hombro, siete metros de hierro negro descendiendo hasta golpear suelo. Fue una declaración simple y brutal, el demonio que tanto trabajo le costaba contener acababa de soltarse.
Avanzó y cada paso era terremoto controlado, eran diez metros de furia azul cerúlea que hacian un total de quince toneladas, cerrando distancia con horda que aprendieron diferencia entre disparar a blanco estático y enfrentar a un muro que venía directamente hacia ellos. Tres, dos metros ... y kurogane se alzó lateralmente. El aire silbó, luego rugió cuando el arma gigante cortó distancia con velocidad que desmentía el peso que podria tener. El primer guardia intentó arrojarse al suelo pero fue tarde ya que Kazan llenó todo el espacio, pie azul plantándose junto a él mientras Kurogane completaba su arco de una manera imparable. Impactos resonaron, cuerpos contra hierro y hierro contra suelo. Al acabar el ataque las armas de los guardias se encontraban partidas en el suelo.
-Tienen dos opciones- declaró Kazan mientras Kurogane completaba barrido, dejando tras su ataque guardias inconscientes o peleando por levantarse. Su mano libre se extendió hacia soldados restantes, como si con esta misma pudiera agarrar a todos aquellos y levantarlos. -Huir ahora con piernas intactas... o unirse a su capataz en aquellos gritos de dolor por comprender que la tiranía nunca prevalece.-. Los civiles comenzaron a asomarse desde el carro, ojos brillando no con miedo sino con algo peligroso para cualquier régimen autoritario y corrupto, fe en que un cambio a mejor era posible. Las tres bolsas colgaban del cinturón de Philip, a solo metros de distancia, esperando ser devueltas a manos que realmente lo merecian.
![[Imagen: sjGmmIP.jpeg]](https://i.imgur.com/sjGmmIP.jpeg)
La pipa cayó de sus labios cuando realizó una mueca de dolor, y la brasa se extinguió en un siseo final. Kazan inhaló profundamente, el aire hediondo alquitranado con el humo y el olor de su propia sangre. -Por las profundidades...- Su voz retumbó más grave que nunca. -¿Cuanta pólvora necesitáis para entender que no podéis lograr nada frente a mis ideales?- Kurogane se deslizó de su hombro, siete metros de hierro negro descendiendo hasta golpear suelo. Fue una declaración simple y brutal, el demonio que tanto trabajo le costaba contener acababa de soltarse.
![[Imagen: xnBfmme.jpeg]](https://i.imgur.com/xnBfmme.jpeg)
Avanzó y cada paso era terremoto controlado, eran diez metros de furia azul cerúlea que hacian un total de quince toneladas, cerrando distancia con horda que aprendieron diferencia entre disparar a blanco estático y enfrentar a un muro que venía directamente hacia ellos. Tres, dos metros ... y kurogane se alzó lateralmente. El aire silbó, luego rugió cuando el arma gigante cortó distancia con velocidad que desmentía el peso que podria tener. El primer guardia intentó arrojarse al suelo pero fue tarde ya que Kazan llenó todo el espacio, pie azul plantándose junto a él mientras Kurogane completaba su arco de una manera imparable. Impactos resonaron, cuerpos contra hierro y hierro contra suelo. Al acabar el ataque las armas de los guardias se encontraban partidas en el suelo.
-Tienen dos opciones- declaró Kazan mientras Kurogane completaba barrido, dejando tras su ataque guardias inconscientes o peleando por levantarse. Su mano libre se extendió hacia soldados restantes, como si con esta misma pudiera agarrar a todos aquellos y levantarlos. -Huir ahora con piernas intactas... o unirse a su capataz en aquellos gritos de dolor por comprender que la tiranía nunca prevalece.-. Los civiles comenzaron a asomarse desde el carro, ojos brillando no con miedo sino con algo peligroso para cualquier régimen autoritario y corrupto, fe en que un cambio a mejor era posible. Las tres bolsas colgaban del cinturón de Philip, a solo metros de distancia, esperando ser devueltas a manos que realmente lo merecian.
Resumen
Bélico
Estadísticas
