14-01-2026, 02:33 PM
—Oh, gracias, señorita eres muy amable —respondí con una sonrisa sincera, dejando que mi voz suave hiciera lo suyo y relajara el ambiente casi sin proponérmelo, no pude evitar observarla con curiosidad abierta, sin rastro de juicio. Era muy distinta a cualquiera de las mujeres que había conocido hasta ahora: esas orejas de animal sobresaliendo entre su cabello la hacían ver exótica, casi fascinante, y despertaban en mí ese cosquilleo inevitable de querer saber más. Incliné ligeramente la cabeza, estudiando sus gestos, la forma en que se movía, cómo respiraba, siempre he sido mala ocultando mi interés y lo confieso, hubo un instante de alivio genuino.
Bajé la mirada apenas un segundo hacia sus manos y gracias al cielo no había garras. Mis hombros se relajaron de inmediato, como si hubiera soltado un peso invisible, tal vez para otros sería un detalle insignificante, pero para mí no lo es en absoluto. Lo celebré en silencio, con una pequeña chispa de alegría que se me escapó en forma de sonrisa más amplia. Volví a mirarla a los ojos, tranquila, abierta, sin rastro de tensión. —Me alegra conocerte —añadí con honestidad absoluta, porque no sabría decir algo que no sintiera —Este lugar ya es bastante nuevo para mí, encontrar caras interesantes lo hace mucho más agradable. — Mis dedos juguetearon distraídos con el mango de Miwaku, no en gesto de amenaza, sino por pura costumbre, mientras mi postura permanecía relajada y confiada.
—Ohhhhh, qué nombre tan hermoso, Hiiragi —exclamé sin poder contenerme, dejando que la admiración se me escapara en la voz —De verdad es precioso, extraño, sí, pero lo es de una forma que encaja contigo a la perfección. Con tu personalidad, con tu cuerpo, con la manera en la que te mueves. — Incliné un poco la cabeza, pensativa, y sonreí con suavidad. —No se me ocurre un nombre mejor para ti —añadí con total honestidad —Aunque, siendo sincera, tampoco habría sabido inventar otro.— Me llevé una mano al pecho en un gesto natural, orgulloso pero tranquilo, como me enseñaron desde niña.
—Yo soy una Erudita de la Isla de las Mujeres, Hiiragi —dije sin rodeos, porque mentir no es una opción para mí —Nací y crecí allí. — Mis ojos se iluminaron de inmediato, traicionando el entusiasmo que empezaba a burbujear dentro de mí. —Me apasiona la historia —continué, cada palabra saliendo con más energía que la anterior —los artefactos antiguos, los textos que no pueden leerse a simple vista y la cultura de todas las islas que existen más allá del horizonte. Todo lo que guarda recuerdos, secretos o verdades olvidadas. — Saqué entonces un pequeño cuaderno algo gastado, con hojas dobladas y anotaciones desordenadas, y lo abrí con rapidez. El lápiz ya estaba entre mis dedos antes incluso de pensar en ello.
—¡Ah! —dejé escapar un sonido alegre, levantando la vista hacia ella de nuevo —Perdón, es que no puedo evitarlo. — Y entonces ocurrió, las preguntas brotaron de mis labios una tras otra, sin freno, atropellándose con mi propia emoción
—¿Cómo es el clima en Samba?, ¿Conoces algún lugar abandonado o poco explorado?, ¿Qué es lo que suelen comer aquí normalmente?, ¿Hay platos tradicionales?, ¿Y la historia del reino? ¿Es antigua? ¿Ha tenido guerras? ¿Cambios importantes? — Me detuve de golpe, dándome cuenta de que había hablado demasiado rápido, parpadeé un par de veces y solté una risa suave, un poco avergonzada pero sincera.
—Lo siento —admití con una sonrisa amplia —Cuando algo me interesa se me hace difícil contenerme. — En ese momento Shanty se enredó en mi cuerpo, mi serpiente sabia cuando metía la pata e intentaba decírmelo de todas las maneras posibles. Cuando me invitó una bebida no me negué en absoluto y menos con el clima de esta isla.
—De hecho, el nombre es Amazon Lily, no Kuja, pero entiendo la confusión. — Una risa leve salió de mi boca, no una burla en absoluto. —Salí de mi isla natal para explorar el mundo y estudiar los secretos que quedaron enterrados en el pasado. — Sí, muy cursi para una Kuja, pero era la realidad pura y dura.
Bajé la mirada apenas un segundo hacia sus manos y gracias al cielo no había garras. Mis hombros se relajaron de inmediato, como si hubiera soltado un peso invisible, tal vez para otros sería un detalle insignificante, pero para mí no lo es en absoluto. Lo celebré en silencio, con una pequeña chispa de alegría que se me escapó en forma de sonrisa más amplia. Volví a mirarla a los ojos, tranquila, abierta, sin rastro de tensión. —Me alegra conocerte —añadí con honestidad absoluta, porque no sabría decir algo que no sintiera —Este lugar ya es bastante nuevo para mí, encontrar caras interesantes lo hace mucho más agradable. — Mis dedos juguetearon distraídos con el mango de Miwaku, no en gesto de amenaza, sino por pura costumbre, mientras mi postura permanecía relajada y confiada.
—Ohhhhh, qué nombre tan hermoso, Hiiragi —exclamé sin poder contenerme, dejando que la admiración se me escapara en la voz —De verdad es precioso, extraño, sí, pero lo es de una forma que encaja contigo a la perfección. Con tu personalidad, con tu cuerpo, con la manera en la que te mueves. — Incliné un poco la cabeza, pensativa, y sonreí con suavidad. —No se me ocurre un nombre mejor para ti —añadí con total honestidad —Aunque, siendo sincera, tampoco habría sabido inventar otro.— Me llevé una mano al pecho en un gesto natural, orgulloso pero tranquilo, como me enseñaron desde niña.
—Yo soy una Erudita de la Isla de las Mujeres, Hiiragi —dije sin rodeos, porque mentir no es una opción para mí —Nací y crecí allí. — Mis ojos se iluminaron de inmediato, traicionando el entusiasmo que empezaba a burbujear dentro de mí. —Me apasiona la historia —continué, cada palabra saliendo con más energía que la anterior —los artefactos antiguos, los textos que no pueden leerse a simple vista y la cultura de todas las islas que existen más allá del horizonte. Todo lo que guarda recuerdos, secretos o verdades olvidadas. — Saqué entonces un pequeño cuaderno algo gastado, con hojas dobladas y anotaciones desordenadas, y lo abrí con rapidez. El lápiz ya estaba entre mis dedos antes incluso de pensar en ello.
—¡Ah! —dejé escapar un sonido alegre, levantando la vista hacia ella de nuevo —Perdón, es que no puedo evitarlo. — Y entonces ocurrió, las preguntas brotaron de mis labios una tras otra, sin freno, atropellándose con mi propia emoción
—¿Cómo es el clima en Samba?, ¿Conoces algún lugar abandonado o poco explorado?, ¿Qué es lo que suelen comer aquí normalmente?, ¿Hay platos tradicionales?, ¿Y la historia del reino? ¿Es antigua? ¿Ha tenido guerras? ¿Cambios importantes? — Me detuve de golpe, dándome cuenta de que había hablado demasiado rápido, parpadeé un par de veces y solté una risa suave, un poco avergonzada pero sincera.
—Lo siento —admití con una sonrisa amplia —Cuando algo me interesa se me hace difícil contenerme. — En ese momento Shanty se enredó en mi cuerpo, mi serpiente sabia cuando metía la pata e intentaba decírmelo de todas las maneras posibles. Cuando me invitó una bebida no me negué en absoluto y menos con el clima de esta isla.
—De hecho, el nombre es Amazon Lily, no Kuja, pero entiendo la confusión. — Una risa leve salió de mi boca, no una burla en absoluto. —Salí de mi isla natal para explorar el mundo y estudiar los secretos que quedaron enterrados en el pasado. — Sí, muy cursi para una Kuja, pero era la realidad pura y dura.
