Buscando un buen artesano [Pasado]
#3
Mientras me encontraba completamente absorta frente a uno de los puestos, observando unos lentes de sol que se verían absolutamente divinos en Shanty, alguien llamó mi atención de forma inesperada, fue entonces cuando un Gyojin se acercó a mí, me sobresalté apenas un instante y acto seguido, toda mi sorpresa se transformó en pura emoción, no pude evitarlo. —¡Ay! ¡¡¡¡Pero si eres un cangrejito precioooooso!!!! —exclamé, llevándome las manos al pecho mientras una oleada de entusiasmo recorría todo mi cuerpo.
 
Mis ojos verdes brillaban con auténtica fascinación mientras lo observaba de arriba abajo, sin ningún tipo de malicia, solo curiosidad genuina y alegría sincera. Siempre me ha parecido increíble la diversidad de razas que existen fuera de mi isla, y los Gyojin ocupan un lugar especial en mis estudios y en mi corazón. He leído sobre ellos, sobre sus clanes, sus adaptaciones al mar, sus costumbres, pero verlos de cerca nunca deja de maravillarme. Era un tipo genial, amable, con una presencia que no intimidaba en absoluto y aunque mi mente asoció de inmediato sus rasgos con la imagen de un cangrejo caparazón, forma, esa energía tan particular, de pequeño no tenía nada. Era bastante alto, imponente incluso a su manera. Nada que ver con Kazan, claro, que es directamente abrumador, pero aun así, había algo en él que imponía respeto.
 
Incliné un poco la cabeza, observándolo con detenimiento, casi como si estuviera frente a una pieza viva de historia.—Lo digo en serio —añadí con una sonrisa amplia y totalmente honesta —Estudiar las razas y las culturas del mundo es fascinante. Cada detalle cuenta una historia distinta. — Mi tono seguía siendo suave, cálido, sin una pizca de miedo o cautela. Para mí, aquel encuentro no era una amenaza ni una rareza, sino una oportunidad más de aprender y de conectar y aunque mi entusiasmo a veces se me escapa sin control, no podía, ni quería ocultarlo.
 
—Mire, Juansito —comencé con una sonrisa amable y abierta, procurando que mi tono sonara tranquilo y respetuoso —Yo tengo un látigo— Levanté ligeramente Miwaku, lo justo para que pudiera verlo sin que pareciera un gesto amenazante. Mis dedos lo sostenían con cuidado, casi con cariño, después de todo, ha estado conmigo en más de una ocasión peligrosa. —Soy una erudita —continué con total honestidad—Me aventuro en terrenos y lugares a los que muchos no se atreverían a ir, todo por estudiar las culturas de los pueblos, sus costumbres, sus ruinas, su historia y en esos caminos, a veces, el conocimiento no es suficiente para protegerse. —Incliné un poco la cabeza, manteniendo la calma que me caracteriza, sin perder esa chispa de entusiasmo que siempre se me cuela al hablar de mis viajes.

—Por eso llevo este látigo como arma, no por gusto de la violencia, sino por necesidad. — Deslicé la mano a lo largo del cuerpo del arma, señalando sus extremos. —Lo que quisiera es algo simple, nada exagerado —aclaré —Colocarle unas puntas de filo en las terminaciones, algo que me permita defenderme mejor, o atacar si la situación lo exige. Que se adapte a distintos escenarios, según se vea el caso. —Mis ojos verdes se alzaron hacia él, firmes pero amables.
 
—No busco causar daño sin motivo —añadí con total sinceridad, sin bajar la mirada ni un solo segundo—Solo asegurarme de volver con vida para poder seguir aprendiendo. — Mis palabras salieron suaves, tranquilas, porque así es como pienso las cosas. Dentro de mí ardía ese deseo constante de viajar, de recorrer cada isla y desentrañar los misterios que el mundo esconde, aunque, claro, eso último me lo guardé para mí, no era algo que necesitara decirle a un marine, hay verdades que no se mienten, pero sí se callan.
 
—Tengo el acero —continué, cambiando el peso de mi postura con naturalidad —Lo compré en la isla de Samba.— Me llevé ambas manos a la espalda y deslicé el bolso por mi hombro. El cuero crujió levemente cuando lo abrí, dejando ver el metal cuidadosamente envuelto. El peso era familiar, reconfortante incluso. Lo sostuve un instante antes de dar un paso al frente y ofrecérselo a Juan, junto con Miwaku, que descansaba entre mis dedos como una extensión más de mí.
 
El gesto fue respetuoso, abierto, sin exigencias. —Por favor asístame —pedí con una pequeña inclinación de cabeza. Mi voz conservaba ese tono amable que rara vez abandona mis labios, y mi postura seguía relajada, sin rastro de amenaza. Confiaba en mis capacidades, sí, pero también sabía reconocer cuándo necesitaba la ayuda de otro y en ese momento, no hablaba una guerrera encendida, sino una erudita que solo quería seguir caminando y volver para contarlo.

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RE: Buscando un buen artesano [Pasado] - por Trixxie Pappitson - 14-01-2026, 04:12 PM
RE: Buscando un buen artesano [Pasado] - por PX-4 - 14-01-2026, 08:56 PM

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