15-01-2026, 12:43 AM
(Última modificación: 15-01-2026, 02:16 AM por Tezca Norova.)
28 de primavera, año 17
9:45
Now playing: Tormenta by Gorillaz ft. Bad Bunny
“Que pereza”
Ese fue el pensamiento del joven rubio al incorporarse lentamente y notar el reloj a su costado, recordándole sin piedad el paso del tiempo en aquella bonita posada que tendría que abandonar ese mismo día. La habitación aún conservaba el aire tibio de la madrugada, y por un instante se permitió permanecer ahí, respirando con calma, como si quisiera grabar en su memoria cada detalle antes de partir. Se estiró con pereza, dejando escapar un leve suspiro mientras escuchaba sus propios huesos tronar, un sonido familiar que tomó como el símbolo inequívoco de una buena noche de descanso. Entonces giró la mirada y observó, con una ligera sonrisa cargada de emoción contenida, la ropa que se pondría ese día, dispuesta con cuidado, esperando por él.
“¿Cómo es que tan siquiera podría olvidarlo?”, pensó, y sus ojos brillaron con un entusiasmo sincero mientras se levantaba finalmente de la cama, sintiendo que el día que comenzaba traía consigo algo más que una simple despedida.

“Al fin unas merecidas vacaciones ☆”
Entonces supo que tendría que apurarse.
Se dio una ducha sin prisas, dejando que el agua recorriera su cuerpo y despejara los últimos rastros de sueño. Procuró cepillar su cabello con cuidado, desenredándolo con paciencia, como si ese gesto cotidiano tuviera un peso especial en esa mañana. Cada movimiento era medido, consciente, casi ceremonioso, hasta que finalmente se vistió con la ropa que había observado momentos antes.
Luego se miró en el pequeño espejo de la habitación, ajustando detalles mínimos, asegurándose de que todo estuviera en su lugar. Sin pensarlo demasiado, su mano subió por pura inercia hasta el colgante que llevaba consigo y le dio dos ligeros toques con el índice. El gesto fue breve, casi automático, como si intentara despertar algo en su interior o, tal vez, recordarse a sí mismo que aquello estaba ahí, que seguía con él, presente y real, al menos de forma física.
Tezca tomó su maleta y salió de su habitación, acercándose a la recepción del hogareño hostal para despedirse con naturalidad y finalmente salir con dirección al puerto. Recordaba la llamada que lo había hecho moverse rápidamente, el medio idiota de su capitán: Ryota, se había ido antes al igual que la linda, pero muy cruel por abandonarlo a la par: Runin, dejando al hombre con una de sus compañeras a la cual le había perdido la pista días atrás. Quedándose solo, aunque ya estaba bastante acostumbrado a esto.
"Broooo, que haces en Karate Kekeke, estamos esperandote aqui en Sorbet, vente con todos” La voz de su capitán resonó en el caracol, mientras el rubio fumaba en el balcón de la casa donde se había quedado esa noche: Serena y calma, como unas buenas vacaciones pero sin serlo realmente. —Pues te tengo malas noticias ¿me entiendes? No hay nadie. Soy el único Hakuna Matata en la zona. —“ Ah, carajo” Solo pudo pensar el rubio pues el nombre de su tripulación todavía le costaba en la lengua. “¿ah desaparecieron? kekeke dale, ven solo, nos estamos quedando en este hotel, trae dinerooo <3" y posterior a eso el carismático y desvergonzado capitán colgó.
Pero bueno, ahora tenía un nuevo destino y ansias contenidas le recorrían el pecho tras imaginar las deliciosas amenidades y lujos del crucero. Al poner un pie sobre la pasarela, sintió el cambio inmediato bajo sus botas: la leve vibración del metal, el murmullo constante de la estructura viva que ya se preparaba para partir. El aire olía distinto ahí arriba, mezclando sal, combustible y promesas de mar abierto.
Subió con paso firme, dejándose envolver por el movimiento ordenado de la tripulación y el ir y venir de otros pasajeros, maletas rodando, voces cruzándose en distintos tonos y acentos. La cubierta se abría ante él amplia y luminosa, reflejando la luz del día sobre superficies pulidas y barandales relucientes. Sin detenerse demasiado, avanzó entre ese pequeño caos contenido, guiado por la curiosidad y la emoción, sintiendo cómo cada paso lo alejaba un poco más de tierra firme y lo acercaba, sin vuelta atrás, al inicio de su viaje.
Karmas

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