15-01-2026, 04:09 AM
Sabía que este tipo tenía luces. Pudo darse cuenta quién era el que tenía más probabilidad de picar y sacarle más pasta. Tenía buen ojo y es probable que fuera útil para el negocio, tenía un barco que pagar por lo cual muchos timos que hacer. Una vez terminara con esto tal vez le pediría ayuda para alguna estafa mayor que simplemente hacer de trilero.
Adivinó que la bolita estaba en el de su izquierda. En cuanto levanté el vaso y el público comprobó que era posible ganar, salté encima de la “mesa” de golpe haciendo retumbar los recipientes que quedaban sobre ella señalando a la multitud. -¡OS LO DIJE MENDRUGOS! Se puede ganar lo que pasa es que la suerte no está de vuestra parte. -Me llevé la mano al bolsillo sacando un fajo de billetes, bajé la galleta a casi ras de suelo y extendí ochenta berries a mi nuevo cómplice.
Di un par de pasos hacia atrás hasta bajar de la superficie para luego elevarla a su altura inicial, coloqué de nuevo bien los materiales para el juego y pedí que se acercara el tipo que me había indicado Bones hace unos instantes. -Venga… ¿Ahora que has visto que no es un timo te animas a participar? -Fui directo, pero efectivo pues no solo él sino más miembros de la multitud comenzaron a apostar nuevamente con entusiasmo, pero todos con la misma suerte inicial, pues además de mi impredecible forma de remover los vasos, si acertaban, tenía la suficiente destreza para cambiar la posición de la bola en el último instante.
El resto de la mañana transcurrió sin ningún imprevisto, puede que incluso fuese mejor de lo que me imaginaba por lo que en cuanto obtuve unos cuantos miles de berries hice una señal a mi águila para que bajara y se posara en mi hombro. Esta llevaba las mismas antenas que Mario Gómez me regaló sobre su cabeza dándole un aspecto bastante cómico y peculiar. -Señoras, señores… ha sido un placer pero ya va siendo hora de ir recogiendo. -Al soltar estas palabras se oyeron quejas y gritos pues no había dado la oportunidad de que muchos de ellos recuperaran lo gastado.
A la hora de recoger continué un poco el show pues tras apartar los vasos y la bolita, retiré el mantel al mismo tiempo que hice desaparecer la galleta que estaba debajo de este, pareciendo que durante todo este tiempo hubiese estado suspendido en el aire. Me lo llevé al hombro y caminé hasta quedar en el centro de un corro de personas que se habían aventurado a probar suerte en mi juego. -Espero que estéis atentos los próximos días porque es probable que vuelva por aquí… -Comencé mi discurso a la par que daba pequeñas vueltas sobre mi mismo, para contemplar a todos y cada uno de los asistentes. -…Quien sabe a lo mejor hoy no habéis tenido vuestro mejor día, pero la suerte puede cambiar de un día para otro. Como la de este muchacho de aquí. -Du unos pasos atrás hasta quedar al lado del chicho moreno que me había ayudado, apoyando una mano en su hombro.
-Ni se te ocurra seguirme, voy a entrar a un bar. Tú espérate unos minutos antes de hacer lo mismo. Una vez allí te invito a una copa. -Le susurré antes de darle un manotazo en la espalda sin que nadie pudiera distinguir ninguno de los vocablos que habían salido por mi boca. Una vez dicho todo esto y con la cartera llena, me aparté del gentío y entré como si nada en uno de los locales del propio paseo marítimo, pateando la puerta, casi partiéndola del golpe.
Adivinó que la bolita estaba en el de su izquierda. En cuanto levanté el vaso y el público comprobó que era posible ganar, salté encima de la “mesa” de golpe haciendo retumbar los recipientes que quedaban sobre ella señalando a la multitud. -¡OS LO DIJE MENDRUGOS! Se puede ganar lo que pasa es que la suerte no está de vuestra parte. -Me llevé la mano al bolsillo sacando un fajo de billetes, bajé la galleta a casi ras de suelo y extendí ochenta berries a mi nuevo cómplice.
Di un par de pasos hacia atrás hasta bajar de la superficie para luego elevarla a su altura inicial, coloqué de nuevo bien los materiales para el juego y pedí que se acercara el tipo que me había indicado Bones hace unos instantes. -Venga… ¿Ahora que has visto que no es un timo te animas a participar? -Fui directo, pero efectivo pues no solo él sino más miembros de la multitud comenzaron a apostar nuevamente con entusiasmo, pero todos con la misma suerte inicial, pues además de mi impredecible forma de remover los vasos, si acertaban, tenía la suficiente destreza para cambiar la posición de la bola en el último instante.
El resto de la mañana transcurrió sin ningún imprevisto, puede que incluso fuese mejor de lo que me imaginaba por lo que en cuanto obtuve unos cuantos miles de berries hice una señal a mi águila para que bajara y se posara en mi hombro. Esta llevaba las mismas antenas que Mario Gómez me regaló sobre su cabeza dándole un aspecto bastante cómico y peculiar. -Señoras, señores… ha sido un placer pero ya va siendo hora de ir recogiendo. -Al soltar estas palabras se oyeron quejas y gritos pues no había dado la oportunidad de que muchos de ellos recuperaran lo gastado.
A la hora de recoger continué un poco el show pues tras apartar los vasos y la bolita, retiré el mantel al mismo tiempo que hice desaparecer la galleta que estaba debajo de este, pareciendo que durante todo este tiempo hubiese estado suspendido en el aire. Me lo llevé al hombro y caminé hasta quedar en el centro de un corro de personas que se habían aventurado a probar suerte en mi juego. -Espero que estéis atentos los próximos días porque es probable que vuelva por aquí… -Comencé mi discurso a la par que daba pequeñas vueltas sobre mi mismo, para contemplar a todos y cada uno de los asistentes. -…Quien sabe a lo mejor hoy no habéis tenido vuestro mejor día, pero la suerte puede cambiar de un día para otro. Como la de este muchacho de aquí. -Du unos pasos atrás hasta quedar al lado del chicho moreno que me había ayudado, apoyando una mano en su hombro.
-Ni se te ocurra seguirme, voy a entrar a un bar. Tú espérate unos minutos antes de hacer lo mismo. Una vez allí te invito a una copa. -Le susurré antes de darle un manotazo en la espalda sin que nadie pudiera distinguir ninguno de los vocablos que habían salido por mi boca. Una vez dicho todo esto y con la cartera llena, me aparté del gentío y entré como si nada en uno de los locales del propio paseo marítimo, pateando la puerta, casi partiéndola del golpe.
