15-01-2026, 06:58 AM
¿Puede que el Buccaneer haya calculado mal las cosas?¿Puede la experiencia transformarse en arrogancia o tan solo es un mal cálculo por el estrés del momento? Sea cual sea la razón, el cabezazo queda en un ángulo demasiado elevado y falla a la hora de atacar al hurón, que ya va unos pasos adelantado a su siguiente movimiento.
Eros, afectado por un poder aterrador, siente un dolor indescriptible que jamás ha experimentado antes. Algo más allá de lo físico, del dolor mundano. Es algo interno, que ha penetrado su piel y daña sus entrañas. Pero a pesar de perder el control, lucha con una voluntad heroica para no abandonar a sus camaradas ante la afrenta del gigante, transformándose de nuevo y siendo un paladín para el médico.
Por su parte, Eros, es mucho más veloz y tenaz. Juega con la estrategia del propio adversario y raudo, carga una segunda bala especial que no tarda en disparar. El proyectil cruza el viento en mitad de la caída del titán y conecta. El impacto genera una explosión que envuelve al Buccaneer en fuego y humo y genera un estallido ensordecedor. La cosa no termina ahí, pues como una centella, se reúne con sus compañeros para salvaguardar a Maeda y confrontar junto a Eros la batalla.
El estado de Maeda es mucho más estable. Ha sufrido un golpe que su cuerpo va a recordar por mucho tiempo, pero ha sabido recomponerse y sus compañeros han sabido ganar tiempo suficiente para curar sus heridas y seguir con la batalla. Sus conocimientos médicos le han servido para sanar de forma momentánea y estabilizar la situación crítica.
Pero el imbatible guerrero no cede. Se desploma tras la explosión, malherido, aunque todavía dispuesto a luchar, a darlo todo. Ha analizado el combate lo suficiente como para entender como funcionan sus enemigos. No es el más listo, no, pero sí un veterano. Ha sido testigo de la velocidad del mink, inalcanzable, pero frágil. No puede con él, pero su poder afecta a sus compañeros. Si están juntos, será fácil pelear. El hombre topo tiene un espíritu combativo envidiable. Aún así, le falta madurez combativa, nivel, físico. En el mano a mano, puede derrotarlo. El médico es un verdadero peligro. Inteligente y versátil. Pero estando ya malerhido, no va a ser un desafío alcanzarlo una vez más y darle muerte. Es el momento. La verdad cruda del mar alcanza a los nuevos Piratas Sepultura. Kyroku aparece entre el humo y la remisicencia del explosivo, en una guardia tradicional de kárate
Una voz suena desde lo alto del barco, antes de que nadie se mueva. Es una voz femenina, aguda. Sin embargo, se siente cansada, enferma. Su aspecto es joven y esbelto, de cabellos oscuros y piel blanca. Pero por encima de todas las cosas, resulta por toda la dermis visible unas ronchas rojizas con pústulas verdosas que indican una infección terrible. Aún así, se presenta con un carácter indomable que frena a Kiroku y a Atikot, que carga a Setsu. -¡Por favor, maestro, ya vale de violencia...!- grita como si fuera una suplica. -Mira a donde nos ha llevado esta espiral de destrucción...- parece que va a tropezar, a desfallecer de agotamiento, pero se apoya en un slaiete del barco. -No podemos perder a Setsu... Nuestro viaje acaba aquí, dejemos que se lleven el barco. -
El titán pierde la postura. No parece haber tensión en su cuerpo. Parece resignado, frustrado por la situación. Este no es el destino que buscaba cuando se lanzó al mar. Cabizbajo, con el rostro sombreado, mira el suelo con tristeza. -Tsch...- chasquea la lengua mientras cierra los puños con fuerza. Tanta, que de sus manos empiezan a brotar hilos de sangre.
Eros, afectado por un poder aterrador, siente un dolor indescriptible que jamás ha experimentado antes. Algo más allá de lo físico, del dolor mundano. Es algo interno, que ha penetrado su piel y daña sus entrañas. Pero a pesar de perder el control, lucha con una voluntad heroica para no abandonar a sus camaradas ante la afrenta del gigante, transformándose de nuevo y siendo un paladín para el médico.
Por su parte, Eros, es mucho más veloz y tenaz. Juega con la estrategia del propio adversario y raudo, carga una segunda bala especial que no tarda en disparar. El proyectil cruza el viento en mitad de la caída del titán y conecta. El impacto genera una explosión que envuelve al Buccaneer en fuego y humo y genera un estallido ensordecedor. La cosa no termina ahí, pues como una centella, se reúne con sus compañeros para salvaguardar a Maeda y confrontar junto a Eros la batalla.
El estado de Maeda es mucho más estable. Ha sufrido un golpe que su cuerpo va a recordar por mucho tiempo, pero ha sabido recomponerse y sus compañeros han sabido ganar tiempo suficiente para curar sus heridas y seguir con la batalla. Sus conocimientos médicos le han servido para sanar de forma momentánea y estabilizar la situación crítica.
Pero el imbatible guerrero no cede. Se desploma tras la explosión, malherido, aunque todavía dispuesto a luchar, a darlo todo. Ha analizado el combate lo suficiente como para entender como funcionan sus enemigos. No es el más listo, no, pero sí un veterano. Ha sido testigo de la velocidad del mink, inalcanzable, pero frágil. No puede con él, pero su poder afecta a sus compañeros. Si están juntos, será fácil pelear. El hombre topo tiene un espíritu combativo envidiable. Aún así, le falta madurez combativa, nivel, físico. En el mano a mano, puede derrotarlo. El médico es un verdadero peligro. Inteligente y versátil. Pero estando ya malerhido, no va a ser un desafío alcanzarlo una vez más y darle muerte. Es el momento. La verdad cruda del mar alcanza a los nuevos Piratas Sepultura. Kyroku aparece entre el humo y la remisicencia del explosivo, en una guardia tradicional de kárate
-Este es mi ataque final... ¡ATENTOS!-
...
...
-¡¡¡BASTA!!!-
Una voz suena desde lo alto del barco, antes de que nadie se mueva. Es una voz femenina, aguda. Sin embargo, se siente cansada, enferma. Su aspecto es joven y esbelto, de cabellos oscuros y piel blanca. Pero por encima de todas las cosas, resulta por toda la dermis visible unas ronchas rojizas con pústulas verdosas que indican una infección terrible. Aún así, se presenta con un carácter indomable que frena a Kiroku y a Atikot, que carga a Setsu. -¡Por favor, maestro, ya vale de violencia...!- grita como si fuera una suplica. -Mira a donde nos ha llevado esta espiral de destrucción...- parece que va a tropezar, a desfallecer de agotamiento, pero se apoya en un slaiete del barco. -No podemos perder a Setsu... Nuestro viaje acaba aquí, dejemos que se lleven el barco. -
El titán pierde la postura. No parece haber tensión en su cuerpo. Parece resignado, frustrado por la situación. Este no es el destino que buscaba cuando se lanzó al mar. Cabizbajo, con el rostro sombreado, mira el suelo con tristeza. -Tsch...- chasquea la lengua mientras cierra los puños con fuerza. Tanta, que de sus manos empiezan a brotar hilos de sangre.
Info
