Presente relativo | Asegurando el terreno | Autonarrada T1
#1
Heart 
Día 17 del año 17, en vísperas de una misión aún más importante de cara al futuro de la revolución. Se supone que debería de encontrarme en los próximos días con otro miembro de la armada revolucionaria: Daigo, un mink alto, de cabellos negros y una personalidad bastante curiosa. Por supuesto que él no es el foco de la misión que ese día me invocó en ese lugar, pero si es un detalle al que vale la pena interpelar.

¿Mi misión? Asegurar el lugar, fijarme que no existiera demasiada interferencia en la misión. Debía estudiar el lugar, su población, cuántos Marines solían rondar por allí y si siquiera nos estaban buscando.

Teníamos la ventaja táctica, quiero decir, ni Daigo ni yo éramos personalidades conocidas. No teníamos Wanted, que lo supiéramos, ni teníamos nadie por detrás de nuestras cabezas o por lo menos eso es lo que me gustaría saber. No podíamos confiarnos, los revolucionarios no teníamos ni siquiera buena Fama entre criminales y muchos revolucionarios ni siquiera se consideraba parte de ese grupo. ¿Por qué? Por supuesto que la moralidad y la noble causa detrás de nuestras acciones de alguna manera blindaban y justificaban nuestras acciones. Los revolucionarios no actuamos por dinero, egoísmo, fama, ni muchas de las mundanas aspiraciones piratas. Nuestra razón de ser es mucho más trascendental, tanto que trasciende y sobrepasa nuestra propia existencia, así como la relevancia individual.

En efecto, una mujer deprimida como yo no podía aspirar a tener su cara con un número debajo difundida por todos los mares. No me sentía importante, pero sí a mis compañeros. Mi estima estaba por los suelos y del aprecio por mi integridad física y emocional… De eso mejor ni hablemos. Fue esa falta de amor la que me hizo sacrificarme en un día tan caótico como este: Pocos estarían tan locos o se odiarían tanto a sí mismos como para arriesgar su integridad física en búsqueda de información en territorio enemigo o un lugar que potencialmente podría llegar a serlo si nuestros pasos no son bien medidos.

Caía el atardecer y un color anormalmente gris, ominoso y violento se hizo presente en todo el firmamento. Aquel cerúleo se convirtió en una anécdota, nubes se movían a toda velocidad y formaban enormes acumulaciones de energía. A los lejos los primeros destellos se hacían presente, iluminando las protuberancias en aquellos cuerpos gaseosos de agua.
Poco me importó el clima, no me importaba qué me pasara a mí misma. Sentí la humedad y el frío de la ventisca chocar con mi pálida piel, nada parecido a una caricia sino más bien parecido a una ráfaga que cubría casi la totalidad de mi cuerpo. Tenía un abrigo puesto que esperaba me protegiera de posibles gotas de agua en el futuro, algo que no necesitaba ser vidente o climatóloga para saber que se trataría de un problema en el futuro.

Me coloqué la capucha y salí a recorrer la ciudad, a lo lejos se veía aquel faro encendido ya que a estas horas y con el movimiento creciente del mar los barcos necesitarán eventualmente un poco de ayuda… Ni hablar cuando ya cae la noche, la visibilidad sin guía sería prácticamente nula, se necesitarían cartas de navegación y mucha información para no ser víctimas del oleaje o las rocas dispersas cerca de la costa. Lo bueno es que ese faro no solamente servía a los barcos, me servía a mí con la finalidad de ubicarme en una ciudad que desconocía totalmente y que estaba visitando hoy en una profundidad y con un objetivo que jamás me hubiese imaginado antes; Para mayor de males ni siquiera soy oriunda de estos mares, cada experiencia parecía nueva, cada misión me es riesgosa pero seguía adelante simplemente pensando en que si algo le pasaba a mis camaradas no me lo perdonaría.

Me encontré muy temprano en el recorrido con un tablón de se busca, algo que no estaba acostumbrada a ver. Cerca de una comisaría había fotos e información de criminales comunes, buscados por toda la isla e incluso el mar. Supuse que al ser un centro importante de transporte de mercaderías o simplemente para el descanso y reabastecimiento de tripulaciones, todo tipo de personajes y personalidades arriban en la aldea sin ningún tipo de reparos. Lejos de cómo es mi Toroa natal, aquí ver asesinos de los más peligrosos y héroes de los más afamados es relativamente normal.

Corrí algunos mechones de mi ondulado cabello azabache hacia un costado y observé con aún más detenimiento. No tenía interés alguno en los piratas y asesinos, más bien buscaba compañeros revolucionarios: Quería saber qué tanto y con cuánta energía se nos buscaba. Afortunadamente, exceptuando algunos de alto rango, los novatos prácticamente no hacíamos acto de presencia.

Suspiré de alivio al notar que ni Daigo ni yo teníamos ningún tipo de cartel, nadie nos buscaba, es como si no existiéramos en el sistema y apostaría que es lo mejor que nos puede pasar. Si tenemos que hacer futuras encomiendas en estos lugares es mejor que nadie nos siga, nos conozca, nos busque, nos interrumpa y quien sabe qué cosas más podría pasarnos si somos lo suficientemente desafortunados. Se ve que ser jóvenes entusiastas tenía sus ventajas, pero no podía confiarme, este solo es un tablón de tantos y para colmo no es la única manera en la que los carteles de “SE BUSCA” aparecían en la ciudad.

Continué mi camino por aquellas oscuras calles de la ciudad y sentía como poco a poco las inclemencias del clima se volvían cada vez más determinantes en esta misión a tal punto de empezar a obstaculizarme. Llegué a mirar unas cuantas decenas de postes, buscando detenidamente nuestros rostros y afortunadamente no me encontré con nada… Prácticamente mi tripulación y el loto blanco en su totalidad apenas existían en las mentes colectivas y es una ventaja táctica que no deberíamos de desaprovechar de ninguna manera.


- Monsieur Daigo se pondrá contento, o eso espero... La revolución suele tener integrantes “particulares”. - Me dije a mi misma en voz alta, permitiendo que mis pensamientos se escapasen de mi boca sin ningún tipo de filtro. Sentí un gran alivio luego de mi expedición mas los problemas aún no terminaban.

Escuché unas gotas golpear los techos anunciando la llegada de la lluvia, luego golpearon el suelo a mi alrededor y al último yo. Mi abrigo me impermeabilizaba y cubría del frío, no obstante, el viento no tuvo clemencia y azotaba en el lugar con mucha furia. Ví con dificultad el camino delante de mí, la lluvia y las personas apresurándose en conseguir un refugio obnubilaban el panorama.

- C'est dommage… Tendré que detenerme por hoy. - Comenté apurando el paso hacia lo que parecía ser una posada. Educadamente pasé no sin antes sacudir mi abrigo en la entrada, dejando la suciedad y las gotas del otro lado del recinto. Colocaría mi abrigo en un perchero apenas al entrar y me recibiría el encargado de esa posada: Un hombre de aspecto amigable, unos 40 o 50 años quizá, bigote con canas, un claro en el cabello anunciando una futura calvicie, pero un tono extremadamente amigable con el que me preguntó si necesitaba algo… Una formalidad, es evidente que estaba allí para pasar la noche durante la tormenta.

- Si cela no vous dérange pas... Me gustaría una habitación por esta noche, con esta tormenta no iré a ningún lado y… ¿Tendrán algo de comer de casualidad? - Pedí y pregunté educadamente con mi clásico tono francés, necesitaría más que una cama hoy. Mi cabello se había mojado por culpa de la lluvia, necesitaba un baño, comer, descansar bien y seguir en los siguientes días. Todo me fue concedido luego de brindarle la cantidad de dinero acordada y una generosa propina por mi personalidad tan dadivosa.

Me dirigí a mi cuarto con cuidado, fijándome que nadie me siguiera. Una vez dentro lo primero que hice fue tomar una pluma, tinta y una hoja en la cual documenté mis aventuras en estos últimos días. Intenté recordar nombres importantes, otros revolucionarios que aparecían en los wanted y demás. No tuve que arrancar nada, simplemente buscar información y entender que el lugar efectivamente es relativamente seguro para futuras misiones si de mí se tratase.

Me estiré un poco en la silla y al terminar me dirigí a darme un muy merecido aseo. Me desvestí, cosa que no entraré en mucho detalle, entré a la tina y reflexioné un poco. No sentí que hubiese terminado, pero quizá seguir y seguir buscando información sería muy redundante y llamativo. ¿Qué pasaría si las personas empezaban a preguntarse por qué merodeaba la ciudad? No habría razón para hacerlo pero nunca falta quien peca de demasiada prudencia y puede convertirme en un blanco fácil para la Marina.

Me recosté en la bañera, cubriendo todo mi cuerpo de agua jabonosa hasta la altura de mi boca. Jugué a hacer algunas burbujas, mis pies sobresalían del agua y mis músculos se relajaban luego de un día de tanto caminar. Mi cabello finalmente olía agradable, no a tristeza ni humedad. Es una bonita posada, con un bonito baño, con agua caliente y un jabón que bueno… Sí deja que desear. Nunca fui fanática de estos jabones tan alcalinos, mi piel era estúpidamente sensibles y no es un producto nada adecuado para mí.

- Oí, todo en calma Monsieur. - Fueron mis únicas palabras al tomar mi Den Den Mushi y hablar en clave con alguien de la armada revolucionaria, fui cuidadosa… Quien sabe cuando un oponente tendría un Den Den Mushi Negro. Toda la información importante la daría después, en persona, a personas de confianza.

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Presente relativo | Asegurando el terreno | Autonarrada T1 - por Charlotte - 15-01-2026, 08:12 AM

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