15-01-2026, 08:25 PM
Una pequeña muestra de esperanza es lo que se instala en la mente de Kiyoshi ante el certero disparo de Varoganchin al artista marcial, creyendo que podría darles la victoria y la supervivencia, que es lo más importante. Lamentablemente, aquel tipo parece ser hecho de acero, perteneciendo a una línea de tipos poderosos diferente a los que ha conocido antes. — Este tonto… es más resistente que aquel monstruo. — Imposible es que no recuerde al temido Uosan, caracterizado por soportar balazos y golpes como si de pequeñas motas de polvo se tratase.
— No te adelantes, tonto. — Se apresura en exigirle a Eros cuando entiende lo que hará tras las últimas palabras de Kiroku. No quiere que el capitán se sacrifique solo para intentar detener la locomotora que se les viene. — Lo recibiremos entre los tres. Si logramos detenerlo, le volaré los cesos. — Pues un disparo a quema ropa puede ser letal, aunque claro, primero deben tener la fuerza necesaria para frenar la embestida animal.
Pronto, todo esto queda en una posible anécdota y la historia da un giro que ninguno de los piratas se esperó. Lo que puede considerarse un ángel desciende desde los cielos para caer metafóricamente en el barco y, tras hablar, presentarse ante la vista de todos. Kiyoshi se anima a girar el cuello para verla ahí en lo alto recién cuando Kiroku desiste de sus intenciones ofensivas, pero de igual forma su cuerpo se mantiene tenso. No puede descartarse un nuevo ataque de su parte.
— Tonta, tú tienes... — Imposible que sus ojos no se centren en lo que el aquel cuerpo enfermo les permite apreciar: una enfermedad que nadie quisiera atravesar.
Por mucho que detenga el enfrentamiento, primero debe conocer la postura que adoptarán sus dos compañeros, especialmente el capitán. En cuanto al propio Kiyoshi, tiene más que claro lo que desea hacer. Aun así, actuar por su cuenta es algo que se niega a hacer; prometió seguir las reglas del grupo. Cuando Eros decide ir hasta la muchacha, el médico no tarda en seguirlo primero con una carrera y luego dando un gran salto. — Espérame. — Quizás a Kiroku le intranquilice que dos tipos que hace segundos eran sus enemigos ahora estén tan cerca de su compañera, pero ninguno muestra señales hostiles.
De hecho, Kiyoshi queda anonadado ante el procedimiento del pelimorado pidiendo perdón. — Tontopo, tú… — Suelta un suspiro y, tras dejar el rifle en su espalda, bien sujeto, con las manos enguantadas toma el brazo diestro de la fémina, observando más de cerca las marcas que posee, estudiándolas e intentando sacar algún diagnóstico. — No somos unos tontos bárbaros. — Es lo que atina a comentarle a Eros, rememorando una charla de hace días, utilizando una intensidad en su voz la cual solo pueden oírla los dos sobre el barco, a no ser que Varo o Kiroku tengan un oído superior a la media.
— Posee una tonta enfermedad llamada Fiebre del Coral Verde. Puedo tratarla con lo que me queda de equipo en el campamento, pero deberíamos llevarla hasta allá. — Aquí queda a decisión de la muchacha y de Eros. De la primera, porque tendría que aceptar acompañar a desconocidos. Del segundo, porque como capitán debe aceptar que se usen recursos limitados que les queda en alguien también desconocida.
— No te adelantes, tonto. — Se apresura en exigirle a Eros cuando entiende lo que hará tras las últimas palabras de Kiroku. No quiere que el capitán se sacrifique solo para intentar detener la locomotora que se les viene. — Lo recibiremos entre los tres. Si logramos detenerlo, le volaré los cesos. — Pues un disparo a quema ropa puede ser letal, aunque claro, primero deben tener la fuerza necesaria para frenar la embestida animal.
Pronto, todo esto queda en una posible anécdota y la historia da un giro que ninguno de los piratas se esperó. Lo que puede considerarse un ángel desciende desde los cielos para caer metafóricamente en el barco y, tras hablar, presentarse ante la vista de todos. Kiyoshi se anima a girar el cuello para verla ahí en lo alto recién cuando Kiroku desiste de sus intenciones ofensivas, pero de igual forma su cuerpo se mantiene tenso. No puede descartarse un nuevo ataque de su parte.
— Tonta, tú tienes... — Imposible que sus ojos no se centren en lo que el aquel cuerpo enfermo les permite apreciar: una enfermedad que nadie quisiera atravesar.
Por mucho que detenga el enfrentamiento, primero debe conocer la postura que adoptarán sus dos compañeros, especialmente el capitán. En cuanto al propio Kiyoshi, tiene más que claro lo que desea hacer. Aun así, actuar por su cuenta es algo que se niega a hacer; prometió seguir las reglas del grupo. Cuando Eros decide ir hasta la muchacha, el médico no tarda en seguirlo primero con una carrera y luego dando un gran salto. — Espérame. — Quizás a Kiroku le intranquilice que dos tipos que hace segundos eran sus enemigos ahora estén tan cerca de su compañera, pero ninguno muestra señales hostiles.
De hecho, Kiyoshi queda anonadado ante el procedimiento del pelimorado pidiendo perdón. — Tontopo, tú… — Suelta un suspiro y, tras dejar el rifle en su espalda, bien sujeto, con las manos enguantadas toma el brazo diestro de la fémina, observando más de cerca las marcas que posee, estudiándolas e intentando sacar algún diagnóstico. — No somos unos tontos bárbaros. — Es lo que atina a comentarle a Eros, rememorando una charla de hace días, utilizando una intensidad en su voz la cual solo pueden oírla los dos sobre el barco, a no ser que Varo o Kiroku tengan un oído superior a la media.
— Posee una tonta enfermedad llamada Fiebre del Coral Verde. Puedo tratarla con lo que me queda de equipo en el campamento, pero deberíamos llevarla hasta allá. — Aquí queda a decisión de la muchacha y de Eros. De la primera, porque tendría que aceptar acompañar a desconocidos. Del segundo, porque como capitán debe aceptar que se usen recursos limitados que les queda en alguien también desconocida.
OFF ROL
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Hablo | Pienso
