16-01-2026, 04:12 AM
Reino de Samba - Muelles.
Día 2, Primavera Año 17
Día 2, Primavera Año 17
La figura encapuchada se había movido con soltura, sigilo y una destreza tan eficientes que parecía una sombra oculta en la multitud, algo que nadie parecía notar como si estuviera presente, pero al mismo tiempo no lo estuviera. La mayoría de las personas ni siquiera se percató de su presencia, siendo que el encapuchado aprovechaba eso para ir robando carteras a su paso o huir de gente que le perseguía por diversos motivos, pero su mayor fuente de ingreso era otra, no eran robos menores de carterismo, sino más bien buscar ítems valiosos en cargas o encargos específicos, siendo los últimos los más cotizados ya que acostumbran ser cosas delicadas o arriesgadas por generalmente ir bien vigiladas. Los callejones no son completamente desiertos, al menos no en todo momento, pero realmente nadie que se encuentre en esa zona es de fiar, o al menos no abiertamente, cuentan los rumores que una banda de ladrones se apoderó de la zona y están dispuestos a hacer de todo con tal de sacar beneficio, siendo su principal trabajo el robo y tráfico de joyas, armas y otros objetos valiosos, pero dicen las malas lenguas que no dudan en traficar con personas, mayormente niñas, si les pagan bien.
Los callejones en este momento se hallan completamente desiertos y en completo silencio, no hay absolutamente nadie por la zona salvo por el joven que se halla frente a la puerta, una puerta que puede cambiar el destino de más de uno dependiendo de la decisión del joven. El aire se mueve con una suave brisa, el puerto lejano sigue moviéndose con normalidad, ajeno a lo que está sucediendo, ignorando el hecho de que la carga que desapareció unos días atrás está más cerca de lo que esperan, sin embargo, nadie parece dispuesto a indagar o moverse y el tiempo apremia, este tipo de organizaciones no acostumbra tardar más que unos pocos días en movilizar y vender lo que roban, por lo que si los dueños quieren recuperar sus cosas no pueden esperar a que los soldados actúen, y por lo que dicen los rumores, el valor de la carga es incalculable. Dentro del edificio el encapuchado discute con el que hizo la pregunta, no parece estar de acuerdo con algunas cosas que decidieron, pero algo le impide oponerse, como si toda su vida dependiera de obedecer o tuvieran alguna forma de controlar sus actos. Evidentemente nada de esto llega a oídos del pelinegro y mientras fuma frente a la puerta, como si tratara de descifrar un mecanismo oculto para abrir la puerta, o quien sabe, quizás tenga en mente un método más bruto y medieval para lidiar con el problema.
De pronto a unos metros de la puerta se escucha un fuerte ruido metálico, como si hubieran lanzado un cubo contra una pared siendo causado por un gato callejero que saltaba entre balcones tirando efectivamente una especie de cubo. De pronto, al lado de la puerta se abre una pequeña rendija y un par de ojos rojos asoman y ven al espadachín y dicen
-Si quieres entrar tus bienes has de apostar. Cualquiera que no pague o apueste debe retirarse.-
Off
figura
