13-08-2023, 05:24 AM
(Última modificación: 13-08-2023, 07:57 PM por Terence Blackmore.)
- " Puedes ahorrarte todos tus consejos de negociador. Soy un marine, actúo y ejecuto. Y si, ahora me ves empezando, pero te aseguro que mi nombre va a resonar hasta en las pesadillas de los piratas que están por nacer. Te lo volveré a repetir una vez más, mi proyecto no es una "promesa intangible" de la que te puedas reír. Es algo que voy a cumplir. Voy a conseguir una base naval y un asentamiento civil en cada isla de este Blue. Y necesito a alguien como tú, fuera de todo reglamento de la Marina, para gobernar a esa gente y poder ayudarme desde el exterior. Es así: poder gubernamental y un amigo dentro del sistema a cambio de que me ayudes con mi proyecto. Lo tomas o lo dejas."
El muchacho se levantó de la silla, y estaba montando un espectáculo en el que casi parecía que yo le estaba dejando, como si esto fuera una discusión de enamorados. No pude evitar tener una ligera sonrisa fruto de ver repetidas veces esa imagen en mi cabeza desde múltiples perspectivas. Luego continuó con un susurro, algo que magnificó fuertemente la escena del marinerito despechado.
- " Y ten cuidado con lo que llegas a insinuar. Yo no me dedico a agitar ningún avispero del Gobierno. No actuarán de la mejor manera posible, pero tenemos lo que tenemos gracias a ellos... Si quieres seguir hablando puedes acompañarme. Si todavía debes reflexionar, Base G- 34. Allí me encontrarás. Esperaría respuesta hasta dentro de 2 semanas...Y sin duda son peores los piratas, ellos no tienen principios”- comentó dándose la vuelta y tornando de nuevo su mirada hacia mi al cabo de unos segundos, pero sin desplazarse apenas.
No salía de mi asombro, apenas conteniendo una sonrisa de media luna tornada hacia el lado izquierdo, pasé mi mano por mi cabello, al tiempo que me acercaba rápidamente hacia el soldadito que había osado alzarme la voz, tratarme con una falta de respeto que no le toleraba a nadie y además, hacerme perder el tiempo, pues más allá de su ideario, no había compartido nada del objetivo que tenía.
Me acerqué, con una cara seria y le miré directamente a la cara. Dada la diferencia de altura usualmente podría haber existido una mayor diferencia de presencia, mas en esta tesitura, estaba claro quién ostentaba el poder y el carácter de la parte demandante. Con un gesto rápido de mi mano izquierda de manera ascendente, con el dorso y en diagonal, crucé de un bofetón de revés la cara del pelirrojo, tirándole las estúpidas gafas de sol que portaba al suelo y creando un gran sonido seco.
El golpe no había llevado apenas fuerza, pues mi intención jamás había sido el dolor, pero era lo suficientemente sonoro como para recordarle con quién se había citado. Al fin y al cabo, la costumbre de mi negocio con esclavos era bastante proclive a este tipo de actos, pues si no te haces respetar, esa basura puede crear una revuelta rápidamente.
-“¿Te parece esta suficiente acción y suficiente ejecución?”- musité en un tono bajo, al tiempo que no le dejaba ni un segundo de recuperación tras el ligero golpe y le tomaba por el cuello del uniforme y lo bajaba a mi altura, acercando mi cara a su oído derecho –“No entiendes que he sido bastante tolerante con tu actitud nefasta, con tu solicitud imprecisa y sobre todo, con tu nula negociación, jugando con tus ideales de justicia como si fueras un burdo niño jugando a ser un héroe, montando una escena absurda”- alerté en un tono ligeramente más audible, sin dejar la frialdad e inexpresión paciente en mi discurso ni un momento, lleno de estoicidad.
Solté la chaqueta del chiquillo, y tomé cierta distancia mientras me giraba completamente y relajaba mi postura al tiempo que dedicaba una última frase, a un tono normal, pero sin alterar mi expresión ni un ápice.
-“Para ti soy don Blackmore, y si tan interesado estás en tu conquista, espero que la próxima vez que vengas a contratar mis servicios lo hagas con una buena oferta ya en la mano, al fin y al cabo ahora yo sí conozco tu objetivo… – dije casi murmurando para mis adentros, mientras iba abandonando la plaza, sacaba una carta idéntica a la que había quemado frente a él y la volvía a guardar.
“Siempre hay que tener un plan B, señor Vulkan...”- pensé para mis adentros, mientras finalmente ajustaba la carta original dentro de mi chaleco, pues todo lo que había quemado con anterioridad era el sobre, ya que jamás se cercioró de revisar su contenido.
Quedé absorto en mis pensamientos de nuevo, analizando todo mi alrededor y destilando el ácido aroma de las calles. Esto me recordó a la historia de un tal Ryota, un marine que según la leyenda, había llegado a gran rango y que contaba con tal hibris que había caído ante el propio peso de la justicia que él tanto amaba.
¿Habrían llegado ya mis dos compañeros al centro?
Era hora de comprobarlo.
El muchacho se levantó de la silla, y estaba montando un espectáculo en el que casi parecía que yo le estaba dejando, como si esto fuera una discusión de enamorados. No pude evitar tener una ligera sonrisa fruto de ver repetidas veces esa imagen en mi cabeza desde múltiples perspectivas. Luego continuó con un susurro, algo que magnificó fuertemente la escena del marinerito despechado.
- " Y ten cuidado con lo que llegas a insinuar. Yo no me dedico a agitar ningún avispero del Gobierno. No actuarán de la mejor manera posible, pero tenemos lo que tenemos gracias a ellos... Si quieres seguir hablando puedes acompañarme. Si todavía debes reflexionar, Base G- 34. Allí me encontrarás. Esperaría respuesta hasta dentro de 2 semanas...Y sin duda son peores los piratas, ellos no tienen principios”- comentó dándose la vuelta y tornando de nuevo su mirada hacia mi al cabo de unos segundos, pero sin desplazarse apenas.
No salía de mi asombro, apenas conteniendo una sonrisa de media luna tornada hacia el lado izquierdo, pasé mi mano por mi cabello, al tiempo que me acercaba rápidamente hacia el soldadito que había osado alzarme la voz, tratarme con una falta de respeto que no le toleraba a nadie y además, hacerme perder el tiempo, pues más allá de su ideario, no había compartido nada del objetivo que tenía.
Me acerqué, con una cara seria y le miré directamente a la cara. Dada la diferencia de altura usualmente podría haber existido una mayor diferencia de presencia, mas en esta tesitura, estaba claro quién ostentaba el poder y el carácter de la parte demandante. Con un gesto rápido de mi mano izquierda de manera ascendente, con el dorso y en diagonal, crucé de un bofetón de revés la cara del pelirrojo, tirándole las estúpidas gafas de sol que portaba al suelo y creando un gran sonido seco.
El golpe no había llevado apenas fuerza, pues mi intención jamás había sido el dolor, pero era lo suficientemente sonoro como para recordarle con quién se había citado. Al fin y al cabo, la costumbre de mi negocio con esclavos era bastante proclive a este tipo de actos, pues si no te haces respetar, esa basura puede crear una revuelta rápidamente.
-“¿Te parece esta suficiente acción y suficiente ejecución?”- musité en un tono bajo, al tiempo que no le dejaba ni un segundo de recuperación tras el ligero golpe y le tomaba por el cuello del uniforme y lo bajaba a mi altura, acercando mi cara a su oído derecho –“No entiendes que he sido bastante tolerante con tu actitud nefasta, con tu solicitud imprecisa y sobre todo, con tu nula negociación, jugando con tus ideales de justicia como si fueras un burdo niño jugando a ser un héroe, montando una escena absurda”- alerté en un tono ligeramente más audible, sin dejar la frialdad e inexpresión paciente en mi discurso ni un momento, lleno de estoicidad.
Solté la chaqueta del chiquillo, y tomé cierta distancia mientras me giraba completamente y relajaba mi postura al tiempo que dedicaba una última frase, a un tono normal, pero sin alterar mi expresión ni un ápice.
-“Para ti soy don Blackmore, y si tan interesado estás en tu conquista, espero que la próxima vez que vengas a contratar mis servicios lo hagas con una buena oferta ya en la mano, al fin y al cabo ahora yo sí conozco tu objetivo… – dije casi murmurando para mis adentros, mientras iba abandonando la plaza, sacaba una carta idéntica a la que había quemado frente a él y la volvía a guardar.
“Siempre hay que tener un plan B, señor Vulkan...”- pensé para mis adentros, mientras finalmente ajustaba la carta original dentro de mi chaleco, pues todo lo que había quemado con anterioridad era el sobre, ya que jamás se cercioró de revisar su contenido.
Quedé absorto en mis pensamientos de nuevo, analizando todo mi alrededor y destilando el ácido aroma de las calles. Esto me recordó a la historia de un tal Ryota, un marine que según la leyenda, había llegado a gran rango y que contaba con tal hibris que había caído ante el propio peso de la justicia que él tanto amaba.
¿Habrían llegado ya mis dos compañeros al centro?
Era hora de comprobarlo.
