16-01-2026, 04:46 AM
(Última modificación: 18-01-2026, 01:36 AM por Bertram Gaufrid.)
´Día 30 de primavera, año 17
El joven arquero se sigue sintiendo algo incómodo con el resultado del ataque a los piratas, casi como si la llegada del infame Sohem fuese una burla del destino, un castigo a los marines por tratar de hacer su trabajo de arrestar criminales o a los cazadores por intentar aprovechar la situación. Muchos dirían que el ataque planeado era cobarde al tener los marines la ventaja numérica y además emplear el entorno para moverse escondidos, emboscar a los piratas y, mediante una provocación directa y descarada, atraerlos a una trampa donde se verían azotados por ataques desde posiciones ocultas sin que puedan reaccionar a tiempo. El pelirrojo lo puede llegar a entender desde su punto de vista, pero como cazador y marine sabe que lo que hicieron los marines fue preparar la situación para tener la ventaja y favorecer el éxito de su plan, algo que cualquiera que tenga un mínimo conocimiento de temas militares, cacería o combates en general sabrá y entenderá. Tras el fin de ese intento de arresto, interrumpido por una fuerza descomunal y tan superior a la de todos los presentes hasta el punto de que nadie podía siquiera moverse si no era para seguir las instrucciones de alguien que tenía todo el poder y la capacidad de aniquilar a todos los presentes sin siquiera esforzarse.
Los marines se retiraron, muchos les llamarían cobardes, otros dirían que debían hacer su trabajo sin importar las circunstancias, pero un grupo más sensato entendería que en esa situación eso no era viable, de intentar forzar las cosas no solo no habrían conseguido su objetivo, sino que no conseguirían más por estar muertos y seguramente ser dejados en la zona como alimento para los lagartos de la isla. El arquero regresó con sus compañeros al campamento que improvisaron, y seguramente tendrían que ir preparándose para seguir camino, pero antes de aventurarse en una nueva isla el joven artesano quería buscar materiales y poder construir un arco y nuevas municiones para poder pelear de mejor forma. Bertram tiene ya algunas ideas en mente, pero para ello debe investigar la zona, moverse por el enorme y frondoso bosque, y averiguar si tiene todo lo necesario, desde madera hasta cualquier posible material como roca o metal para la flecha que tiene en mente.
El contramaestre se separa de sus compañeros tras avisarles de sus planes y empieza a moverse por la zona con la soltura que adquirió en su época de cazador, acostumbrado al bosque y a las criaturas sabe cómo moverse para poder investigar con total tranquilidad sin perturbar a los animales ni provocar que lo ataquen. Por precaución y evitar que Sohem piense que está regresando al lugar de donde lo echó, el joven decide evitar la playa donde ocurrió todo y moverse por el bosque rumbo a la zona volcánica, aunque no pretende ir al volcán en sí, la zona circundante será rica en todo lo que puede llegar a necesitar el joven arquero para sus flechas. La idea es solo investigar y si eso recoger algo de material, pero uno nunca está seguro de lo que vaya a ocurrir por lo que el joven marine decide llevar su arco consigo, así como sus flechas por si se encuentra algún animal que lo ataque o si algún sujeto con malas intenciones intenta hacerle daño. Sus pasos son calmados, se fija en todo momento en el entorno, sus ojos atentos a los detalles, sobre todo los que le pueden orientar, y mientras aprovecha una de sus flechas para ir dejando marcas para poder encontrar el camino de regreso con mayor facilidad, aunque lo hace de forma que si no puedan averiguarlo fácilmente, reduciendo el riesgo de dejar a sus compañeros entregados a un ataque sorpresa.
En uno de sus bolsillos lleva un único cartel de se busca, la joven peliazul que se declaró su mujer en el foso donde casi mueren y no lo hace porque de lo contrario no la reconocería, ni por motivos evidentes, la razón es mucho más sencilla y personal, ese cartel es lo más cercano que tiene a una foto de una amiga de la infancia que añora y con la que perdió contacto tras la tragedia en su casa, la misma que lo impulsó a unirse a la marina. En una ciudad el joven estaría tarareando o silbando una melodía que le cantaba su abuela, pero en el bosque es mejor mantener el mayor silencio posible, por lo que se abstiene y mantiene sus pasos suaves, sin apresurarse y controlando donde pisa y el peso que pone en cada pisada, reduciendo el riesto lo máximo que puede.
Los marines se retiraron, muchos les llamarían cobardes, otros dirían que debían hacer su trabajo sin importar las circunstancias, pero un grupo más sensato entendería que en esa situación eso no era viable, de intentar forzar las cosas no solo no habrían conseguido su objetivo, sino que no conseguirían más por estar muertos y seguramente ser dejados en la zona como alimento para los lagartos de la isla. El arquero regresó con sus compañeros al campamento que improvisaron, y seguramente tendrían que ir preparándose para seguir camino, pero antes de aventurarse en una nueva isla el joven artesano quería buscar materiales y poder construir un arco y nuevas municiones para poder pelear de mejor forma. Bertram tiene ya algunas ideas en mente, pero para ello debe investigar la zona, moverse por el enorme y frondoso bosque, y averiguar si tiene todo lo necesario, desde madera hasta cualquier posible material como roca o metal para la flecha que tiene en mente.
El contramaestre se separa de sus compañeros tras avisarles de sus planes y empieza a moverse por la zona con la soltura que adquirió en su época de cazador, acostumbrado al bosque y a las criaturas sabe cómo moverse para poder investigar con total tranquilidad sin perturbar a los animales ni provocar que lo ataquen. Por precaución y evitar que Sohem piense que está regresando al lugar de donde lo echó, el joven decide evitar la playa donde ocurrió todo y moverse por el bosque rumbo a la zona volcánica, aunque no pretende ir al volcán en sí, la zona circundante será rica en todo lo que puede llegar a necesitar el joven arquero para sus flechas. La idea es solo investigar y si eso recoger algo de material, pero uno nunca está seguro de lo que vaya a ocurrir por lo que el joven marine decide llevar su arco consigo, así como sus flechas por si se encuentra algún animal que lo ataque o si algún sujeto con malas intenciones intenta hacerle daño. Sus pasos son calmados, se fija en todo momento en el entorno, sus ojos atentos a los detalles, sobre todo los que le pueden orientar, y mientras aprovecha una de sus flechas para ir dejando marcas para poder encontrar el camino de regreso con mayor facilidad, aunque lo hace de forma que si no puedan averiguarlo fácilmente, reduciendo el riesgo de dejar a sus compañeros entregados a un ataque sorpresa.
En uno de sus bolsillos lleva un único cartel de se busca, la joven peliazul que se declaró su mujer en el foso donde casi mueren y no lo hace porque de lo contrario no la reconocería, ni por motivos evidentes, la razón es mucho más sencilla y personal, ese cartel es lo más cercano que tiene a una foto de una amiga de la infancia que añora y con la que perdió contacto tras la tragedia en su casa, la misma que lo impulsó a unirse a la marina. En una ciudad el joven estaría tarareando o silbando una melodía que le cantaba su abuela, pero en el bosque es mejor mantener el mayor silencio posible, por lo que se abstiene y mantiene sus pasos suaves, sin apresurarse y controlando donde pisa y el peso que pone en cada pisada, reduciendo el riesto lo máximo que puede.
