Dia 24 de primavera/ año 17
Costa del reino de Samba
Costa del reino de Samba
Venimos de aquí
Era un día caluroso, pese aun ser primavera la humedad se colaba entre la ropa y el sol de medio día abrasaba la piel. La ida y venida de barcos comerciales entre Samba y las islas colindantes hacían la desembocadura del Río que partía a samba en dos un punto perfecto para vigilar el tráfico tanto de mercancías como de pasajeros en la región. Pese a que la aduana oficial realmente se encontrara en la ciudad principal, algunas pequeñas milicias paramilitares trataban de ejercer su control sobre la zona, posicionándose en las calas para controlar posibles movimientos anómalos.
Justo en una de estas, un escuadrón de cincuenta personas se encontraban realizando labores de entrenamiento y vigilancia. No tardaron en darse cuenta de la presencia de un hombre, alado, moreno y con el cabello color platino tratando de llegar a la isla en un bote de remos que se caía a trozos según más se acercaba a esta. -Informen al capitán, un individuo sospechoso acaba de aparecer. -Comentó uno de los miembros del pelotón, el cual sostenía unos prismáticos, pendiente de las naves que entraban y salían por el río. Tras sus palabras otro de ellos se apartó del grupo para hacer una llamada de den den mushi.
Todo podría haberse quedado allí, pero en cuanto la embarcación del joven Lunarian comenzó a hacerse añicos este decidió usar sus alas para impulsarse y tomar tierra sin mojarse, dirigiéndose justamente a la orilla donde se encontraba este grupo. El mismo hombre que solicitó que informaran a su superior dio una voz de alarma, haciendo que el resto de individuos antes realizando un desorganizado entrenamiento comenzarán a posicionarse, colocándose en un intento de formación organizada.
Al poner el primer pie sobre la abrasante arena, Heras fue detenido por el chico de los prismáticos. Era un muchacho rubio y con ojos claros, de no más de veinte años. Su altura de metro setenta era irrisoria en comparación a la del Lunarian, pero a pesar de ello su mirada transmitía seriedad y compostura en lugar de intimidación. -Señor necesito su documentación, papeles del seguro de su vehículo si es que tiene uno y que coloque la señalización V-17 correspondiente sobre la embarcación siniestrada. Además es necesario que revisemos sus pertenencias. ¿Lleva usted alguna sustancia ilegal o ha navegado bajo los efectos de estas? -No titubeó solo se quedó torciendo su cuello hacia arriba para cruzar su mirada con la del imponente peliblanco esperando una respuesta por parte de este.
No eran marines desde luego pues no iban uniformados, parecían más bien unos simples civiles con espadas y pistolas, que soldados. Iban bien vestidos, la mayoría de ellos con una camisa blanca. Pero lo que todos tenían en común era una pin metálico a la altura del corazón, con las siglas “PPS” y un ave parecida a una gaviota sobre las letras. Salvo el chico rubio el resto quedaron en silencio contemplando al extranjero con caras de pocos amigos mientras, con sus manos cerca de sus armas, alertas ante cualquier movimiento extraño.
Aclaraciones
