17-01-2026, 02:04 PM
Alastor parpadeó una vez, luego dos.
No fue tanto por la amenaza en sí, ya que se mentiría si se dijese que había sido la primera vez que se encontraba en esa situación, sino por el detalle específico del lugar al que aquel muchacho había decidido dirigir su rifle con una convicción casi científica. Y mientras alzaba las manos hasta la altura de los propios hombros, en señal de paz, bajó la vista apenas lo justo para confirmar lo evidente y, por un instante, se preguntó si aquella escena no era algún tipo de castigo cósmico por haber fumado más de la cuenta esa misma mañana.
Suspiró, largo, como si ya estuviera cansado de una conversación que técnicamente aún no había empezado. — Vaya… — Murmuró con ese tono tranquilo que solía usar prácticamente siempre, incluso cuando la situación se le iba un poco de las manos — Y yo que pensaba que mi recibimiento iba a ser un apretón de manos o, como mucho, una mirada de desconfianza. Pero esto… esto es nuevo. — Ni siquiera era porque pensara que fuese la persona con la que había entablado un encuentro, que vaya momento más oportuno para encontrarse. Aunque si lo pensaba: tampoco veía el problema de estar así en un ambiente tan cálido como en el que estaban.
Alzó ambas manos con parsimonia, despacio, exagerando el gesto solo lo suficiente como para que quedara claro que no tenía intención alguna de lanzarse heroicamente contra un rifle cargado con aspiraciones de cirujano. El paraguas quedó colgando de sus dedos, balanceándose levemente, como si tampoco supiera muy bien qué papel debía jugar en aquel momento.
Se giró un poco sobre sí mismo, buscando a tientas la mochila con la cadera. — Si, sí... Todo claro, dame un momento. — Ríe como el que está nervioso con la situación, sin buscar ser exagerado. — Si te sirve de consuelo — Añadió, mientras empezaba a rebuscar ropa con la misma calma con la que uno busca una moneda en el fondo de un bolsillo — No pensaba que hubiera nadie alrededor, la gente se pone muy sensible cuando ven abdominales — Sonríe con ese aire de querer raspar el hielo de esa situación y limar asperezas con la palabra, pues desde hace tiempo había renunciado a la violencia en el primer acto. Eso sí: tener un rifle apuntándote a las partes ayudaba a pensártelo dos veces.
Sacó una camiseta arrugada y se la pasó por la cabeza sin demasiada prisa, como si aquellos veinte segundos fueran más bien una sugerencia amable que una cuenta atrás real.
Fue entonces cuando alzó por fin la mirada hacia los ojos tras la mascarilla, evaluándolo con la misma atención con la que el otro lo estaba apuntando. — Siento haber roto la magia de nuestro primer encuentro —Dejó la frase en el aire, terminando de vestirse lo más importante: cuerpo entero excepto por sus zapatos. — Diría que acabas de encontrarlo. Aunque prometo que normalmente mi presentación profesional no incluye ir en calzones. — O sí, pero quería suavizar la impresión que había dado, por la forma de haberle recibido el contrario entre aquellas hojas.
Se terminó de ajustar la ropa, dio un pequeño paso atrás, esperando no salir mal parado, y confiando que la amenaza solo era hacia el dar el paso hacia delante, para finalmente abrir los brazos con la abertura concreta de una presentación a sí mismo. — Ahora, si no te importa bajar un par de centímetros el rifle, quizá podamos hablar como personas civilizadas... Soy Alastor Morningstar. — Una parte de sí mismo no le preocupaba la idea de morir, y si tal cosa ocurría implicaba que era su momento, casi una nueva filosofía que había ido aceptando con los años.
Cierto era que no se esperaba la situación frente a sí, ni que aquella fuera a ser su forma de reaccionar nada más verle. Sintió que había escalado más de lo que hubiera deseado, pues tampoco era lo suficiente idiota como para no caer en cuenta que aquello podía, o haría, la situación mucho más incómoda para el hombre ahora que tenían que trabajar juntos en la salud del payaso. Porque una cosa era clara: hacía falta más que esta situación para sentirse Alastor incómodo, o una completamente distinta. — Que conste: solo descansaba un rato y comenzaba a tener mucha calor, ¿podemos empezar de nuevo con todo esto? — Con una mano se acompaña con un gesto circular del dedo, como el rebobinar. — ¿Todo bien ya? — Porque él no bajaría las manos de un "alto".
Sin duda, haber llegado a su nivel de imbécil... era parte de su delito pirata.
No fue tanto por la amenaza en sí, ya que se mentiría si se dijese que había sido la primera vez que se encontraba en esa situación, sino por el detalle específico del lugar al que aquel muchacho había decidido dirigir su rifle con una convicción casi científica. Y mientras alzaba las manos hasta la altura de los propios hombros, en señal de paz, bajó la vista apenas lo justo para confirmar lo evidente y, por un instante, se preguntó si aquella escena no era algún tipo de castigo cósmico por haber fumado más de la cuenta esa misma mañana.
Suspiró, largo, como si ya estuviera cansado de una conversación que técnicamente aún no había empezado. — Vaya… — Murmuró con ese tono tranquilo que solía usar prácticamente siempre, incluso cuando la situación se le iba un poco de las manos — Y yo que pensaba que mi recibimiento iba a ser un apretón de manos o, como mucho, una mirada de desconfianza. Pero esto… esto es nuevo. — Ni siquiera era porque pensara que fuese la persona con la que había entablado un encuentro, que vaya momento más oportuno para encontrarse. Aunque si lo pensaba: tampoco veía el problema de estar así en un ambiente tan cálido como en el que estaban.
Alzó ambas manos con parsimonia, despacio, exagerando el gesto solo lo suficiente como para que quedara claro que no tenía intención alguna de lanzarse heroicamente contra un rifle cargado con aspiraciones de cirujano. El paraguas quedó colgando de sus dedos, balanceándose levemente, como si tampoco supiera muy bien qué papel debía jugar en aquel momento.
Se giró un poco sobre sí mismo, buscando a tientas la mochila con la cadera. — Si, sí... Todo claro, dame un momento. — Ríe como el que está nervioso con la situación, sin buscar ser exagerado. — Si te sirve de consuelo — Añadió, mientras empezaba a rebuscar ropa con la misma calma con la que uno busca una moneda en el fondo de un bolsillo — No pensaba que hubiera nadie alrededor, la gente se pone muy sensible cuando ven abdominales — Sonríe con ese aire de querer raspar el hielo de esa situación y limar asperezas con la palabra, pues desde hace tiempo había renunciado a la violencia en el primer acto. Eso sí: tener un rifle apuntándote a las partes ayudaba a pensártelo dos veces.
Sacó una camiseta arrugada y se la pasó por la cabeza sin demasiada prisa, como si aquellos veinte segundos fueran más bien una sugerencia amable que una cuenta atrás real.
Fue entonces cuando alzó por fin la mirada hacia los ojos tras la mascarilla, evaluándolo con la misma atención con la que el otro lo estaba apuntando. — Siento haber roto la magia de nuestro primer encuentro —Dejó la frase en el aire, terminando de vestirse lo más importante: cuerpo entero excepto por sus zapatos. — Diría que acabas de encontrarlo. Aunque prometo que normalmente mi presentación profesional no incluye ir en calzones. — O sí, pero quería suavizar la impresión que había dado, por la forma de haberle recibido el contrario entre aquellas hojas.
Se terminó de ajustar la ropa, dio un pequeño paso atrás, esperando no salir mal parado, y confiando que la amenaza solo era hacia el dar el paso hacia delante, para finalmente abrir los brazos con la abertura concreta de una presentación a sí mismo. — Ahora, si no te importa bajar un par de centímetros el rifle, quizá podamos hablar como personas civilizadas... Soy Alastor Morningstar. — Una parte de sí mismo no le preocupaba la idea de morir, y si tal cosa ocurría implicaba que era su momento, casi una nueva filosofía que había ido aceptando con los años.
Cierto era que no se esperaba la situación frente a sí, ni que aquella fuera a ser su forma de reaccionar nada más verle. Sintió que había escalado más de lo que hubiera deseado, pues tampoco era lo suficiente idiota como para no caer en cuenta que aquello podía, o haría, la situación mucho más incómoda para el hombre ahora que tenían que trabajar juntos en la salud del payaso. Porque una cosa era clara: hacía falta más que esta situación para sentirse Alastor incómodo, o una completamente distinta. — Que conste: solo descansaba un rato y comenzaba a tener mucha calor, ¿podemos empezar de nuevo con todo esto? — Con una mano se acompaña con un gesto circular del dedo, como el rebobinar. — ¿Todo bien ya? — Porque él no bajaría las manos de un "alto".
Sin duda, haber llegado a su nivel de imbécil... era parte de su delito pirata.
