17-01-2026, 04:53 PM
Aparentemente iba a ser un día normal tanto para Sigrid como para el recién conformado equipo de la División 93, uno de esos días que comienzan con entrenamiento, sudor y alguna que otra orden gritaba desde la distancia, pero la rutina duró poco. Apenas había terminado de organizarse cuando se le indicó que tenían una misión asignada, directa y sin rodeos, debían presentarse en el puerto de Baquella para escoltar a un prisionero hasta el otro puerto de la isla. Nada de transporte marítimo, nada de atajos cómodos, el traslado se haría por tierra, caminando y atravesando la isla de lado a lado. Para muchos aquello sonaría como una molestia innecesaria, una tarea pesada para un primer despliegue, pero Sigrid no pudo evitar sonreír al escuchar los detalles.
Era simple, claro y directo, proteger, vigilar y llegar al destino. Exactamente el tipo de misión que ponía a prueba el carácter más que la teoría, y si algo tenía de sobra la vikinga buccaner era resistencia, fuerza y una voluntad inquebrantable. Ajustó el uniforme, apoyó la alabarda sobre el hombro y lanzó una mirada animada a sus compañeros, como si aquel encargo no fuera poca cosa, sino la oportunidad perfecta para empezar a demostrar de qué estaba hecha la División 93 paso a paso, a través de toda la isla.
El último en llegar al puerto fue Juan, el mismo que había sido asignado como líder de la misión, y su sola presencia bastó para que la atmósfera cambiara un poco. Tras los saludos formales y las indicaciones iniciales, sacó una segunda carta que solo él portaba y comenzó a leerla con atención, apartándose ligeramente del grupo. Sigrid, que hasta ese momento se mantenía animada, con la alabarda apoyada en el hombro y la sonrisa intacta, no tardó en notar el cambio en su expresión; bastaron unos segundos para que aquella alegría natural se le congelara en el rostro y diera paso a una preocupación genuina. No necesitaba escuchar el contenido para entender que aquello no era información común, sino datos confidenciales sobre el prisionero, detalles que solo el líder debía conocer y que, por protocolo, no podían compartirse con el resto del equipo.
—¡No, no, no, Juaaaan!— soltó Sigrid de golpe, llevándose ambas manos a la cabeza con un gesto tan exagerado como genuino —¿¡Por qué la lees si dice claramente que no lo hagas!?— La incomodidad le cayó encima como un cubo de agua helada, borrándole cualquier resto de entusiasmo en cuestión de segundos. No tenía ni la menor idea de qué tipo de castigo o reprimenda podía caerles si alguien se enteraba de que aquella información confidencial había sido leída en voz alta, y peor aún, de que ahora no solo Juan, sino potencialmente todos los miembros de la División 93, estaban involucrados indirectamente.
Su cuerpo grande se tensó de inmediato, los hombros rígidos y la sonrisa completamente ausente, sustituida por una mueca de auténtica preocupación. No era miedo por ella sola, eso lo soportaría sin problemas, sino el peso de haber empezado una misión con un error que no dependía de la fuerza ni del valor, sino de algo mucho más delicado. La verdadera Marina, recordó de golpe, y por primera vez desde que recibió el comunicado, Sigrid sintió que la justicia también podía doler incluso antes de dar el primer paso.
—Hagamos esto bien, chicos—dijo Sigrid tras tomar una bocanada de aire, recuperando poco a poco la compostura, aunque la tensión aún se le notaba en los hombros —No quiero que se nos escape alguien así— añadió con una seriedad poco habitual en ella, mirando a cada uno de los miembros de la División 93 como si estuviera sellando un pacto silencioso. No levantó la voz ni sonrió esta vez, sus palabras no eran una amenaza ni una fanfarronada, sino una declaración honesta de responsabilidad. Si aquel prisionero era tan importante como indicaba la carta, entonces no bastaría con fuerza ni con entusiasmo, haría falta vigilancia, disciplina y confiar los unos en los otros desde ese mismo instante.
Era simple, claro y directo, proteger, vigilar y llegar al destino. Exactamente el tipo de misión que ponía a prueba el carácter más que la teoría, y si algo tenía de sobra la vikinga buccaner era resistencia, fuerza y una voluntad inquebrantable. Ajustó el uniforme, apoyó la alabarda sobre el hombro y lanzó una mirada animada a sus compañeros, como si aquel encargo no fuera poca cosa, sino la oportunidad perfecta para empezar a demostrar de qué estaba hecha la División 93 paso a paso, a través de toda la isla.
El último en llegar al puerto fue Juan, el mismo que había sido asignado como líder de la misión, y su sola presencia bastó para que la atmósfera cambiara un poco. Tras los saludos formales y las indicaciones iniciales, sacó una segunda carta que solo él portaba y comenzó a leerla con atención, apartándose ligeramente del grupo. Sigrid, que hasta ese momento se mantenía animada, con la alabarda apoyada en el hombro y la sonrisa intacta, no tardó en notar el cambio en su expresión; bastaron unos segundos para que aquella alegría natural se le congelara en el rostro y diera paso a una preocupación genuina. No necesitaba escuchar el contenido para entender que aquello no era información común, sino datos confidenciales sobre el prisionero, detalles que solo el líder debía conocer y que, por protocolo, no podían compartirse con el resto del equipo.
—¡No, no, no, Juaaaan!— soltó Sigrid de golpe, llevándose ambas manos a la cabeza con un gesto tan exagerado como genuino —¿¡Por qué la lees si dice claramente que no lo hagas!?— La incomodidad le cayó encima como un cubo de agua helada, borrándole cualquier resto de entusiasmo en cuestión de segundos. No tenía ni la menor idea de qué tipo de castigo o reprimenda podía caerles si alguien se enteraba de que aquella información confidencial había sido leída en voz alta, y peor aún, de que ahora no solo Juan, sino potencialmente todos los miembros de la División 93, estaban involucrados indirectamente.
Su cuerpo grande se tensó de inmediato, los hombros rígidos y la sonrisa completamente ausente, sustituida por una mueca de auténtica preocupación. No era miedo por ella sola, eso lo soportaría sin problemas, sino el peso de haber empezado una misión con un error que no dependía de la fuerza ni del valor, sino de algo mucho más delicado. La verdadera Marina, recordó de golpe, y por primera vez desde que recibió el comunicado, Sigrid sintió que la justicia también podía doler incluso antes de dar el primer paso.
—Hagamos esto bien, chicos—dijo Sigrid tras tomar una bocanada de aire, recuperando poco a poco la compostura, aunque la tensión aún se le notaba en los hombros —No quiero que se nos escape alguien así— añadió con una seriedad poco habitual en ella, mirando a cada uno de los miembros de la División 93 como si estuviera sellando un pacto silencioso. No levantó la voz ni sonrió esta vez, sus palabras no eran una amenaza ni una fanfarronada, sino una declaración honesta de responsabilidad. Si aquel prisionero era tan importante como indicaba la carta, entonces no bastaría con fuerza ni con entusiasmo, haría falta vigilancia, disciplina y confiar los unos en los otros desde ese mismo instante.
![[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]](https://i.imgur.com/Ndhw6vS.jpeg)
