17-01-2026, 09:48 PM
(Última modificación: 17-01-2026, 10:16 PM por Stroud Nanashi.)
[Costa de Little Garden,
Grand Line,
23 de primavera,
año 17]
Stroud terminó de entrenar por el día. A bordo del Royal Quiver, las cosas seguían como siempre. Los Marines iban y venían en sus quehaceres por la isla. Él empezaba ya a prepararlo todo para su salida del lugar, consciente de que más pronto que tarde tendrían que partir hacia la siguiente isla del Grand Line. Pero se lo tomaba con la calma que lo caracterizaba. Había pasado toda la mañana ejercitándose, practicando sombra, lanzándose entre un árbol y otro, realizando todo tipo de movimientos una, otra y otra vez. Decenas y decenas de repeticiones en movimientos calculados, sin gracilidad ninguna, pero también optimizando el esfuerzo empleado. Procuraba que ningún movimiento emplease más energía de la que realmente requería. Sin florituras, limpio y seco. Se dio un breve chapuzón en el río junto al que habían acampado. Se había acostumbrado a aquel lugar, y aquel pequeño claro elevado se sentía ya como una segunda casa. Tras secarse, se vistió con su uniforme, siempre impoluto, y, habiendo agarrado un par de cosas de la bodega, salió del Royal Quiver.
Por primera vez desde hacía meses, las botas del comandante Stroud Redgrave volvían a pisar la arena abrasadora de aquella pequeña cala de Little Garden. El lugar tenía el mismo aspecto que recordaba. Sin toda la sangre, claro. Y el Last Whisper ya no estaba allí atracado, naturalmente. El lugar estaba desierto, a excepción del par de buitres que volaban en círculos bajo el sol. En la lejanía podía oírse el rugido de algún dinosaurio ocasionalmente. A los lados, los acantilados continuaban alzándose, imponentes, sobre la cala, convirtiéndola en el lugar ideal para un escondrijo, o para una emboscada. Inspiró. El aire olía distinto a como olía aquel día. No había tensión en el aire, no olía a hierro ni a adrenalina. Olía a salitre, a selva, a mar, a arena, a las frutas que crecían en la jungla. La isla misma permanecía inalterable ante los caprichos de quienes iban y venían, no le importaba lo que allí hubiese ocurrido. Seguramente no hubiese sido el primer derramamiento de sangre sobre aquellas arenas, y definitivamente no sería el último. Uno más, simplemente. Era una buena lección que aprender.
Caminó con parsimonia, las manos ceremoniosamente colocadas tras la espalda, no lejos de la orilla, contemplando el mar y la jungla que se extendía a su izquierda, pasada la playa. No era frecuente ver a Stroud paseando por el gusto de pasear; casi siempre tenía un lugar al que ir, algo en lo que estar, una hora de llegada prevista, pero no esta vez. Se dio el lujo de caminar sin rumbo por aquella cala. A diferencia de lo que uno se hubiera podido imaginar, su mente estaba en blanco. No pensaba en nada en particular. Respiraba profundo, dejando que el aroma del mar lo inundase, para luego dejarlo ir. Su ritmo cardíaco se mantenía relajado, haciendo gala de una enorme serenidad. Su abrigo colgaba de sus hombros con pesadez, a duras penas moviéndose con cada paso del Marine. Sus ojos grises, más claros de lo habitual bajo el sol de Little Garden, no se detenían en ningún sitio en particular. Por una vez, había prescindido de la gorra blanca, por lo que su pelo rubio se alborotaba ligeramente con la pequeña brisa que se arremolinaba en aquel lugar, que actuaba como un bolsillo dentro de la propia isla.
Al cabo de varios minutos caminando, se dio cuenta de que reconocía bien aquel lugar. Muy bien, de hecho. Sus ojos grises, esta vez sí, se clavaron, como por instinto, donde otrora había estado atracado el Last Whisper. Conocía aquel punto. Las ondulaciones que hacía la playa, las rocas que rodeaban el lugar, y tras él... la jungla de la que habían salido, y que se giró para observar. La vegetación, en su constante crecimiento, en su ciclo incesable de reconstrucción y formación, había cambiado un poco, pero los principales referentes visuales del lugar continuaban siendo los mismos. Los marcadores seguían allí; la palmera torcida hacia la mitad, el espeso follaje que parecía extenderse bajo la sombra de los acantilados, los caminos que se alejaban de la zona. Los recuerdos empezaron a arremolinarse en su cabeza una vez más. La playa, el pelirrojo Yang, la mujer ciega, el capitán de los Olvidados, aquella condenada máscara de hierro con agujeros, el sonido del pistón accionándose...
Agitó la cabeza, queriendo deshacerse del pensamiento como si fuese una araña que le hubiese trepado por encima. El ritmo de su respiración se había acelerado, nuevamente, por un instante. Aquel era, definitivamente, el lugar de los hechos. Casi se le hizo raro no ver los cuerpos sobre la arena, al bravo Uker bajo la sombra de su propio navío, cara a cara frente a él, ambos fulminándose con la mirada. La adrenalina antes de un combate que jamás llegó. Visualizó al pelirrojo, Owen Yang, y aquellos ojillos llenos de rabia pueril. Por un momento le costó no sonreír para sí. Había algo de tierno en aquel chico, pero también de insoportable. El destino salvó a aquellos piratas de la Justicia por alguna razón aquel día, pero, ¿cuál? A Stroud no le preocupaba la respuesta. El destino era algo que se podía tomar con las manos, doblar y retorcer a favor de las grandes causas. Y si aquella causa era la Justicia, con más razón. Sin que se diese cuenta, una mueca de asco se había gestado en su cara. El pelirrojo era precisamente el tipo de mierdecilla cuya cabeza le encantaría ofrecer a la Justicia, con vida o sin ella. Esa superioridad moral que esputaba en cada una de sus palabras, esa forma de llamarlo por su nombre, como si tuviese la más mínima idea... Le avergonzó pillarse a sí mismo en un arrebato como aquel, dejando que lo personal se le mezclase con su férreo sentido del deber, pero había algo de aquel tipo que simplemente lo sacaba de quicio. Sabía que debía mantener un ojo puesto en aquella gente. Y sabía, desde luego, que sus caminos volverían a cruzarse.
Sus nudillos, blanquecinos debido a la forma en que había apretado los puños inconscientemente, se relajaron. Stroud miró a su alrededor, alejándose de aquel torbellino de pensamientos en que se había sumergido por un breve instante. Respiró. No estaba allí para eso. Realmente, no estaba allí para nada en particular. Tal vez aquellos pensamientos fuesen una parte importante del proceso. No lo sabía.
Y, de pronto, las vio. A su izquierda, más cerca del denso follaje de la jungla que de la orilla: dos tumbas pobremente cavadas en la zona en que la arena de la playa empezaba a mezclarse con la grava terrosa de la jungla. El paso del tiempo empezaba a cubrirlas de verdín y a homogeneizarlas con el resto de su entorno, pero aún resultaban más que visibles, sobre todo para quien ya había estado allí anteriormente. Dos montoncitos de tierra discretos, uno a escasa distancia del otro, bajo la sombra de los árboles. Así que los habían enterrado.
Caminó hasta situarse frente a ellas, y se sentó en la arena con pesadez, observándolas. Permaneció en el más absoluto de los silencios. Había algo que le enfurecía, ¿qué era? Tal vez, precisamente el hecho de que aquellos piratas, en su constante afán por parecer personas, hubiesen enterrado a aquellos cazarrecompensas. Un nuevo caso de su constante alardeo moral, de esa falsedad innata que parecían poseer todos los que se hacían a la mar con nada más que gilipolleces y egocentrismo en la cabeza. Que aquellas dos almas, culpables o inocentes, hubieran visto los últimos rayos del sol a manos de quienes los enterraban por sentirse mejor consigo mismos. Stroud no era consciente de que allí debajo ya no había ningún cuerpo, y que los cazarrecompensas habían acabado como comida para los peces prehistóricos que poblaban aquella misma costa, pero poco hubiera cambiado que lo hubiese sabido.
Rebuscó en el bolsillo de su abrigo, y extrajo tres elementos, todos procedentes de su paso por Whisky Peak: una pipa de madera tallada con la forma de una orca, un saquito de tabaco y una pequeña botella de whisky, colocándolos en fila sobre el suelo terroso. Apretó los labios por un instante, dándose cuenta de que no había traído vasos. Tampoco es que les sobrasen a bordo del Royal Quiver, qué se le iba a hacer. Sujetó la botella y, no sin cierto esfuerzo, extrajo el tapón de corcho, que salió con un sonido hueco y tubular. Lo olisqueó, y el aroma del licor, que no era de la calidad más excelsa, no tardó en abrumar sus fosas nasales. Reflexionó por un instante, vacilando. Jamás había hecho aquello, pero había oído que era algo común en los mares. Incluso los piratas lo hacían. Vertió algo de whisky sobre la tumba de la derecha, imaginando que era la de Fyodor. Tal vez lo hubiese sido, en su momento. A continuación, vertió algo más de whisky sobre la de la izquierda, que imaginó como el reposo de Krysser. Y, finalmente, se llevó la botella a los labios, dando un esforzado trago. No estaba en absoluto acostumbrado a beber, y el sabor se le hizo un poco demasiado. Exhaló con fuerza tras beber, viendo cómo la tierra empapada absorbía el whisky que había vertido sobre las dos tumbas. No sabía por qué hacía eso. No habían llegado a ser amigos, ni mucho menos, y ni siquiera habían formado parte de su División. Tal vez se sintiese responsable, o tal vez simplemente quisiese compartir una bebida con ellos. Una pequeña cortesía para con los espíritus, para que no estuviesen enfadados, y un trago por las molestias, concluyó, mientras bebía algo más de la botella.
Pasaban los minutos, y el Marine, vestido de impecable blanco, continuaba allí sentad0, compartiendo la botella con dos tumbas vacías. A medida que pasaba el tiempo, el contenido de la misma iba bajando, aunque sin llegar nunca a agotarse. Al cabo de un rato, depositó la botella en la arena entre las dos tumbas, volviendo a colocarle el tapón de corcho y casi rompiendo el vidrio en el proceso. Estaba ligeramente mareado. Sus ojos grises se detuvieron entonces sobre la pipa y el pequeño saco de tabaco. El tabaco era, como todo marinero sabía, una de aquellas provisiones que todo barco debía tener siempre, por lo que pudiera pasar. El dinero a veces podía fallar, pero mercancías como aquella, jamás. Incluso las tripulaciones sin fumadores, como la suya, sabían que era buena idea llevar algo de tabaco y alcohol siempre a bordo. El sol, aunque había bajado un poco, continuaba brillando con fuerza. La sombra del acantilado se había vuelto algo más alargada, las arrugas sobre las imponentes paredes de roca volviéndose más pronunciadas. Los pájaros de la jungla continuaban cantando, metidos en sus quehaceres. Los buitres continuaban surcando los aires en círculos perpetuos. Poco a poco, el olor a whisky que emanaba de las tumbas se desvanecía, aunque jamás parecía terminar de irse del todo. Stroud tomó la pipa, hermosamente tallada con la forma de una orca. La cola del animal se enrollaba y se fundía con la caña. La había comprado, de forma extraña en él, por un mero capricho, siquiera sin la intención de darle uso. En aquel instante, sin embargo, tomó el saquito de tabaco y vertió un poco en la cazoleta. Una vez más, era algo que no había hecho jamás, que solo había visto hacer a otros, sobre todo durante su estancia en Roshwan. Pero lo había visto suficientes veces como para intuir el funcionamiento del proceso. Durante su compra de provisiones, el mercader de Whisky Peak le había vendido aquel tabaco como Red Peak Blend, una mezcla oscura fermentada en barricas de whisky, de golpe inicial fuerte, y le había asegurado que tenía notas de madera, alcohol viejo y humo. Le costaba creerlo.
Lo presionó con el pulgar, prensándolo en el interior de la cazoleta, y volvió a cerrar el saquito. Cuando consideró que aquello estaba listo, sacó una pequeña cajita de fósforos y encendió uno. Se lo tomó con calma, dejando que la llama se asentase, para luego encender la misma pipa. El humo no tardó en empezar a fluir. Tosió, mientras se le saltaban las lágrimas, y algo en su interior se alegró de que no hubiese nadie allí que viese tan lamentable espectáculo. Dio una calada pausada, volviendo a toser, y lo volvió a intentar. El humo salía pausadamente, formando una delicada estela, del lomo de la orca. Stroud dejó salir el humo, saboreándolo. La sensación era espantosa, ¿por qué nadie haría aquello por gusto? Pasó el rato, y el Marine permaneció allí, frente a las tumbas. La estela de humo continuó flotando en el aire, imperturbable. De cuando en cuando, Stroud daba alguna calada más a la pipa, intentando encontrar aquellos sabores de madera y alcohol que le había garantizado el vendedor. El del humo, desde luego, sí que lo encontraba. De cualquier forma, había algo disfrutable en aquello, algo casi meditativo. Se llevaba la pipa a los labios, daba una calada y saboreaba el humo, todo en silencio. El único sonido era el del tabaco quemándose lentamente al contacto con el aire en el interior de la cazoleta. Con cada inspiración, reflexionaba. Pero lo que había ocurrido en aquella playa ya no se le venía a la cabeza, no; los pensamientos intrusivos habían desaparecido. Pensaba en la Justicia, en cómo acabar con todos los horrores que asolaban los mares, y, sobre todo, en la necesidad de una Marina fuerte y capaz de enfrentarse a todo aquello. Una Marina que abandonase su lugar reactivo y pasase a la más absoluta de las ofensivas.
En algún momento, ensimismado en sus pensamientos, Stroud se dio cuenta de que la luz del sol empezaba a volverse sospechosamente rojiza. Se había hecho tarde, quedaba poco para el atardecer. Hacía rato que la pipa se había apagado; ya no salía humo ninguno. La vació sobre la arena, dejando que cayesen restos de carbonilla, y se leventó con pesadez. Guardó la pipa y el saquito de tabaco en el bolsillo interior de su abrigo. Volvió a colocar las manos tras la espalda y, alzando ligeramente el mentón, observó las dos tumbas por última vez. Decidió dejar la botella allí mismo, aún a medias, esperando que, si alguien la encontraba en aquel lugar dejado de la mano de los dioses, supiese que era para compartir. Asintió con la cabeza para sí, en silencio, y puso rumbo de vuelta hacia el Royal Quiver. Había cosas que hacer.

![[Imagen: 7oac6oR.gif]](https://i.imgur.com/7oac6oR.gif)
![[Imagen: pDWijAU.png]](https://i.imgur.com/pDWijAU.png)