18-01-2026, 05:14 AM
(Última modificación: 18-01-2026, 05:17 AM por Hyákinthos.)
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“Cuida el barco temporal.
O eso me gustaría decir, pero sé que estarás dormido como hasta el mediodía.
Fuera de bromas, salimos a buscar provisiones.
Si por casualidad despiertas, en la cocina quedó comida que puedes calentar, yeah~
No quemes nada.
Aunque tal vez lleguemos antes que abras los ojos.”
O eso me gustaría decir, pero sé que estarás dormido como hasta el mediodía.
Fuera de bromas, salimos a buscar provisiones.
Si por casualidad despiertas, en la cocina quedó comida que puedes calentar, yeah~
No quemes nada.
Aunque tal vez lleguemos antes que abras los ojos.”
Normalmente la última frase de la nota se habría cumplido al pie de la letra, pero esta mañana su pesado sueño se vio interrumpido por la imperiosa necesidad de nutrir su cuerpo. Su estómago empezó a rogarle por algo de comida y el dolor que el hambre trajo consigo lo hizo abrir los ojos, molesto y fastidiado consigo mismo por haberse saltado la cena la noche anterior y, ahora, sufrir las consecuencias de esa falta de comida, pero…a veces le sucedía, cuando por un “bien mayor” se quedaba tan metido en sus estudios que no existía para él nada fuera de lo académico y sí, más de una vez había cargado con las consecuencias.
Y así fue como, su rutina del medio día pasó a ser realizada con las primeras luces del día, aunque, claro, no sin antes renegar medio adormilado, sea como sea, esa fue la razón por la que terminó leyendo la nota que, seguramente, la cocinera dejó más por cortesía que por necesidad.
Hablando entre dientes, maldiciendo su “mala suerte”, caminó hasta la cubierta del barco y respiró el aire limpio de la costa y dejó que el viento fresco se colara bajo la holgada tela de su camisa blanca, deteniéndose, no para admirar el amanecer ni el paisaje rocoso de Whisky Peak, si no con la esperanza de que la frialdad de la mañana lo ayudara a quitarse el sueño que la ducha no terminó de sacarle de encima.
Por supuesto, no funcionó.
Entonces se resignó a calentar la comida que la cocinera mencionó en su nota, aun con el riesgo de quedarse dormido en medio de la cocina, así que caminó por la silenciosa cubierta del barco hasta llegar al sitio en el cual entró enseguida, para luego escanear el lugar con su mirada y darse cuenta de que, sobre la estufa, había una sartén con huevos revueltos, otra con tostadas y una olla con algo que parecía café. Una comida sencilla…no podría arruinarla ¿O sí?
Bueno, no es que fuera su intención quemar nada, así que cuando encendió la hornilla se decidió a quedarse parado a un lado de la estufa para evitar accidentes. Ese era su plan, nada podía salir mal o eso creyó.
Primero fueron unas pisadas en la arena, las cuales escuchó al haber dejado las ventanas y la puerta de la cocina abierta de par en par, y, luego, esas pisadas se escucharon en la madera de su propio barco, demasiado cercanas a él como para no prestarles atención…No…no eran solo pisadas, estaba más que consciente que escuchó una voz masculina llamándolo por su nombre…aunque mal pronunciado. Eso último lo hizo fruncir el ceño.
El conjunto de acciones lo llevó a girarse sobre sus talones y a dejar a un lado el desayuno que antes procuró no quemar, pero que ahora pasaba a segundo plano, cuando prefirió buscar en los bolsillos de su pantalón un par de guantes de combate que se ajustó a las manos antes de salir a recibir, a la defensiva, a quien sea que lo estuviera llamando.
—Te escuché —. Fue lo primero que dijo cuando salió de la cocina hacia la cubierta para encontrarse con aquel que decía haber viajado antes con él…Momento… ¿Sería posible que fuera alguien de su vieja tripulación? ¿A los que vendió a la marina hace años? Se maldijo mentalmente y mordió con fuerza su labio inferior al pensar en la posibilidad de haber sido tan poco cauteloso al salir como si nada cuando frente a él podía estar un enemigo, pero, en cambio, cuando alzó su vista para ver a quien decía necesitar su ayuda, solo pudo parpadear confundido.
—¿Ah? ¿Lo hicimos? ¿De verdad viajamos juntos? —Sin acercarse aún al hombre, lo analizó desde su lugar solo para terminar con un leve rubor en sus mejillas al notar lo atractivo que el otro le parecía. —Estoy seguro de que recordaría a un hombre tan guapo de haber viajado con él —dijo, por desgracia, lo bastante alto para ser escuchado, después de todo, tenía la costumbre de pensar en voz alta de vez en cuando. —No…es decir…olvida eso...En verdad ¿Quién eres y por qué entras a este barco con tanta confianza?
Alzó una ceja y esta vez si que se acercó más al hombre, a fin de cuentas, creyó que si lo hubiera querido matar lo habría podido hacer cuando salió de la cocina tan descuidadamente, aunque aún tenía sus defensas arriba, por si, en cualquier momento, se veía en la necesidad de atacar, pero, ahora no era la desconfianza lo que lo movía, si no una curiosidad peligrosa, una que solo mermó cuando las palabras sobre la isla de Karate y la inmortalidad le hicieron pensar que, tal vez, solo tal vez, si conocía a quien tenía frente a él…aunque no pudiera ponerle un nombre aún.
—Jmmmm…Inmortalidad, eso lo recuerdo, estoy estudiando un tipo de medusas que son casi “inmortales”, por decirlo de alguna manera ¡Ah! Espera… ¡¿Cocinero?! —¡Bingo! Algo hizo “click” en su cerebro cuando recordó con exactitud lo que él mismo anotó en su libreta semanas atrás, unas pocas palabras sueltas que se habían convertido en una investigación que avanzaba con lentitud, demasiada lentitud para su gusto, pero habían pasado tantas cosas desde ese momento que no es que hubiera podido dedicarle demasiado tiempo a ese tema. —¡Te recuerdo! Bueno…no…pero recuerdo tu investigación.
El médico sonrió y se permitió relajarse al punto de terminar recostándose en el barandal del barco. Para este punto había olvidado por completo la comida que calentaba en la cocina, de hecho, ni siquiera fue consciente del olor a quemado que empezó a extenderse ¿Por qué? Porque a su pésima memoria había que sumarle un pésimo olfato.
—¿Podrías decirme tu nombre una vez más? Y yo te recuerdo que no tienes que llamarme por mi nombre completo, ni siquiera sabes pronunciarlo bien —. Su manera de hablar era casual, casi aburrida, pero con un tono relajado que dio a entender que su actitud defensiva del inicio había quedado atrás. —Ah…y ¿Por qué necesitas mi ayuda? ¿Es algo sobre tu investigación o…hay algo más de por medio? Espero que sea algo de mi interés, porque si no... —Dejó sus palabras a medias cuando sintió que respirar le estaba costando más de lo que debería y que, el aire, en general, se sentía más espeso, además, sus ojos le picaban y empezaban a ponerse llorosos, casi como si estuviera en medio de...—¿Eh? ¿Por qué hay…humo?
