[Auto de fabricación][Presente Absoluto] Preparándose para lo que depara el futuro
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Día 36 de Primavera, Año 17

El joven arquero se encuentra aún asentado en Little Garden junto a sus compañeros de división, habiendo visto sus planes frustrados cuando trataron de atrapar a unos piratas y tras un encuentro con una de los objetivos en mitad de la jungla, momento en el que por las circunstancias no pudo arrestarla tampoco, más que nada porque no tenía medios para contenerla y tampoco tenía forma de neutralizarla sin matarla con las circunstancias del momento. Tras esos dos sucesos el joven se detiene y deja de avanzar ciegamente sin planificar y con armamento desfasado a la hora de pelear, siendo que necesita una forma de incrementar su daño, aunque sea en una pequeña porción, necesita algo que le dé más potencia, y por mucho que buscara en tiendas hasta el momento no ha podido encontrar nada que modifique considerablemente las cosas, siendo que los arcos tienen diferentes potencias en función de su calidad, pero en lo que se refiere a flechas no hay mucho donde elegir, solo encuentra flechas al uso de daño base. Durante unos días tras su encuentro con la pirata Maki y descubrir ciertas cosas que le hacen ve que más adelante puede llegar a tener complicaciones, además de la continua y persistente idea en el fondo de su mente de que los que atacaron a su familia acabarán por venir a por él en cuanto descubran que sigue vivo para terminar el trabajo.

El joven se sentó en un árbol que es donde suele estar más calmado y tranquilo, y donde suele tener más facilidad para planificar movimientos, técnicas y, como es el caso de la actualidad, diseñar y planificar la fabricación de nuevas municiones. Obviamente no va a fabricar nada encima de un árbol, no tiene estabilidad, espacio o herramientas a mano para hacer todo el trabajo, pero la parte de cálculos, diseño y establecimiento de los materiales necesarios y la cantidad total necesaria de cada uno sí lo puede hacer allí ya que únicamente necesita un cuaderno y algo para escribir. El joven pelirrojo tiene una pierna colgando de un lateral de la rama que eligió para sentarse teniendo en cuenta su peso, pues la rama debe tener un grosor y una resistencia mínimas para que aguante el peso del arquero mientras dibuja y calcula tranquilo, lejos de amenazas y de la vista de posibles enemigos sueltos por la isla. Cada vez que el joven empieza a planificar sus flechas y armas, mucha gente se sorprende de que un marine haga eso en lugar de simplemente comprar lo que necesita, pero Bertram no siempre fue marine, y aprendió desde pequeño que hay ocasiones en las que tienes que valerte por ti mismo para hacerte con tus propias municiones, mayormente cuando las flechas escaseaban o la caza se complicaba por la aparición de una amenaza que tenías que eliminar por tu cuenta una vez se terminaron tus flechas al cazar la presa objetivo.

Inicialmente simplemente afilaba lo suficiente una rama para que atraviese el ojo de la amenaza haciendo que huya por miedo a una herida más grave, sin embargo conforme fue estudiando y fue desarrollando sus conocimientos fue viendo que hay varias formas de construir municiones, concretamente las flechas son las más simples al simplemente necesitar una punta afilada y una forma de unir la punta al astil, añadiendo una pluma o emplumado para equilibrar su vuelo, además de un culatín donde apoyar la cuerda del arco. Que supiera eso no implicaba que pudiera fabricarlas, pero por lo menos le ayudó a planificarse y desarrollar las habilidades necesarias para poder fabricar mejores flechas. El joven decide modificar ligeramente las flechas, concretamente la punta de las mismas, dándoles una nueva forma un tanto peculiar para incrementar su capacidad de perforación y el daño causado, además de que con esa forma busca facilitar el añadir un sangrado más severo al objetivo, con la intención de mermar sus fuerzas de forma pasiva. El siguiente paso sería mejorar su arco y algo que incrementara su precisión, así como su destreza, aunque sea una de ellas, pero preferiblemente ambas. Los movimientos de  su mano, al dibujar su idea de cómo resultarán las flechas y los cálculos de materiales, posibles efectos secundarios al impactar y daños, así como un estimado de tiempo para llevar a cabo la fabricación total de todas las flechas que tiene en mente, son rápidos y precisos, casi cómo si hubiera hecho eso tantas veces que se volvió algo natural en él. Evidentemente es cierto, desde que se decidió a encontrar la forma de mejorar sus capacidades de crear flechas dedicó mucho tiempo a la planificación y preparación, tanto que se volvió algo tan natural como respirar para él.

Junto a él se encuentra su arco y un carcaj lleno de flechas, no porque planee atacar a nadie, pero por la naturaleza propia de la isla considera apropiado ir armado para poder defenderse en caso de que sea necesario. Sus ojos permanecen fijos en el papel, haciendo un diseño lo más preciso posible de su idea y anotando no solo los materiales, sino lo que necesita para poder llevar a cabo su idea, siendo que para las puntas necesita una forma de moldear el metal. Por fortuna la isla cuenta con un lugar idóneo para ello, un lugar donde poder improvisar un horno de forjado de forma segura y rápida. Una vez el joven logra tener calculado al detalle todo lo que necesita salta de lo alto de la rama con todo bien sujeto y se rasca tras la cabeza antes de partir pensando

-Solo espero encontrar todo lo que necesito en la isla y no tener que aplazar la fabricación de mis flechas.-

Los pasos del joven son pasos de alguien acostumbrado a caminar por bosques de forma calmada y natural, siendo algo que adquirió de tanto adentrarse en el bosque de su isla natal a cazar en solitario, tanto por entrenamiento, trabajo o por su cuenta, siendo que algunas veces solo iba al bosque a tumbarse en un árbol y sentirse uno con la naturaleza. Así es que desarrolló su facilidad para observar el entorno y percatarse de detalles ocultos o criaturas escondidas, de tanto vivir en el bosque y observar lo que le rodea con toda tranquilidad. Si fuera espadachín o usara un hacha podría simplemente tumbar árboles hasta hacerse con toda la madera que necesita, pero con flechas eso está complicado por lo que se dedica a moverse por todo el lugar, marcando el camino para no perderse, y recogiendo toda madera que encuentre y pueda servir para su objetivo, luego se encargará de la forma y pulir el resultado final. Por suerte en el momento que se mueve, en su zona no aparece ninguna de las múltiples amenazas de la zona, desde los animales y plantas del lugar, como los gigantes que se supone habitan la isla. Hubiera sido ideal tener a su hipopótamo con él, pero entre el calor y lo estrecho del camino no hay como lograr que Rasmussen se adentre en ese bosque por lo que el arquero lo está haciendo todo por su cuenta.

Poco a poco y con calma va consiguiente más y más madera, y aunque no tiene cómo llevar demasiadas ramas caídas y otras fuentes de madera encima, sí encontró un lugar idóneo para guardarlo todo y hacer luego lo que necesita, sin necesidad de desatender parte de sus materiales. Con eso en mente el pelirrojo recoge lo que puede de madera por el bosque y luego lo guarda en el mismo lugar, incrementando poco a poco la cantidad de madera que tiene disponible mientras mantiene todos sus sentidos atentos a los sonidos del bosque, para que en caso de que algún animal decida ir por la zona poder esconderse y no llamar la atención más de lo que puede hacerlo un humano cargando madera en esa isla donde todo parece ser de escala gigante.

El joven no recoge simplemente la madera de forma descontrolada, no, eso sería poco eficiente y productivo, ya que podría pensar que tiene suficiente y no llegar ni a la mitad, o pasarse de madera y conseguir más de las que necesita, en cuyo caso no sabría qué hacer con las sobras. Al estar metido en un bosque frondoso, apenas y puede ver el sol por lo que no sabe exactamente cómo va avanzando el tiempo, y eso no es del todo bueno, pues construir algo de noche es peligroso, primero por falta de visibilidad y cansancio por falta de descanso, segundo porque la luz que se producirá en parte del proceso podría atraer a amenazas. Con eso en mente el arquero de la división 60 decide avanzar rauda pero cautelosamente, no quiere que las prisas hagan que se vea en una situación de peligro o acabe cayendo en alguna trampa natural, pero tampoco pretende que la falta de presteza provoque que la noche lo alcance y tenga que dejar la recolección para el próximo día. Por precaución el joven buscó una zona cercana al agua, pues en caso de que la cosa se alargue le conviene tener una fuente de agua para hidratarse, aunque lo guarda todo a una distancia prudente pues los animales seguramente irán allí tomándolo como su abrevadero.

Lentamente y con parsimonia el joven artesano de la marina va reuniendo la madera necesaria, y debido a su tremenda suerte, de vez en cuando encuentra unas piezas de acero que también va a necesitar aunque en menor cantidad. En una de sus incursiones buscando materiales tiene que esconderse dejando pasar a un grupo de jabalíes por la zona que justamente iba a investigar, no quiere tener que malgastar flechas cuando puede simplemente evita la pelea. Una vez pasada la amenaza, el joven vuelve a la carga, cargando la madera que encontró hasta el punto, y mientras lo hace se percata de que a ese ritmo no podrá acabar a tiempo, además no lleva suficiente comida encima para aguantar varios días fuera del barco por lo que decide cambiar de idea, llevar todos los materiales al barco y hacer el horno en la playa, cerca del barco, y aprovechar la proximidad al mismo para poder comer, hidratarse y descansar sin riesgo de que una criatura lo ataque.

El joven arquero hace un recuento de la madera que tiene, siendo que parece tener ya casi tres cuartas partes de lo que necesita por lo que se aleja de la zona llevando lo que puede de madera y lo va acumulando en un lugar seguro, en una zona donde podrá agilizar el proceso de transporte una vez tenga todo junto. En cada viaje el joven permanece atento a posibles amenazas y también por si encuentra más materiales, siendo que no se da ni lo uno ni lo otro, siendo un total de cuatro viajes tranquilos pero cargados. Una vez acumula todos los materiales en la misma zona lleva sus dedos a la boca y lanza un silbido agudo que hace que se escuchen pasos apresurados en la distancia, pesados como si se tratara de algo o alguien de gran tamaño. Mientras espera Bertram tararea la canción que cantaba Titta cada vez que cocinaba, una melodía que se le quedó grabada en la mente al joven marine. Al poco tiempo una enorme criatura peluda aparece en el lugar, una especie de hipopótamo de pelaje blanco que acude al llamado de su dueño con alegría y presteza, dispuesto a ayudar.

Una vez Bertram termina de acariciar las orejas de su mascota, empieza a cargar la madera en las amarras del hipopótamo y a improvisar amarras para aquellas que no entran en las mismas hasta que todo está a lomos de la criatura y empiezan a moverse calmadamente hacia el barco, no hay amenazas en la zona y Bertram no piensa ponerse a recolectar más madera de momento. Los pasos calmados del arquero y su mascota van hasta el barco, donde el pelirrojo deja toda la madera en cubierta y regresa a la isla junto a su bestia, siendo que esta vez la criatura cargará con los materiales desde un inicio, salvo que decida ir hacia la zona volcánica, la temperatura del lugar seguramente no sea adecuada para una criatura con semejante cubierta de pelo. Bertram avanza hacia el bosque a lomos de su compañero Rasmussen mientras anota algunos detalles y observa el entorno, atento a cualquier movimiento o cualquier trozo de madera que pueda servirle para lo que pretende. Poco a poco va avanzando por una nueva zona del bosque, marcando el camino como aprendió a hacer en su época de cazador para evitar perderse en una zona desconocida, pero si tiene información del bosque es capaz de moverse por el mismo como si hubiera crecido en él.

Gracias a llevar a su montura puede agilizar bastante el trabajo, siendo que va colocando la madera que va encontrando en una bolsa que preparó para ello, dejando otras tantas par el resto de materiales, mayormente acero. Mientras recolecta la madera el joven arquero va cantando una melodía que recuerda de su infancia, la cual le ayuda a concentrarse y a calmarse aunque la mayoría de veces lo hace en silencio, siendo que solo la escucha en su mente, usando el recuerdo de la voz de quien le enseñó la melodía para mayor efecto. Por fortuna sigue sin encontrarse con ninguna criatura violenta por la zona, algo que le extraña pues no es normal que en un bosque no encuentres bestias, pero no indagará en ello de momento, es algo que realmente le beneficia cara a su objetivo. El joven tiene también en cuenta el tiempo, no pretende pasar la noche construyendo ni recolectando, sino que si llega la noche descansará hasta el día siguiente. Los ojos del marine se fijan en todo el lugar, atento a cualquier señal de peligro, madera o acero, algo que aprendió de tanto fijarse en el comportamiento y los movimientos de sus presas antes de hacerse marine, y de estudiar los hábitos y los rastros que suelen dejar los animales en el bosque.

En el momento que decide empezar a recolectar ya baja de encima de Rasmussen y camina junto a él, recogiendo la madera que necesita y guardándola al mismo tiempo que estudia el lugar, las señales de posibles animales y memoriza el camino. A la vez que se va preparando para sus nuevas flechas, maldice las actitudes egoístas y cargadas de orgullo del lunarian que complicó el encuentro con Sohem, y al mismo tiempo planea tomar un tiempo para entrenar lanzamiento de flechas, buscando mejorar su velocidad y precisión de disparo para potenciar su impacto y su capacidad de reducir enemigos de forma más eficiente. Pese a que eso también le viene bien lo dejará para otro momento, por ahora lo que toca es recolectar materiales y construir sus flechas. El tiempo va pasando y el joven arquero ya ha logrado reunir toda la madera que necesita en un entorno sospechosamente tranquilo, donde los únicos sonidos que logra escuchar son sus pasos, su tarareo y el viento en las hojas de los enormes árboles, pero ni señal de animales o bestias, algo que su alma de cazador encuentra terriblemente sospechoso. Sea como sea el joven deja al hipopótamo lanudo en una zona segura antes de adentrarse en la zona donde seguramente pueda encontrar lo que necesita de acero, un lugar cuya temperatura ya juega una mala pasada al joven arquero como para enviar a una criatura adaptada al frío como el walkie blanco que sirve de apoyo al contramaestre Gaufrid.

El marine está decidido a acabarlo todo en un solo día, no quiere tampoco atrasar a sus compañeros por no organizarse bien por lo que acelera el paso y se mueve con mayor agilidad, pero igual precaución camino a la zona volcánica, pues si hay acero en la isla esa es la zona más probable de encontrarlo. Tras unos minutos moviéndose sin más, Bertram se detiene al escuchar unos movimientos que no reconoce por las proximidades, siendo seguramente alguna de las criaturas que habitan la zona o alguno de los gigantes que se rumorea habitan la isla, en cualquier caso el arquero de la división 60 se mueve a una zona oculta entre arbustos y árboles y permanece completamente inmóvil, viendo pasar a una especie de lagarto enorme sin tener intención de atacarlo ni ser atacado por él.  Una vez está completamente seguro de que la criatura se alejó y ya no representa un peligro sale de su escondite improvisado y continúa su camino, más atento que antes pues al aparecer el primer lagarto no sería de extrañar que aparezca un segundo o incluso más tras él. Teniendo en cuenta esa nueva situación, el marine se mueve con mayor rapidez, dejando un poco de lado el tratar de pasar desapercibido para priorizar el agilizar el proceso, precisamente el mismo motivo por el que lleva una bolsa colgada de uno de sus hombros cayendo al lateral opuesto para reunir todo el acero y poder trasportarlo con mayor facilidad.

Llegado el momento, el marine se ajusta el arco a su espalda y las flechas con las que ya pelea para poder defenderse en caso de no poder esconderse como la última vez, pero prefiere no necesitar usar las flechas y acabar la recolección lo más rápidamente posible. Bertram se da cuenta que se está acercando a su destino conforme el calor va aumentando y empieza a sudar cada vez más, sabiendo que es mejor apresurarse y evitar pasar demasiado tiempo expuesto a esa temperatura, para lo cual agudiza la vista y presta aún más atención si cabe al entorno en busca de cualquier cantidad de acero que pueda encontrar. El joven se mueve raudo por la zona, evitando los accidentes geográficos más peligrosos e investigando aquellos que son relativamente seguros, pues seguramente es donde pueda encontrar la mayor cantidad de acero. El joven toma precauciones para evitar cortes y quemaduras, siendo que toma las planchas de acero tras asegurarse que son lo más puras posible y que no están demasiado calientes como para poder llevarlas en la mochila improvisada. Con la rapidez y precisión de un auténtico artesano el joven arquero logra distinguir las lozas que necesita, y con el cuidado adecuado las va tomando una a una, algunas del suelo a simple vista, otras incrustadas en pequeñas grutas y agujeros, algunas bajo piedras apenas sobresaliendo un extremo que las hizo visibles.

Lo bueno de esa zona es que es más sencillo ver las amenazas acercarse, por lo que el joven marine tendría más facilidad para adelantarse al peligro y escapar, o por lo menos tendría un tiro más limpio y podría asegurarse de acertar cada disparo que necesite hacer. Sus ojos rojos, acostumbrándose cada vez más a fijarse en cualquier detalle, se percatan de algunas grutas escondidas en la montaña cercana, aunque no sabe si son chimeneas del volcán o simples cuevas tampoco tiene intención de invertir tiempo en investigar eso y no poder fabricar todas las flechas que desea. Sus movimientos son ligeros, incluso al ir cargándose de acero no parece afectar a su velocidad y equilibrio, probablemente por su entrenamiento y todo el tiempo que pasó haciendo equilibrio sobre ramas con sus presas colgadas de su cuerpo lo cual cambiaba el centro de gravedad y, por consiguiente, afectaba al equilibrio y la velocidad. Poco a poco, pero a una velocidad considerable, la mochila se va llenando de acero de diversas formas y tamaños, pero eso no es un problema pues se solventará a la hora de la fabricación. Bertram sabe exactamente la cantidad que necesita, y por experiencia es capaz de calcularlo en base a lo que ve y cómo siente su peso, de forma que no necesita una balanza ni llevar los materiales recogidos a que alguien le diga a cuanta cantidad útil corresponde lo que lleva. En realidad, incluso no necesita ni verlo, solo con ir metiendo las lozas de acero que va encontrando al mismo lugar y ver cómo va modificando la sensación que tiene en el hombro, es capaz de saber cuanto acero lleva y cuando más le hace falta.

A lo lejos se escuchan rugidos de diferentes tonos y volumen, unos parecían ser de un depredador y otros de sus presas huyendo asustadas, pero por suerte está aún lejos y no parecen acercarse por lo que el joven no tiene que preocuparse de verse envuelto en una estampida. Tras aproximadamente una hora y media rebuscando por la zona y recogiendo acero el joven se percata de que ya tiene todo el acero que necesita para lo que tiene planeado hacer de momento. Con eso claro y sabiendo que necesita tiempo y luz para el proceso de fabricación decide regresar por el mismo camino, reunirse con su montura y regresar al barco, al lado del cual haría un horno improvisado para fundir el acero y luego darle la forma necesaria. Bertram se adentra nuevamente en el bosque, dejando atrás la zona volcánica y cada vez notando menos la presión y el sofoco del calor proveniente del volcán y pasando solo al calor normal de la isla. El joven ya se mueve por la zona con naturalidad, sin necesidad de marcas para recordar el camino, siendo totalmente capaz de orientarse en la zona como si fuera su hogar de nacimiento.

Teniendo en cuenta lo que escuchó decide apresurarse y comprobar que Rasmussen se encuentra bien, no por la madera, sino porque no quiere que nada le pase a su compañero. Una vez en el bosque el arquero se mueve incluso más rápidamente a pesar de tener más obstáculos, probablemente debido a estar totalmente acostumbrado a moverse por zonas boscosas desde pequeño, siendo como una segunda casa para él. Bertram regresa a donde se encuentra su montura y la encuentra exactamente en el mismo lugar, sin ninguna señal de estrés o daño, lo cual hace que el joven artesano sienta un enorme alivio pues a pesar de estar casi seguro de que no le habría pasado nada no pudo evitar pensar en la peor opción.

Al asegurarse que está todo en su sitio, Bertram ata la mochila con el acero a una zona libre en las alforjas del walkie y se monta en su lomo para poner rumbo de regreso al barco donde se pondrá inmediatamente manos a la obra para fabricar sus flechas. El hipopótamo se mueve con parsimonia, siguiendo el ritmo marcado por Bertram dentro de sus posibilidades. Poco a poco el objetivo del marine está acercándose, solo queda darle forma a sus ideas y tendrá un gran beneficio a largo plazo para poder incrementar su poder de combate. Paso a paso el marine se acerca a la costa, y con ello a salir de aquél bosque donde hay más peligro que en la costa, aunque la costa no está exenta de peligro no es tan frecuente que los animales se alejen tanto del bosque. Una vez el walkie sale del bosque se dirige directamente a la zona del barco, y se detiene al lado del mismo, esperando instrucciones de Bertram, quien baja de su lomo y entra al barco rápidamente a por algo de comer para él y para Rasmussen así como agua para ambos también.

Una vez tiene eso sale del barco con la misma velocidad con la que entró y primero coloca la comida y el agua en dos recipientes para su montura, para luego empezar a formar el horno que necesita, siendo que para tal fin empieza a cavar en la arena, alejado del mar y con cuidado para no cavar demás y hacer que se inunde el lugar que le servirá de horno. Cada tanto tiempo de cavar compacta la arena en los laterales y toma piedras de la zona para ir formando una pared resistente y que contenga el calor y lo direccione a donde lo necesita. Mientras trabaja el joven silba alegremente una melodía, despreocupado y  relajado sabiendo que las probabilidades de que alguna bestia le ataque en este momento es prácticamente nula.

Poco a poco la estructura va tomando forma, el lugar deja de ser una simple playa para ser una forja improvisada, pero igualmente a futuro el joven marine intentará hacerse con un taller propio para trabajar mejor, siendo que irá dentro de su barco. Una vez tiene la estructura hecha comprueba varias veces para asegurarse de que está construida de la forma correcta y que no tiene huecos ni nada por donde podría perder calor, la eficiencia es esencial en este tipo de situaciones. Una vez está total y completamente seguro de que no habrá pérdidas empieza a llenar la parte baja de ramas, hojas secas, paja y saca un recipiente de aceite de su bolsillo y lo  va vertiendo entre capas de ramas y hojas, impregnando todo de aceite para primero, facilitar que prenda, segundo hacer que el fuego sea más fuerte y dure más. Una vez hecho eso tira una cerilla para que prenda todo y controla que la temperatura sea la adecuada, aunque realmente cuanto mayor sea la temperatura mejor. En lo que el fuego se va asentando el joven marine toma un barril, lo llena de un líquido hecho para la forja, y lo coloca cerca del horno improvisado, antes de sacar varios recipientes y bandejas, y algunos moldes concretos. Una vez tiene todo preparado saca el acero de la alforja y lo va colocando sobre una bandeja hasta que está completa y la coloca dentro del horno para que empiece a derretir el acero, asegurándose de que la bandeja resista más que el acero.

Mientras deja el fuego hacer su trabajo, el joven arquero toma toda la madera y le va dando la forma necesaria para el astil de las flechas, siendo muy cuidadoso y detallista con ello, el más mínimo cambio afectaría a la funcionalidad de la flecha y su eficiencia. Aprovecha sus propias flechas para ir tallando las maderas en el tamaño y la forma que necesita, repitiendo el proceso para todas y cada una de las flechas que pretende hacer. Muchos de los que aprendieron a cazar con Bertram no se tomaban esas molestias, simplemente compraban sus municiones y seguían su camino, pero el joven arquero decidió dedicarle tiempo a hacer sus propias flechas, incluso sabiendo lo engorroso que sería y que tomaría tiempo, paciencia y dedicación no solo conseguir hacer una flecha, sino perfeccionar las que haga hasta tener alguna que fuese totalmente útil. Muchos pueden pensar que el pelirrojo no está pendiente del acero, pero nada más lejos de la verdad, no necesita estar mirando continuamente el horno para saberlo, ha hecho eso tantas veces que ya calcula el tiempo con facilidad por lo que cuando sabe que está el acero en su punto ya tiene un par de astiles preparados para formar la flecha, por lo que apoya las maderas listas en los moldes que tiene y vierte el acero fundido encima, haciendo que tomen la forma de la punta que desea, rodeando la madera y de esa manera haciendo que la flecha esté completa. Tras eso toma el molde con cuidado, usando una tenaza para ello, los hunde uno a uno en el barril para que el metal se enfríe y se solidifique formando la flecha que necesita.

Una vez lo tiene hecho da un golpe seco en el lateral del molde con un martillo para hacer que la flecha se separe, repitiendo el proceso con cada flecha que crea antes de volver a colocar otra tanda de acero al horno y volver a las maderas. El proceso puede ser engorroso, lento y con una cantidad baja de producción, pero por lo menos te aseguras de que la munición se ha realizado de la forma que deseas, se ha tenido cuidado con los materiales y no se ha mezclado nada que no debe estar en la fórmula. Y esto es solo para flechas de acero, el joven ya está buscando formas de hacer otro tipo de flechas, que puedan añadir un daño extra tanto elemental como de otras formas, pero eso es un plan a largo plazo que no afecta al presente. También tiene en mente hacer equipo que le ayude en combate sin ser un arma, sino miras o lentes que le permitan tener una mayor precisión. El joven sigue repitiendo el proceso de las flechas lentamente, ya que apenas y tiene un par de moldes y el horno improvisado no es demasiado grande por lo que tiene que ir despacio en lo que produce.

Los ojos del joven se fijan en todo detalle, tanto de las maderas al tallar el astil, como de las puntas cuando están terminadas, necesita una precisión total en el resultado para que las flechas hagan todo el daño necesario, siendo que este diseño en concreto está hecho para aumentar el daño y facilitar la generación de un sangrado más complicado de detener, ya que hace una herida más profunda y no lineal, y más cuando lanzan las flechas como lo hace algunas veces el joven pelirrojo que avanzan girando sobre su propio eje, resultando en que este tipo de puntas haría el efecto de taladro en el enemigo. Pese a tenerlo todo ya en marcha el joven no descuida el fuego, pues si bien el aceite ayuda a que la llama dure más y tenga algo más de fuerza, si algo aprendió el joven a lo largo de prueba y error es que no es eterno, y aunque el fuego siga si lo descuida no tendrá la potencia que el artesano necesita de forma que además de los materiales para las flechas tiene a mano una buena reserva de hojas, ramas y grasa o aceite, siendo ambas buenas opciones para mantener el fuego.

El joven arquero observa como de vez en cuando sus compañeros asoman por la borda del barco a observarle trabajar, sin detenerse, sin descuidar su trabajo, pero tiene la suficiente maestría para poder observar el entorno de vez en cuando sin que eso afecte a la calidad del resultado. Bertram va reavivando el fuego cada vez que nota que la temperatura empieza a bajar, todo mientras sigue repitiendo una y otra vez el mismo proceso, preparar el astil, colocarlo en los moldes y verter el acero fundido para luego enfriarlo y retirar el molde, dejando la flecha hecha, a la espera de afilarse y pulirse para completar el trabajo. Debido a lo agotador y exigente que llega a ser este tipo de trabajo el joven se seca la frente con frecuencia del sudor y se hidrata bastante, pero pese a todo ello no piensa rendirse, piensa seguir construyendo sus armas y municiones siempre que lo necesite y no depender de encontrar lo que quiere o buscar a alguien que se lo haga. Poco a poco el joven va terminando las flechas, con calma, paciencia y dedicación el joven termina todas las flechas que pretendía hacer en esta tanda, siendo que para futuras ocasiones planificará algo mejor o lo hará a partes, una tanda de cada vez, incluso separando tipos en distintos momentos para evitar confundirse y mezclar métodos de fabricación y dañar una tanda de flechas. Una vez el contramaestre Gaufrid tiene las flechas ya hechas lo primero que hace es tomar agua del mar y apagar el fuego para evitar un incendio accidental por descuido, luego se sienta junto a su montura y con una pequeña herramienta empieza a repasar los filos de cada flecha asegurándose de que estén bien afilados y listos para usarse, y luego da una pulida a las puntas para eliminar cualquier impureza que pueda dañar la flecha antes de su uso.

En esos momentos el joven aprovecha para ir pensando en ideas para municiones, aparatos auxiliares para su arco o simplemente para incrementar su precisión, y formas de mejorar la eficiencia de su arco. También añade los plumones a las flechas, empleando plumas que guardó del encuentro que tuvo en Whiskey Peak con un molesto pájaro que quería comerse a la joven que le recuerda a su amiga Titta, desplumando a la criatura tras matarla sin dudarlo un solo instante. El joven sabe que no es buena idea simplemente mezclar las flechas, eso sería la receta para desperdiciar algo en lo que le llevó bastante tiempo y trabajo conseguir, pero no preparó materiales para un carcaj por lo que no le queda más remedio que llevarlas todas juntas y prestar atención a la hora de usarlas. Por fortuna no desplumó solo a una bestia emplumada, sino a dos, de diferentes colores por lo que el joven usa unas plumas amarillas para la primera tanda de flechas, y plumas rojizas para la segunda tanda, las cuales estuvieron un tiempo enfriándose en el molde antes de ir al barril para solidificarse del todo. Una vez el joven finaliza todo, recoge todo lo que no sea propio de la zona, retira los restos de lo que fue la hoguera al ser dañino para el ambiente y cierra el agujero, de forma que no parece que hubiese ocurrido nada en la playa. Una vez lo tiene todo recogido se sube al barco junto a Rasmussen y se dirige a un rincón a acostarse y descansar un rato.

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[Auto de fabricación][Presente Absoluto] Preparándose para lo que depara el futuro - por Bertram Gaufrid - 19-01-2026, 12:01 AM

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