19-01-2026, 01:32 AM
Narrador / María Merlot
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En algún lugar inhóspito de la isla.
Un ave…
Plumas…
Y una fila de dientes muy afilados.
¿Qué clase de fauna había en ese lugar?
Plumas…
Y una fila de dientes muy afilados.
¿Qué clase de fauna había en ese lugar?
Ella no lo sabía, ni que fuera exploradora pero lo que si podía discernir con claridad es que un mordisco de ese pato mutante le arrancaría un trozo de carne, y quien sabe, tal vez la infectaría de algo muy contagioso que la enviaría a cama por el resto de su estancia en Whisky Peak. Eso no le gustaría a Hyakinthos, a él no le gustaba verla herida, ni a nadie de la tripulación… si al caso vamos, porque su corazón era así de grande y bondadoso.
— … escuche que habían unas nutrias muy deliciosas por el oeste — señalo al este, ella no sabía nada de geografía ni ubicarse. Dio otro paso atrás mientras hablaba, el pato volvió a dar un paso hacia ella — … ¿vas a comerme? ¿a mí? ¿qué nunca me he comido un pato? ¡Estas siendo justo! — lo señalo con el dedo indice como si el animal pudiera entenderla. Ella tenia gran parte de su vida (la que recordaba) siendo vegana, sería muy irónico morir a manos de un animal, un animal que nunca probo por respeto a la vida… Internamente se lamentó no haber probado aquel pato a la naranj... ¡NO! No se arrepentía, ella no se apartaría de su camino de consumo consciente, sin maltrato animal ni… esas cosas.
No había nada más que pensar, esa bestia alada no la dejaría en paz, entonces hizo lo más lógico que su cabeza razono: correr. Se giro y empezó a correr hacia donde su vista daba, su largo cabello bailando al viento, y su ropa agitándose con la vertiginosa rapidez. No quiso voltear, pero sabia que el pato la perseguía. Salto unas rocas, esquivo unos cactus, intento esconderse… pero el pato siempre la encontraba, pero nunca la alcanzaba, ella era más ágil — ¿Desde cuando los patos comen peces? ¡Eres una desgracia para tu especie! — gritaba al animal como si la entendiera. Se estaba agotando, seguir corriendo no era opción, quizás si lo pateaba con suavidad se quedaría quieto. No quería hacerle daño al monstruo, aunque por lo que dijeron los ocho piratas de antes, ese animal había estado causando problemas en esa parte de la isla.
— … escuche que habían unas nutrias muy deliciosas por el oeste — señalo al este, ella no sabía nada de geografía ni ubicarse. Dio otro paso atrás mientras hablaba, el pato volvió a dar un paso hacia ella — … ¿vas a comerme? ¿a mí? ¿qué nunca me he comido un pato? ¡Estas siendo justo! — lo señalo con el dedo indice como si el animal pudiera entenderla. Ella tenia gran parte de su vida (la que recordaba) siendo vegana, sería muy irónico morir a manos de un animal, un animal que nunca probo por respeto a la vida… Internamente se lamentó no haber probado aquel pato a la naranj... ¡NO! No se arrepentía, ella no se apartaría de su camino de consumo consciente, sin maltrato animal ni… esas cosas.
No había nada más que pensar, esa bestia alada no la dejaría en paz, entonces hizo lo más lógico que su cabeza razono: correr. Se giro y empezó a correr hacia donde su vista daba, su largo cabello bailando al viento, y su ropa agitándose con la vertiginosa rapidez. No quiso voltear, pero sabia que el pato la perseguía. Salto unas rocas, esquivo unos cactus, intento esconderse… pero el pato siempre la encontraba, pero nunca la alcanzaba, ella era más ágil — ¿Desde cuando los patos comen peces? ¡Eres una desgracia para tu especie! — gritaba al animal como si la entendiera. Se estaba agotando, seguir corriendo no era opción, quizás si lo pateaba con suavidad se quedaría quieto. No quería hacerle daño al monstruo, aunque por lo que dijeron los ocho piratas de antes, ese animal había estado causando problemas en esa parte de la isla.
En algún del pueblo.
Sus pensamientos cambiaron de rumbo cuando vio el pueblo, llegando a un lado baldío del mismo. Se detuvo en seco, no podía continuar… no podía llevar a ese animal carnívoro a un poblado lleno de civiles indefensos: mujeres, niños, ancianos. Así que se giró, haciendo casi un derrape y con su pie derecho, y sin tanta fuerza, golpeo al pato como una pelota, que termino rodando en sentido contrario un par de metros y soltando un lastimero Cuaaaunghas.
¡Catástrofe evitada!
No llego al pueblo, no había nada que lamentar. No soportaría pensar que, por su culpa, la buena gente de Whisky Peak resultaba lastimada. El pato se levanto, y mostró más sus dientes, en sus ojos el enfado era visible; y ella ya no podía darse el lujo de escapar, no con esa amenaza latente… — Habl… — iba a decir algo, entre su respiración entrecortada por la carrera, cuando el tiempo se alentó:
El pato salto hacia su dirección, con su hilera de dientes.
Una flecha paso a su lado, tan rápida que hizo danzar su cabello.
El pato caía frente a ella… muerto.
Una flecha paso a su lado, tan rápida que hizo danzar su cabello.
El pato caía frente a ella… muerto.
Un parpadeo… seguido de otro y otro. María estaba a espalda de dónde provino la flecha, cuando su mirada busco a su salvador… se encontró con la ultima persona que deseaba encontrar pero que curiosamente estaba buscando: El Marine del Foso, Su Autoproclamado Esposo, aquel al que prometió escribir, y cuyas postales llevaba ese día en el bolso para enviarlas a cualquier cuartel de la marina. Por puro instinto de preservación, se movió hacia un lado, dejándolo pasar hacia el cadaver.
Vio su sonrisa, una que ella no pudo descifrar.
Vio el animal del que desmonto… tan grande como Cara Melo.
Vio el animal del que desmonto… tan grande como Cara Melo.
Por un momento la semi sirena se quedo en blanco. Estaba procesando el escenario al tiempo que escuchaba la voz masculina, tan calmada y… confiable. Sus orbes ámbar detallaron su apariencia, si… muy pelirrojo, si… muy sosegado, justo como en el foso. Él era un marine, ella era una pirata… debería estar corriendo, mucho más rápido que cuando el pato dienton la persiguió. Recordó la locura de aquella noche, y como no deseaba ver mas sangre derramada, su hermano jurado Jensen Valentine detesta a los marines y por esa razón, ella había armado todo ese show. Se lo dijo cuando sus ojos se cruzaron aquella noche fatídica “yo… solo espero… no equivocarme… contigo… por favor”. El mundo no era blanco o negro, tenia matices, muchos colores, y no siempre… significaban el lado incorrecto de la historia.
Con su diestra sujeto su bolso, ese donde llevaba las postales. Recordó como escribió cada una de ellas, una promesa hecha en el fulgor de decisiones apresuradas pero que mantendría porque en su corazón era lo correcto, aunque estuviera equivocada, aunque eso le trajera desgracias. A veces sentía que su vida no tenia sentido, que su entorno y realidad estaban lejos de… lo que su esencia realmente necesitaba. Una tienda, una casa, amigos y tranquilidad, ella podría verse en un sitio como Whisky Peak siendo feliz, saliendo cada mañana por el pan fresco, saludando al verdulero, intercambiando risas con los niños que corrían de aquí por allá. No quería ser su enemiga, no quería dañar a nadie… ni siquiera a ese pato malvado y dienton… ¿Qué quería María? Solo ser feliz, con sus hobbies que le daban libertad.
— Oie… puedo decir exactamente lo mismo, Esposito. Aunque ciertamente, voy perdiendo 2 a 1… — sus palabras salieron, con una mezcla fingida de reproche y diversión — … no lo sé, solo salió de la nada. Aunque los hombres de antes me dijeron que había estado molestando a los lugareños, solo fui otra de sus víctimas. Pobre patito, no debió meterse con una mujer casada — bromeo con lo último, con una sonrisa que delataba incomodidad.
Él no parecía hostil contra ella, lo que podría significar que no sabia que era una pirata, eso la hizo relajarse en su presencia. Él era fuerte, ella lo había visto atacar y defenderse contra aquel primo de piel dorada, y ella, bueno… ella solo era una inútil semi sirena — … No, es tu recompensa por salvarme. Puedes llevarlo con tu cocinero… — respondió rápidamente, desviando la mirada… no llevaría a un marine hacia dónde estaban sus nakamas, jamás los expondría así… y tampoco al hombre pelirrojo, quien, hasta ahora, solo había sido amable. Ese momento le pareció perfecto para preguntarle su nombre, así podría enviar las postales, y quizás luego huir lejos de él…, se sentía perdida, porque nunca había estado casada, y aunque fuera una broma tonta que buscó salvarlo, no pensó que volvería a verlo… en persona. No era tímida, no para nada, pero no lo conocía, y la premisa era una que los ponía de lados opuestos de la balanza: Marine/Pirata.
Con su diestra sujeto su bolso, ese donde llevaba las postales. Recordó como escribió cada una de ellas, una promesa hecha en el fulgor de decisiones apresuradas pero que mantendría porque en su corazón era lo correcto, aunque estuviera equivocada, aunque eso le trajera desgracias. A veces sentía que su vida no tenia sentido, que su entorno y realidad estaban lejos de… lo que su esencia realmente necesitaba. Una tienda, una casa, amigos y tranquilidad, ella podría verse en un sitio como Whisky Peak siendo feliz, saliendo cada mañana por el pan fresco, saludando al verdulero, intercambiando risas con los niños que corrían de aquí por allá. No quería ser su enemiga, no quería dañar a nadie… ni siquiera a ese pato malvado y dienton… ¿Qué quería María? Solo ser feliz, con sus hobbies que le daban libertad.
— Oie… puedo decir exactamente lo mismo, Esposito. Aunque ciertamente, voy perdiendo 2 a 1… — sus palabras salieron, con una mezcla fingida de reproche y diversión — … no lo sé, solo salió de la nada. Aunque los hombres de antes me dijeron que había estado molestando a los lugareños, solo fui otra de sus víctimas. Pobre patito, no debió meterse con una mujer casada — bromeo con lo último, con una sonrisa que delataba incomodidad.
Él no parecía hostil contra ella, lo que podría significar que no sabia que era una pirata, eso la hizo relajarse en su presencia. Él era fuerte, ella lo había visto atacar y defenderse contra aquel primo de piel dorada, y ella, bueno… ella solo era una inútil semi sirena — … No, es tu recompensa por salvarme. Puedes llevarlo con tu cocinero… — respondió rápidamente, desviando la mirada… no llevaría a un marine hacia dónde estaban sus nakamas, jamás los expondría así… y tampoco al hombre pelirrojo, quien, hasta ahora, solo había sido amable. Ese momento le pareció perfecto para preguntarle su nombre, así podría enviar las postales, y quizás luego huir lejos de él…, se sentía perdida, porque nunca había estado casada, y aunque fuera una broma tonta que buscó salvarlo, no pensó que volvería a verlo… en persona. No era tímida, no para nada, pero no lo conocía, y la premisa era una que los ponía de lados opuestos de la balanza: Marine/Pirata.
“… parece que los piratas no podéis estaros sin meteros en problemas, Sir.”
María dio un paso atrás, acercándose más al animal peludo del pelirrojo que a él mismo. ¡Él ya lo sabía! ¡Sabía que ella era una pirata! Eso hizo saltar su corazón, y por un momento se sintió indefensa y vulnerable, solo estaban ellos en esa encrucijada, si él decidía… atacarla y matarla como al pato… ¿Quién lo evitaría? ¿Es lo que hacían los marines con los piratas, no? ¿Matarlos, no? Un paso atrás, y otro más… mientras un leve temblor recorríó su cuerpo, y el aire empezó a faltarle… ¿Pánico? ¿Miedo? Entonces choco con algo, algo muy suave. Cuando alzo la cabeza se encontró con el animal del que descendió el pelirrojo. ¿Los animales eran perceptivos? Eso escucho una vez, y en ese momento, pudo comprobarlo porque una lengua grande la lamió, dándole un consuelo que no sabia que necesitaba. Luego solo la empujo con el hocico hacia adelante, como si primero le dijera “no tengas miedo, no te haremos daño” y luego reafirmara “… somos buenos”. O así lo interpreto ella.
— … Oh… — musito saliendo del trance y empezando a reír, una suave risa que paso de nervios a diversión porque le recordó a Cara Melo, y así solía demostrarle su cariño — … ¿Tienes nombre? ¡Que lindo eres! ¡Un peluche gigante! — la celeste le hablo al animal con ternura, le hubiese prestado más atención, pero recordó que no estaban solos, y que el hombre pelirrojo estaba a unos metros de distancia — … ¿meternos en problemas? — su mente volvió a funcionar, el animal la calmo de la ansiedad anterior — … ¿no sería esa tu culpa…? — le sonrió con picardia para luego agregar — … un esposo que abandona a su esposa justo después del matrimonio. Siempre me meto en problemas, por eso no deberías dejarme sola — se llevó las manos a ambos lados de la cintura, mientras su mirada ámbar recuperaba su brillo alegre, el miedo inicial iba desapareciendo poco a poco — … No tenemos anillos… ¿lo sabías? Es mi primer matrimonio, nunca había estado casada antes… no sabía que eran TAN importantes, pero parece ser una parte esencial del ritual matrimonial. Me lo dijeron los tipos rudos, problemáticos y románticos de antes… — le comento frunciendo un poco el ceño como si fuera la preocupación más grande de su vida. No importaba que expresión colocara la sirena, siempre se vería bonita — … yo… — comenzó a decir, sin dejar de mirarlo, en el fondo… no podía negar una verdad, y no iba a guardársela — … me alegro de que también estés a salvo… que todos lo lográramos — miro al suelo, recordando aquellas horas tan oscuras a merced de quien sabe quienes malvadas personas, luego subió la mirada, una llena de calidez y sintonía natural — … ¿lograste encontrar a tus amigos? — ¿quería saberlo? Si, porque así fue como comenzó su interacción en aquel sitio, ayudándolo a gritar en busca de sus amigos. Y porque ella también conocía el valor de los nakamas, esperaba que no le faltara ninguno a él. Y eso la hizo pensar también en Brownie… ¿habría encontrado al suyo? Y eso la llevaba a otra cuestión, debería escucharlo... y luego correr... sin dudas, estaba atenta para volver a correr.
— … Oh… — musito saliendo del trance y empezando a reír, una suave risa que paso de nervios a diversión porque le recordó a Cara Melo, y así solía demostrarle su cariño — … ¿Tienes nombre? ¡Que lindo eres! ¡Un peluche gigante! — la celeste le hablo al animal con ternura, le hubiese prestado más atención, pero recordó que no estaban solos, y que el hombre pelirrojo estaba a unos metros de distancia — … ¿meternos en problemas? — su mente volvió a funcionar, el animal la calmo de la ansiedad anterior — … ¿no sería esa tu culpa…? — le sonrió con picardia para luego agregar — … un esposo que abandona a su esposa justo después del matrimonio. Siempre me meto en problemas, por eso no deberías dejarme sola — se llevó las manos a ambos lados de la cintura, mientras su mirada ámbar recuperaba su brillo alegre, el miedo inicial iba desapareciendo poco a poco — … No tenemos anillos… ¿lo sabías? Es mi primer matrimonio, nunca había estado casada antes… no sabía que eran TAN importantes, pero parece ser una parte esencial del ritual matrimonial. Me lo dijeron los tipos rudos, problemáticos y románticos de antes… — le comento frunciendo un poco el ceño como si fuera la preocupación más grande de su vida. No importaba que expresión colocara la sirena, siempre se vería bonita — … yo… — comenzó a decir, sin dejar de mirarlo, en el fondo… no podía negar una verdad, y no iba a guardársela — … me alegro de que también estés a salvo… que todos lo lográramos — miro al suelo, recordando aquellas horas tan oscuras a merced de quien sabe quienes malvadas personas, luego subió la mirada, una llena de calidez y sintonía natural — … ¿lograste encontrar a tus amigos? — ¿quería saberlo? Si, porque así fue como comenzó su interacción en aquel sitio, ayudándolo a gritar en busca de sus amigos. Y porque ella también conocía el valor de los nakamas, esperaba que no le faltara ninguno a él. Y eso la hizo pensar también en Brownie… ¿habría encontrado al suyo? Y eso la llevaba a otra cuestión, debería escucharlo... y luego correr... sin dudas, estaba atenta para volver a correr.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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