19-01-2026, 03:45 AM
El estallido lumínico por parte del honrado justiciero fue inmediato para los maleantes, y tan implacable como inevitable. Akita apenas llegó a comprender lo que había pasado una vez que todos los cuerpos cayeron uno a uno en el suelo con un ruido sordo, una vez que la visión volvió tras el fogonazo que los había encandilado a todos ahí. La hábil técnica del Marine no había dejado margen de error encargándose de la violenta horda con eficiencia, y elegancia, dejando a su paso un reguero de cuerpos inconscientes y un tembloroso jefe de los maleantes que observaba horrorizado la escena. No era una cuestión de principios, linaje, nacimiento o poder sino una sumatoria de factores que dejaban en evidencia la clara superioridad del Marine más honrado de los dos que ahora avanzaba hacia él dispuesto a que su arma hablase.
No pudo reaccionar siquiera al movimiento de la espada que cortó su pierna. Sus instintos le decían que huyese, que corriese, pero una parte de sí además del dolor que sentían le hacían sentir claramente que sin importar cuanto se esforzase, cuan fuerte corriese o cuan lejos intentase huir el hombre de luz lo encontraría, y su defensa ante los cargos sería peor. Ahora quizás podría eludir el arresto con cooperación, uso de sus conexiones y algún que otro favor de algún superior que podría cobrarse gracias a cómo se había distribuido este tributo que cobraba tan diligentemente de los comerciantes. — M-Me... Me entregaré... Maldito Hasegawa —Aclaró insultando por lo bajo, antes de escupir al suelo pero levantar ambas manos en alto dejando en claro que no pretendía escapar del destino que le esperaba. Sabía, despues de todo, que estar preso implicaba estar fuera del alcance del charlatán justiciero que había detenido sus prácticas corruptas de cuajo. Nuevamente el clan Hasegawa resultaba ser una molestia para él.
— Ya se te acabará la suerte Hasegawa, hay mas monstruos como tú en éste mar. Monstruos a los que no les importa cualquier ventaja con la que vengas a enfrentarlos, y cuando te maten estaré listo para reírme a todo pulmón hasta que me duela el estomago —Su resentimiento hablaba a leguas manteniendo la mirada esquiva pese a referirse directamente al hombre que lo había atrapado, quizás en pos de tratar de preservar el poco orgullo que le quedaba pero cierto era que él miedo reinaba por encima de sus procesos biológicos. Cada gramo de su cuerpo gritaba terror.
Y así, avanzó un par de pasos lentamente fuera del callejón dispuesto a una última artimañana pese a darse por rendido más ese plan no fungió efecto. No solo las puertas cerradas de los negocios se abrieron una por una. Comerciantes con garrotes, palos de amasar, trinchetas y cuchillos de cocina esperaban en la entrada de sus establecimientos ya cansados de la corrupción marine.
Pasos llegaron desde la calle principal por la que Shin se había visto rendido. Una cara conocida: El comerciante que había huido momentos atrás, ahora venía escoltado de tres marines que Shin reconocería como compañeros de la academia. — ¡Es ese! ¡El de pelo negro! —Aclaró el comerciante denunciando públicamente las fechorías del hombre que no tardaría en ser derribado, y esposado por sus propios compañeros. Para Shin hubo un saludo cargado de orgullo. — ¡Buen trabajo, Hasegawa! Vamos a cubrir lo que te queda de guardia, puedes ir a entregarlo y llenar el informe para acelerar su juicio si lo deseas —Exclamaron sus compañeros que trataban como si fuese un saco de papas al criminal capturado.
— Gracias jovencito, gracias. Si alguna vez necesita algo, no dude en venir a mi tienda... Estoy en deuda con usted —El hombre estrechó la mano libre de Shin que no sostenía su arma, se podía notar el agradecimiento en su voz, la ternura en su mirada. El alivio en su pecho. Esa vez Shin había hecho lo correcto, había usado su poder por el bien mayor, había vuelto a encender la luz de la esperanza en el corazón de los comerciantes de aquel barrio.
No pudo reaccionar siquiera al movimiento de la espada que cortó su pierna. Sus instintos le decían que huyese, que corriese, pero una parte de sí además del dolor que sentían le hacían sentir claramente que sin importar cuanto se esforzase, cuan fuerte corriese o cuan lejos intentase huir el hombre de luz lo encontraría, y su defensa ante los cargos sería peor. Ahora quizás podría eludir el arresto con cooperación, uso de sus conexiones y algún que otro favor de algún superior que podría cobrarse gracias a cómo se había distribuido este tributo que cobraba tan diligentemente de los comerciantes. — M-Me... Me entregaré... Maldito Hasegawa —Aclaró insultando por lo bajo, antes de escupir al suelo pero levantar ambas manos en alto dejando en claro que no pretendía escapar del destino que le esperaba. Sabía, despues de todo, que estar preso implicaba estar fuera del alcance del charlatán justiciero que había detenido sus prácticas corruptas de cuajo. Nuevamente el clan Hasegawa resultaba ser una molestia para él.
— Ya se te acabará la suerte Hasegawa, hay mas monstruos como tú en éste mar. Monstruos a los que no les importa cualquier ventaja con la que vengas a enfrentarlos, y cuando te maten estaré listo para reírme a todo pulmón hasta que me duela el estomago —Su resentimiento hablaba a leguas manteniendo la mirada esquiva pese a referirse directamente al hombre que lo había atrapado, quizás en pos de tratar de preservar el poco orgullo que le quedaba pero cierto era que él miedo reinaba por encima de sus procesos biológicos. Cada gramo de su cuerpo gritaba terror.
Y así, avanzó un par de pasos lentamente fuera del callejón dispuesto a una última artimañana pese a darse por rendido más ese plan no fungió efecto. No solo las puertas cerradas de los negocios se abrieron una por una. Comerciantes con garrotes, palos de amasar, trinchetas y cuchillos de cocina esperaban en la entrada de sus establecimientos ya cansados de la corrupción marine.
Pasos llegaron desde la calle principal por la que Shin se había visto rendido. Una cara conocida: El comerciante que había huido momentos atrás, ahora venía escoltado de tres marines que Shin reconocería como compañeros de la academia. — ¡Es ese! ¡El de pelo negro! —Aclaró el comerciante denunciando públicamente las fechorías del hombre que no tardaría en ser derribado, y esposado por sus propios compañeros. Para Shin hubo un saludo cargado de orgullo. — ¡Buen trabajo, Hasegawa! Vamos a cubrir lo que te queda de guardia, puedes ir a entregarlo y llenar el informe para acelerar su juicio si lo deseas —Exclamaron sus compañeros que trataban como si fuese un saco de papas al criminal capturado.
— Gracias jovencito, gracias. Si alguna vez necesita algo, no dude en venir a mi tienda... Estoy en deuda con usted —El hombre estrechó la mano libre de Shin que no sostenía su arma, se podía notar el agradecimiento en su voz, la ternura en su mirada. El alivio en su pecho. Esa vez Shin había hecho lo correcto, había usado su poder por el bien mayor, había vuelto a encender la luz de la esperanza en el corazón de los comerciantes de aquel barrio.
¿Y quien sabía? Quizás este solo era el primer paso de un camino resplandeciente.
Detalles
![[Imagen: xNGUFie.png]](https://i.imgur.com/xNGUFie.png)
