¿Crónica de un nunca jamás? :: Privado :: Pasado
#8
Esperaba cualquier reacción posible al ponerle la comida en la mesa para que comiese como una persona decente, podría morderme la pierna, volcar la mesa desde abajo, salir corriendo por toda la casa... No me preocupaba mucho porque, a juzgar por la comida que tenía, no había podido comer mucho, así que no iría muy lejos, tarde o temprano comería. Para mi sorpresa, se sentó en la silla, sin dejar de mirarme, como un gato adoptado de la calle que actuaba con cautela, pero con necesidad.

Lo primero que bebió fue el zumo, que al parecer le gusto mucho a la pequeña —Tengo todo el que quieras jaja. Si algo hay por aquí son cañas de azúcar— Le contesté con una sonrisa de alivio, nunca había preparado algo de comer para alguien que no fuese yo mismo, así que no estaba seguro de si le gustaría. Por los visto estaba preocupada por su futuro, no tenía dudas de que lo había pasado muy mal a manos de las personas que le habían atrapado —Nada de eso. Si quieres puedo intentar ayudarte a regresar a tu hogar, y si no tienes uno puedes quedarte conmigo— Sabía que podía ser un tema sensible para ella, pero mientras antes tuviésemos claro los pasos a seguir sería mejor para ambos, por mi parte, no había forma de que dejase a una pequeña desamparada a su suerte. 

No tardó en increparme de nuevo por su diente perdido, pero esta vez de forma alegre, como si se estuviese abriendo poco a poco. Me acerqué para verle el agujero que le había quedado en la boca, como si fuese un experto en la materia —El doctor me dijo que era un diente de leche, así que te crecerá otro ¡Más duro! ¡Más fuerte! ¡MEJOR!— Tras alentarle mostré una sonrisa enseñando mis dientes ampliamente, unos grandes y fuertes dientes de... ¿Cangrejo? Tengo unos colmillos adorables cualquiera podría verlo. La chica de cabellos celestes parecía sentir curiosidad sobre mi físico, una curiosidad firme y me lo hacía saber golpeando fuertemente la mesa (Con una fuerza que parecía ser demasiada para sus manitas) lo que hizo que me avergonzase un poco así que me rasqué la cabeza con un poco de vergüenza —¿Tan duro estoy? Jeje. Bueno, soy un gyojin cangrejo, tengo coraza de forma natural. Si quieres tener una piel dura...— No estaba seguro de que podía decir, mis padres me decían de pequeño que para tener un caparazón fuerte debía comer mucho y tomar mucho el sol —Quizás si comes mucha verdura y tomas mucho el sol puedas tener una coraza genial como la mía— Tras la fructífera conversación, por fin me dijo su nombre —¿María? Es un nombre muy bonito. Yo soy Juan Sebastián— Tras decirle mi nombre le acaricié la cabeza, dejando su pelo alborotado.

Un mes y medio después
Los días que pasé con la pequeña María se pasaron volando, la casa, que desde que perdí a mis padres se sentía enorme, de repente se veía diminuta, al menos para un remolino de energía con patas como ella. —¿Yo de pequeño era tan inquieto como ella?— Era un pensamiento que aparecía con recurrencia por mi cabeza mientras cuidaba de ella. Afortunadamente lo que de primeras era cautela y desconfianza pronto dio paso a una convivencia agradable, no sabría decir si era una relación casi parental o más bien fraternal, como si fuese una especie de hermano mayor, pero en este punto lo que estaba claro era que se trataba de alguien importante para mi. Esperaba tener dificultades para enseñarle cosas básicas como modales o escribir después de haber visto sus comportamientos animalescos, pero curiosamente se desenvolvía con elegancia. Eso me hacía pensar que antes de ser esclavizada, había vivido en una buena familia, no le preguntaba nada al respecto ya que no quería hurgar en esos duros recuerdos. 

La mañana comenzó con un grito al que cada vez estaba más acostumbrado —Waaaaaa, que susto— Observé tumbado como la pequeña piraña daba vueltas por la habitación mientras usaba mi sábana como capa —Supongo que no podemos esperar 5 minutitos más jajaja— Al momento me puse de pie y me estiré vigorosamente. —¡Ahora si! Buenos días Piraña— Fui al baño a cambiarme, me puse mi pantalón corto favorito, una camiseta de verano y mi típica gorra azul. Ambos estábamos entusiasmados por salir a dar un paseo, siempre era agradable ver a Zheng y más si traía sus deliciosas manzanas. 

Antes de salir revisé que la ropa de María fuese adecuada para una señorita, la miré de arriba abajo mientras me rascaba el mentón y, tras una una breve pausa, le dije levantando el pulgar —Estás genial— Sin dudas tenía estilo para esto, la moda no escondía nada para mi. —Estamos listos...Ah, espera— Cogí el atomizador que tenía en la mesa del salón y, tras darle una vuelta como si fuese un revolver, lo coloqué en mi cintura —Ahora si ¡Partamos!— Me subí a María a los hombros y mientras íbamos de camino al puerto cantaba, con mi técnica algo desafinada, pero con mucho corazón —QUE SEPA EL MUNDO QUE EN MARCHA ESTOYY, CON MUCHO QUE VERR Y VIVIIIRR— Mientras cantaba, me movía de lado a lado para sintiese que podría caerse en cualquier momento, cosa que no pasaría, porque tenía agarrada su pierna izquierda con mi mano, en el peor de los casos volvería a quedar boca abajo, como una sardinilla recién pescada del mar. 

Al llegar al puerto le pregunté a la pequeña chica piraña si veía a Zheng, al estar sentada encima mía ella tenía una posición ventajosa para actuar como catalejo —¿Divisas algo?— No tardamos mucho en encontrarlo, después de todo siempre atracaba en el mismo sitio, era un hombre de costumbres después de todo. —Zheenggg— Saludé con energía desde la distancia mientras me acercaba. —Bueno bueno que tenemos aquí... Pero si son mis clientes favoritos juas juas juas. Estás cada día más vigoroso muchacho, y tu pequeña cada día más deslumbrante. Tomad unas deliciosas manzanas— Le lanzó un saco pequeño con media docena de manzanas a María para que las cogiese al vuelo —Son las mejores pequeños percebes ¡Las mejores! La cosecha este año ha sido buena, si... Muy buena, manzanas como sandías de grandes por lo que me dicen, pero esas no valen nada, no... Las manzanas tienen que ser del tamaño de manzanas, todo tiene su tamaño... ¡Bah! Estos jóvenes agricultores de hoy en día, no saben lo que es importante. Os daré un consejo pequeños arenques, hay que saber lo que es importante— Mientras el divagaba, yo escuchaba embobado, era hipnótico escuchar hablar a Zheng, sin dudas era una persona dotada con experiencia en la vida y, aunque se fuese mucho por las ramas, sabía lo que era importante ¿Supongo? 

Seguimos charlando un rato más con él hasta que llegó la hora de irnos, podríamos estar allí varias horas más, pero si no nos íbamos no nos daría tiempo a visitar a Yena para que nos preparase las cañas de azúcar que aún debíamos recoger. —Bueno, pues...  ¡En marcha! Adios Zhengg, nos vemos—  Una vez más emprendimos el camino, esta vez con la pequeña a mi lado caminando, esa energía suya había que gastarla de alguna manera —Oye ¿Cómo están esas manzanas? Pásame una— Y así empezó un día más, con una ligera y agradable brisa marina que acariciaba mi rostro y un sol que brillaba con fuerza, creando ondulaciones sobre el asfalto sobre el que andábamos.
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
  Responder


Mensajes en este tema
RE: ¿Crónica de un nunca jamás? :: Privado :: Pasado - por Juan Sebastian - 19-01-2026, 08:41 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 2 invitado(s)