20-01-2026, 12:00 AM
Por fin hubo respuesta, pues el hombre de largos cabellos se hizo presente, preguntando algo que el cocinero ya habría esperado responder con sus palabras anteriores. - Si, formábamos parte de la misma tripulación hace menos de 1… espera, ¿guapo? -. Esa parte lo confundió, pero la aparición del otro hombre lo salvó de seguir haciendo preguntas. - Así es, soy el cocinero -. Había casi un tono de pesadez en su voz, pues aún no se acostumbraba a la poca memoria del médico. - ¿Crees que puedes… -.
Sus sentidos actuaron, se vieron atacados, sus ojos ardieron y su nariz le informó de que había algo que se estaba quemando, mientras a su piel comenzaba a llegar el pesado humo negro desde el interior del barco. Al notar eso, se movió con rapidez, con la rapidez que sus heridas y su cuerpo agotado le permitían, siguiendo el olor y el humo, hasta encontrar frente a él la escena catastrófica.
Apagó las hornallas, lo que antes eran huevos habían quedado reducidos a una masa negra que bien podría parecer tela. ¿A quién se le ocurriría hacer cosas a fuego alto? Por suerte las tostadas no habían sufrido daños, pero se preguntaba con que iba a acompañarlas ahora, no creía que un café fuera suficiente. Ya pensaría en algo luego, podría comprarle algo de frutas y prepararle algo con eso, pero primero debería ver si en verdad podía ayudarlos.
Salió a la cubierta justo a tiempo para ver como el hombre de cabellos azules se ofrecía a pagar por el tratamiento, por lo que se le acercó, mirando a Hyak con preocupación. - No se donde se encuentra quien era el medico de mi tripulación, y solo pude pensar en ti. ¿Puedes tratarlo? -. Pues en verdad no sabía si es que el hombre tenía alguna experiencia con animales heridos. Tampoco sabía donde se encontraba Kiyoshi, pero supuso que tampoco le haría gracia tener que tratar a un animal, nunca lo vio hacer algo parecido.
Las palabras de Eros llegaron a sus oídos, lo que lo hizo girar la cabeza para observarlo, en el mismo momento en el que el cuerpo del tipo se desplomaba sobre la madera a sus pies. Cruzó los pocos metros que los separaban, se agachó a su lado y confirmó que estuviera bien. Aún respiraba, las heridas que tenía en su rostro se curaban, lo suficientemente rápido para ser algo impresionante, el poder de esas frutas nunca iba a dejar de sorprenderlo. Escuchó un lamento justo a su lado, el pequeño animal que habían salvado lamía uno de los dedos del inconsciente, preocupado por quien había peleado por él. - Tranquilo pequeño, él estará bien -. Acarició un poco al animal, muy leve, tampoco quería afectar sus heridas. - Primero debemos tratarte a ti, o Focalor me matara en cuanto despierte -.
Observó de nuevo al hombre de cabellos color cerezo, con una mirada cargada de suplica y de miles de “por favor”.
Lo importante era el animal, en cuanto estuviera sano podría llevarlos a ambos a su barco y esperar a que el otro pirata despierte, aunque tal vez su capacidad de curación hacía que incluso despertara antes, eso ya se vería. - Si puedes tratar al animal, te prepararé el desayuno, Hyak -. Si, eso también, debía pagarle al pobre medico por sus servicios.
Sus sentidos actuaron, se vieron atacados, sus ojos ardieron y su nariz le informó de que había algo que se estaba quemando, mientras a su piel comenzaba a llegar el pesado humo negro desde el interior del barco. Al notar eso, se movió con rapidez, con la rapidez que sus heridas y su cuerpo agotado le permitían, siguiendo el olor y el humo, hasta encontrar frente a él la escena catastrófica.
Apagó las hornallas, lo que antes eran huevos habían quedado reducidos a una masa negra que bien podría parecer tela. ¿A quién se le ocurriría hacer cosas a fuego alto? Por suerte las tostadas no habían sufrido daños, pero se preguntaba con que iba a acompañarlas ahora, no creía que un café fuera suficiente. Ya pensaría en algo luego, podría comprarle algo de frutas y prepararle algo con eso, pero primero debería ver si en verdad podía ayudarlos.
Salió a la cubierta justo a tiempo para ver como el hombre de cabellos azules se ofrecía a pagar por el tratamiento, por lo que se le acercó, mirando a Hyak con preocupación. - No se donde se encuentra quien era el medico de mi tripulación, y solo pude pensar en ti. ¿Puedes tratarlo? -. Pues en verdad no sabía si es que el hombre tenía alguna experiencia con animales heridos. Tampoco sabía donde se encontraba Kiyoshi, pero supuso que tampoco le haría gracia tener que tratar a un animal, nunca lo vio hacer algo parecido.
Las palabras de Eros llegaron a sus oídos, lo que lo hizo girar la cabeza para observarlo, en el mismo momento en el que el cuerpo del tipo se desplomaba sobre la madera a sus pies. Cruzó los pocos metros que los separaban, se agachó a su lado y confirmó que estuviera bien. Aún respiraba, las heridas que tenía en su rostro se curaban, lo suficientemente rápido para ser algo impresionante, el poder de esas frutas nunca iba a dejar de sorprenderlo. Escuchó un lamento justo a su lado, el pequeño animal que habían salvado lamía uno de los dedos del inconsciente, preocupado por quien había peleado por él. - Tranquilo pequeño, él estará bien -. Acarició un poco al animal, muy leve, tampoco quería afectar sus heridas. - Primero debemos tratarte a ti, o Focalor me matara en cuanto despierte -.
Observó de nuevo al hombre de cabellos color cerezo, con una mirada cargada de suplica y de miles de “por favor”.
Lo importante era el animal, en cuanto estuviera sano podría llevarlos a ambos a su barco y esperar a que el otro pirata despierte, aunque tal vez su capacidad de curación hacía que incluso despertara antes, eso ya se vería. - Si puedes tratar al animal, te prepararé el desayuno, Hyak -. Si, eso también, debía pagarle al pobre medico por sus servicios.
