20-01-2026, 02:14 AM
La situación era peculiar. Al caer de rodillas el mismo chico de ojos celeste dio un paso adelante tendiéndole la mano, pero el extranjero decidió quedarse sentado sobre sus rodillas, se le veía exhausto tras el viaje y posterior naufragio. No obstante este, dando de nuevo un paso atrás, no cambió su semblante serio, no presentó ni un solo rasgo de debilidad o preocupación. Tan solo quedó allí plantado a la vez que los otros dos miembros de su escuadrón comenzaron a revisar las maletas que quedaron a un lado del Lunarian.
-No puedo darte agua, no por ahora. Tengo que esperar que llegue nuestro líder con nuevas directrices. -a pesar de estar de rodillas, el chico solo tenía que bajar muy poco la mirada para quedarse mirando a los oscuros ojos de extranjero. Los otros dos reclutas sacaron los ropajes y utensilios de sus bolsas durante unos minutos con ferocidad, dejando todo por el suelo. No se detuvieron hasta que algo llamó su atención, objetos bélicos. En concreto unos guantes y unas punteras. Estos las levantaron, para mostrárselas al que parecía estar al mando en este momento, el cual asintió y estos las volvieron a dejar en su sitio. -Entiendo que tampoco tendrá permiso de armas. Esto hará las cosas más complicadas… -Sacó un block de notas y comenzó a anotar rápidamente, realmente no había hecho nada ilegal, pero esta pequeña milicia tenía por costumbre jugar con el miedo de los turistas para clavarles multas bastante cuantiosas. -La navegación y la posesión de armas sin permiso es ilegal por lo cual tendrás que pagar una multa de…
Antes de que pudiera terminar de confirmar el pago un golpe fuerte al abrirse la puerta de una cabaña cercana hizo que se sobresaltara dejando caer la pluma y la libreta a la arena de la playa. -Ca… capitán. -Fue lo último que logró pronunciar, sustituyendo su seriedad por nerviosismo y miedo.
El olor a puro era un mueble más en aquella vieja choza, llena de planos, material militar. La estructura era vieja y la madera de sus paredes húmedas. No obstante más allá de la estancia principal, en las duchas de aquel maltrecho complejo. Lo único que resonaba era música, acompañada por una… No muy afinada voz.
El mismo hombre que canturreaba alegremente había abierto la puerta de una patada casi cargándosela del golpe. Su pelo aún estaba mojado y con restos de jabón, apenas se había puesto unos calzoncillos blancos con patitos. Era como si no le hubiese dado tiempo a prepararse y hubiese salido directamente de su baño, sin tiempo a secarse o a vestirse. Pero en contraste, llevaba unas gafas de sol impolutas, un par de puros en la boca y un escudo de hierro en la mano derecha.
Sonrió al ver la situación y a un ritmo lento. Disfrutando del terror que imponía su sola presencia ante sus compañeros se acercó al extranjero. -Disculpa por los modales de esta gente, no suelen estar acostumbrados a entrar en acción. No saben cómo tratar a los nuevos hijos de Samba, ponte en pie hijo mío. -Su actitud era bastante más cordial que sus subordinados, al menos por ahora. Seguido de esto soltó una colleja al tipo rubio que le había recibido al principio. -Dale un poco de agua, no me seas rata MUAHAHAHA.
Según el joven le tendía una cantimplora al alado moreno. El capitán sacó un manojo de papeles arrugados extendiéndolos y mirándolos uno a uno. Según terminaba con uno lo lanzaba al cielo a la vez que negaba con la cabeza, y un par de soldados a su espalda trataban de recogerlos antes de que cayeran a la arena. Debido a la vista del Lunarian, pudo darse cuenta que aquellos folios eran recompensas de criminales buscados por la justicia. No obstante su cabeza no figuraba entre ellas. Una vez terminó con todas dio una fuerte calada a sus puros sacando todo el humo por la nariz.
-Parece que no eres un pirata… Lo cual hace que no te cobre el precio de tu cabeza por entrar. -Contempló al peliblanco a través del cristal de sus gafas de sol con seriedad. -No obstante tenemos el asunto de tus armas… -Se llevó la mano izquierda al mentón quedándose pensativo durante unos segundos, para acto seguido inclinarse para mirarle con los ojos como platos y su cabeza a tan solo unos centímetros de la suya. Con toda la sonoridad que le pudo dar preguntó de la nada. -¿A ti qué tipo de mujeres te gustan?
-No puedo darte agua, no por ahora. Tengo que esperar que llegue nuestro líder con nuevas directrices. -a pesar de estar de rodillas, el chico solo tenía que bajar muy poco la mirada para quedarse mirando a los oscuros ojos de extranjero. Los otros dos reclutas sacaron los ropajes y utensilios de sus bolsas durante unos minutos con ferocidad, dejando todo por el suelo. No se detuvieron hasta que algo llamó su atención, objetos bélicos. En concreto unos guantes y unas punteras. Estos las levantaron, para mostrárselas al que parecía estar al mando en este momento, el cual asintió y estos las volvieron a dejar en su sitio. -Entiendo que tampoco tendrá permiso de armas. Esto hará las cosas más complicadas… -Sacó un block de notas y comenzó a anotar rápidamente, realmente no había hecho nada ilegal, pero esta pequeña milicia tenía por costumbre jugar con el miedo de los turistas para clavarles multas bastante cuantiosas. -La navegación y la posesión de armas sin permiso es ilegal por lo cual tendrás que pagar una multa de…
Antes de que pudiera terminar de confirmar el pago un golpe fuerte al abrirse la puerta de una cabaña cercana hizo que se sobresaltara dejando caer la pluma y la libreta a la arena de la playa. -Ca… capitán. -Fue lo último que logró pronunciar, sustituyendo su seriedad por nerviosismo y miedo.
Hace unos instantes…
El olor a puro era un mueble más en aquella vieja choza, llena de planos, material militar. La estructura era vieja y la madera de sus paredes húmedas. No obstante más allá de la estancia principal, en las duchas de aquel maltrecho complejo. Lo único que resonaba era música, acompañada por una… No muy afinada voz.
SÉEEE DELICADO Y ESPERÁ.
DAME TIEMPO PARA DARTE.
TODO LO QUE TENGOOOOO.
DAME TIEMPO PARA DARTE.
TODO LO QUE TENGOOOOO.
A son de Den Den mushi, no cantaba, soltaba alaridos un hombre de mediana edad. Estaba aprovechando el entrenamiento de los reclutas de su organización para darse una ducha calentita, enjabonando su fornido y bronceado cuerpo. Era un tipo grande, con una media melena de cabellos castaños, con algún incipiente matiz blanquecino, del mismo color que su perfilada y elegante barba.
Tomándolo por sorpresa el mismo aparato que emitía la melodía, la interrumpió para comenzar a producir si característico sonido de notificación. Alguien le estaba llamando. Maldiciendo en todos los idiomas posibles éste sacó medio cuerpo de la dicha para alcanzar el micrófono del caracol. -¿¡QUÉ COÑO QUERÉIS AHORA!? ME HABÉIS INTERRUMPIDO MI BAÑO CON… CANCIONES MUY VARONILES. -Se quejó algo sonrojado, pero en cuanto le informaron de la situación. Esto sonrió y con un sonoro. -Voy para allá. -Salió del chorro de agua dispuesto a abordar el asunto lo antes posible.
Tomándolo por sorpresa el mismo aparato que emitía la melodía, la interrumpió para comenzar a producir si característico sonido de notificación. Alguien le estaba llamando. Maldiciendo en todos los idiomas posibles éste sacó medio cuerpo de la dicha para alcanzar el micrófono del caracol. -¿¡QUÉ COÑO QUERÉIS AHORA!? ME HABÉIS INTERRUMPIDO MI BAÑO CON… CANCIONES MUY VARONILES. -Se quejó algo sonrojado, pero en cuanto le informaron de la situación. Esto sonrió y con un sonoro. -Voy para allá. -Salió del chorro de agua dispuesto a abordar el asunto lo antes posible.
Ya en el presente…
El mismo hombre que canturreaba alegremente había abierto la puerta de una patada casi cargándosela del golpe. Su pelo aún estaba mojado y con restos de jabón, apenas se había puesto unos calzoncillos blancos con patitos. Era como si no le hubiese dado tiempo a prepararse y hubiese salido directamente de su baño, sin tiempo a secarse o a vestirse. Pero en contraste, llevaba unas gafas de sol impolutas, un par de puros en la boca y un escudo de hierro en la mano derecha.
Sonrió al ver la situación y a un ritmo lento. Disfrutando del terror que imponía su sola presencia ante sus compañeros se acercó al extranjero. -Disculpa por los modales de esta gente, no suelen estar acostumbrados a entrar en acción. No saben cómo tratar a los nuevos hijos de Samba, ponte en pie hijo mío. -Su actitud era bastante más cordial que sus subordinados, al menos por ahora. Seguido de esto soltó una colleja al tipo rubio que le había recibido al principio. -Dale un poco de agua, no me seas rata MUAHAHAHA.
Según el joven le tendía una cantimplora al alado moreno. El capitán sacó un manojo de papeles arrugados extendiéndolos y mirándolos uno a uno. Según terminaba con uno lo lanzaba al cielo a la vez que negaba con la cabeza, y un par de soldados a su espalda trataban de recogerlos antes de que cayeran a la arena. Debido a la vista del Lunarian, pudo darse cuenta que aquellos folios eran recompensas de criminales buscados por la justicia. No obstante su cabeza no figuraba entre ellas. Una vez terminó con todas dio una fuerte calada a sus puros sacando todo el humo por la nariz.
-Parece que no eres un pirata… Lo cual hace que no te cobre el precio de tu cabeza por entrar. -Contempló al peliblanco a través del cristal de sus gafas de sol con seriedad. -No obstante tenemos el asunto de tus armas… -Se llevó la mano izquierda al mentón quedándose pensativo durante unos segundos, para acto seguido inclinarse para mirarle con los ojos como platos y su cabeza a tan solo unos centímetros de la suya. Con toda la sonoridad que le pudo dar preguntó de la nada. -¿A ti qué tipo de mujeres te gustan?
Aclaraciones
Inventario del capitán
Karmas del capitán
Canción que está cantando en la ducha
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