20-01-2026, 03:17 AM
(Última modificación: 20-01-2026, 03:19 AM por Tensui Marlin.)
Algo en el día de hoy me había llamado la atención. Tal vez fue el cielo, demasiado despejado para esta época, o las nubes que se movían lentas, como si tampoco tuvieran prisa por llegar a ningún sitio, quizá fueron las olas del mar rompiendo con un ritmo distinto al habitual, o simplemente la sensación persistente de que el tiempo llevaba horas observándome en silencio. No sabría decirlo con certeza, sólo sentía ese peso extraño en el pecho, esa inquietud que aparece cuando uno sabe que algo está por ocurrir, aunque no pueda verlo todavía.
Llevaba bastante tiempo esperando al hombre que me había prometido ayudarme con mi propia venganza. Aquel sujeto al que, por conveniencia más que por respeto, llamaba capitán. No me agradaba hacerlo, nunca me han gustado los títulos ni los hombres que los usan como escudos, pero él tenía información, recursos y una causa que, por ahora, caminaba paralela a la mía. Así que aguardé, con la paciencia tensa de quien ha aprendido que las promesas rara vez llegan a tiempo y que, cuando lo hacen, casi nunca vienen solas.
Fueron meses largos, pesados, de esos que se acumulan en los huesos y hacen que incluso respirar se vuelva rutina. La espera no fue pasiva, trabajé, forjé, ayudé donde pude y me mantuve al margen cuando fue necesario, pero cada amanecer traía la misma pregunta clavada en el fondo de mi mente, nada, ninguna señal, ningún mensaje, sólo el sonido del mar recordándome que el tiempo no se detiene por nadie, Hasta que hoy, mientras cargaba herramientas cerca del muelle, escuché a unos marineros hablar más de la cuenta, decían que habían visto un barco merodeando la isla, uno grande, silencioso, con un rumbo extraño, juraban que se había acercado lo suficiente como para distinguir su silueta y luego había desaparecido, tragado por la niebla y el oleaje como si jamás hubiese existido, para ellos no era más que otro rumor de taberna, pero para mí algo encajó con demasiada precisión.
Un foco se encendió en mi cabeza, no muchos capitanes podían permitirse acercarse así y desvanecerse sin dejar rastro. No muchos navegaban con esa cautela, con esa costumbre de no ser vistos hasta decidir aparecer, conocía ese estilo, esa forma de moverse como una sombra sobre el mar, si había alguien capaz de hacerlo, era él. —Dharma—murmuré entre dientes, sintiendo cómo el pecho se me tensaba. Si los rumores eran ciertos, entonces había llegado y si estaba aquí, oculto de los ojos comunes, no era por casualidad, eso sólo podía significar una cosa, la espera estaba llegando a su fin y con ella, el momento de saldar cuentas que el mar llevaba demasiado tiempo guardando.
Me dispuse a ir a una taberna, sabia que tarde o temprano el llegaría, y si no era en esta, visitaría todas las tabernas de Samba hasta encontrarlo, porque tenia la certeza que ese tipo había llegado a la isla. Sin embargo no tuve que esperar demasiado, cuando entré al bar, un lugar normal, de esos que la gente de la superficie le encanta, con mala comida y ron para morirse, y en la barra estaba el hombre. Dharma. Usando mi akuma simplemente me hundí en el suelo como si este se tratase de agua y nade hacia el, saliendo lentamente del suelo justo a su costado. —Capitan, ya habia pensando que me había abandonado en Samba a mi suerte. — dije colocandome correctamente a su lado observando el lugar y a la persona que tenia al lado. —!!Shashashasha¡¡¡— Una risa cálida salió de mis labios, al fin estaba al lado de alguien que conocía.
Llevaba bastante tiempo esperando al hombre que me había prometido ayudarme con mi propia venganza. Aquel sujeto al que, por conveniencia más que por respeto, llamaba capitán. No me agradaba hacerlo, nunca me han gustado los títulos ni los hombres que los usan como escudos, pero él tenía información, recursos y una causa que, por ahora, caminaba paralela a la mía. Así que aguardé, con la paciencia tensa de quien ha aprendido que las promesas rara vez llegan a tiempo y que, cuando lo hacen, casi nunca vienen solas.
Fueron meses largos, pesados, de esos que se acumulan en los huesos y hacen que incluso respirar se vuelva rutina. La espera no fue pasiva, trabajé, forjé, ayudé donde pude y me mantuve al margen cuando fue necesario, pero cada amanecer traía la misma pregunta clavada en el fondo de mi mente, nada, ninguna señal, ningún mensaje, sólo el sonido del mar recordándome que el tiempo no se detiene por nadie, Hasta que hoy, mientras cargaba herramientas cerca del muelle, escuché a unos marineros hablar más de la cuenta, decían que habían visto un barco merodeando la isla, uno grande, silencioso, con un rumbo extraño, juraban que se había acercado lo suficiente como para distinguir su silueta y luego había desaparecido, tragado por la niebla y el oleaje como si jamás hubiese existido, para ellos no era más que otro rumor de taberna, pero para mí algo encajó con demasiada precisión.
Un foco se encendió en mi cabeza, no muchos capitanes podían permitirse acercarse así y desvanecerse sin dejar rastro. No muchos navegaban con esa cautela, con esa costumbre de no ser vistos hasta decidir aparecer, conocía ese estilo, esa forma de moverse como una sombra sobre el mar, si había alguien capaz de hacerlo, era él. —Dharma—murmuré entre dientes, sintiendo cómo el pecho se me tensaba. Si los rumores eran ciertos, entonces había llegado y si estaba aquí, oculto de los ojos comunes, no era por casualidad, eso sólo podía significar una cosa, la espera estaba llegando a su fin y con ella, el momento de saldar cuentas que el mar llevaba demasiado tiempo guardando.
Me dispuse a ir a una taberna, sabia que tarde o temprano el llegaría, y si no era en esta, visitaría todas las tabernas de Samba hasta encontrarlo, porque tenia la certeza que ese tipo había llegado a la isla. Sin embargo no tuve que esperar demasiado, cuando entré al bar, un lugar normal, de esos que la gente de la superficie le encanta, con mala comida y ron para morirse, y en la barra estaba el hombre. Dharma. Usando mi akuma simplemente me hundí en el suelo como si este se tratase de agua y nade hacia el, saliendo lentamente del suelo justo a su costado. —Capitan, ya habia pensando que me había abandonado en Samba a mi suerte. — dije colocandome correctamente a su lado observando el lugar y a la persona que tenia al lado. —!!Shashashasha¡¡¡— Una risa cálida salió de mis labios, al fin estaba al lado de alguien que conocía.
