[T8 - Pres. Relativo] El valor de la justicia
#14
El aura azul se acercaba rápido, lo podía sentir con mi haki. 100 metros. 90 metros. 80 metros. En ese momento un rugido me alcanzó. El aire se rompió con un sonido que hizo temblar la piedra volcánica bajo mis pies. No era un simple rugido, era el sonido del viento desgarrándose, de algo enorme cortando el aire como cuchillo en mantequilla. Una máquina de guerra lanzándose a la batalla. Mi haki captó el momento exacto en que la criatura despegó del suelo. 70 metros. 60 metros. 50 metros. Seguí corriendo hacia arriba, mis piernas bombeando con fuerza contra el terreno inclinado. La distancia entre nosotros se cerraba desde ambos lados. 40 metros. Fue en ese momento cuando un viento con la fuerza de un tornado me golpeó sin previo aviso. La pared de viento y fuerza bruta me levantó del suelo, lanzándome 2 metros hacia atrás. Giré en el aire, intentando controlar la caída, y aterricé en cuclillas sobre una roca plana, deslizándome otros 50 centímetros antes de clavar mis botas contra la piedra para detenerme. Polvo, ceniza y pequeñas rocas volaban a mi alrededor, azotándome la cara y obligándome a entrecerrar los ojos. Cuando el viento amainó lo suficiente para ver claramente, levanté la vista.
 
La criatura que se encontraba frente a mí se alzaba a 10 metros de distancia, sus cuatro patas plantadas firmemente en el suelo. Medía 3 metros de altura desde el suelo hasta la parte superior de su cabeza, con un cuerpo musculoso y poderoso. Sus alas, completamente extendidas, abarcaban 3 metros de ancho, levantando remolinos de polvo con cada movimiento. Un dragón. Otro. Pues no eran las escamas negras como carbón del dragón que habíamos enfrentado durante la conquista de la isla. Estas eran verde jade. Un verde brillante, casi luminoso, que resplandecía incluso bajo la luz gris de la tormenta. Fuego verde emanaba de su boca en pequeñas bocanadas, del color del agua estancada con vegetación, antinatural y hermoso a la vez. Sus ojos, cristalinos, húmedos; una lágrima se formaba en la comisura de su ojo derecho, amenazando con caer. El dragón me observaba con una mezcla de dolor, furia y algo más que no podía identificar completamente. ¿Desesperación? Cadenas rodeaban su cuello como una argolla de hierro, gruesas y pesadas. El metal era de un color negro opaco, con manchas de óxido rojizo salpicando su superficie. Las cadenas no colgaban libremente, estaban tensas, como si algo invisible tirara de ellas desde arriba. La piel debajo de las cadenas estaba irritada, lacerada, con escamas rotas y carne viva visible. Desde la distancia evalué a la criatura con la misma metodología que usaría con cualquier paciente. Mi entrenamiento como médico me ayudo a distinguir su respiración laboriosa, molestia por dolor en el cuello. Estaba sufriendo. Físicamente herido. Emocionalmente destrozado. El dragón retrocedió 2 metros, sus garras rasgando surcos profundos en la roca volcánica, aumentando la distancia entre nosotros a 12 metros. Me observó durante unos segundos… y rugió.
 
El rugido atravesó el aire quebrándolo, como un desafío y a la vez una invitación, como una súplica desesperada. No atacó. No lanzó fuego. Solo rugió, sus alas batiendo una vez con fuerza suficiente para crear otra ráfaga de viento que me obligó a afianzar mi postura. Mantuve mi haki de observación expandido a 15 metros, rastreando cada músculo de la criatura, cada movimiento que pudiera indicar un ataque inminente. Pero también levanté lentamente mis manos, palmas abiertas hacia adelante en un gesto universal de no agresión – “Tranquilo” – dije en voz alta mientras avanzaba 2 metros al frente – “No estoy aquí para lastimarte.” – intente explicar. Sabía perfectamente que no me entendería, pero necesitando decirlo de todas formas. Quizás podría sentir mi buena voluntad. El dragón inclinó su cabeza ligeramente, sus ojos cristalinos fijos en mí. Moviéndome lentamente, señalé con mi mano derecha hacia las cadenas en su cuello – “Eso” – dije, haciendo el gesto de tirar con ambas manos – “Las cadenas. Están lastimándote.” – bajé mis manos lentamente hasta que ambas quedaron frente a mi pecho en postura que invitaba a tener calma, ni amenazante ni completamente desprotegida. Mis piernas estaban ligeramente flexionadas, listas para reaccionar si mi haki detectaba un ataque inminente – “Escuché tu rugido” – continué, manteniendo mi voz calmada y baja – “Subí porque sonaba como si estuvieras sufriendo.” – señalé hacia mi pecho, luego hacia el dragón, luego hice un gesto abarcando el espacio entre nosotros – “Quiero ayudar. Por favor, déjame ayudarte.”
 

 
Resumen

Haki

Off
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 11152 + 0 = 11152
Energia: 5152 + 0 = 5152
Espiritu: 3105 - 85 = 3020


Mensajes en este tema
RE: [T8 - Pres. Relativo] El valor de la justicia - por Fuguwu - 20-01-2026, 02:55 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)