Su cuerpo se apegaba incluso si le colocaba las manos para ayudarla a mantener nuestros espacios, no estaba segura qué tanto la iba a ayudar estando tan cerca, seguro solo la estorbaría, pero la muchacha de peloverde se acercaba aún más y que me dijera que era una tonta por decirle que olía a pasto me hizo sonreír. Luego, cuando entramos en la casa fue cuando me di cuenta que estar con esta muchacha las cosas se estaban volviendo cada vez más diversas. La muchacha se acercó para ayudarme con la túnica, era algo dificil de ver, por lo que me gustó su cercanía, pero ya había algo que me causaba que se pusieran los pelos de punta y tragué saliva. No fui para nada inocente en haber esperado que ella se acercara para sacarme la túnica, la estaba esperando…
Su mano en mi cuello me hizo respirar profundo. De repente una intensidad que rompió el candado, su sonido retumbó en el pasillo, me moví, pero ella nunca me dejó tropezar siquiera. Estaba ella… demasiado cerca, al igual como cuando estábamos escapando de los monjes. Mi mente estaba consciente de lo que estaba sucediendo, y pensé que la muchacha quería algo más. Me tenía atrapada de alguna manera, en sus brazos, pero no me aparté de ella, no le tenía temor, había algo que me hacía quedarme viendo como aquella muchacha reaccionaba impulsivamente rompía la túnica que llevaba y dejaba ver ante sus ojos mi hermoso y delicado cuerpo. Sus movimientos fueron rápidos y violentos, pero no tenía que temer de aquella que estaba frente a mi, solo se trataba de una mujer que moría de hambre, de sed, de algo… actuaba tan contradictoria como el primer momento en que nos vimos, pobrecita, si seguía así la iban a confundir como un animal herido. ¿Pero dónde exactamente le dolía? ¿Me deseaba?
Mis dudas se respondieron en cuanto sus labios tocan los mios, me come completamente la boca y siento como son de suaves y húmedos, tanto que me dejaron sin aliento. Su mano en la nuca me hacía sentir bien, cuidada, pero a la vez estaba tan confundida de lo que deseaba Maki, sí… ese era el nombre de la mujer que aparte de querer protegerme, se volvía loca con tener una mujer al lado, ¿acaso no había visto una mujer antes? Mis manos recorrieron suavemente y con lentitud su cintura. ¿Será esto una forma de ganar su recompensa por alejarme de los monjes? La intimidad estaba presente entre nosotras, ella usaba sus manos para tocarme y me estremecía, sentía un ardor en mi estomago por cada rose que hacía y solo me quedaba disfrutando de su rudeza y de su hermosa boca.
En la habitación solo habían dos extrañas en un momento muy intimo, ella me tocaba el pecho y me agarraba los muslos solo para seguir cerca de ella, y que mi cuerpo sintiera el suyo. No me esperaba llegar a sentir tanta electricidad, tanto calor, tanta excitación así de repente y no me molestaba, me gustaba lo imprevisto, lo extraño, y también amaba sentirme deseada, que lo demostraran… porque sino, no me acercaría. No sé en qué momento se había vuelto emocional, pero no me molestaba, lo único que quería era que no me viera como una Muñeca de trapo. Si sigue así seguro me va a dejar tirada y no nos volveremos a ver y eso no era lo que quería, no quería que disfrutara su “recompensa” sin siquiera haberme mostrado algo interesante antes. Y en cuanto ella se detuvo, me relajé, ¿se sentía mal por lo que hizo? Dejé que Maki se lamentara y se autocriticara, ese tipo de madurez era muy sexy en una mujer adulta. Su extraño impulso era interesante… así que me quité lo que me quedaba de la túnica.
Tomé de la mano a Maki —Maki. Miau. Siéntate en la cama, quítate la ropa también y quédate quieta— le dije como una orden. Seguramente pensará que quiero acostarme con ella, tener sexo con ella. ¿Pero lo estaba haciendo por eso o por otra cosa?… Desnuda me paseé por la habitación y me acerqué a donde la muchacha había estado buscando ropa para mí, esta vez quería ropa para mi y para ella, porque después de esto lo más probable es que se mojó con sus fluidos… Busqué en la ropa colgada en un armario, allí había una camisa grande, tal vez de hombre, pero era linda, saqué dos y después tomé prestado dos pantalones, elegí los que quería para mi y la demás ropa se la tiré a la cara de Maki.
Me quedé desnuda a la mirada de la otra mujer, mientras topaba la camisa y me la colocaba, lo mismo hice con los pantalones. Al terminar me paseé, me di una media vuelta —¿Te gusta cómo me queda? Jisjisjis— solté una risita y añadí seriamente —Dime… Maki… ¿te asustan las mujeres? Lo pregunto por como reaccionaste ¿No te asustará si me acerco a ti y te ayudo a ponerte la ropa?— pregunté sonriente mientras posaba con la ropa me quedaba bastante holgada, quería ponerla a prueba. Me sentía divertida, me reía y eso que no le había aceptado la extraña cosa que fumaba la mujer. —Aunque… lo más seguro es que besas y tocas cualquiera, ¿por qué lo harías conmigo?— solté de forma irónica aun con un intenso sonrojo.
