21-01-2026, 06:34 PM
No podía creer lo mucho que había cambiado mi vida desde mi estancia en Samba. Mi hermano ya no estaba y tenía que irme del lugar, rumbo al grand line pues cada vez mi presencia y mis delitos pasaban menos desapercibidos y no quería recibir otra paliza de algún agente del gobierno que venga a arrestarme por ellos. Para lograr tal hazaña, había reunido a una tripulación bastante peculiar, a algunos de ellos ya les conocía pero dos de ellas eran completamente nuevas para mí. Es cierto que nuestro objetivo actual era conseguir el dinero suficiente para el barco, no pelear contra nadie, pero en el nombrado quinto mar los peligros iban a ser mucho más exigentes que los que nos pudieran surgir en esta isla.
Y… No quería que se repitiera lo mismo que le pasó a Trece con ellos. No quiero que mueran por tratar de apoyarme, por lo que a pesar de mi descabellado plan tenía que prepararles un poquito, lo suficiente para que no exploten nada más pisar la primera isla. Por lo que hoy me encargaría de pelear con una de las novatas. ¿Tenía expectativas? Ninguna, solo espero que me pudiera hacer algo de daño.
Fui a aquel lugar montado sobre una de mis galletas. Me estaba acostumbrando a desplazarme así en lugar de ir caminando, pero volar era demasiado adictivo. Ella llegó antes que yo, pues cuando sobrevolé el claro acordado ella ya estaba ahí, de pie, atenta a cualquier movimiento extraño. Le saludé guiñándole un ojo y apuntándole con mis manos las cuales imitaban un rifle, antes de descender aún de pie sobre el dulce el cual usaba como plataforma, quedando a tres metros de ella, pero casi a ras de suelo.
-Un día maravilloso para hacer un poco de ejercicio, ¿No cree señorita? -Le dije haciendo breves estiramientos, a la vez que le observaba atentamente. No iba a negar que estaba decepcionado, pues esperaba verla con un bikini tan ceñido como el que llevaba el día que nos conocimos, hice una mueca de desagrado debido a esto, pero tampoco es que fuese a ir semidesnuda todos los días. ¿Verdad?
Una vez terminado de estirar, crucé los brazos e hinché el pecho, tratando de ganar autoridad con ese gesto. -Bien… No esperes que este entrenamiento sea un camino de rosas, espero que estés a la altura para que una persona como yo, que domina el estilo de pelea del tigre dientes de sable te entrene. -No tenía ni puta idea si existía un estilo de pelea así pero sonaba épico. No obstante pese a comenzar esto casi como una broma fruncí el ceño al ver que además de un rifle, había traído guanteletes de hierro y punteras. ¿Esta repartía leña además de disparar? Eso tenía que verlo con mis propios ojos.
Por lo que sin dejar demasiado margen y con un poco de seriedad en mi voz, me acerqué al borde de la galleta agazapándome un poco. -Pégame, prometo no gemir. Dame con lo más fuerte que tengas, procura no contenerte. -Le solté tratando de adivinar con que pegaría si con su arma o con sus puños, fuese con lo que fuese no iba a esquivarlo, pues antes de hacer nada quería comprobar el potencial puro que me podía ofrecer esta chica.
Y… No quería que se repitiera lo mismo que le pasó a Trece con ellos. No quiero que mueran por tratar de apoyarme, por lo que a pesar de mi descabellado plan tenía que prepararles un poquito, lo suficiente para que no exploten nada más pisar la primera isla. Por lo que hoy me encargaría de pelear con una de las novatas. ¿Tenía expectativas? Ninguna, solo espero que me pudiera hacer algo de daño.
Fui a aquel lugar montado sobre una de mis galletas. Me estaba acostumbrando a desplazarme así en lugar de ir caminando, pero volar era demasiado adictivo. Ella llegó antes que yo, pues cuando sobrevolé el claro acordado ella ya estaba ahí, de pie, atenta a cualquier movimiento extraño. Le saludé guiñándole un ojo y apuntándole con mis manos las cuales imitaban un rifle, antes de descender aún de pie sobre el dulce el cual usaba como plataforma, quedando a tres metros de ella, pero casi a ras de suelo.
-Un día maravilloso para hacer un poco de ejercicio, ¿No cree señorita? -Le dije haciendo breves estiramientos, a la vez que le observaba atentamente. No iba a negar que estaba decepcionado, pues esperaba verla con un bikini tan ceñido como el que llevaba el día que nos conocimos, hice una mueca de desagrado debido a esto, pero tampoco es que fuese a ir semidesnuda todos los días. ¿Verdad?
Una vez terminado de estirar, crucé los brazos e hinché el pecho, tratando de ganar autoridad con ese gesto. -Bien… No esperes que este entrenamiento sea un camino de rosas, espero que estés a la altura para que una persona como yo, que domina el estilo de pelea del tigre dientes de sable te entrene. -No tenía ni puta idea si existía un estilo de pelea así pero sonaba épico. No obstante pese a comenzar esto casi como una broma fruncí el ceño al ver que además de un rifle, había traído guanteletes de hierro y punteras. ¿Esta repartía leña además de disparar? Eso tenía que verlo con mis propios ojos.
Por lo que sin dejar demasiado margen y con un poco de seriedad en mi voz, me acerqué al borde de la galleta agazapándome un poco. -Pégame, prometo no gemir. Dame con lo más fuerte que tengas, procura no contenerte. -Le solté tratando de adivinar con que pegaría si con su arma o con sus puños, fuese con lo que fuese no iba a esquivarlo, pues antes de hacer nada quería comprobar el potencial puro que me podía ofrecer esta chica.
Aclaraciones belicosas
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